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Marzo 12, 2009 | Por igb | # Enlace permanente
Todo obvio. Todo como sin ganas. Todo cliché. El gay invita a los marginales a su casa. Es una fiesta y corre riesgos que sabe que va a correr y es como manejar borracho un auto a 200. Los marginales quieren plata para hoy, si hay que trincarse al puto se lo trincan. Es ahora. El futuro se cuenta en horas. No hay más y no importa más. Lo atan, lo matan, se matan. A todos esos que se lo pasan diciendo “es un genio, no le importa nada” les pregunto qué opinan de estos pibes a los que tampoco les importa nada. Cliché.
El buen profesor, el buen padre, el de la 4 por 4 que no es abundancia porque no es del campo, es de trabajo, el que abre el portón, el buen argentino, el que gritaba los goles de Coppola. Y otros marginales a los que tampoco les importa nada y pim pam pum. Si ni siquiera supieron qué hacer con la camioneta. Imbéciles. Si matan a alguien para sacarle una camioneta por pocas horas es que mataron porque mataron, nomás. Mataron porque no les importa nada. Mataron porque después no hay nada. Mataron porque ya están muertos.
Y más clichés.
Susana Giménez, que se asustó con el comunismo cuando le metieron como a todos el corralito, y hay que matar a los que matan. Pongámolos en fila. Porque matar al que mata implica matar al que mata al que mata al que mata al que mata. La lista termina –o empieza– en Susana. Decir que hay que matar al que mata es mandarlo a matar. Sigamos con clichés. Mandemos a matar al que manda a matar. Mandemos a matar a Susana que mandó a matar a los que mataron a su florista, que ya estaban muertos. Alguien mandará a matarme. Y será muerto. Y vendrá la paz.
Y después de Susana, Moria, y después de Moria, Sandro (¡Ay, Sandro! Me dolió).
Y una caterva de señoras acomodaticias, escandalizadas, brutas, limpias de toda pureza (a ellas les matarán los hijos, sus hijos nunca serán asesinos, no sé, es una obviedad, pero están seguras de que así será); esa caterva de señoras, cuyo presupuesto mensual equivale a un cenicero arrojado por la Diva Mayor cuando se enoja, quieren ser como Susana y por eso juegan al totobingo y son obvias, y dicen: “Tiene razón”. Dice la caterva: “Esta señora que vive en Barrio Parque porque Miami le queda lejos para viajar todos los días, y que nunca escondió un auto bajo pajonales para no pagar impuestos que hubieran podido ayudar a que aquellos marginales no fueran tan tarados como para matar a un tipo para sacarle la camioneta por cuatro horas, ni se asoció jamás con un cura pedófilo o un mercenario para sacarle dos pesos a gente que tenía tres bajo la ilusión de un juego que no gana nadie”, dice, la caterva, esta señora es nuestra voz. Obvio de una obviedad cansadora. Cliché como el florista y el personal trainer que en los medios no son dos ciudadanos víctimas de lo más injusto del tercero de los mundos. Son el florista de Susana y el personal trainer de Guillote. Son porque están cerca de un famoso.
Y la farándula, nunca interesada en ningún gran dolor nacional, porque su enorme ombligo le lleva tanto tiempo, pide que se pongan a matar, así no la distraen de su principal ocupación. Ombliguearse.
La pena de muerte no soluciona nada. Es venganza. Los que matan ya están muertos, que eso es no tener una sola ilusión, una sola esperanza. Eso es matar a alguien para usar cuatro horas una 4×4. Estar muertos. ¿Se puede matar a un muerto? ¿Se van a asustar los demás muertos, o van a salir a vengarse?
Farándula, el trabajo de ustedes es regalarle ilusiones y fantasía al pueblo. No matarlo. No sean obvios. No se conviertan en el Facho Martel.
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Voy a tomar prestadas dos ideas para verificar que se cumplan. La primera es la enseñanza rotunda del Ministro del Interior, Florencio Randazzo, que en el programa del Hermano Joaquín –Desde el Llano-, contestó de manera elocuente la pregunta hecha por el periodista sobre cuál era su concepto sobre los desertores recientes del kirchnerismo, leyendo un artículo con el que decía coincidir plenamente. El artículo en cuestión había sido escrito por Joaquín Morales Solá en LN a propósito de Borocotó. Knock Out del Ministro y cuenta de 10 para Joaquinito (a los interesados, pueden verlo acá). La segunda idea es de Ricky Kirschbaum, en el Clarinete del 11/3/09 y lleva el título de este post.
Dice RK: “Por el sistema de decisión cerrado que han creado, fuera del alcance de otras opiniones que no sean ratificatorias o laudatorias, los Kirchner han ido construyendo su propio relato de la realidad, el único verídico y exento de contradicciones. Este relato se auto-legitima frente al otro ‘relato’ que, según ellos, intenta imponer una ficción para debilitar al Gobierno”.
