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Mayo 20, 2012 | Por raul-lehoi | # Enlace permanente
Ascensión del Señor. Como uno de los ecos de la Jornada de las Comunicaciones Sociales en la diócesis, nuestro Obispo nos ha invitado a reflexionar en los ámbitos de catequesis, y en especial con niños de catequesis de iniciación y con jóvenes, sobre el tema central del mensaje del Santo Padre “Silencio y palabra: camino a la evangelización”. El sábado 19, luego de recibir al equipo de jóvenes del movimiento “Santa María de la Estrella” en Campana, donde solicita transmitan dicho lema elegido por Benedicto XVI a través de las redes sociales, nuestro Obispo celebra la misa a las 12 en el Santuario de la Mater ter admirabilis, del Movimiento Apostólico de Schoenstatt, en Belén de Escobar, oportunidad en que se realiza la coronación de la sagrada imagen. El mismo sábado por la tarde, ya en la solemnidad de la Ascensión, el Obispo Mons. Oscar confirma a jóvenes alumnos del colegio “Los Robles” (de la jurisdicción parroquial de Nuestra Señora de la Paz y San Francisco de Asís”) en el Campus de la Universidad del Salvador. El día domingo, 20 de mayo, Mons. Oscar celebra confirmaciones en la parroquia de Nuestra Señora de las Gracias, del barrio “Peruzzotti” de Pilar.
20 de mayo: Celebración de la 46° Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales
La Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales se celebra universalmente todos los años el domingo de la Solemnidad de la Ascensión del Señor.
El Decreto “Inter Mirifica” del Concilio Ecuménico Vaticano II, promulgado el 4 de diciembre de 1963 por el Santo Padre Pablo VI, estableció, en el n. 18: “Para mayor fortalecimiento del apostolado multiforme de la Iglesia sobre los medios de comunicación social, debe celebrarse cada año en todas las diócesis del orbe, a juicio de los obispos, una jornada en la que se ilustre a los fieles sobre sus deberes en esta materia, se les invite a orar por esta causa y a aportar una limosna para este fin, que será empleada íntegramente para sostener y fomentar, según las necesidades del orbe católico, las instituciones e iniciativas promovidas por la Iglesia en este campo”.
La Primera Jornada Mundial se celebró el domingo 7 de mayo de 1967. En esa oportunidad el Papa Pablo VI señalaba, en su primer mensaje: “Con esta iniciativa, propuesta por el Concilio Ecuménico Vaticano II, la Iglesia, que “se siente íntimamente solidaria con el género humano y con su historia” (Constitución Pastoral sobre La Iglesia en el Mundo contemporáneo, proemio), desea llamar la atención de sus hijos y de todos los hombres de buena voluntad sobre el vasto y complejo fenómeno de los modernos instrumentos de comunicación social, tales como la prensa, el cine, la radio y la televisión, que constituyen una de las notas más características de la civilización de hoy”.
En 1992, durante la XXVI Jornada, el Papa Juan Pablo II recordó esta motivación que dio origen a su realización:
¿Qué se celebra en esta Jornada?
Es un medio de agradecer un regalo específico de Dios, un regalo que tiene un gran significado en el período de la historia humana en el que estamos viviendo: el regalo de todos los recursos técnicos que facilitan, intensifican y enriquecen la comunicación entre los hombres”.
“En esta Jornada celebramos los dones divinos de la palabra, el oído y la vista que nos permiten salir de nuestro aislamiento y de nuestra soledad para intercambiar, con los que están a nuestro alrededor, las opiniones y sentimientos que albergan nuestros corazones. Celebramos los dones de la escritura y la lectura, por medio de los cuales nos enriquecemos con la sabiduría de nuestros antepasados y transmitimos nuestra propia experiencia y nuestras reflexiones a las generaciones venideras. A estos dones tan valiosos se añaden otras «maravillas» aún más admirables: «los maravillosos inventos de la técnica que… ha extraído el ingenio humano, con la ayuda de Dios, de las cosas creadas» (Inter Mirifica, 1), inventos que en nuestro tiempo han aumentado y extendido inmensamente el alcance de nuestras comunicaciones y ha ampliado tanto el volumen de nuestra voz que ésta puede llegar simultáneamente a los oídos de incalculables multitudes”.
Reflexionemos sobre el equilibrio entre “Silencio y Palabra” como momentos de la comunicación
En el marco de la celebración de la Jornada Mundial de las Comunicaciones, ofrecemos un foro como instancia de discernimiento sobre la invitación que nos hace el Papa a meditar respecto de la forma de mantener un auténtico diálogo, por medio de la combinación adecuada entre silencio y palabra.
Sería más que importante que en los ámbitos de la catequesis, así como en la pastoral juvenil, se contemplen foros que inviten a reflexionar sobre el tema central del mensaje del Santo Padre “Silencio y palabra: camino a la evangelización”. El objetivo es generar y enriquecer el debate sobre el papel de las comunicaciones para conseguir acercarse más profundamente a las personas.
Recogiendo la invitación que nos hace Benedicto XVI, puede haber cuatro temáticas:
- Palabra y silencio en la comunicación: ¿Ayudamos en nuestra sociedad, y también en la propia Iglesia, a vivir una cultura del diálogo auténtico desde una escucha genuina donde el silencio tiene un lugar fundamental?
