Los bastardos no tienen sabiduría / Decimocuarto Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B – Mc. 6, 1-6 / 08.07.12
1 Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos.
2 Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: “¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? 3 ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?”.
Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo.
4 Por eso les dijo: “Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa”. 5 Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. 6 Y él se asombraba de su falta de fe.
Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente. (Mc. 6, 1-6)

1
Jesús se dirige a un lugar que el texto original en griego denomina patris. El término (patria), así aislado, significa tierra del padre. Una posible interpretación podría ser que Jesús vuelve a la tierra de su padre. Esto es interesante porque descubriremos, más adelante, que una de las cuestiones de esta escena es la posible falta de padre de Jesús, o al menos, su condición de bastardo (real o simbólica). No puede volver a la tierra de su padre quien no tiene padre. No tienen patria los bastardos. Este nivel interpretativo es muy fuerte. Será la piedra de tropieza de la escena, el vórtice del escándalo en la sinagoga.
Si quisiésemos ser específicos en la locación geográfica de la escena, tendríamos que suponer que la patria de Jesús es Nazaret, asumiendo que patris es una referencia a la ciudad natal. Pero en contra de ello, Marcos no nos dice el lugar con claridad. Para el autor, Jesús va a su patria, y si bien puede tratarse de la ciudad natal, también se traduce patris como país natal. O sea que puede ser tanto Nazaret, como Galilea, como toda la Palestina. ¿Y esto por qué? Porque la escena enfrenta otro nivel simbólico: esta es la última vez que Jesús ingresa a una sinagoga en su ministerio palestino. Aquí se producirá la ruptura definitiva entre el sistema sinagogal y el Evangelio del Reino. No son compatibles. Jesús no es el escándalo, solamente, de la sinagoga de Nazaret, sino de todas las sinagogas de Galilea y de todas aquellas que defienden un modelo religioso basado en el rigorismo de la ley y en la segregación de supuestos santos y pecadores.
La excomunión no puede ser perdida de vista. Hay una ruptura tal, que los próximos eventos del libro se desarrollarán casi disparados por la ruptura. La excursión que hará Jesús por territorio pagano y su visión del Reino expresada en las multiplicaciones de los panes remarcarán que el judío Jesús ya no se esmera unívocamente en renovar el judaísmo en curso, sino que pretende transformarlo de raíz, estableciendo comunidades de vida nueva. Por supuesto, el acto final (subir a Jerusalén) será un intento monumental de renovación de la sede del judaísmo, pero la interpretación (a pesar de la muerte) está abierta a nuevas visiones (seguir celebrando la Eucaristía en memoria y sacramento, derramar la sangre por otros, la resurrección). Esta excomunión que podría ser el final de las utopías de Jesús, en realidad es el puntapié para proyectarse con nuevo y mayor dinamismo.
2
Repitiendo un esquema ya conocido, Marcos sitúa la escena un día sábado en una sinagoga. Jesús enseña, o sea que ha sido llamado por la dirección del culto para comentar las Escrituras. Las dos escenas anteriores dentro de una sinagoga (cf. Mc. 1, 21-28; 3, 1-6) son similares a esta: Jesús ingresa, se produce un hecho conflictivo (un exorcismo, una curación, una presencia con elocuencia), la gente reacciona. La sinagoga pierde su devenir clásico de cualquier sábado y aparece confrontada en su médula. Jesús, con sus acciones, cuestiona la manera de ser sinagogal.
Esto se manifiesta en la reacción de los presentes, que no pueden explicarse esta enseñanza novedosa de Jesús. Algo les está diciendo (no sabemos qué), no escuchado antes, o no asimilado. La gente califica la cualidad de Jesús como sabiduría. Esta es la única vez que todo el Evangelio según Marcos utiliza la palabra. El autor no es tan partidario de identificar la Buena Noticia como un mensaje de sabiduría, sino más bien como la Palabra, así sin más. Sabiduría es, en la tradición veterotestamentaria, otra manera de designar a la Palabra de Dios. La sabiduría vive con Yahvé y es capaz de crear; los hombres sabios del Antiguo Testamento son los que reciben la sabiduría como don de Dios y son capaces de enseñar a otros una forma de vivir sabia, una forma de vivir que consiste en disfrutar la vida según Dios. En este sentido, la sabiduría de Jesús también está orientada a enseñar una manera de vivir que es plenitud en Dios. La sabiduría no es para los catedráticos en sus púlpitos, sino para aprender a vivir mejor, vivir en Dios, vivir con Dios.
