Noviembre 12, 2009 | Por Carlos Af | Claves: amor, derecho, divorcio, hijos, matrimonio, padres, pareja, separacion | # Enlace permanente
Quizás uno de los temas más preocupantes para todos los padres, es el durante y el después de la separación.
Sin embargo, en la actualidad, comunicar a nuestros hijos que sus “papis” ya no van a convivir más, si bien sigue siendo un momento muy traumático, pareciera ser mejor comprendido y por ende superado en menor tiempo. Seguramente entre los padres de sus amigos esta situación es conocida, y por lo tanto ya no será algo que lo haga sentir “diferente”. En la mayoría de los casos, es cuestión de tiempo, una adecuada ayuda psicológica y mucha conversación con los padres.
El problema finalmente se vuelve mucho más difícil con el tiempo, ya que no hay convenio de visitas que pueda suplir la falta de presencia del padre en la crianza de los hijos. En la mayoría de los casos y de acuerdo a lo que vengo conversando con padres varones, el fin del vínculo y la partida del hogar familiar por parte del hombre, también provoca un cambio de hábitos y enseñanza que impacta directamente sobre la educación y percepción de las cosas que los hijos tienen posteriormente.
“Lo que antes estaba prohibido, lo prohibía papá. Ahora acá mando yo y las cosas se hacen a mi modo”. O también “mamá en casa te hace las cosas difíciles, quiero que conmigo te sientas mejor y por lo tanto la educación que recibías en casa la voy a hacer más flexible”. Son dos posiciones bastante comunes que adoptan los padres respecto de sus hijos y la lucha por el cariño o el mayor respeto de ellos. El resultado casi siempre es un cambio radical en los valores y costumbres que estabamos inculcando en los mismos. Esto genera mucha confusión, y propicia mecanismos de toma de poder en los hijos, que terminan manipulando la situación en su “propio beneficio”.
Quizás lo más duro desde el punto de vista del padre -que es la parte que me toca vivir en carne propia- es el alejamiento fisico y mental de nuestros hijos.
El alejamiento físico es lógico. Uno ya no vive bajo el mismo techo. Pero el alejamiento mental es nefasto y hace estragos tanto en el padre como en los hijos. Estragos que no estamos preparados ni existen ayudas serias para prepararnos a afrontar. Esto resulta en varias posturas, válidas y discutibles todas, pero no siempre justificables.
Postura A. El padre ausente: El divorcio de la madre conlleva a un divorcio de los hijos. Esto puede ser causado por dos razones: el dolor que inflije al padre la asociación de familia perdida a la que lleva la imagen de los hijos, y por otro lado la liberación mental necesaria que por su forma de afrontar los problemas esta persona necesita obtener. Su lema interno suele ser “Si veo poco o siento poco, finalmente dejo de sentirlo”.
La primera razón suele mutar con el tiempo en algo más doloroso todavía, que es la conciencia del tiempo perdido, y el desconocimiento tácito de los hijos del padre como figura de autoridad o confianza. En el segundo de los casos, suele ocurrir un verdadero divorcio de los afectos, con todo lo que eso implica.
Postura B. El padre apartado: la madre aprovecha el dominio psicológico que le otorga la convivencia con los hijos para fomentar el olvido del padre. No colabora manteniendo la imagen del mismo y no fomenta las costumbres de recurrir a él en caso de necesidad o consejo. En algunos casos más extremos, se les enseña a recurrir al padre con el objeto de obtener dinero. El padre, en estos casos, debería esforzarse más por generar y mantener el vínculo, pero muchas veces se ve frustrado por actitudes y desaires de la madre.
Postura C. El padre amigote: Con el esfuerzo que implica muchas veces mantegner el vínculo con un hijo con el que no se convive, se llega a extremos de cruzar límites necesarios entre ser padre y ser amigo. El último resulta mucho más simple. Se obtienen datos de los hijos que de otra forma no se conocería, pero tiene el problema de justamente confundir la imagen de lo que debe ser un padre, y resta en la posibilidad de colocar límites. Algo que por desgracia se está olvidando en nuestra sociedad “moderna”. Además, esta postura en general no colabora con la educación que ambos padres deben dar al niño.
Postura D. El padre exiliado: La más dura de las posturas. Que para calificarla mejor debería decir que no es una postura, sinó una imposición. Se da en los casos que la madre directamente busca cortar todo vínculo con el padre. El más difícil de manejar y el que más daño psicológico genera en los hijos.
