Hacia 1984
A finales de la década del ’40 un tal George Orwel se permitió imaginar cómo sería el mundo hacia el año 1984. El escritor indio, un inmigrante radicado en Inglaterra, anticipó algo más que el advenimiento del Gran Hermano.
La sociedad imaginada por el susodicho Orwell era un tipo de dictadura cuyo líder controlaba absolutamente todo lo que hacían sus habitantes bajo tres eslóganes ideológicos: “la guerra es la paz”, “la esclavitud es la libertad” y “la ignorancia es la fuerza”.
Lo cierto es que el mundo, muchos años después, se va pareciendo cada vez más a la “ficción” imaginada por Orwell. Por citar algunos ejemplos, se me viene a la mente la guerra de Irak, una supuesta “Guerra de la Libertad”, o la “libertad” en qué creemos vivir allí donde existe el consumo y su maquinaria esclavizante. La más sutil (y la más peligrosa) es el que toma a la ignorancia como una fuerza, y en este apartado bien se podrían citar las industrias culturales, estudiadas en la Escuela de Frankfurt, cuya producción tiende a satisfacer las necesidades primarias de las personas, anulando cualquier sentido reflexivo que conlleve a la crítica del sistema en el que están sumidos. Un ejemplo argentino es la “tinelización” que sirvió de cortina para tapar cuestiones de fondo de la política argentina o, el manejo actual de los medios que, a través de una suculenta “pauta oficial”, siguen manipulando o borrando de la televisión a los tradicionales contenidos críticos y “embobando” a telespectadores, con Marcelo Tinelli, siempre vigente, al frente de la tarea.
En éstos últimos días, dos acontecimientos puntuales, me trajeron a la memoria la apocalíptica visión de Orwell.
La primera de ellas tiene que ver con el milanés Silvio Berlusconi, quien tiende a confundir la inmigración con el terrorismo. El problema, en si mismo, no es que las confunda si el malentendido no pasara de un furcio. Pero el mandamás italiano, absolutamente seguro de sus actos, sacó a la calle a 3 mil soldados para luchar, según el color de la piel, contra el terrorismo o la inmigración “ilegal”, claro, para la “seguridad cívica de todos”. Sin embargo Berlusconi olvida que los italianos constituyeron una de las corrientes nimigratorias más importantes que regó todo el suelo de América, que fueron hasta allí a buscar paz y seguridad y en dónde los recibieron con los brazos abiertos. No sólo eso. Berlusconi debe conocer también el “Imperio Colonial Italiano” (por no hablar del Imperio Romano), acuñado durante la Italia fascista y que vivió su apogeo hacia 1940 controlando Somalia, Eritrea, Abisinia y Libia, que sometió a las poblaciones africanas, imponiéndoles, en más de un caso, el idioma y sus costumbres; allí entraron por la fuerza con tanques y soldados. En América Latina nadie los llamó “terroristas” o “inmigrantes ilegales”, ni mucho menos. Allí, repito, fueron bienvenidos y en muchos casos pudieron desarrollarse y crecer libremente, hasta el punto de generar grandes fortunas (como es el caso de Tinelli, descendiente de italianos).
El otro acontecimiento es China. La República Popular China, “comunista”, está en el ojo del mundo por la celebración inminente de los Juegos Olímpicos. Entre secretos y rumores de lo que se vive en el hermético régimen, se supo que los habitantes chinos están siendo “formados” para poder responder a los periodistas que “atacarán” con preguntas sobre la situación. Preparándose para tales acontecimientos, el gobierno decidió sacar (“echar” literalmente”) a todos los chinos del interior que vivan en las grandes ciudades y dejar sólo a los nacidos en ellas. A éstos, se les está implementando un curso de rigor oriental para que sepan de memoria las respuestas que el Gobierno quiere que respondan. Esta censura abierta a la opinión pública también servirá los deportistas que, si dan su opinión y ésta va en contra de la “oficial”, podría ser expulsado del país y por ende de la competición.
También los turistas tendrán sus problemas. Besarse en espacio público, delante de una cámara de seguridad, será entendido, por la policía, como “robo” o “secuestro” y deberá mostrar su documentación, se le chequearán sus pertenencias y hasta podrían ser llevados a una comisaría para finalizar su indagación. Según vigilancia, las cámaras detectan estos movimientos como una violación al espacio privado.
Finalmente, y al estilo 1984, todos los huéspedes de los hoteles serán vigilados durante las 24 horas por cámaras escondidas instaladas por la Fuerzas de Inteligencia China en todos los hoteles.
Releer esto me da escalofríos, opiniones formadas por el Gobierno, cámaras vigilando cada uno de nuestros movimientos, violaciones del espacio público, soldados pidiendo documentación por tener la piel más oscura o ropas diferentes, sólo resta, y no creo que falte mucho tiempo, para la creación de una “Policía del Pensamiento” y para que la poca libertad que nos queda (la introvertida, la del pensamiento), se vea tristemente censurada.
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