- Discernir lo importante en la supercarretera de la información: ¿De que manera(s) podemos aprovechar redes sociales y otras posibilidades tecnológicas para estimular este discernimiento?
- Las preguntas fundamentales y la sed de sentido: ¿Ofrecemos espacio, tiempo, posibilidades, en nuestra comunicación cotidiana y en nuestra presencia en redes sociales, para que se formulen estas preguntas últimas y se dialogue sobre ellas?
- Valores que animan nuestra esperanza: ¿Nuestra comunicación descansa en el respeto de la dignidad de las personas, en la construcción de la justicia y la paz? ¿Nuestra comunicación desborda alegría y esperanza?
Camino a Pentecostés
En próximo domingo 27 de mayo la Iglesia Universal celebra la hermosa Fiesta de Pentecostés, transformándose este domingo en uno de los más importantes del año, después de Pascua de Resurrección.
Pentecostés recuerda y actualiza la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y discípulos, que se habían reunido con María la Madre de Jesús desde el día de la Ascensión (cf. Hch 1,12-14). En ese día “todos fueron llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse… y cada uno los oía hablar en su propia lengua” (Hch 2,4-6).
La misión de la Iglesia es posible gracias a Pentecostés. En efecto, “para el empeño de esta misión, Cristo Señor prometió a sus Apóstoles el Espíritu Santo, a quien envió de hecho el día de Pentecostés desde el cielo para que, confortados por su virtud, fuesen sus testigos hasta los confines de la tierra ante las gentes, pueblos y reyes” (LG 24).
El momento de Pentecostés es el punto de partida para la misión de la Iglesia, porque es desde este momento que los Apóstoles y toda la comunidad eclesial comienzan a dar testimonio de Cristo, apoyados en la fuerza que reciben del Espíritu Santo. Es él quien continuará suscitando misioneros, esos misioneros que necesitamos hoy más que nunca en nuestra Iglesia, en nuestra sociedad, en nuestro mundo, para llegar al corazón de hombres, mujeres, jóvenes y niños para sembrar nuevamente la semilla del Evangelio, para que juntos construyamos una civilización más humana, más fraterna, más solidaria con la inmensa mayoría de hermanos nuestros que hoy carecen de amor y pan.
Mayo 14, 2012 | Por raul-lehoi | # Enlace permanente
San Isidro Labrador, Lima
LIMA (Partido de Zárate)
El día sábado 12 tuvo lugar la festividad (trasladada) de San Isidro Labrador, patrono de Lima, en el partido de Zárate. La localidad (o pequeña ciudad) conocida por ser un centro al que acuden numerosos trabajadores de todo el país, tiene una notable historia, y un templo parroquial más que centenario. La localidad fue fundada a raíz de la disposición de Justa Lima de Atucha, quien también donó la iglesia matriz de Ntra. Sra. del Carmen, en la misma ciudad de Zárate. El Obispo Mons. Oscar Sarlinga presidió la celebración eucarística, concelebrada por el cura párroco, Pbro. Hernán Chávez, en un templo colmado, con muchos niños de catequesis y sus familias, también jóvenes, y agricultores, que acudieron a venerar a su patrono, San Isidro. Asistieron los seminaristas Jerónimo Martínez y Nicolás Amendolara.
Al término de la misa se dio una bendición especial a “las fuerzas vivas” de la comunidad, allí representadas. A continuación la imagen del Santo fue transportada por miembros de la Gendarmería nacional, mientras el gentío junto con el clero y los seminaristas hicieron la procesión alrededor de la plaza central, hasta converger de nuevo junto al atrio del templo, donde Mons. Oscar Sarlinga impartió la bendición con el relicario que contiene una reliquia insigne del Santo Patrono. Luego saludaron al Obispo todos los niños de catequesis, sin excepción, y las familias.
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Mayo 1, 2012 | Por raul-lehoi | # Enlace permanente
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1ro. de Mayo, Día del Trabajador y San José Obrero, en Zelaya (Pilar) y “Pastoral orgánica” para las Fiestas Patronales con Aparecida
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Via Crucis en Zelaya
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Los jóvenes y la luz de la Fe
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Caminar con los hermanos necesitados en barrio San Cayetano
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Seis años atrás 1a. Fiesta Patronal diocesana con Misión
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no olvidemos, entre las PRIMERAS Caritas, prioridad pastoral
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Imagen auténtica de la Virgen de Luján
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Mons. Oscar Sarlinga en la parroquia de Zelaya
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El día de la entronizaciòn de la Virgen de Luján en Zelaya
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Zelaya con su célebre Via Crucis
El día 1ro. de mayo el Obispo de Zárate-Campana, Mons. Oscar Sarlinga concurrió a la localidad de Zelaya (partido de Pilar) donde se festeja el Día del Trabajador. Los actos comenzaron a las 9.30 en la la plaza central, con el izamiento de la bandera, contando con la presencia de las autoridades municipales y eclesiásticas, y las escuelas de la zona. Prosiguió al acto la celebración de la Misa, en honor de San José, Obrero. La parroquia de Zelaya tiene como titulares a la Santísima Virgen María en su advocación de Nuestra Señora de Luján y al Patriarca San José, Obrero. Fue erigida como parroquia en 2009 y su actual pastor es el Pbro. Penin, el cual concelebró con el Obispo en la misa patronal. La asistencia de fieles fue muy numerosa y se encontraron presentes distintas autoridades del partido civil, entre los cuales el Intendente Municipal, concejales, delegados municipales, y mucha gente del pueblo.