Postura E. El padre adulto: requiere que ambos progenitores adopten determinadas reglas de convivencia, las respeten y las hagan respetar. Por sobre todas las cosas, requiere que uno esté muy atento a lo que el otro enseña en sus hijos, y claramente requiere mucho diálogo entre ambos. Esto provocará que si bien todo divorcio genera un daño de menor o mayor escala en los hijos, al menos se aprenda a racionalizar el fin de un afecto entre los padres, pero que el vínculo sigue y será fuerte entre ellos y sus hijos. En muchas situaciones de este tipo, los padres terminan tratándose como amigos con el tiempo y la formación de nuevas parejas. ¿Raro? Sí… Pero real y en apariencia efectivo.
Ahora me gustaría conocer vuestras opiniones.
Saludos como siempre!
Carlos
Julio 9, 2009 | Por Carlos Af | Claves: cuota alimentaria, derecho, divorcio, familia, hijos, injusticia, justicia, padres, regimen de visitas | # Enlace permanente
No es noticia la lentitud de la justicia en la República Argentina. Tampoco lo es la ineptitud de muchos jueces que llegaron mediante contactos políticos en lugar de una carrera y méritos que justifiquen el cargo. Menos quizás, que los organismos que nos deben garantizar el correcto desempeño de los mismos no funcionen o lo hagan con el fin de ejercer presión sobre aquellos que desean trabajar en forma independiente del poder político.
Lo cierto es que los tribunales de familia no son ajenos a esa realidad, y sin perjuicio de los demás fueros, las fallas en este sistema pegan en forma directa en lo que considero el pilar fundamental de nuestra sociedad: los hijos.
Desde el punto de vista de tiempos, quizás no haya comparación de ningún otro tribunal de familia con los que se encuentran en la localidad bonaerense de San Martín. Mi experiencia personal al respecto no es necesaria. Sólo contar que con un convenio acordado y firmado, al tribunal le llevó casi 14 meses emitir el dictámen.
Respecto a los criterios que en general los tribunales toman para emitir fallos en asuntos muy delicados como, por ejemplo, tenencia, régimen de visitas y cuota alimentaria, considero que se encuentran muy lejos de un estudio adecuado de la situación de cada involucrado previa, durante y posteriormente a la separación. La interpretación de las leyes, a veces, conlleva una facilidad poco responsable a la hora de definir montos de cuotas alimentarias. La ley es clara en algo: busca salvaguardar el bienestar de los hijos menores, generando los mecanismos para que se mantenga el modo de vida previo a la separación, la relación con ambos padres y la garantía compartida en la crianza. Algo que en la práctica, termina recayendo casi por imposición y en forma poco balanceada u objetiva sobre los progenitores.
Todo esto es fomentado en gran medida por las demoras que los tribunales se toman para NO analizar cada paso en particular como lo delicado del asunto ameritaría, y termina en “usos y costumbres”, metiendo a madres por un lado y padres por otro. Como si todos los padres fuéramos iguales… Como si todos los hijos necesitaran lo mismo, y no fueran individuos fruto de la unión de otros dos individuos con, ahora, intereses distintos. Incluso respecto a los primeros…
A veces, la demora y el costo legal que las mismas originan sobre el bolsillo de las “victimas” de este lento calvario… perdón… proceso, hacen que el que se sabe perdedor o es el más débil económicamente hablando termine cediendo derechos para lograr el avance del divorcio.
Resumiendo: en un divorcio difícilmente se dé la relación GANAR-GANAR (WIN-WIN), donde ambas partes quedan conformes. Con un arbitraje lento y perezoso como lo son hoy en día todo juzgado en la Argentina, el resultado en un gran porcentaje de los casos es GANAR MUCHO-PERDER. Ya la lucha se circunscribe a perder lo menos posible.
Enero 19, 2009 | Por Carlos Af | Claves: alimentos, cuota alimentaria, debate, divorcio, hijos, madre, matrimonio, padre, padres, rehenes, separacion, tenencia | # Enlace permanente
En toda pelea vincular, casi siempre hay un beneficiado y un perjudicado. El valor de peso del beneficio y la culpa es totalmente subjetivo.