Podríamos decir: “Por el sistema de decisión cerrado que han creado, fuera del alcance de otras opiniones que no sean ratificatorias o laudatorias, el GRUPO CLARÍN ha ido construyendo su propio relato de la realidad, el único verídico y exento de contradicciones. Este relato se auto-legitima frente al otro ‘relato’ que, según ellos, intenta imponer una ficción para debilitar a la oposición avalada por el propio Grupo Clarinete”.
RK: “Esta distorsión no es, justo es decirlo, propiedad exclusiva de los Kirchner, aunque es cierto que éstos la han perfeccionado. Otros que pasaron por el poder cayeron en la trampa de confundir la realidad con su interpretación subjetiva: la historia reciente está plagada de ejemplos”.
Podríamos decir: “Esta distorsión no es, justo es decirlo, propiedad exclusiva del Grupo Clarín, aunque es cierto que éstos la han perfeccionado. Otros que pasaron por el empresariado del cuarto poder cayeron en la trampa de confundir la realidad con su interpretación subjetiva: la historia reciente está plagada de ejemplos”.
RK: “Catamarca gatilló reacciones que mostraron ese tipo de conductas en el poder. Hubo una elección provincial en la que el peronismo desafió a un sector local que está en el gobierno desde que Saadi cayó en desgracia. Para tener posibilidades, el kirchnerismo se alió con Luis Barrionuevo, un archienemigo, y con el propio Saadi. Ambos abandonaron el barco aún antes de la elección en un caso de fuga prematura pocas veces vista. El gobierno de Cristina y Kirchner jugaron fuerte pero no lograron torcer la tendencia. Y fueron derrotados. Hasta aquí lo que pasó.”.
Podríamos decir: “Catamarca gatilló reacciones que mostraron ese tipo de conductas en el empresariado del cuarto poder. Hubo una elección provincial en la que el GRUPO se sintió desafiado. Para tener posibilidades, el kirchnerismo se alió con Luis Barrionuevo, un archienemigo, y con el propio Saadi. Ambos abandonaron el barco aún antes de la elección en un caso de fuga prematura pocas veces vista. El gobierno de Cristina y Kirchner jugaron fuerte pero no lograron torcer la tendencia. Y fueron derrotados. Hasta aquí lo que pasó”.
RK: “Pero Kirchner decidió que no había perdido y que quienes así lo decían -todo el periodismo- faltaban a la verdad. Sobre todo, Clarín”.
Podríamos decir: “Pero el GRUPO decidió que había ganado y que quienes así no lo decían –los Kirchner- faltaban a la verdad. Sobre todo, Néstor”.
RK y nosotros: “Los expertos en comunicación afirman que no es fácil cambiar la realidad pero sí persuadir al público sobre alguna de las características de una situación para desmerecerla o generar sospechas. Así, no sólo se amortigua el impacto negativo de las noticias que se intenta desconocer sino que se cambia el foco. Ya no es la derrota sino los intereses espurios que hicieron que se publiquen sus errores de cálculo y sus alianzas contranatura” (Biblita en todos sus programas, El Colo hasta en los paneos de las cámaras, todo el stablishment de economistas fracasados en todos sus micrófonos, etcétera).
Dos reflexiones finales: 1) Nadie, ni siquiera uno de los editorialistas del GRUPO, resiste un archivo (o una lectura seria), 2) Randazzo, sos un genio.
Junio 11, 2008 | Por igb | Claves: cadena, campo, cristina, fernandez, gobierno, kirchner, nacional, plan, redistribucion, retenciones, social | # Enlace permanente
Debería pensar en cual de las opciones que plantee en el post anterior al discurso fue la que se dio si es que se dio alguna. Humildemente, creo que con buena voluntad las 4 opciones sobre el por qué del uso de la Cadena Nacional, se cumplieron.
En primer lugar creo que, tal como suponía en el punto uno, el gobierno se planteo una nueva estrategia de comunicación. Apareció una presidenta con un tono calmo. Abandonó el dedo inquisidor. Abandonó el reto como forma de comunicarse. Incluso pidió perdón:
“si alguien se sintió ofendido por una palabra que yo haya dicho o por un gesto, cualquier argentino, desde acá, desde este lugar, le pido perdón”.
Si bien el punto dos era bastante jugado y poco probable, creo que la presidenta apuntó a un gran acuerdo nacional pidiendo que todos trabajemos unidos por una Argentina mejor: “los convoco a todos los argentinos en serio, a comprometernos más allá de la palabras, más allá de los discursos, al combate contra la pobreza, por la distribución del ingreso y por una Argentina que trabaje más y produzca mejor“.
El punto tres también podemos decir que se cumplió. La presidenta, con el discurso de ayer, dio por terminado el tema. Dijo hacia donde iban los fondos por el aumento de las retenciones, aclarando que no se vuelve al 10 de marzo, ni mucho menos: “Este programa se va a fondear con la diferencia de puntos existentes entre esa retención de 35 puntos, vigente al 10 de marzo, y lo que pueda crecer”.
