¿Incluyentes y plurales?
Acostumbro huirle a las noticias con el fin de evitar caer en la depresión propia que supone enterarme de la realidad nacional, generalmente trágica, egoísta y sin sentido. Después suelo culparme por esa práctica al sentir que podría ser una cómplice activa en la fabricación de ese país fantástico que habita un alto porcentaje de los colombianos, incluido por supuesto nuestro Presidente y sus asesores; así que finalmente este duelo interno concluye con un buen rato frente a la pantalla del computador revisando las noticias del día y protestando internamente por las reseñas leídas.
Sin embargo, hay ocasiones que me encuentro con la buena fortuna de revisar la prensa y alegrarme al encontrar noticas que describen algunos avances sociales que ocurren en el país. Es un hecho que ante el incremento constante de los retrocesos sociales en Colombia, enterarse de unas pocas y verdaderas mejoras en la vida de los colombianos alegra bastante, porque insisto, el hecho de que algunas personas que tienen la capacidad económica para viajar a la costa lo puedan hacer no es un avance social como tal.
En todo caso, hace unas semanas me sentí afortunada al leer sobre la sentencia expedida por la Corte Constitucional que busca proteger los derechos de las parejas que han elegido a alguien de su mismo sexo como compañero(a) para la vida. Esta batalla no es nueva, de hecho esta sentencia no es mas que el resultado de una larga lucha que desde hace algunos años me ha hecho respirar ese fugaz aire de dignidad social cuando la misma Corte regularizó las instituciones nacionales con el fin comenzar transformaciones profundas que permitieran retirar de nuestra cultura esa odiosa discriminación hacía quienes tienen una tendencia sexual diferente a la establecida por los cánones conservadores y católicos, tan actuales por estos días en Colombia.
Esta clase de noticias logran hacerme pensar que por fin el país se ha encauzado de una vez por todas en la construcción de una democracia verdaderamente incluyente y plural, en el que la diferencia no sea motivo para la descalificación sin mas de las personas, en el que todos cabemos y podemos proponer alternativas que entrañen verdaderos cambios sociales. No es descabellado, absurdo o irracional, es lo que dice nuestra Constitución Nacional.
No se me ocurrió pensar que en lugar de dar verdaderos pasos en la construcción de ese país pluralista y fundado en el respeto de la dignidad humana, la reacción de una parte de los colombianos ante este tipo de hechos fuera más bien la de perpetuarnos en la construcción de ese país excluyente y fundado en la descalificación de lo que sea potencialmente diferente.
Yo realmente no logro entender muy bien en que lugar hunde sus raíces el extraño sentimiento de muchas personas frente a los homosexuales, en todo caso si recuerdo bien que desde niña he escuchado toda clase de designaciones y leyendas sobre ellos, desde que su problema se encuentra en un error genético que hace que los pobrecitos sean como son: unas “locas”, “volteados” y “dañados” (reflexión que genera mas bien una clase especial de compasión en lugar del respeto que merecen como personas); hasta argumentos que los condenan por la actual decadencia de la sociedad (la que ellos con sus actos encarnan), y que lleva a que sean señalados como unos “maricones” “degenerados” que no pueden estar cerca de las personas normales y decentes… incluso creo que hay quienes en este caso extrañan los fusilamientos.
También hay otra clase de personas que contrario a odiarlos o compadecerlos, se vanaglorian del trato que dan a sus conocidos(as) homosexuales, pues resulta que sorprendentemente los tratan como a un igual, no lo discriminan, son capaces de conversar durante largos ratos con el o ella, e incluso pueden llegar a salir a algún sitio público con su pareja. En el fondo creo yo que no comprenden del todo que lo lógico es tratarlo a el o ella de la misma forma en que se trata a cualquier otra persona y sin necesidad de informarlo, que además pueda pensar en su conocido(a) como una persona que tal vez quiera vivir los ciclos normales de la vida sin ser cuestionado, que quiera estudiar o ser parte del Ejercito sin exponerse a la humillación pública y porque no, formar una familia con la persona que ama sin tener que cargar con la censura social.
No creo yo que legislar a favor del reconocimiento de los derechos de la comunidad homosexual en el país sea un retroceso o vaya a hacer que la población comience a disminuirse hasta desaparecer como lo sostiene el ex senador Víctor Velásquez. Mas bien creo, que el hecho de tener que reconocer por medio de sentencias y pronunciamientos de las altas cortes a un segmento de la población colombiana los derechos que le son inherentes solo habla del atraso cultural y mental en que los colombianos vivimos, de lo alejados que estamos de ese país plural, digno e incluyente que nos prometieron hace ya muchos años.
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