Crisis para todos. Oportunidades sólo para algunos.
• Wēi (危) que se traduce como “peligro”.
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Los Nuevos Desafíos de las Organizaciones: antiburocracia- sustentabilidad- ética- participación- responsabilidad social- eficiencia
Hoy 19 de noviembre se cumplen cien años del nacimiento de Peter Drucker, uno de los más grandes pensadores y visionarios del management, la economía y la sociedad. La principal revista de administración del mundo, Harvard Business Review, le dedicó el número de noviembre a recordar sus ideas y su legado.
“La función de la organización es hacer que los saberes sean productivos; las organizaciones se han convertido en esenciales para la sociedad en todos los países desarrollados debido al paso del saber a los saberes. Cuanto más especializados sean estos saberes más eficaces serán ellas.” “La organización moderna no puede ser una organización de ‘jefe’ y ’subordinado’; debe estar organizada como un equipo de ‘asociados’.”
Peter Drucker (19 de noviembre de 1909- 11 de noviembre de 2005)
En la Jornada sobre “Capital Humano: la clave en tiempos de crisis” desarrollada en la Ciudad de Buenos Aires a fines de agosto de 2009, el especialista argentino en desarrollo humano, asesor del PNUD y Dr. en Cs. Económicas, Bernardo Kliksberg, se refirió a las causas profundas de la actual crisis económica y financiera internacional.
Contrariamente a los economistas ortodoxos, que ya están declarando el fin de la crisis (a la espera de la próxima burbuja económica, tal como lo ha venido reflejando el periódico norteamericano The New York Times en sus últimas ediciones), Kliksberg se refirió a la gravedad estructural de la misma y a las consecuencias que todavía no se han percibido plenamente, caracterizándola como la mayor en 80 años.
Planteó que, en sólo 18 meses, se destruyeron en los Estados Unidos seis millones y medio de empleos, sumando en dicho país unas 26 millones de personas que están desempleadas total o parcialmente o ya no buscan trabajo. Y se refirió al millón seiscientos mil personas que viven en la calle, solamente en la Ciudad de Nueva York.
Por otro lado, en la Unión Europea el desempleo subió en mayo de este año al 9,4%, es decir, unos quince millones de desocupados en los 16 países. Y en América Latina se estima que el producto caerá durante este año entre el 1,7 y el 2,5%, se perderán tres millones de empleos y la pobreza subirá un 1,1%, lo que significan ocho millones más de latinoamericanos pobres, con lo que la cifra total ascenderá a 190 millones.
Expresó, además, que el Secretario General del Club de los países más ricos, Angel Gurria, señaló que “la crisis económica actual está costando al mundo trillones de dólares, millones de trabajos perdidos, una gran pérdida de confianza en los mercados financieros, y una regresión en nuestros esfuerzos para reducir la pobreza global.”
En este contexto Kliksberg destacó claramente las tres causas de la crisis:
En este mismo sentido, Sam Wilkin, en la Harvard Business Review de Julio de este año, se refiere a las investigaciones que abonan la teoría de que una escasez de transparencia en la redacción de las regulaciones financieras aportó a la crisis global. Asimismo cita palabras de Simon Johnson, ex economista Jefe del FMI, respecto a que los gobiernos deben romper con la “oligarquía financiera” que está impidiendo que se lleven a cabo las reformas clave.
Finalmente Wilkin concluye que a partir de las débiles regulaciones bancarias en los países ricos, la corrupción legal estuvo en la base de la crisis financiera, y esto debe llevar a los bancos y las firmas de gestión de activos a adoptar la mayor transparencia posible sin ningún tipo de demoras.
Así, ética, transparencia y responsabilidad social, aparecen como imperativos necesarios para comenzar a buscar la salida de la crisis más grave de los últimos ochenta años.
De una encuesta realizada en el primer día de clases durante marzo y agosto de este año a alumnos de la materia Administración General correspondiente al segundo año de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires se desprende que sólo el 6% visita regularmente páginas web o blogs de Economía o Negocios.
Sin embargo, en lo referido a la lectura de libros, excluyendo por supuesto los de texto, la cifra asciende al 11% en el caso de los que respondieron afirmativamente respecto a que leen regularmente obras de economía o administración. Y en el caso de los periódicos o publicaciones esta cifra asciende al 14%.
Es decir que, más del 80% de los estudiantes universitarios de ciencias económicas consultados no amplía su conocimiento a través de la visita de blogs, la lectura de publicaciones, o libros relacionados con temáticas de su carrera, excepto los de texto y apuntes obligatorios.
Con referencia a los clásicos de la economía y la administración Max Weber y Karl Marx están empatados en el nivel de conocimiento de sus pensamientos: un 86% de los consultados leyó obras suyas o sobre ellos. Las cifras se reducen considerablemente cuando se los consulta sobre otros autores reconocidos como John Kenneth Galbraith, Peter Drucker o Herbert Simon, donde menos del 20% responde conocer sus obras.