Para terminar, la presidenta creo que dedicó los treinta minutos que duró la Cadena Nacional para sorprendernos (amplio punto cuatro). Nos sorprendió con las formas (que poco importan a quien escribe, pero mucho a quienes la critican). La presidenta cambió no solo el tono sino también las palabras. Habló de “error que cometió el gobierno”. Pidió “perdón” a quienes pudieran sentirse ofendidos por una palabra o gesto -acá es donde levantó el guante de los que la criticaban por sus formas-. Nos sorprendió con una explicación, que a la altura de los hechos considero que era necesaria, sobre el destino de los fondos que percibiría el Estado por el aumento de las retenciones.
Y merece un punto y aparte comentar dos o tres partes del Fondo para la Redistribución Social. No solo explicó el destino de los fondos, que cabe aclarar que podría hacer sido cualquiera, siempre y cuando estuviera dentro de las cuentas del Tesoro de la Nación, sino que además mostró haber escuchado uno de los reclamos de la nueva burguesía rural, tal vez desconocida por la Buenos Aires que solo se mira a sí misma. Como en 1945, Buenos Aires no sabía que existía el interior de la Argentina, que existían ciudades con empuje y que habían salido a flote con el éxito del sector agropecuario lindante a ellas. Esas ciudades son las que ante la preocupación por el menor poder adquisitivo del campo, vieron peligrar sus ingresos. Esas ciudades, esa nueva burguesía fue la que salió a las rutas, la que se sumó a los piquetes, la que llenó la plaza del monumento a la Bandera en Rosario. Esa nueva burguesía seudo rural es la que reclamó la devolución de las retenciones. No necesariamente la devolución a los productores. Se filtraba en los panfletos de los piquetes la vos de los habitantes urbanos. Se filtraba la necesidad de mejorar caminos, escuelas y hospitales en cada una de las localidades del interior. Se filtraba el mensaje oculto: coparticipen lo que retienen. Algo muy explicable. Si bien por razones de densidad de población, los grandes centros urbanos están en peores condiciones que las ciudades del interior. También es cierto que las ciudades del interior son muy importantes para el crecimiento del país y lejos están de albergar solo a clases medias altas. También viven clases bajas. También faltan viviendas. También hay deficientes hospitales. También hay pocas escuelas. También hay malos caminos. El gobierno creó el Fondo para la Redistribución Social. Yo lo hubiera nombrado: Fondo Federal para la Redistribución Social, pero poco importan los nombres.
El gobierno puso en aprietos a las entidades agropecuarias, que salieron a decir, primero que nada, que no estaban en contra del destino que la presidenta había resuelto dar a los fondos a retener. Claro que agregaron que no estaban de acuerdo con la movilidad de las retenciones. Que no estaban de acuerdo con las formas. Que no estaban de acuerdo con el cobro nacional y por lo tanto la centralización de poder en la Casa Rosada al manejar esos fondos. Etcétera.
Ahora bien. Los grandes productores pagarán por encima del 35% la retención correspondiente y ese dinero será destinado al Fondo para la Redistribución Social. Los medianos y pequeños productores, solicitarán que el Estado les devuelva lo que les retuvo por encima del 35% y por tanto no los aplique al Fondo para la Redistribución Social. Como ciudadanos de este país, ¿podrán solicitar se les devuelvan esos puntos porcentuales? ¿Podrán después mirar a la cara a sus hijos?
Todos aquellos productores que se animan a vender y comprar en negro, todos los que evaden impuestos, todos los que no pagan cargas sociales, si, se animarán.
Todos los demás, ¿se animarán a seguir en las rutas reclamando por 3 o 4 puntos porcentuales de su ganancia extraordinaria? ¿Se animarán?
Hay argentinos a los que no hay que hablarles por Cadena Nacional. Solo mirarlos y tirar la cadena.
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El Poder Ejecutivo cuenta con esta herramienta para comunicarse con la sociedad. El ex presidente Néstor Kirchner usó en dos oportunidades la Cadena Nacional. La primera fue el 4 de junio de 2003, la segunda el 29 de diciembre de 2006. Las razones fueron la necesidad de solicitar públicamente al Congreso de la Nación, la remoción de los jueces de la Corte Suprema cuestionados, en el primer caso y la desaparición de Luís Gerez, testigo clave en la causa que se le seguía por delitos cometidos durante la última dictadura militar a Luís Patti.
Hoy, Cristina Fernández de Kirchner solicitó la Cadena Nacional. El motivo no lo conocemos aún. El lugar no es el típico despacho presidencial desde donde suelen trasmitirse. No estará sola ante cámaras teniendo como única compañía la bandera, como suele pasar, sino que solicitó la presencia de legisladores, gobernadores, intendentes, en el Salón Blanco de la Casa Rosada.
La razón que convoca al acto es, según dicen, el llamado a licitación de un gasoducto en el estrecho de Magallanes (??). Poco probable que merezca la Cadena Nacional, pero veremos que pasa.
Digan lo que digan, podemos hacer nuestras hipótesis sobre las posibles razones de utilizar la Cadena Nacional:
1. ¿Estaremos ante una nueva estrategia de comunicación? Reconocería el gobierno sus falencias en este tema y resolvería hacer uso de la Cadena Nacional cada vez que la presidenta tuviera que dar un discurso. Pensémoslo bien… si así fuera tendría doble efecto: informaría sobre cada acto de gobierno y quitaría tiempo de aire a sus opositores, los medios.
