Vocación de Eliseo / Llamado a la profecía / Profeta para Dios y para el Pueblo

La historia de la llamada de Eliseo (1Rey. 19, 15-21) es un relato vocacional, como tantos en la Biblia, pero con peculiaridades. Vamos a tratar de desentramar algunas claves de lectura del texto en sucesivas entregas, pensando la misión como vocación profética. Comenzaremos, en un principio, situando el contexto literario, luego propondremos ayudas para la comprensión y, finalmente, algunas propuestas hermenéuticas.


19:19 Partió de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando. Tenía frente a él doce yuntas y él estaba con la duodécima. Elías pasó a su lado y le echó su manto encima.

Eliseo es, etimológicamente, mi Dios es salvación. Para varios comentaristas, el hecho de las doce yuntas es signo de la riqueza económica de Eliseo, lo que haría más dramática la escena, pues un rico es invitado a unirse al profeta de los pobres, el exiliado político, el personaje despreciado. Invitado a dejarlo todo por una causa profética. En un segundo sentido, quizás más rebuscado, Eliseo está con las doce yuntas como quien está con las doce tribus de Israel, y su presencia es significativa en la última yunta, al final. Eliseo podía ser rico, pero también era ajeno al centro de Israel, al centro de lo que estaba sucediendo. No era un marginal por su pobreza, pero sí por su situación de separación de los acontecimientos. Nuevamente se dramatiza el llamado vocacional, porque se lo está invitando a pasar de una perspectiva indiferente a un compromiso activo que le valdrá, como a Elías, persecución y momentos amargos.

A continuación sucede lo del manto. Del manto podemos decir tres simbologías que son aplicables a la escena. En primer lugar, el manto es considerado parte de la persona misma. Por ejemplo, en los Evangelios, la hemorroísa se cura tocando el manto de Jesús (Mt. 9, 20 y paralelos), o sea, tocando su persona. Elías le arroja el manto arrojándole su ser, como invitación a compartir el ministerio profético y la misión que le es propia, que lo identifica. Así es que en 2Rey. 2, 13-14 Eliseo toma el manto de Elías que se le había caído tras ser llevado a los cielos, y realiza el mismo gesto que su antecesor, abriendo las aguas, ratificando de esta manera que su obra continúa la obra de Elías, que su persona continúa la persona del otro. El segundo simbolismo es el del profetismo en sí mismo, ya que es una característica de los profetas llevar manto, como hace referencia Zac. 13, 4 y como nos muestra la pintura de Juan el Bautista (Mt. 3, 4 y Mc. 1, 6), vistiendo piel de camello (el manto de pelo mencionado por Zac. 13, 4). El último simbolismo del manto es que ponerlo o arrojarlo sobre otro es tomar posesión, sobre todo en un sentido esponsal, matrimonial. Booz tiende el manto sobre Ruth (Ruth 3, 9) para tomarla como esposa (y según algunos comentaristas, para poseerla físicamente esa noche, pues el manto sería un eufemismo de la relación sexual), y en el Nuevo Testamento, en Lc. 1, 35, Gabriel dice a María que el poder del Altísimo la cubrirá con su sombra (la palabra sombra tiene la misma raíz que manto, por lo tanto, es posible interpretar que el Altísimo echará su manto sobre María). Varias veces, los profetas se sienten poseídos por el Espíritu de Dios, como si no pudiesen resistir la fuerza que los impele a profetizar. Jeremías hablará de ser seducido por Dios, como algo que lo supera, algo a lo que es imposible oponer resistencia. El manto, en este caso, es desposorio de Eliseo con Yahvé, pero mucho más que eso; es posesión que toma Dios de Eliseo, es seducción que lo obliga, es relación carnal en el sentido de intimidad. Eliseo ya no podrá separarse de Dios.

19:20 Entonces Eliseo abandonó los bueyes y echó a correr tras Elías, diciendo: “Déjame ir a besar a mi padre y a mi madre y te seguiré”. Le respondió: “Anda y vuélvete, pues ¿qué te he hecho?”

En Lc. 9, 61-62 hay una escena similar, donde Jesús le dice al que quiere despedirse de sus familiares para seguirle que no puede poner la mano en el arado y mirar hacia atrás. El paralelo es claro con la vocación de Eliseo. Ambos quieren volver a saludar a los de su casa y en ambas escenas se menciona el tema del arado (bueyes para Eliseo). Para muchos comentaristas, Elías lo deja volver a Eliseo, pero no es correcta esa interpretación de las palabras del profeta. Elías le está diciendo que si quiere volver a la casa a saludar, que se vuelva completamente, que no lo siga. En el versículo siguiente vemos que Eliseo no vuelve a la casa, por lo tanto, Elías no se lo había permitido.

La vocación es total. En la misma línea de posesión, del manto arrojado, Eliseo no puede volver atrás, porque ya es de Dios, ha sido segregado para una misión. Ha sido ungido con el manto profético, y no hay demoras. La vocación de Eliseo es un llamado al cambio radical, cambio que se manifiesta en la acción siguiente.

19:21 Volvió atrás Eliseo, tomó la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio. Con el yugo de los bueyes asó la carne y la entregó al pueblo para que comieran. Luego se levantó, siguió a Elías y le servía.

Eliseo sacrifica los bueyes y quema el yugo, o sea, se queda sin trabajo. Ya no puede arar más. Ha cambiado radicalmente su vida en pos del seguimiento de Elías, que es seguimiento de Yahvé. Si era rico, se ha vuelto pobre. Y más aún, se ha convertido en siervo de un perseguido político, o sea, se ha rebajado completamente, para asumir desde allí su misión. No es ni siquiera discípulo de Elías; es su servidor. Ha dejado atrás lo antiguo, su trabajo y su casa, su familia. Comienza un nuevo camino porque considera que Yahvé es el valor absoluto, y lo demás es relativo.

Un dato curioso es la entrega de la carne asada al pueblo. La línea deuteronomista tiene dos pilares: la fidelidad a Yahvé y la fidelidad a los pobres. La repartición de la carne es un gesto de intimidad con el pueblo, es compartir la mesa. Eliseo ha sido llamado para ser profeta de su tierra, ha sido llamado a un compromiso que es religioso y que es social. Cambia su vida radicalmente para donarse radicalmente en servicio de lo divino y del Pueblo. Ya no puede volver porque ha quemado su vida antigua y ha repartido lo que tenía. Ahora sólo puede dar su persona.


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