El Obispo se refirió en la homilía a San José como custodio de la Sagrada Familia y como padre legal de Jesús, el Verbo hecho Hombre, y dijo que, siendo de la estirpe de David, era un trabajador, más específicamente carpintero, puesto que Dios así lo dispuso para el sustento de la Familia elegida, dado que el trabajo dignifica, nos plenifica en tanto imagen divina. Dijo también que Zelaya presentaba visibles signos de progreso cívico, y que se alegraba ´de la mayor participación en las celebraciones, así como del exponencial crecimiento de la asistencia a la ahora ya célebre “Via Crucis”, los Viernes Santos, en que acuden miles de participantes, peregrinos e incluso visitantes de otros lugares. Pidió que se mantenga el sentido religioso de dicho evento, que tiene como mérito la participación de decenas y decenas de vecinos, la confección de trajes de época en la que casi todo el pueblo se empeña, y la organización y logística, de la que toman parte también numerosos jóvenes. Los cálculos de las autoridades policiales acerca de la asistencia el pasado Viernes Santo fue de 4.500 personas, en una localidad que en total cuenta con 7.000 habitantes.
Al término Mons. Sarlinga agradeció a todos, y mencionó también, a pedido del P. Penin, que para el mes de diciembre, posiblemente para la solemnidad de la Inmaculada Concepción, iba a estar listo el monolito recordatorio del “Milagro de la Virgen de Luján”, en el predio adyacente a la iglesia parroquial, pues según datos históricos del investigador e histórico de la Virgen Patrona de la Argentina, fue “en esos parajes” por donde pasaba el camino que tomaban las carretas de Buenos Aires al Norte. De hecho, es histórico que fue recién con los años cuando la sagrada imagen fue trasladada en solemne procesión al lugar donde se halla hoy la célebre Basílica, en la ciudad de Luján.
Mons. Oscar Sarlinga prosiguió en su homilía con la preparación a las Fiestas patronales, que como es sabido se celebran en la ciudad, partido o localidad donde se tendrá luego la “Misión Joven”, en este caso la ciudad de Zárate, donde el día 5 el Obispo y gran parte de los presbíteros celebrarán la Santa Misa, luego de un día de Jornada Pastoral, tanto de Cáritas, Pastoral de Jóvenes y otras pastorales específicas. Añadió que el tema transversal será “la pastoral orgánica”, razón por lo cual explicó algunos puntos del Documento de Aparecida que se refieren a ello, y que ofrecemos a continuación. Dijo también el Obispo que la temática será objeto tanto de los encuentros pastorales del día 5, previo a la Misa patronal, como de de la próxima reunión de la Junta pastoral de la diócesis.
Al término de la Misa, el Obispo, el P. Penin, las autoridades civiles y toda la concurrencia emprendieron la procesión de algunas cuadras hasta el gran palco que hizo de cabecera a la prosecución de los festejos populares, entre los cuales se contó con desfile gauchesco y de vehículos al servicio de la comundiad.
Ofrecemos ahora algunos aspectos de la “Pastoral orgánica” y su mención en el Documento de Aparecida
Desde la eclesiología de comunión del Concilio Vaticano II y del magisterio latinoamericano, se ha querido renovar la tarea evangelizadora con una actualizada Pastoral Orgánica. Ella es expresión de la realidad teológica de la Iglesia como Cuerpo de Cristo: el Verbo encarnado que nos participa, por su Misterio Pascual, de la vida trinitaria, como Pueblo de Dios al servicio liberador del mundo. La Exhortación Apostólica de S.S. Juan Pablo II, “Ecclesia in America”, nos señala que la tarea de la Iglesia en nuestro continente consiste en encontrarnos con Cristo vivo, camino de conversión, de comunión y participación y de compromiso solidario por la justicia social. Trilogía que proviene de la eclesiología del Vaticano II, donde laI glesia se entiende como Misterio, Comunión y Misión. Desde este marco global, la renovada Pastoral Orgánica viene a plasmar estos propósitos que arrancan desde la identidad y la misión de la Iglesia de siempre y para nuestros tiempos. Empeño que nos invita a integrar todo lo que somos y hacemos en la Persona misma de Jesús y de su Cuerpo, la Iglesia, en quien la Pastoral Orgánica se reconoce, organiza y entrega. Por lo tanto, la Animación Bíblica de la Pastoral, como todas las demás dimensiones, funciones, tareas y personas de la acción evangelizadora, se preocupará tanto de integrarse como diferenciarse del conjunto para entregar lo propio. Cuidando que nada ni nadie quede excluido o disminuido y procurando que su aporte pueda enriquecer a todos. Su rol específico se comprende en la diversidad y en la armonía con todo el organismo vivo.
El DOCUMENTO DE APARECIDA
Menciona específicamente la “Pastoral orgánica” en el n. 99 como uno de los “frutos” o “luces” de los esfuerzos pastorales:
Aparecida, N. 99: “Destacamos algunos frutos o luces de los esfuerzos pastorales: el conocimiento de la Palabra de Dios, los ministerios laicales,florecimiento de las comunidades eclesiales de base, la DoctrinaSocial de la Iglesia, la Pastoral Orgánica”.