2. ¿Resolverá acceder a los pedidos del sector agropecuario y dará marcha atrás con todo? Ubicaría en este caso el tan anunciado Gran Acuerdo del Bicentenario (las mayúsculas dan importancia al tema) por sobre todas las cosas.
3. ¿Informará al país, de una buena vez, que se terminó el tiempo de discusión? Contaría los nuevos pasos a seguir y hablaría de otros temas.
4. Nos sorprenderá con… (Para que sea sorpresa tengo que dejar esto en blanco)
Pase lo que pase, podemos también suponer la reacción del sector agropecuario que inmediatamente después de finalizada la Cadena Nacional, buscarán los medios de comunicación en los piquetes, asambleas u oficinas céntricas donde se encuentren sus referentes, que por acción u omisión al tema en el discurso, podrían ser:
1. Apelar a la moda: estado de alerta y movilización
2. Dejar las rutas y festejar sus éxitos
3. Dejar las rutas puteando y diciendo que en este país no se puede vivir
4. Sorprendernos… (Nuevamente espacio cedido por el autor para la sorpresa)
Independientemente de lo que ocurra, y cabe independientemente, cualquiera de las opciones que se den, ya que poco importa lo que se diga, podemos imaginar reacciones de los habitantes de las zonas top de la ciudad de Buenos Aires:
1. Salir a golpear cacerolas
2. No mostrar ningún interés por nada
3. ¿Sorprendernos? No, Buenos Aires ya no sorprende.
En 10 minutos comienza la Cadena Nacional. Estoy seguro y puedo afirmar que va a pasar algo de todo esto y/o todo lo contrario.
Junio 9, 2008 | Por igb | # Enlace permanente

Finalmente las elecciones primarias del partido demócrata terminaron. En una espera similar a la del conflicto con el sector agropecuario argentino, el mundo entero dejó de leer en sus diarios lo que iba ocurriendo en los más de 50 distritos electorales de Estados Unidos. Quedará en la sección internacionales mucho espacio vació y mucha tinta en stock a partir de ahora.
Barack Obama será candidato a la presidencia por el partido Demócrata. La ex primera dama, Hillary Clinton se quedó a un costado y muchos la postulan como la candidata a la vicepresidencia. En Estados Unidos, con más de 230 años de democracia, se elige solo al candidato a la presidencia, y este elige después a su vicepresidente.
Poco cambia en los efectos a los países del resto del mundo quien sea elegido en United States of America. Matices diferencian al partido Demócrata del Republicano. Sin embargo tendemos a creer, o tiendo a creer, que el hostigamiento será más leve, tal vez menos malo, en un caso que en otro.
Las políticas inmigratorias de Estados Unidos están dadas no por el partido gobernante, sino por los intereses de Estados Unidos. La política económica de Estados Unidos está dada no por el partido gobernante, sino por los intereses de Estados Unidos. La política de defensa, de salud, exterior, etcétera. Siempre el que gobierna lo hace defendiendo los intereses de Estados Unidos, nunca pensando en buenos y malos.
Para adentro, su política interna, los problemas que las clases bajas tienen, tiendo a creer que el partido Demócrata es más benévolo que el Republicano, pero solo lo digo por la composición del votante de cada partido.
En Sudamérica miramos lo que ocurre en el país del norte con preocupación. Salvo casos aislados como Colombia o Chile, Sudamérica no tiene éxito ni con Republicanos ni con Demócratas.
Se parece bastante al interrogatorio: el policía bueno y el malo. Nada cambia. Solo perdemos.
Ahora bien, dicho esto uno puede elegir al policía bueno e incluso querer que sea una mujer la que cumpla ese rol, que tenga minifalda y un rico perfume, que nos hable al oído y nos invite con un trago al finalizar el interrogatorio, aunque todo sea mentira, es mejor.
Yo voto, si me lo hubieran preguntado, por los Demócratas. Como demócrata, por Obama. Si bien estaba interesante votar entre una mujer y un negro, por la condición de minoría (mujeres en la presidencia de Estados Unidos no hubo nunca y negros menos), me inclino más por el muchacho de Illinois. Esto es más arbitrario, sobre todo teniendo en cuenta que estuve una sola vez en mi vida en Estados Unidos, por un lado, y porque no tengo idea de los problemas y las soluciones que se plantean. Tal vez mi preferencia por Obama sea atribuible al mal recuerdo que los argentinos tenemos de la Dama de Hierro como primera ministra de Inglaterra e imaginar a una mujer al frente de la principal potencia da como que mejor que no. Tal vez sea menor lo que me hubiera inclinado a votar por Obama. Pero, qué más da!
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El siguiente es un dialogo entre un productor agropecuario devenido en piquetero y un camionero.

Camionero: Si no paso yo no pasa nadie!