Cuando hablamos de leyes, no necesariamente hablamos de equidad. Y si de justicia se trata, desgraciadamente nuestro país es un claro ejemplo de extremos. ¿Dónde quedó la señora con los ojos tapados y la balanza en la mano? Quién sabe…
Si nos detenemos a leer jurisprudencia de 10 ó más años atrás, seguramente notaremos que las leyes en general beneficiaban al hombre. Con mucho pesar tengo que reconocer que existe un alto porcentaje de mal llamados “varones” que nos han dejado muy mal parados ante la opinión pública. Padres que se desentienden totalmente de la crianza de sus hijos. Progenitores hombres que a pesar de estar pasando un buen momento económico olvidaron completamente la obligación (y el derecho) de alimentar y educar a sus hijos, amén del cariño y amor que también debe, y no es justamente medido en términos económicos.
Pero hoy estamos acostumbrados a ver fallos ejemplares contra esta clase de “ser humano” capaz de desentenderse del hecho que trajeron una vida (o varias) al mundo, y se valen de ese vacío legal para que la mujer se hiciera cargo de practicamente todo, llegando en algunos casos, a ser un padre ausente en todo sentido y concepto. En algunos casos hasta es deseable que así sea, por el ejemplo que éstos podrían dar a sus hijos…
¿Entonces cual es el problema? El problema es que habiéndo estudiado bastante jurisprudencia, hablado con muchísimos abogados de familia, jueces de otros fueros, padres (ambos), me estoy dando cuenta que en ocasiones se alcanza el otro lado de la moneda; la cara opuesta a unos 10 años atrás… Y se cae en un beneficio injusto para la madre, quien en el caso de un divorcio no debe ser objeto de beneficio alguno más allá de la separación de bienes que corresponda. En algunos casos, he visto a los hijos convertidos en rehenes de una presión económica sin precedentes, en el cual la ex-concubina llega a transformarse en “un socio” de toda mejoría en la situación económica del ex-marido luego de la reconstrucción de su vida, lo que no siempre es justo…
Sé que hay excepciones. Me gustaría decir que hablo de minorías. Algunas conozco e incluso me voy a atrever a invitarlas personalmente a opinar en este blog, pero de palabras de una abogada: “Desgraciadamente ahora las mal paradas somos nosotras por la acción vengativa, rencorosa o con fines económicos de algunas mujeres y la interpretación actual que se le da a las leyes”…
Hay leyes. Pero también hay jueces que por el exceso de carga laboral (muchas veces provocado tambien por su propia ineptitud), aplican medidas sin mirar la situación o el deseo de ventaja que alguna de las partes quiere obtener sobre la otra, en forma injusta y muchas veces extorsiva. La ley indica claramente que el ex-concubino debe proveer el mismo grado de comodidad y nivel socio-económico que sus hijos/as tenían al momento de la separación, pero me consta personalmente que en algunos casos no solo se termina mejorando ostensiblemente este nivel (lo cual está bien, éticamente y moralmente, como padre hacerlo), sinó que termina beneficiando con porcentajes de su sueldo del 30% ó 40% a una ex-concubina que además no presenta un trabajo estable con toda mala intención (ya que lo posee, y en todo caso la ley debería exigirle, como al hombre, conseguirlo). En algunos tribunales, ya no se presentan los gastos que los hijos insumen, de manera que se pueda discutir la forma de contribuir en ellos, la veracidad y lógica de los mismos, sino que se toman medidas numéricas como forma de “acelerar” el proceso, que igualmente, en algunos casos, lleva años…
Los invito a debatir este tema. Lo toqué en forma relativamente superficial para permitir la opinión de todos. Padres, madres, hijos, abogados… Les cedo la palabra.
Noviembre 22, 2008 | Por Carlos Af | Claves: divorcio, matrimonio, pareja, separacion, sexo | # Enlace permanente
Inicio este nuevo blog con la idea de compartir experiencias y desde la misma brindar puntos de vista a quienes estén transitando por este duro camino de la separación y el divorcio vincular.
Para que exista el divorcio, primero debe existir el deseo irrevocable de separarse del otro. Esto puede surgir por una charla conveniente en la cual ambas partes deciden que el vínculo ya no es en base al amor, o por el deseo de una parte de alejarse de la otra. En este último caso, puede mediar una conversación adulta o puede darse una guerra desgastante, en la cual hay un ganador, un perdedor y víctimas colaterales: los hijos.
¿Qué lleva a una pareja que se juró amor eterno decidir la disolución del vínculo? ¿El amor tiene fecha de caducidad? ¿Las parejas de antes duraban más?
Dejanos tu opinión o contanos tu caso.
Saludos.
Carlos
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