Con respecto a algunos conceptos fundamentales de administración, el 72% de los consultados ha leído sobre el fordismo o el taylorismo, pero el 56% no sabe definir el término management.
Luego de la explosión financiera norteamericana y su terrible efecto dominó en la economía global algunos pretenden circunscribirla a un escenario macroeconómico similar a la crisis del ‘30 de la cual se salió con el keynesianismo, la Segunda Guerra Mundial y el estado benefactor.
Pero, más allá de la recurrente referencia a la codicia de “algunos”, que el mismo Barack Obama citó en su discurso de asunción como presidente de los Estados Unidos, poco se habla del fracaso de un modelo gerencial que llevó a la quiebra a empresas con más de un siglo de vida. Se habla de las consecuencias de la ausencia del Estado y de la falta de regulaciones y se enfoca en los salvatajes millonarios y la formulación de políticas públicas activas.
Si en lugar de ver a esta crisis como novedosa, terminal y refundacional la viéramos como una expresión más de un ciclo que incluye los procesos de reingeniería y downsizing, la explosión de la burbuja de las puntocom, la quiebra de Enron y otras similares y ahora la crisis de las hipotecas subprime, miraríamos menos la codicia de algunos y las políticas públicas y nos detendríamos más en la matriz del modelo gerencial imperante.
Precisamente, hace seis años Peter Drucker sentenciaba que el management de alto nivel estaba en crisis y al mismo tiempo planteaba proféticamente que el modelo norteamericano estaba destinado al fracaso y que sólo funcionaba en épocas de prosperidad.
En una obra que anticipa la actual crisis desde el análisis del caso Enron y otros fraudes contemporáneos, Larry Elliot y Richard Schroth se detienen particularmente en el análisis de ese estilo de gestión.
Plantean que la cultura empresaria estaba por un lado regida por la innovación, por gente inteligente y por grandes ideas y, por el otro, por la ingeniería financiera y la avaricia. Al mismo tiempo, destacan que la complejidad implícita en las grandes compañías globales muchas veces sirve de excusa para encubrir incompetencias o fraudes, y que los mismos líderes empresariales colaboran creando más complejidad.
Como define Jorge Etkin: “la complejidad es un enfoque que considera a la organización como un espacio donde coexisten orden y desorden, razón y sinrazón, armonías y disonancias”. Pero, ¿cuán necesariamente complejas son o deben ser las organizaciones?
Para el caso sirve una anécdota cinematográfica. En la película “Acoso Sexual” (1994), cuyo trasfondo es la adquisición de una compañía informática (Digicom) por parte de la firma Conley-White, la Vicepresidente de Operaciones Avanzadas Meredith Johnson (interpretada por Demi Moore) desenmascarada por sus manejos turbios en torno a la operatoria se defiende diciendo: “Ustedes no comprenden, esta fusión gira en torno a la sinergia entre hardware y software, entre dinero líquido y capital”, a lo que el CEO de la adquiriente responde ofuscadamente con simpleza que efectivamente no la entiende y que ellos compraron esa compañía “porque construye cosas”.
De esta forma, debemos preguntarnos cuánto del actual modelo de conducción de las organizaciones es complejo por el carácter de las decisiones a tomar y cuánto por el desconocimiento de los decisores sobre la realidad del nuevo contexto.
Así, el management actual enfrenta nuevos desafíos a los cuales se debe dar necesariamente respuesta si queremos dar un nuevo salto cualitativo y cuantitativo en la capacidad de las organizaciones de ser eficientes y brindar las respuestas adecuadas.
Desde hace unos veinte años no existen nuevos enfoques en administración; hay nuevas técnicas o viejas técnicas rebautizadas con términos en idioma sajón, pero no nuevos abordajes.
Hasta el desarrollo de la Teoría de la Organización en los años ‘60 los abordajes en administración eran excesivamente tecnocráticos y conductivistas. Investigaban cómo funcionaban las organizaciones al mismo tiempo que buscaban fórmulas que tendieran a la eficiencia y el éxito de las mismas y, en consecuencia, universalizaban el conocimiento empírico de unas pocas prácticas aisladas de gestión.
Actuaban como el hechicero de una tribu que, sin conocer de anatomía y fisiología, diagnosticaba y trataba a su paciente sin saber mucho ni de él, ni de su enfermedad, ni de los efectos de la medicación.
Recién hace unos cuarenta años, con las obras de Herbert Simon, la teoría de la administración comenzó a ocuparse de la anatomía, la fisiología y la psicología de las empresas, más que de la farmacología. Y siguiendo con la misma metáfora, el desafío que se nos plantea hoy es ocuparse también de la genética de las organizaciones.
Julián D’Angelo
Docente de Administración General de la Facultad de Ciencias Económicas (UBA). Actualmente se desempeña como legislador de la Ciudad de Buenos Aires
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