Productor agropecuario: El que no deja pasar a la gente sos vos, nosotros no estamos cortando las rutas!
C: ¿Puedo seguir, entonces?
PA: No, vos no podés seguir porque llevas productos del campo! Pero la gente si puede y vos les impedís el paso!
C: Si yo no puedo porque lo resolvés vos, nadie puede porque lo resuelvo yo!
PA: No tenés derecho a cortar la ruta a todos!!! No queremos que se nos arme quilombo porque nadie pasa…
C: Oíme, yo trabajo, este es mi trabajo, con esto les doy de comer a mis hijos y vos no me dejas laburar!
PA: Estás transportando productos agropecuarios, Y EL CAMPO ESTÁ DE PARO!!!
C: SI EL CAMPO ESTÁ DE PARO, QUE HAGA PARO EL CAMPO!!! NO NOS OBLIGUEN A TODOS A HACER PARO!!! Cuando nosotros hacemos paro, hacemos paro nosotros!!! O acaso yo me meto en tu campo y te obligo a no sembrar, o a que no coman las vacas, o a que no controles malezas!!! Porque ustedes están de paro, pero las vacas comen, la soja la levantaron, el trigo ya empezó a sembrarse!!!
PA: Bueno, pero…
C: Si yo tengo productos del campo es porque el campo no está TODO haciendo paro como dicen ustedes!!! si no quieren que se exporte no carguen los camiones, no nos llamen!!! O vos cómo pensás que yo cargo mi camión!!!
PA: Por acá no pasas!!!
C: No carguen mi camión y listo!!! Yo necesito trabajar para que mis hijos tengan para comer!!! No tengo ahorros como ustedes para esperar a que resuelvan abrir las rutas!!! Ustedes están buscando que los repriman, que los saquen a la fuerza de la ruta!!! Eso buscan!!! Pero no saben hacerlo, nunca se tuvieron que enfrentar a los milicos, ellos siempre estuvieron de tu lado!!!
PA: Qué tiene que ver… Si tu presidenta no quiere entender como es la cosa no es problema mio!
C: Mi presidenta es tu presidenta, y no tengo puta idea que carajo queres que entienda, no sabía que la presidenta tenía que entender como ES LA COSA!!! A eso estas acostumbrado, todos ustedes están acostumbrados a que los presidentes entiendan como ES LA COSA!!!! No????
PA: Y si, acá está el pueblo, acaso ella no dice que gobierna para el pueblo!!!! acá estamos!!!!
C: Solo te falta decir que gobierne para nosotros!!!!
PA: Si, si, que gobierne para nosotros!!!
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Un recurso muy usado por los publicistas es apelar a la memoria como método de unificación de una población objetivo. Sentimos que nos hablan a nosotros cuando nos hacen acordar de nuestra infancia.
Me acuerdo de los golpes que había que darle al televisor de 14 pulgadas blanco y negro. Me acuerdo de los gritos al mover la antena para que apuntara a la ciudad más cercana por la tormenta que nos alejaba de Buenos Aires. Me acuerdo de los gritos por el uso del agua cuando otro se bañaba. Me acuerdo de la necesidad de calentar el falcón todas las mañanas, del cebador que olvidado aceleraba al límite al pobre auto. Me acuerdo de abrir los ojos despacio para ver si ya se habían ido los Reyes Magos. Me acuerdo del día que llegaron y se llevaron mis zapatillas. Me acuerdo de bajar la escalera decepcionado y encontrar un enorme camión con ellas arriba. Me acuerdo de sentarme en la punta del asiento del auto, por el espacio que ocupaba la mochila.
Me acuerdo de caminar hasta la unidad básica del PJ donde sonaba la marchita y papá siempre hablaba con alguien. Me acuerdo de cantar la marchita peronista saltando en la cama la noche de las elecciones del 83. Me acuerdo de pasar en auto con mis tíos por el Obelisco el domingo que ganó Alfonsín. Me acuerdo de la radio prendida, me acuerdo de mi viejo con la oreja en el parlante, me acuerdo de la guerra de Malvinas. Me acuerdo de los viajes en tren. Me acuerdo de la policía. Me acuerdo del miedo de los otros. Me acuerdo de los fascículos del Diario del Juicio que mamá juntaba prolijamente, me acuerdo del juicio a las Juntas. Me acuerdo de Semana Santa. Me acuerdo del 3 de diciembre de 1990, me acuerdo de los carapintadas. Me acuerdo del bombardeo sobre Bagdad, me acuerdo de esa primera guerra.
Me acuerdo del colegio. Me acuerdo del despertador. Me acuerdo de las puertas que tenían la manija muy alta. Me acuerdo de llegar tarde. Me acuerdo del timbre del recreo, de los olores del lunes. Me acuerdo de lo despiertos que estaban todos menos yo. Me acuerdo de olvidarme el papel glasé. Me acuerdo de la cartuchera, de nunca tener punta en el lápiz, de olvidarme el saca puntas. Me acuerdo de copiar apurado porque la batalla naval con el de atrás nos había atrasado. Me acuerdo de Rush, la maestra de segundo grado.
