“El paraíso recuperado” SeGúN OsHo

Muchas veces, sentado en tu presencia me siento re­bosado con la sensación de ser un niño. Me parece algo muy familiar, pero a la vez de hace mucho tiempo. ¿Tiene importancia?

E

STE gran experimento a través del cual estás yendo aquí es bá­sicamente para alcanzar de nuevo tu infancia perdida.

Cuando digo: «Tu infancia perdida», quiero decir tu inocencia, tus ojos llenos de asombro, sin saber nada, sin tener nada, pero a la vez sintiéndote a ti mismo en la cima del mundo. Esos momen­tos dorados de asombro, de alegría, de ninguna tensión, de ningu­na preocupación, de ninguna ansiedad, tienen que ser recuperados, redescubiertos.


Por supuesto, la segunda infancia es mucho más valiosa e im­portante que la primera. En la primera, la inocencia se debía a la ignorancia, de modo que no era pura y clara, algo que te hubieras ganado; fue algo natural que le sucede a toda infancia. La segunda infancia es tu triunfo más grande; no le sucede a todo el mundo. La segunda infancia te hace inocente sin ignorancia, la segunda in­fancia llega a través de todo tipo de experiencias. Es desarrollada, centrada. madura.


Deberías de sentirte bendecido por esta experiencia. La segun­da infancia es exactamente el significado existencial de la medita­ción, y a partir de ahí es el gran peregrinaje de regresar a casa, a esa casa que nunca has dejado realmente, que es imposible aban­donar, porque eres tú. Dondequiera que vayas, te encontrarás allí.

Sólo hay un ser esencial en ti que estará contigo en cualquier lugar, sin ninguna condición. Incluso si estás en el infierno, no im­porta, estará contigo; si estás en el cielo no importa. estará contigo.

Encontrar el centro esencial de tu ser es, por una parte, total inocencia, y por la otra es la sabiduría más grande que nunca ha existido sobre la tierra.

Tu cuerpo puede que envejezca, pero si tú estás aprendiendo los modos de ser silencioso, pacífico, meditativo y amoroso, no enve­jecerás. Permanecerás tan joven y tan fresco como las primeras go­tas del rocío brillando en la belleza del amanecer, mucho más va­liosas que ninguna perla.


Deberías estar contento y disfrutar de tu infancia. Esto es lo que Jesús quería decir cuando repetía una y otra vez: «A menos que volváis a nacer … » Ni siquiera los cristianos han entendido el sig­nificado de esa afirmación. Se creen literalmente que «a menos que volváis a nacer» significa que primero tienes que morir y en­tonces resucitar, y en el día del juicio Jesús te llevará al Paraíso. Eso no es lo que él quería decir.


Lo que está diciendo es: a menos que mueras en este momento a la personalidad y emerjas como una inocente individualidad, sin marcas, sin contaminar por la sociedad y las gentes… Este es tu re­nacimiento, esta es tu resurrección.

‑No quiero que tu hijo Ernesto se vuelva a bañar en nuestra piscina ‑dijo la señora Meyer a su vecina la señora Jones.

‑¿Pero qué ha hecho mi pobre Ernestito? ‑preguntó la señora Jones.

‑Está constantemente haciendo pis en la piscina ‑dijo la seño­ra Meyer, enfadada.


‑No seas tan dura con él ‑respondió la señora Jones‑, ¡todos los niños de su edad lo hacen!


‑Quizá lo hagan ‑dijo la señora Meyer‑, pero no desde el tram­polín.

La infancia tiene su belleza porque no conoce la etiqueta, las ma­neras y toda esa basura. Es tan simple, tan inocente y espontánea.

Un hombre entró en un bar y se quedó sorprendido al ver un pe­rro sentado a la mesa con tres hombres jugando al póquer. El hom­bre se acercó y preguntó:

‑¿Puede el perro realmente leer sus cartas?


‑Seguro que puede ‑dijo uno de los hombres‑. Pero no es un buen jugador. ¡Siempre que tiene una buena mano mueve el rabo!

Eso es totalmente inocente…, el pobre perro no puede conte­ner su alegría.

Dos cucarachas estaban masticando delicias encima de un montón de basura cuando una de ellas empezó a hablar sobre los nuevos inquilinos de unos apartamentos cercanos.

‑He oído ‑dijo‑ que su nevera no tiene ni una mancha, los sue­los brillan y no hay ni una mota de polvo en toda la casa.

‑Por favor, por favor ‑dijo la otra cucaracha‑, ¡no mientras es­toy comiendo!

¡Qué malas noticias!

El día en el que empecemos a aprender el lenguaje de los pája­ros, de las abejas, de las cucarachas será una tremenda revolución. Todos ellos tienen sus maneras de comunicarse. Pero entonces el corazón siente una pequeña tristeza, porque ni siquiera hemos sido capaces de aprender a comunicarnos con los seres humanos, y llevamos aquí millones de años. ¿Qué tipo de estupidez es ésta que no reconocemos que nos pertenece el resto de la humanidad, y que nosotros también le pertenecemos’ Todo lo que el hombre ha hecho no ha sido más que carnicerías, asesinatos, guerra. Esa mis­ma energía, ese mismo esfuerzo habría hecho de este mundo el mi­lagro más grande de todo el Universo.