En el número 100 señala algunas “sombras”:
100. Pero también notamos sombras, entre ellas mencionamos el poco crecimiento porcentual de feligreses católicos, poca vivencia por la opción preferencial por los pobres, escaso acompañamiento a los laicos en sus tareas de servicio a la sociedad, nos preocupa una espiritualidad individualista, poca aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia, lenguaje poco significativo, insuficiente número de sacerdotes y una mala distribución en las comunidades. Falta espíritu misionero y solidario. Algunos movimientos no siempre se integran en la pastoral parroquial y diocesana. Muchos católicos están abandonando la Iglesia.
100-h. Reconocemos que, en ocasiones, algunos católicos se han apartado del Evangelio, que requiere un estilo de vida más fiel a la verdad y a la caridad,más sencillo, austero y solidario.
Aparecida se refiere a la diócesis como “lugar privilegiado” de comunión:
LA DIÓCESIS
5.2 LUGARES ECLESIALES PARA LA COMUNIÓN
5.2.1 La diócesis, lugar privilegiado de la comunión
164. La vida en comunidad es esencial a la vocación cristiana. El discipulado y la misión siempre suponen la pertenencia a una comunidad. Dios no quiso salvarnos aisladamente, sino formando un Pueblo. Este es un aspecto que distingue la vivencia de la vocación cristiana de un simple sentimiento religioso individual. Por eso, la experiencia de fe siempre se vive en una Iglesia Particular.
165. Reunida y alimentada por la Palabra y la Eucaristía, la Iglesia católica existe y se manifiesta en cada Iglesia particular, en comunión con el Obispo de Roma. Esta es, como lo afirma el Concilio, “una porción del pueblo de Dios confiada a un obispo para que la apaciente con su presbiterio”.
166. La Iglesia particular es totalmente Iglesia, pero no es toda la Iglesia. Es la realización concreta del misterio de la Iglesia Universal, en un determinado lugar y tiempo. Para eso, ella debe estar en comunión con las otras Iglesias particulares y bajo el pastoreo supremo del Papa, Obispo de Roma, que preside todas las Iglesias.
167. La maduración en el seguimiento de Jesús y la pasión por anunciarlo requieren que la Iglesia particular se renueve constantemente en su vida y ardor misionero. Sólo así puede ser, para todos los bautizados, casa y escuela de comunión, de participación y solidaridad.
En su realidad social concreta, el discípulo hace la experiencia del encuentro con Jesucristo vivo, madura su vocación cristiana, descubre la riqueza y la gracia de ser misionero y anuncia la Palabra con alegría.
Y en razón de esto, hace alusión al “plan de formación” o plan “orgánico” de pastoral
EL PLAN DE FORMACIÓN, O EL PLAN ORGÁNICO DE PASTORAL
6.2.2.3 Una formación respetuosa de los procesos 281. Llegar a la estatura de la vida nueva en Cristo, identificándose profundamente con Él y su misión, es un camino largo, que requiere itinerarios diversificados, respetuosos de los procesos personales y de los ritmos comunitarios, continuos y graduales. En la diócesis el eje central deberá ser un proyecto orgánico de formación, aprobado por el Obispo y elaborado con los organismos diocesanos competentes, teniendo en cuenta todas las fuerzas vivas de la Iglesia particular: asociaciones, servicios y movimientos, comunidades religiosas, pequeñas comunidades, comisiones de pastoral social, y diversos organismos eclesiales que ofrezcan la visión de conjunto y la convergencia de las diversas iniciativas. Se requieren también equipos de formación convenientemente preparados que aseguren la eficacia del proceso mismo y que acompañen a las personas con pedagogías dinámicas, activas y abiertas. La presencia y contribución de laicos y laicas en los equipos de formación aporta una riqueza original, pues, desde sus experiencias y competencias ofrecen criterios, contenidos y testimonios valiosos para quienes se están formando.
6.2.2.4 Una formación que contempla el acompañamiento de los discípulos 282. Cada sector del Pueblo de Dios pide ser acompañado y formado de acuerdo con la peculiar vocación y ministerio al que ha sido llamado: el obispo que es el principio de la unidad en la diócesis mediante el triple ministerio de enseñar, santificar y gobernar; los presbíteros, cooperando con el ministerio del obispo, en el cuidado del pueblo de Dios que les es confiado; los diáconos permanentes en el servicio vivificante, humilde y perseverante como ayuda valiosa para obispos y presbíteros; los consagrados y consagradas en el seguimiento radical del Maestro; los laicos y laicas que cumplen su responsabilidad evangelizadora colaborando en la formación de comunidades cristianas y en la construcción del Reino de Dios en el mundo. Se requiere, por tanto, capacitar a quienes puedan acompañar espiritual y pastoralmente a otros.
283. Destacamos que la formación de los laicos y laicas debe contribuir ante todo a una actuación como discípulos misioneros en el mundo, en la perspectiva del diálogo y de la transformación de la sociedad. Es urgente una formación específica para que puedan tener una incidencia significativa en los diferentes campos, sobre todo “en el mundo vasto de la política, de la realidad social y de la economía, como también de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los medios y de otras realidades abiertas a la evangelización”.