Me acuerdo de los dos pizarrones en altura. Me acuerdo de lo grande que era todo. Me acuerdo del salón de actos. Me acuerdo de la cantidad de apellidos inentendibles. Me acuerdo de los cuadernillos de colores. Me acuerdo de lo poco que me interesaba. Me acuerdo de preparar Historia el día antes. Me acuerdo del bochazo. Me acuerdo del ingreso al Nacional.
Me acuerdo de correr al colectivo en la terminal de trenes de Once. Me acuerdo de que cuando mamá venía con nosotros teníamos taxi. Me acuerdo de llegar a Pueyrredón, mi casa, con el tiempo justo para dormir antes de ir al colegio. Me acuerdo, otra vez me acuerdo, del despertador. Me acuerdo del cartel que una mañana dejó la vieja que empezaba diciendo: “Nació Juan Monteverde”, mi primer sobrino. Me acuerdo del sueño de todas las mañanas. Me acuerdo del día que mi viejo tocó bocina y bajamos a ver el falcón nuevo. Me acuerdo del televisor. Me acuerdo de cambiar los canales. Me acuerdo de quedarme en un lugar, porque servía de antena. Me acuerdo de la antena, apoyada en una ventana, con un alambre que salía al balcón, atado a la baranda. Me acuerdo de la televisión sin transmisión, de los carteles mostrando todos los colores, la hora y temperatura, con música de fondo. Me acuerdo de no ver nada, de ver algo. Me acuerdo del primer recital que vi, Michael Jackson. Me acuerdo de que mis viejos estaban en el campo. Me acuerdo de ir a la plaza. Me acuerdo de sacar la sortija y otra vuelta más.
Me acuerdo de mi primer caballo, la tobiana. Me acuerdo de la yegua en la mitad de los perales el día que me la regalaron. Me acuerdo de la ilusión. Me acuerdo de las lecturas del Martín Fierro, tenía 6 años y para mis viejos era la lectura para practicar. Me acuerdo del primer cassette de Les Luthiers. Me acuerdo del primer walkman. Me acuerdo de rebobinar los cassette con una birome. Me acuerdo del toca discos.
Me acuerdo de los discos doblados de los Beatles. Me acuerdo de las vacas. Me acuerdo de los días de vacunación, de las pobres vacas a las que les clavaban unas agujas larguísimas. Me acuerdo de los ruidos del tambo, de los olores del tambo, del olor del alimento balanceado, del tarro de leche y de como se le sacaba la nata. Me acuerdo de Alfonso. Me acuerdo de la primera alazana. Me acuerdo del día que me la regalaron, del primer recado.
Me acuerdo de los cortes de luz por la tormenta. Me acuerdo de la inundación. Me acuerdo de las velas que se apagaban con el viento. Me acuerdo del andá a dormir. Me acuerdo de escuchar las conversaciones de los grandes, de horas en la escalera. Me acuerdo de la penitencia. Me acuerdo del monte oscuro. Me acuerdo de las casitas. Me acuerdo de mis primas. Me acuerdo de los escondites. Me acuerdo y guardo recuerdos.
Me acuerdo y no tengo buena memoria.
Me acuerdo del viejo cuando me dio a leer un cuento de él que empezaba diciendo, me acuerdo de…
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Las compañías de telefonía celular que operan en la Argentina son Claro, Personal, Nextel y Movistar. Nextel opera fundamentalmente con un sistema de radio y esa es su atracción, pero no tiene alcance en todo el país. Las otras tres pertenecen a tres grupos de multinacionales diferentes y se reparten la totalidad del mercado. Esto se llama oligopolio
(concentración de la oferta de un sector industrial o comercial en un reducido número de empresas).
Este oligopolio nos deja como consumidores/clientes o demandantes en una posición de sumisión. Parece que nada puede hacerse con ellos. Por un lado necesitamos en el mundo moderno estar comunicados y por otro son pocos los que nos dan la posibilidad. Ante esto, somos clientes cautivos. Cautivos del oligopolio reinante.
Las posibilidades de defensa son pocas, pues no tenemos como comunicarnos entre nosotros para tomar medidas al respecto y están vedados los medios de comunicación ya que las tres empresas compran a través de la vasta publicidad su silencio.
Un ejercicio interesante es ir a los centros de atención al cliente de estas empresas (todos lo hemos hecho alguna vez) a escuchar las discusiones entre los clientes y los empleados de las multinacionales. Ahí se aprenden las nuevas puteadas, se descubre lo peor de cada ser humano, se descarga como pocas veces. La salida de esos centros se parece bastante a la salida del analista.
