
Un mendigo en su andar
que será, que anda buscando,
con su lento caminar
cuantas cosas irá pensando.
Quizás no tenga un destino
donde él quiera llegar,
o tal vez cualquier camino
lo lleve a ese lugar.
Seguro que a sus recuerdos
no los quiere olvidar,
los llevará escondidos
no tiene más que guardar.
Esa pequeña bolsa
que tanto ha de cuidar,
lo muestra como un mendigo
que alguien ayudará.
Serán muy largos sus días,
las noches tristes y frías
y pienso que a Dios le cuenta
porque, es así su vida.
Pancho Romero.-
Cuando se comienza
a disfrutar
la alegría de la soledad,
se acepta el vacío
y se espera que algo
pueda suceder…
no tratando de escapar
sino estar en el mismo lugar.
La casa está oscura
y debes ver la luz,
a nadie esperas
y alguien puede llegar,
nadie te espera
y sabes que debes ir.
Cuanto más vacío sientas,
es porque algo
está sucediendo.
Pancho Romero.-

Puedo abrir los cielos
y cerrarlos,
callar mis razones
o dar un consejo…
disimulando
conocer el camino,
al que nunca llegué.
Puedo amar
y confesar mis deseos,
sin temor a lo falso
ni al no, que es un tormento…
o marcharme decidido
a cerrar las heridas
mas odiadas.
Puedo arrepentirme
abrumado…
o perdonarme el pecado
que aún no he cometido.
Pancho Romero.-
Después de tanto andar
siento el alma enternecida,
por el olor a caballo
y el vuelo de los pájaros.
Conozco el silencio de las piedras
y los pálidos pastos de la cordillera,
las nubes violetas de las tormentas
y lecho vacío del río
que detuvo su viaje.
El clamor de las grande aguas
en marcha,
custodiadas por el verde
y por el cielo…
hasta llegar al potrero
donde semilla la alfalfa.
Que sería del mundo
sin tantas cosas vivas
sobre la tierra
y aquella primavera que en todos
los lugares
enciende el fuego del amor
y de la dicha.
Pancho Romero.-

En una noche
llena de confusión,
después de un largo día
nutrido
con la sal de la soledad,
tomé un viejo libro…
pero la sombra del silencio
tapaba cada palabra.
Fije mi mirada
en una ventana imaginaria
sobre un muro oscuro…
y pude ver que tus ojos
iluminaban esa página…
las palabras me decian,
que los sueños no pasaban
que eran dueños de la vida,
el deseo, la esperanza
y del amor, son la lanza.
No entendí
de que me hablaban…
otra vez levanté mi mirada
y tus ojos, ya no estaban.
Pancho Romero.-
Temprano en la mañana
camino por las calles
de mi generosa vida,
entre plantas y flores
encuentro la soledad total
callada y plena.
Es el puro instante,
el exacto presente…
la paz es grande,
algo nuevo
que no se repetirá, espera,
por que nunca fue.
Pancho Romero.-

Contigo encontré
la luz serena
y un cielo sin tinieblas,
vi romperse
el negro velo de mi vida,
tus ojos son el candil
de mi soledad,
tus manos la suavidad
del gusto y el placer
y tu pasión infinita…
es mi fortuna.
Pancho Romero.
Ciento cincuenta poemas
escribí con sentimiento,
los voy leyendo de a poco
y de tí, yo ni me acuerdo.
Ciento cincuenta son muchos
y nunca quise nombrarte,
quizas cometa un error
en volver a recordarte.
Por más que nunca te escriba
por más que nunca te nombre,
seguirás siendo por siempre
lo más grande de este hombre.
Fueron días de dolor
fueron pocas alegrías,
tal vez el destino quiso
que por tí sufra en la vida.
Ciento cincuenta poemas
y de tí no me acordé,
te llevo Hijo en mis venas…
por eso no te nombré.
Pancho Romero.
Del Libro Esencias, dedicado con amor a mi hijo…

En busca de un amor
amanecen mis días,
mi esperanza es el fruto
que corre y se apresura…
no hay luz en el camino
la sombra se ha tendido,
la flor está marchita
su perfume se ha ido.
El aire es tan manso
que aquieta mis sentidos
y mis ojos no ven
están tristes y fríos.
Mi mundo está cercado
de noches y de olvidos
y la verdad se aleja…
el amor que yo busco
olvidó su destino.
Pancho Romero.-
Soy el dueño de esta historia
y esclavo de tu mirar,
con mentiras es que me alejo
con mentiras que hacen mal.
Estoy forjando el intento
para ocultar la verdad…
y no sentir que tus manos
son la luna de mi cielo,
que en un momento de ensueños
me supieron cautivar.
No me culpo por callarme
y nada quiero escuchar…
ocasión no me ha faltado,
para decir lo que siento
y no lo pude expresar.
Es mi gusto y aprovecho
huir de toda verdad…
para que sentir las manos,
que no puedo acariciar.
Pancho Romero.-