Si bien la sabiduría proviene de Yahvé, que la otorga como don, la gente de la sinagoga se pregunta de dónde la ha sacado verdaderamente. El problema está en el origen de la sabiduría y no en el contenido de la misma. A pesar del mensaje, los asistentes al culto parecen más preocupados por determinar la trampa en Jesús, que en escucharlo. Esto revela dónde está puesto el énfasis de la escena: la autoridad. Marcos quiere contarnos cómo se intenta descalificar a Jesús desde sus orígenes, haciéndolo un paisano que, por su condición de paisano, no puede enseñar nada. Como el Evangelio es sólido y difícil de atacar, se ha optado por atacar la condición del mensajero, aunque eso signifique denigrarlo.
3
El primer aspecto del ataque consiste en la profesión de Jesús. En griego, se lo denomina tekton. Acostumbrados a la tradición piadosa, se lo suele traducir como carpintero, pero no sería esta la traducción más acertada. El tekton es el obrero manual; el que con sus manos modela la madera o la piedra para crear objetos o utensilios de la casa y del campo. Es una especie de obrero de la construcción, aunque sin identificarse plenamente con el albañil. En un lugar como la provincia de Galilea, o más precisamente en Nazaret, donde las grandes construcciones no abundan, gran parte del empleo de los tektones estaba en el campo, haciendo y reparando arados y yugos. Uno de los cuestionamientos, entonces, es cómo puede tener sabiduría un trabajador campesino.
El segundo aspecto es denominarlo hijo de María. La tradición israelita es nombrar al hijo según su padre. Los varones son hijos de varones. La mujer, en el entendimiento palestino de hace dos mil años, son sólo receptáculos de la simiente de vida que deposita el varón. El varón transmite la vida en su líquido seminal; la mujer la lleva nueve meses, pero no es la transmisora de la vida. Por eso a los hijos se los denomina según su padre, su engendrador. Cuando a alguien se lo denomina por el nombre de su madre, entonces es un sin-padre, porque no se lo conoce. Es un bastardo. Para el judaísmo, una persona sin padre es una persona sin pasado y, por lo tanto, sin futuro, un desterrado de la vida y de la historia, alguien sin raíces que no puede aspirar a ningún porvenir provechoso, ya que hacia atrás nada lo sostiene. Si es bastardo, entonces no puede tener la sabiduría de Yahvé.
Respecto a la interpretación de este hijo de María, las opiniones son disímiles. Algunos exegetas sostienen que Marcos está expresando la fe ya existente en la concepción virginal de María. Lo que la gente dice sobre la inexistencia del padre es lo que la fe conoce como la paternidad divina. La opinión es válida, pero difícil de sostener en un Evangelio que no ha relatado la infancia ni el nacimiento de Jesús. Además de que la expresión hijo de María está dicha por opositores, y no por seguidores ni discípulos. Otros comentaristas son partidarios de la opinión de que la gente sabe que José es el padre de Jesús, pero lo denominan así para insultarlo. También es una posibilidad válida, enmarcada en las expresiones de ataque hacia Jesús. Una tercera opción es entender que lo que la gente ha sacado a relucir es una duda que los habitantes de Nazaret tenían: había algo extraño en los orígenes de ese hombre. Es la teoría de la irregularidad del nacimiento de Jesús. Algo extraño ha pasado (puede ser algo extraño y maravilloso como la concepción virginal o algo extraño y siniestro como una violación), y Jesús ha venido al mundo. No sabemos qué (no sabemos si maravilloso o siniestro), pero los orígenes se encuentran sombríos, raros, difíciles de explicar. Marcos no abunda en detalles. El coro de asistentes a la sinagoga tampoco. Algunas corrientes del cristianismo (Mateo y Lucas) se han inclinado a lo maravilloso de la concepción virginal. En Marcos hay silencio.