Ayer fui a Movistar, empresa de la que soy cliente desde los comienzos de Movicom. Una vez más me encontré sentado en una larga amansadora en la que nos sientan al llegar. Una vez más me entretuve con los actos que parece montaran para entretenernos: Una señora le vació un lapicero a un empleado de Movistar que se negaba a darle la razón; unos empleados de seguridad miraban de cerca sin ninguna gana de intervenir; una chica con una vos que trataba de ser calma y solo irritaba más a la señora; y un montón de clientes esperábamos a hacer nuestra descarga diaria. Algunos entretenidos con la escena, otros pensando en si la estufa estaba prendida o apagada mientras completaban un crucigrama como si nada pasara. Acostumbrados todos. Finalmente y como si todo estuviera armado, la señora conseguía solucionar su problema y se iba contenta. Se había descargado y su teléfono volvía a funcionar sin tener que pagar los 82 centavos de multa por pago fuera de término. Llegaba mi turno. Solo tenía que recordar porque estaba ahí y recuperar algo de enojo para entrar en escena ahora yo. El público se renueva constantemente y hay que cumplir con la función de entretener. Una chica del otro lado del mostrador apretaba teclas sin parar en una computadora para llamarme por mi nombre y agregar una sonrisa. Ante mi planteo, borró la sonrisa y recuperó su rol de empleada de Movistar. Empezó la función. En un rincón: las multinacionales de las que habla León Gieco, las que nos exprimen y se la llevan; del otro, un pobre cliente oprimido por el imperio. La pelea es de igual a igual y eso aumenta mis posibilidades de éxito. Con un tono que simula ser calmo me pide calma. Finalmente busca soporte en un superior, aparece una chica igual a la anterior pero con una cucarda más. Las dos me explican el porque de la actitud de la empresa y eso hace que el dos contra uno sea una nueva batalla. Vuelven a usar el teclado como si tuviera más teclas de las que tiene. Miran la pantalla y descubren una puerta de salida. Descubren como bajar el telón de este nuevo acto. Me voy con una sonrisa. Gané la batalla.
Caminando a casa, prendo un pucho y reveo lo sucedido. Una hora en un Centro de Atención al Cliente para conseguir que no me cobraran dos veces lo mismo. Llamé al *611 y di de baja el servicio. A la noche estaba libre, ya no tenía móvil. Esta mañana intenté hacer una llamada. Recordé y llamé para recontratarlo. Una vez más, cliente del oligopolio que obliga.
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Lunes por la noche. Son las 21.15 horas, Claudio Lozano (*) y Mario Cafiero (**) se preparan para una multitudinaria conferencia de prensa en la Sala Pablo Picasso del Paseo La Plaza. No van a presentar una denuncia contra la presidenta ni van a denunciar coimas en el Senado. Solo tienen buena voluntad. Los periodistas, no son periodistas. Solo alumnos de la carrera. Están empezando, tienen ganas y no pueden evitar mostrar lo que piensan con cada una de sus preguntas. Se ve que estudiaron sobre los invitados y sobre el tema convocante.
Se ceden la palabra como dos chicos que presentan un trabajo en la escuela. Cada uno dice su parte casi guionada. Cafiero es coautor de una denuncia presentada junto al abogado Ricardo Moner Sanz. Lozano es economista e histórico dirigente de la CTA a la que este gobierno le niega la personería jurídica. Juntos exponen su total oposición al proyecto presentado por el gobierno de unir las ciudades de Buenos Aires, Rosario y Córdoba con un tren de alta velocidad.
El tren bala está en la mesa de debate. El gobierno en enero lanzó la licitación y hoy una empresa francesa llamada Alston tiene la posibilidad de construirlo. El gobierno tiene la iniciativa. La oposición se opone: es disparatado en este país pretender dar un salto a un tren bala cuando no hay trenes para el ciudadano común, reclaman.
Muchos unen el futuro de Alston a la suerte política del actual presidente de Francia, Nicolás Sarkozy. Incluso al conocerse el triunfo que lo llevó a la presidencia, las acciones de Alston se dispararon. Muchos analizan la predisposición de la presidenta para con Alston y la construcción del tren bala, con la necesidad de contar con el apoyo del presidente francés en las negociaciones por la deuda que la Argentina tiene con el Club de Paris.
Si así fuera, la presidenta está en su derecho de hacerlo, independientemente de que nos parezca lógico o ilógico tener un tren de alta velocidad, es el Poder Ejecutivo el que maneja la política exterior y la economía nacional. Al Club de Paris se le deben unos U$S 7 mil millones. El proyecto en discusión sería aumentar la deuda de la Argentina en unos U$S 4 mil millones. No sería el Club de Paris el prestamista en este caso. Pero si significaría volver a tener acceso al crédito, hoy bloqueado.
Está claro para todos, incluso para el gobierno, que un tren de alta velocidad para cubrir una distancia sin demanda que lo justifique, no es prioritario ni mucho menos. Está claro que en materia de transporte la precariedad es tan grande, que el proyecto del tren bala es casi tomarle el pelo a los millones de argentinos que diariamente toman obsoletos, lentos y peligrosos trenes de corta y larga distancia.
Está claro para el gobierno, que este plan económico necesita acordar con el Club de Paris. Así como desde el primer día de Néstor Kirchner en la presidencia, la deuda externa y sus condiciones era un tema central a resolver, es hoy el Club de Paris en política económica y política exterior central. El costo parece ser la construcción de este tren. Los beneficios: una obra pesada que queda en el país, un avance tecnológico de última generación internacional, una obra pública que moviliza la economía, una inyección de capital a través de un crédito cuando no hay crédito, un acuerdo con el Club de Paris y la apertura a tomar nuevos créditos para, entre otras causas pendientes, reparar el sistema de trenes nacional.