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Abril 21, 2012 | Por raul-lehoi | # Enlace permanente
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Puede leerse también en: padrenuestro.net
Diócesis de Zárate-Campana
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Nuestra Patrona la Virgen de Luján
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iglesia matriz de Zárate
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La tercera Misión Joven, en Baradero
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El tríptico de Aparecida fue llevado por el Obispo al gesto misional juvenil en Villa Lía
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Llegada de primeros peregrinos de Zárate-Campana
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Misión Joven en el Bajo de Zárate
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MISIONES DE VERANO
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Testimonios en la misión de verano
El día sábado 5 de mayo, tal como lo ha asumido la diócesis en su proyecto pastoral, a partir de la mañana de ese día se tendrá encuentro de jóvenes –los primeros convocados para la misión 2012-, de Caritas y de distintas áreas pastorales específicas. A las 16 será celebrada la eucaristía, presidida por el obispo Mons. Oscar Sarlinga, en el atrio de la histórica iglesia de Nuestra Señora del Carmen, con la misa de la festividad de Nuestra Señora de Luján (por traslado del día 8 a las vísperas del domingo más cercano). Como viene haciéndose desde el año 2006, en el cual el consejo presbiteral y el naciente consejo pastoral convinieron en la centralidad de la comunión y la misión como ejes de toda la pastoral, ha dado en celebrarse la fiesta patronal diocesana en la ciudad o región elegida ese año como sede de la “Misión Joven” anual. El pasado año 2011 dicha “Misión Joven” tuvo lugar en Pilar (Nuestra Señora del Pilar) como antes lo tuvo en Campana, Maquinista Savio, Santiago del Baradero, Belén de Escobar, San Antonio de Areco (esta última para los festejos del Bicentenario), la de Pilar, ya citada, y este año 2012 se ha elegido la ciudad de Zárate. Por otra parte, como sabemos, durante el año hay también distintas misiones juveniles y en especial durante los meses de enero y febrero, pertenecientes a distintos grupos misioneros parroquiales, o de asociaciones de fieles, o de otras instancias de Iglesia, los cuales lo hacen de conjunto con la delegación de Misiones.
La delegación de pastoral de Juventud, junto con los párrocos de la ciudad de Zárate, han comenzado la organización de esta “Misión diocesana” 2012, que tendrá lugar a inicios de octubre, la cual tiene carácter de tal porque reúne a los jóvenes misioneros de distintos lugares y parroquias de la diócesis, los cuales cada año se tornan más numerosos y están mejor preparados, tanto por la delegación de pastoral de Juventud como la delegación de Misiones, y por sus propias parroquias, siendo actualmente unos 500 estables. Este año la convocatoria apunta a ser mayor, siendo también de destacar que crece de año en año la participación y empeño misionero de los padres y madres de familia, ya sea de los mismos jóvenes misioneros, o bien otros, así como el “equipo de apoyo” de la parroquia recipiendaria del gesto misional.
El Obispo pidió también a los principales organizadores y a los jóvenes se haga el esfuerzo de visitar y también convocar (“pues la fe se fortalece dándola”, dijo, citando la Redemptoris Missio de Juan Pablo II) al gran ámbito de la misión diocesana a los “migrantes e itinerantes”. Recordó Mons. Sarlinga que la diócesis de Zárate-Campana constituye una porción del Pueblo de Dios que cuenta con gran cantidad de migrantes e itinerantes, ya lo sea por la inmigración histórica, por la actual inmigración de hermanos y hermanas de las provincias del interior del país (sobre todo por razones de trabajo), y en especial de los países vecinos, muy en particular de Paraguay y de Bolivia.
La delegación de “migrantes e itinerantes” de Zárate-Campana y colaboradores provenientes de las distintas parroquias, han hecho un proyecto orgánico que está cumpliéndose con oración, presencia, caridad social, y dedicación por estos hermanos y hermanas a quienes por un lado se ayuda en todo lo posible a la integración, y por otro también se alienta a mantener sus valores en lo que tienen de auténticos, de cristianos (que lo son en mayoría, aunque muchos alejados de la práctica religiosa) y también en sus costumbres legítimas y en su lengua (muchos paraguayos y descendientes hablan y comprenden el guaraní, y lo hablan en sus familias, y también muchos de los inmigrantes bolivianos, procedentes en su mayoría de Potosí, hablan el quichua). El asesoramiento jurídico para la documentación, para el trabajo, y sus derechos, son también objeto de los desvelos de la delegación, así como las festividades típicas, y la organización del “Día del Inmigrante” (que lo es por decreto presidencial en nuestro país) el día 8 de septiembre, para el que convocamos a todos quienes estén interesados en colaborar a esta integración a la misa en la iglesia concatedral de Belén de Escobar, y asimismo a los festejos posteriores, que tendrán mucho de lo típico de estas distintas comunidades y colectividades.