Junto a María están los hermanos de Jesús. Otro rompedero de cabezas para las tradiciones católicas y protestantes. El término griego detrás de hermanos es adelphos. Sí es cierto que con ese vocablo se pueden designar a los hermanos de sangre y a los parientes de la familia extensa (primos, por ejemplo), pero la gran mayoría de su uso es para los hermanos de sangre. Sabemos que el modelo familiar palestino era un modelo de familia extensa, donde había muchos hermanos y muchos primos conviviendo en el mismo hogar. Jesús, seguramente, no escapó a esta realidad. Su familia era una familia numerosa, con primos y hermanos. Aquí se nombran cuatro hermanos y, en número indefinido, las hermanas. La intención, dentro de la escena, es remarcar que se trata de un vecino más, un paisano más de Nazaret. Si sus hermanos y hermanas siguen en Nazaret, viviendo una vida normal, por qué este hombre habría de ser distinto y tener la sabiduría de Dios. Sobre la posibilidad histórica de que María tuviese otros hijos, baste decir que existe como tal, como posibilidad histórica, y que para el Evangelio según Marcos (olvidemos por un momento los otros tres Evangelios y la tradición posterior) la posibilidad es casi un hecho.
Finalmente, llegamos al centro de la escena. Jesús es un motivo de escándalo, una piedra de tropiezo para los asistentes a la sinagoga. Si estructuramos la perícopa de manera concéntrica, podemos hallar una organización que esquematizamos así: Jesús llega (Mc. 6, 1-2a) / La multitud se queda atónita (Mc. 6, 2b) / Ataque de la gente (Mc. 6, 3a) / Escándalo (Mc. 6, 3b) / Ataque de Jesús (Mc. 6, 4) / Jesús queda atónito (Mc. 6, 5-6a) / Jesús se va (Mc. 6, 6b). Los extremos de la escena se corresponden y, en el centro, está el tema del escándalo. Skandalon en griego es un lazo o una piedra que se pone en el camino como trampa para hacer caer. Metafóricamente, Jesús es ese skandalon, esa piedra que hace tropezar, porque los asistentes a la sinagoga no se animan a asumir su Evangelio. Están perdidos tratando de desacreditarlo por ser paisano, tekton, de origen dudoso. No importa lo que dice, pues Dios jamás le revelaría tamaña sabiduría a este nazareno.
4
Jesús dirá, en esta oportunidad, una frase que quedará marcada en el imaginario posterior. Algunos exegetas creen que el origen de la escena construida por Marcos está en esta frase, existente desde el principio, y que lo demás es una creación narrativa para darle contexto. El dicho del profeta despreciado sería un aliciente para los misioneros cristianos que no encuentran aceptación, que son rechazados entre los mismos judíos a quienes les predican. Si Jesús corrió la misma suerte, no habría por qué esperar un trato diferente.
El dicho dice que un profeta es despreciado en su patria (patris), entre sus parientes (sungenis) y en su casa (oikia). El desprecio de la patria hace el contrapunto con el inicio de la escena, donde Jesús vuelve a su patria. El desprecio de los parientes recuerda Mc. 3, 21.31, donde madre y hermanos (aquí también se han mencionado madre y hermanos) lo consideran un insano mental. Por último, el desprecio de la propia casa es también referencia a la familia, pero en el contexto de Marcos, donde la casa es el símbolo de la Iglesia, el dicho cobra sentido futuro. Es el mismo cristianismo originado en Jesús el que, a veces, lo rechaza. Los cristianos, en múltiples oportunidades, se comportan como la gente de la sinagoga, como los compatriotas nazarenos y como la madre y los hermanos de Jesús. Es una advertencia para revisar el discipulado.