La Argentina tiene, desde las privatizaciones de la década del 90, un deficiente medio de transporte público. Los trenes que funcionan son escasos y lentos. El sistema privilegia el transporte individual por sobre el colectivo, dijo Lozano quien ejemplificó diciendo que una sola locomotora podría tirar lo mismo que 50 camiones. Está claro que el trasporte sobre vías es mucho más barato y más seguro. Sacar de las rutas la gran cantidad de camiones que hoy circulan, reducir la cantidad de micros de larga distancia, con los índices de accidentes de transito que tenemos, debería ser una política de Estado. Sin embargo, las alianzas político sindicales, sumado a la pésima y fraudulenta privatización de ferrocarriles, perecen demorar esto. Actualmente el Estado nacional paga 12 mil de los 18 mil sueldos que existen en el sistema ferroviario a través de su política de subsidios.
Mario Cafiero dijo: “Se podrían usar las reservas para mejorar la red existente”. Claudio Lozano agregó: “Hay que poner en marcha una empresa nacional de ferrocarril”.
Con reservas o sin reservas, con empresa nacional o sin empresa nacional, mejorar la red de ferrocarriles parece urgente e indiscutible. Construir una nueva y de alta velocidad, parece disparatado. Solo razones de macroeconomía nacional y política exterior no explicadas por el ejecutivo podrían justificarlo.
(*) Diputado de la Nación, Movimiento por Buenos Aires (**) Diputado de la Nación (MC)
| Por igb | # Enlace permanente
¿Tiene lado positivo la infidelidad? Tiene mala prensa. Sin embargo tiene sus ventajas. La infidelidad es una práctica común a mujeres y hombres. Ningún hombre se animaría a decir: yo nunca fui cornudo. La primera razón es que muchos hemos estado alguna vez con una mujer casada.
Ser infiel es una elección y si optamos por ella es porque queremos. Ahora, ser cornudo es algo en lo que no intervenimos ni nos dan la opción. Somos o no somos y punto. La diferencia está en enterarse o no y la estúpida pregunta ¿qué harías si te enteraras? ¿Queremos saberlo?
Yo prefiero no saberlo y me sorprendo mucho cuando me dicen que prefieren saberlo. No lo entiendo. Ahora si uno no lo sabe es casi lo mismo que no ser cornudo. Y aquello de ojos que no ven… y bla bla. Lo cierto es que si uno no se entera no es cornudo y dando esto por verdad: ¿tiene lado positivo la infidelidad? Siempre y cuando no intervenga en el deseo, en las ganas físicas, en el tiempo, puede tener sus ventajas.
Veamos, en primer lugar está el hecho de que mantiene relaciones con otro pero sigue estando con nosotros, pues solo se habrá sacado una calentura de momento. Y no seamos hipócritas!!! En segundo lugar puede aprender cosas nuevas. Nos vamos a ver beneficiados por ellas. Una amiga me decía que no porque ella se cuida muy bien de mostrárselas a su pareja para evitar sospechas. Ahora quién puede pensar en eso en la mitad de una relación. No supo contestarme. Por otro lado no hay necesidad de que sospeche, pudieron contarle las amigas. Si la estas pasando bien y descubrís que hay algo nuevo que está sumando mucho, le metes para adelante y seguís pasándola bien. Y en hora buena que “se lo hayan contado”, nos mentimos rápidamente.
Un tema más polémico y es cuándo hay cuernos, cuándo se es infiel. Uno amigo trataba de convencer a su mujer que lo había descubierto con las manos en la masa, propiamente, sosteniendo que la infidelidad existe solo con una mina más fea, si es más linda no se es infiel… Después les cuento donde llevarle flores a este filosofo admirable. Por otro lado, creo que estamos de acuerdo que se es infiel a partir del sexo, nada tiene que ver con la infidelidad el deseo o el beso. Y dejemos las diferencias entre los besos para otro post. Pero podemos ir más allá y pensar en que no todo sexo es sinónimo de infidelidad. Empezamos con la fácil, el sexo pago no es infidelidad. Para nada. El sexo por calentura de una noche colgada y con atenuantes como drogas o alcohol tampoco cuenta. Si es que estamos de acuerdo en considerarlos atenuantes, claro.
Con lo que podemos concluir que se es cornudo cuando nuestra mujer está con alguien más feo, sin estar alcoholizada ni drogada y mantiene una relación paralela. También podemos concluir en que no es tan grave, porque puede aprender cosas nuevas que nos ayuden a renovar el sexo rutinario, en la variedad está el gusto. Por último, ese pequeño dejo de culpabilidad al ser nosotros los infieles, lo perderíamos suponiendo que todos fuimos, somos o seremos cornudos. Por lo tanto, no hagamos mala prensa a la infidelidad.

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