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Abril 16, 2012 | Por raul-lehoi | # Enlace permanente
En nuestra diócesis se celebró el Domingo de la Divina Misericordia, y en especial en Garín, en la parroquia de “Jesús Misericordioso”, donde una multitud participó de la procesión, festiva, orante, comunitaria, la cual partió desde la parroquia matriz, la de Santa Teresa de Jesús, en Garín “Centro” hasta el epicentro del populoso barrio donde se encuentra el templo dedicado a la Misericordia Divina, consagrado en 2007 y confiado pastoralmente por el Obispo a los Discípulos de Jesús y San Juan Bautista. Mons. Oscar Sarlinga celebró la eucaristía, acompañado de Mons. Santiago Herrera, del P. Salatiel, dj, cura párroco, del P. Juan de Dios, dj. cura párroco de Santa Teresa de Jesús, y del Pbro. Pablo Iriarte, antiguo párroco de Garín.También participaron de la celebreación las Hnas. Discípulas de Jesús y las Hnas. de Cristo Rey, quienes tienen el colegio católico de la zona. La novena había sido muy participativa y realizada según áreas pastorales, y se había celebrado ya la Misa de la solemnidad en la medianoche entre el sábado y el domingo, a iglesia llena, y también a las 7.30 de ese mismo día. Digno es notar que muy numerosas personas se acercaron al sacramento de la reconciliación.
La parroquia de Jesús Misericordioso cuenta con todos los servicios pastorales, evangelización, catequesis, juventud católica, scouts, caridad institucionalizada, y grupo misionero. Más aún, la impronta de la parroquia es de misionariedad. La populosa barriada es una de las que cuenta con más cantidad de inmigrantes paraguayos, o ciudadanos argentinos de ese origen (hijos o nietos), en especial en algunas de sus zonas, como la correspondiente a la capilla de San Cayetano. Nuestro Obispo irá de visita a dicha capilla, para celebrar la eucaristía en el día de San Cayetano (las vísperas) acompañado por el nuevo responsable de la pastoral de la comunidad paraguaya.
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Abril 6, 2012 | Por raul-lehoi | # Enlace permanente

La Mano dell'Onnipotente. Mosaico Absidiale, sec. XIII Basilica San Clemente
Queridos hermanos y hermanas. Feliz y Santa Pascua del Señor Jesús.
La diestra del Señor es poderosa
Los invito, en este santísimo día, a renovar nuestra fe y nuestra esperanza, y a clamar con la “casa de Israel” que la misericordia de Dios es eterna, pues: /… “la diestra del Señor es poderosa,la diestra del Señor es excelsa,la diestra del Señor es poderosa”. (Sal 117 [118],1-2.16).Hoy, en este bendecido día, admiramos cómo la Mano del Señor levantó a Jesús (Cf Hch 13:29-343) y levanta a todos los que fundan su esperanza en la misericordia divina. Nos admiramos de los mirabilia de Pascua, cosas admirables, de Dios,ya preparadas por Él en los misterios de la Encarnación y del nacimiento virginal[1].
Vano sería buscar a Jesús entre los muertos, pues él es Dios de vivientes y no de muertos (Cf Mt 20,38), pues Cristo y el Padre “son uno” (en el sentido de Jn 10:30) y porque el mismo Jesús dio su vida sin que se la quitara nadie (Cf Jn 10:17-18: 17) conforme al designio del Padre, quien al alba de la noche de la vigilia develó la fuerza de su brazo, de su diestra[2]. Inútil buscar en el sepulcro (Cf Lc 24,5-6): Cristo es el Presente, el Emmanuel, y lo es para quienes lo buscan con sincero corazón.
Él nos amó primero, y después de haber amado a “los suyos” que estaban en el mundo, a los que “amó hasta el fin” (Cf Jn 13,1),el ápice sacrificial despuntó visiblemente “en el día que hizo el Señor” (Cf Sal 117 [118], 24), cuando cobró pleno sentido la prefigura del paso de Israel por el Mar Rojo y el signo de las aguas embravecidas que se tragaron a las fuerzas del Faraón, lo cual representaba la opresión del pecado y la invadente tristeza causada por la obstinada maldad y el miedo infligido. El miedo, en cuanto a él, rodó fuera de modo definitivo con la piedra que cubría el sepulcro (Cf Mc 16, 3-8). Así “surgió”, “pasó” triunfante el Señor, vencedor de la muerte y del pecado.
La conmovedora figura pascual, cuando Israel salió de Egipto nos prefigura con potencia la visión de la Mano poderosa de Dios, que salvó a los primogénitos de Israel (Cf Ex 12:27), que diezmó a los egipcios, y salvó las gentes y las casas de los suyos (Cf Ex 12.2-27) en la medianoche del catorce al quince de Nisán. La vara de Moisés actuó, y Dios envió a su pueblo la columna de nube, la cual devenía tanto luz como obscuridad. En efecto, iluminaba al pueblo del Señor, pero llenaba de obscuridad a los perseguidores, quienes se obstinaron. El mar los tragó. El pueblo del Señor lo vio, y creyó (Cf Ex. 14:31).
Ante tal paradigma, consideremos que la Pascua cristiana es el “Paso” por excelencia,gran acontecimiento, pues Jesús:“(…) ha resucitado, no está aquí” (Mc 16, 6) y esto fue hecho por Mano divina, en la historia de los hombres, pero a la vez de modo enteramente meta-histórico, trascendente, victorioso, fuera de lo mítico:“(…) no es un mito ni un sueño, no es una visión ni una utopía, no es una fábula, sino un acontecimiento único e irrepetible: Jesús de Nazaret, hijo de María, que al atardecer del Viernes fue descendido de la cruz y sepultado, ha dejado victorioso la tumba” nos explicaba el Papa Benedicto XVI[3].