5
Jesús no pudo hacer la cantidad de milagros que venía realizando en otros lugares. La falta de fe lo ha limitado. Esta descripción es arriesgada por parte del autor. Parece afirmar que el poder de Jesús tiene un límite. Ha curado algunos, pero nada más. Quizás, el texto original de este versículo culminaba en la afirmación de que no pudo hacer ningún milagro, y la segunda parte sobre algunas curaciones (que parece contradecir lo dicho previamente) sea un añadido posterior para suavizar el fracaso taumatúrgico.
En el fondo, la reflexión es sobre la fe. El milagro de Dios se manifiesta cuando una actitud creyente lo asume y lo interpreta. Para algunos, las cosas simples son milagros, y otros no ven nada sobrenatural en lo mismo. La fe es otra perspectiva que apunta a lo trascendente. La vida puede ser un encadenamiento de días sin sentido, o puede ser un don maravilloso, lleno de potencialidades. Jesús puede ser un artesano manual de Nazaret y nada más, o puede ser la Palabra definitiva de Yahvé. Mediante la fe, la mirada se convierte. Por eso Jesús está limitado, no en cuanto su poder disminuya, sino porque es un poder que puede o no ser descubierto por el ser humano que lo experimenta.
6
Jesús se asombra de su patria. No saben reconocer las cosas de Dios. Están más concentrados en la posición social que en el Evangelio. Son personas privadas de fe (apistia: a es el privativo y pistis es fe), que significa estar privado de mirada trascendente. Tienen una fe religiosa que los lleva los sábados a la sinagoga, pero no es una fe que supere el rigorismo religioso y transforme la vida. Esa es la verdadera fe del Reino que pretende Jesús. El Reino es distinto a la/s religión/es por esa razón que excede lo cultual y la ley. El Reino tiene que ver con la vida, no con un momento particular ni con una práctica cultural. La fe religiosa suele estar concentrada en eso: un momento de culto, unas prescripciones, un cumplimiento. La fe del Reino es una forma de vida, una actitud frente a la vida.
Jesús no volverá a entrar a una sinagoga. El Reino y la sinagoga no parecen compatibles. Seguirá recorriendo las aldeas y pueblos predicando la Buena Noticia, generando un movimiento, despertando esa mirada trascendente que convierte la existencia propia y la existencia del prójimo.

- La puerta de la casa (Mc. 1, 32-34): Jesús no permanece quieto mucho tiempo, no es fácil de domar. Al atardecer, cuando culmina el sábado judío y comienza, religiosamente, el tiempo del domingo, la ansiedad por el taumaturgo se desborda, y una multitud acude a la casa trayendo sus miserias que necesitan ser sanadas y exorcizadas. Marcos nombra la puerta como sitio de este momento. No queda claro si de a uno iban ingresando a la casa para ser atendidos por Jesús o si Jesús mismo, en la puerta de la casa, los atendía. Es muy probable que, debido a la cantidad de personas presentes, el Maestro saliese a la explanada frente a la casa para responder a tamaña demanda. La puerta es la bisagra de contacto entre el interior y el exterior, simbólicamente, entre la Iglesia y el mundo. No ha sido posible instalar a Jesús dentro, con Simón, Andrés y la suegra; Él se asoma a la puerta y descubre al mundo que clama amor, que clama sanación, que quiere ser liberado de los demonios que lo aquejan. Abrir la puerta es una tarea difícil, es contactar lo supuestamente sagrado con lo supuestamente profano, es contaminar la casa. Jesús se ha movilizado de la sinagoga endemoniada a la casa enferma que ya es casa de servicio, pero aún resta el mundo, agolpado a la puerta de la casa/Iglesia, llorando y gimiendo, solicitando la presencia de Aquel que libera. Jesús está cómodo en la casa, está a gusto con discípulos y conocidos, pero gana su corazón el bien de los desgraciados.
La religión misionera es, sin dudas, del camino. No hay templo ni casa ni puerta que contenga la evangelización, porque la misma se realiza afuera, en 