Pero no nos entendemos unos a otros. Podríamos estar hablan­do el mismo idioma, pero no se espera que necesariamente nos en­tendamos; lo que se espera es el malentendido. Por eso las gentes se esconden unos de otros, esconden su infancia, esconden su ino­cencia, se protegen de todo el mundo con medidas de seguridad; de otro modo verías niños, jóvenes y ancianos todos juntos jugando en este Jardín terrenal, disfrutando, riéndose, divirtiéndose. ¿Por qué esta seriedad? El hombre no ha ganado nada con esta seriedad; sencillamente lo ha perdido todo, pero sigue estando serio.

Estoy absolutamente en contra de la seriedad.

Lo llamo enfermedad psicológica.


Sólo un comportamiento lúdico, infantil, inocente es el correc­to: es lo que me gustaría llamar comportamiento virtuoso, religio­so, espiritual…. no sólo humano, sino divino.


En el momento en que eres tan inocente como un niño has trascendido la humanidad, has entrado en el mundo de lo divino.

Nunca fui de verdad un niño cuando me tocaba, pero estos últimos días a mentido me siento como un niño pequeño.

Ese es el milagro, ¡el auténtico milagro! Volver a sentirse como un niño es una gran conversión. Permítelo…. no te avergüences. Pon a un lado tu edad y tu mente. Si puedes, de repente sentirás cómo una nueva energía surge en tu cuerpo. Tu edad se reducirá por lo menos veinte años. Inmediatamente te puedes volver más joven y puedes vivir más años. Por eso permítelo; es hermoso.

Uno tiene que volverse nuevamente un niño, y entonces la vida se completa. En la infancia empezamos y en la infancia termina­mos. Si uno muere sin convertirse en un niño, el círculo de su vida queda incompleto. Tendrá que nacer de nuevo.


Esa es la idea oriental del renacimiento. Si puedes renacer ‑re­nacer en esta vida‑, no hace falta que vuelvas a nacer. Si realmen­te puedes convertirte en un niño en este cuerpo, no hay necesidad de que renazcas de nuevo en el mundo. Puedes vivir en el cora­zón de la existencia. No hay necesidad de regresar. Has aprendido la lección y completado el círculo.


Todo mi esfuerzo aquí consiste en ayudarte a ser nuevamente un niño. Es complicado, es muy difícil porque toda tu experiencia, todo el patrón, todo tu carácter se resisten y dicen: «¿Qué estás ha­ciendo?¡Nos parece una tontería!>, Pero sé un tonto y déjale espa­cio. Te sentirás tan liberado, tan nuevo. Permítelo. Es algo muy im­portante, pero lo puedes perder. Si no lo apoyas, se puede perder fácilmente porque toda tu personalidad estará en contra. Tendrás que abrirle conscientemente un camino, para permitirlo. Todo tu pasado estará allí como una roca, y este nuevo fenórneno será como el agua que gotea, un arroyo que puede convertirse en un río si lo ayudas; de lo contrario, la roca es demasiado grande. Pero en última instancia, si uno continúa ayudando, cuanto más suave, más acuoso, más fuerte seas, más desaparecerán las rocas.

A largo plazo, la roca siempre es derrotada por el agua. El an­ciano siempre es derrotado por el niño. La muerte siempre es de­rrotada por la vida. Uno debería recordar esto, y siempre ayudar a las cosas más suaves, más jóvenes y frescas.

Hazte amigo de los niños y síguelos. Todo lo que hagan ellos, haz­lo tú. Lo disfrutarán. Los niños son muy receptivos y siempre en­tienden. Entenderán inmediatamente que tienes aspecto de viejo pero que no lo eres. Mézclate con los niños y olvídate de los adultos.

Siempre es bueno ir a dar un paseo con un niño de dos o tres años y comunicarte con él, ver lo que está haciendo, ver cómo ca­mina y cómo se interesa por todo. Una mariposa, una floro un pe­rro ladrando, y el niño se implica con cada momento totalmente. Sólo el niño sabe cómo vivir, o, si te vuelves otra vez un niño, tú sabes cómo vivir. En medio sólo hay sufrimiento e infierno.


Mantén la actitud de un niño de tres años. Deja que sea tu rea­lidad y que tu edad cronológica sea sólo un fenómeno social, sólo una fachada. Sé un adulto sólo externamente; en tu interior sigue siendo un niño. Y cuando estés solo, deja toda tu adultez; no hace falta. Compórtate como un niño. Y estaría bien que jugases con ni­ños pequeños.


Llévatelos a dar un paseo a la orilla del mar o a cualquier lugar, a un parque, y compórtate como ellos; no les obligues a comportarse como tú. Síguelos y verás cómo surgen nuevas intuiciones en ti.

A veces te dará miedo sentirte como un niño, porque entonces te vuelves tan vulnerable, tan abierto que todo el mundo te puede hacer daño. Vuelves a ser impotente…, pero esa impotencia es her­mosa. Ser vulnerable es hermoso; que te hieran algunas veces es hermoso. Para evitar estas heridas nos endurecemos, nos sale una costra, como de acero, una armadura. Es segura pero está muerta.

¡Estás en un espacio muy hermoso! Sigue ahí, y sigue invitán­dolo una y otra vez.

Siempre que tengas la oportunidad, vuelve a ser un niño. En el cuarto de baño, sentado en la bañera, vuelve a ser un niño. ¡Ten to­dos tus juguetes a tu alrededor!


(OSHO, EL LIBRO DEL niño, Una visión revolucionaria de la educación infantil)

((( http://es.calameo.com/read/000040593e594990d3dcd )))


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, , Pao dijo

Precioso !!!!
Seamos siempre como niños,sinceros ,inocentes y puros ahi esta la clave de la felicidad…


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