Acontecimiento único e irrepetible que lo es puessigue al “ser” divino; fue hecho por El que es, para El que dijo: “Yo soy el Alfa y la Omega (…) El que es, el que era y el que viene, el Omnipotente” (Cf Ap 1,8). Considerando esto, en cierto sentido, del último libro del “canon” de la Sagrada Escritura nos viene un principio vital y moviente de la nueva evangelización.
Caminar en una vida nueva
Los grandes Testigos, como San Pablo, nos dicen que Jesús resucitó de entre los muertos por medio de la “gloria” del Padre, para que así también nosotros podamos “(…) caminar en una vida nueva” (Rm 6,4). El hombre nuevo camina en una vida nueva.
En ese caminar, Jesús nos precede para liberarnos de toda esclavitud, del miedo y del sinsentido, y encolumnar su luz en nuestra vida, cual renovada y recreada columna de nube en el Pésaj: nos precede en Galilea (Cf Mc 16,6s), nos da Él “antes” el don de la fe para salvación nuestra y de todos aquellos de la familia humana que acepten el Don (Cf Hch. 16,30s) del día pascual.
Cercanos al comienzo del “Año de la Fe” pedimos que en su precedencia, el Señor aumente nuestra fe como lo hizo en sus primeros testimonios acerca del sepulcro vacío(Cf. Mt 28,1; Mc 16,2; Jn 20,1) yen sus primeras apariciones históricas a los apóstoles y discípulos(Cf. Lc 24,34-36; Jn 20,19).
Reengendrados en la libertad por una esperanza viva
Hombre nuevo y pueblo nuevo son reengendrados. El Pueblo de Dios es todo él «reengendrado a una viva esperanza por la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos» (1P 1, 3). Animados por la respuesta libre de Jesús, la de entregarse (“Tengo el poder de entregar mi vida…”:Jn 10, 18c) hemos de vivir nosotros también con plena libertad, esa libertad que es el “(…) don de uno mismo en el servicio a Dios y a los hermanos”[4].
Los invito también hoy a ser agradecidos, porque todo lo debemos al Amor de Aquél que nos ama (Cf Ap 1,5), nos unge en su Iglesia, con la libertad de la fe en Cristo resucitado. Su gracia produce en nosotros, si le damos acogida, una transformación verdadera, esto es, los frutos nuevos en nuestra vida, los cuales anhelo para todos ustedes en esta Pascua.
Un espléndido fruto nuevo de metánoiapascual sería el osar, el “atreverse a amar” con mayor fuerza a los hermanos, tal como aparece a modo de clave comprehensivaen la carta del Apóstol Pedro: «Fraternitatem diligite», quieran ser hermanos, sean como hermanos (Cf 1 Petr. 2, 17). ¿Ideal a seguir?. Lo es, aunque no a modo demero ideario ético ni de idealismo filosófico o filantrópico. Más bien adquiere realismo por vía de animación espiritual, porque desea fraternidad quien está animado por la llama del Espíritu Santo (incluso cuando quien, sin culpa de su parte, no lo sabe). A esa fraternidad, tan anhelada, tan proclamada puede colaborar a efectuarla quien deja entrar en su vida la infinita «novedad» pascual. Es el aporte humilde y sincero que podemos ofrecer al mundo de hoy, donde tantas heridas se ven. Sin creernos más, sino como servidores.
Pascua es también suprema Justicia, desde Dios. Anhelamos justicia, es necesaria. La meramente humana, sin embargo, nos deja insatisfechos. La Justicia „que mira desde el Cielo” (Cf Sal.85) es infinitamente superior a cualquiera otra, en especial a lavindicación. En aras de la anhelada fraternidad misericordiosa, el renovado „mirar” de nuestra parte, más bien con la Justicia del Cielo, a los hermanos, constituirá un gran signo de reconciliación y de fraterna „mano extendida” aunque para ello tengamos que „morir” no pocoa nosotros mismos (admiramos a los mártires, pero ¿aceptamos „morir” incluso en este sentido?.). Morir para vivir,constituirá también el asumir el „camino nuevo” sentido existencial-martirial-virtuoso verdadero.
La Pascua nos ofrece renovadas fuerzas para colaborar con Jesús nuestro Hermano a construir familia, comunidad, sociedad, civilización del Amor, con su Gracia, „(…) con los ácimos de la pureza y la verdad” (Cf 1 Cor 5, 8).
Nos acompañela Virgen Madre de Dios, en este camino nuevo.a modo de una luminosa Columna de nube; María, la que padeció junto a la Cruz pascual, la que vio al Resucitado, Levantado por la Mano paterna, glorioso en su Pascua; María, la que reina junto a su Hijo por la eternidad, la Madre de la Iglesia.
[1]Cf. San Gregorio Magno, Hom. 26 in Ev.
[2]Cf JUAN PABLO II, Homilía de Su Santidad en la Santa Misa Crismal, Jueves Santo, Basílica de San Pedro, 8 de abril de 1982.
[3]Benedicto XVI, Mensaje pascual desde la balconada de la Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano, Domingo 12 de abril de 2009.
[4]Juan Pablo II, Enc. Veritatissplendor, n. 87.
