la famiglia unita

El número de julio/agosto de 2005 de la Revista del Colegio de Abogados, estuvo dedicado a “La familia hoy”. Precisamente, en uno de los artículos (“Los hijos en las famlias ensambladas”, de Cecilia Grosman), se sostiene que dicha conformación familiar es aquella “que se origina en un matrimonio o unión de hecho, cuando uno o ambos integrantes de la pareja tienen hijos de un casamiento o convivencia anterior. Dar un nombre a estas familias es trascendente porque les otorga identidad y visibilidad en la sociedad, y permite abordar sus problemas específicos”, dice la autora.
Para Grosman, “el problema central de estas familias es la ambigüedad en los roles, particularmente en relación de un cónyuge o conviviente con los hijos del otro. Si los roles de los padres biológicos son claros, en cambio, no hay lineamientos institucionales que legitimen las acciones del padre o madre afín, quienes, a menudo, no saben cómo actuar. Frente a estas incertidumbres se opta por acudir a estrategias extremas del `todo o nada’, ambas peligrosas y fuente de conflictos. O no se les asigna ningún lugar, es decir, se desdeña su papel, o se los asimila lisa y llanamente al padre o la madre.”
“Nuestra ley, prosigue la autora, pese al acotado lugar que concede a las necesidades y problemas que pueden plantearse en los hogares ensamblados, contiene alguna normativa respecto de la relación entre un cónyuge y los hijos del otro, en razón del vínculo de afinidad que los une (artículo 363 CC), fuente de ciertos derechos y deberes. De esta manera, por ejemplo, se deben recíprocamente alimentos (art. 368 CC), aun cuando esta obligación es subsidiaria…Asimismo, el hijastro (a quien llamamos “hijo afín”) tiene derecho a pensión y a las asignaciones familiares, si convivió con el padre o la madre afín.
Los eufemismos abundan en la sociedad actual. No hay más inválidos o débiles mentales, sino “personas con capacidades especiales”; los “linyeras” o “cartoneros”, fueron reemplazados por los “recuperadores urbanos”; los homosexuales son “personas con orientaciones sexuales diferentes”; es ofensivo decir “negro” (personas de esa raza): lo mejor es referirse a los “morenos” o “personas de color” (de color negro, dirían Les Luthiers); los niños revoltosos son ADD; las prostitutas son trabajadoras sexuales; no importa que haya dos sexos, sino la “perspectiva de género”; etc.
Pues bien, en relación a nuestro tema tampoco quedan ya padrastros ni madrastras, ahora se llaman “madre afin” y “padre afín”, porque se les quiso sacar “la fuerte carga simbólica de maldad que contienen” (Grosman).
“Familias triangulares. Cada vez hay más parejas que deciden tener un solo hijo”, decía Clarín el domingo 29 de abril de 2007, en nota de Georgina Elustondo. “Según datos de la Capital Federal, una de cada cuatro mujeres termina hoy su vida reproductiva con un único hijo. En 1936 representaban el 14%. Influyen la postergación del matrimonio y la maternidad tardía.”
En el desarrollo del artículo, se lee: “La familia se achica: hace setenta años había 3,9 personas por hogar. Hoy, 2,6” Y, en la misma nota, Victoria Mazzeo, responsable de la Unidad Análisis Demográfico de la Dirección General de Estadística y Censo del gobierno porteño, afirma: “Las explicaciones sociales de este fenómeno hay que buscarlas en las expectativas de la mujer de una mejor posición social, que implican mayores niveles educativos y mejores posiciones laborales”.
Mabel Burín, psicóloga que dirige el Programa de Género de la UCES, opina que la ley reconoce que los papás están cambiando, porque hay un nuevo marco legal contribuye a que los padres se afirmen en la construcción de vínculos más íntimos con sus hijos (ver Clarín, martes 5 de diciembre de 2006).
Burín se refiere a “los cambios en la legislación que extienden las licencias por paternidad, y que equiparan a padres biológicos y adoptantes, a los que juzga “auspiciosos porque conllevan el reconocimiento de nuevas prácticas sociales y posicionamientos subjetivos de varones que procuran hacer transformaciones a la clásica experiencia de la paternidad.”
Aunque el hombre actual tenga que asumir que, más temprano que tarde, dejará de ser el principal proveedor económico de la familia (que, hasta ahora, le permitía afirmar su masculinidad), con leyes como la aludida acaso ¿no se refuerza su feminización? ¿Cuánto faltará para que el hombre también acceda a una licencia por embarazo?


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