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Abril 1, 2012 | Por raul-lehoi | # Enlace permanente
“La plena dignidad de la vida Humana resplandece
en la muerte y reserrección del Señor Jesús”
A continuación del texto, cliqueando el el hipervínculo del título, se encuentra el cronograma de la Semana Santa de Mons. Oscar Sarlinga y de parroquias diocesanas.La plena dignidad de la vida humana resplandece en la muerte y resurrección del Señor Jesús -que en la Semana Santa que hoy iniciamos se manifiestan con toda claridad- pues Él, el Hijo del Altísimo, es médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos, que ha querido que su Iglesia continuase, en la fuerza del Espíritu Santo, su obra de curación y de salvación.En la celebración de las Vísperas del Domingo de Ramos, miramos con ojos nuevamente admirados el misterio de la Encarnación del Señor, que se manifiesta en esta celebración en su aclamación como el Bendito del Señor, el Hijo de David, el Rey Mesías. Pocos días atrás hemos recordado, en la solemnidad de la Anunciación a María Santísima por parte del arcángel, el “gesto divino” de la pura gracia y la respuesta generosa, purísima, de la Virgen: el “Sí” que nos dio la redención, haciendo posible para nuestra humanidad el inefable misterio de la Encarnación, por obra del Espíritu Santo. En la Anunciación celebramos el día en que el Hijo de Dios, gracias a la acción del Omnipotente Espíritu, se hizo verdadero Hombre, y, como tal, ha sido embrión humano, recién nacido, niño, adolescente, joven y adulto. En el Domingo de Ramos celebramos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, ante el pueblo que lo reconoce como Mesías, pero es el Rey que reinará desde la Cruz, y que al tercer día resucitó, para siempre: es la Pascua.Véase también:
http://padrenuestro.net/celebraciones-y-encuentros-de-las-que-participara-el-obispo-mons-sarlinga-en-la-semana-santa-en-la-diocesis-zarate-campana/
Celebraciones y encuentros de las que participará el Obispo Mons. Sarlinga en la Semana Santa en la diócesis Zárate-Campana
Este año Mons. Oscar Sarlinga ha priorizado más la ciudad de Campana (aunque también irá a Escobar, Pilar y Zárate), puesto que los años anteriores ha hecho un entero recorrido de las distintas parroquias y capillas en otros partidos de la diócesis para las celebraciones del triduo.-El domingo 1ro., “Domingo de Ramos” celebrará la Misa en la iglesia catedral de Santa Florentina, con el comienzo en la plaza E. Costa, a las 11.Por la tarde visitará un barrio de Ing. Maschwitz adonde todavía no había asistido, para presentar saludos y augurar feliz Pascua a los vecinos.-El lunes 1ro. recibirá a representantes de la colectividad paraguaya y descendientes, presentes en la diócesis, con motivo de la cercana Pascua.-El martes 2 recibirá al delegado diocesano para la pastoral de Migrantes e Itinerantes, y por la tarde a colaboradores de dicha la delegación de migrantes, de entre las distintas colectividades, en especial la boliviana, a los fines de transmitirles los saludos pascuales y recibir su compromiso con esa pastoral tan necesaria. -El Miércoles por mañana transmitirá a los medios de comunicación de la ciudad de Campana (radio y TV) el mensaje Pascual.
Por la tarde a las 19 será celebrada la Misa Crismal, con todo el clero, los diáconos permanentes, religiosos, religiosas, seminaristas y numerosa feligresía que suele asistir, de todas las parroquias. Antes de la Misa el Obispo tendrá un compartir fraterno con todos los sacerdotes y a continuación, todos, la adoración al Santísimo en la iglesia criptal.
-El Jueves Santo, de la institución de la Eucaristía y del Sacerdocio, el Obispo estará en Belén de Escobar, y celebrará por la tarde la Misa (con el lavatorio de los pies) y el rito del “Monumento” en víspera del Viernes Santo. Ver programa de la iglesia co-catedral de la Natividad del Señor, la misa será celebrada a las 19.00.
-El Viernes Santo, a las 16.30, Mons. Oscar Sarlinga tendrá la celebración de la Pasión del Señor en la iglesia de San Manuel Mártir, de La Lonja (partido de Pilar).
Por la noche, a las 21, participará de la “via Crucis” en la ciudad de Campana, organizada por las parroquias de Ntra. Sra. del Carmen, Santa Florentina y Nuestra Señora de Luján y los Santos Apóstoles Pedro y Pablo.
-El sábado 7 de abril, la misa de la Vigilia de Resurrección será presidida por el Sr. Obispo en la iglesia catedral de Santa Florentina, a las 20.00.
-El domingo de Resurrección, 8 de abril, a las 10.30, el Obispo celebrará la misa, como lo hace todos los años, con las Hnas. de la Madre Teresa de Calcuta, y los ancianos, en el Hogar de la Paz y la Alegría, de Zárate.
Programa Semana Santa de comunidades parroquiales
Catedral Santa Florentina
Parroquia de Ntra. Sra. del Pilar,
Parroquia de Nuestra Señora de la Paz y San Francisco de Asís,
Pascua joven de Exaltación de la Cruz.
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Marzo 25, 2012 | Por raul-lehoi | # Enlace permanente
Campana, 24 de marzo.
Como todos los años, con distintas conferencias, actos y celebraciones en las parroquias de la diócesis y en distintos lugares del Obispado se celebra este año la Jornada del Niño por Nacer. El acto central tuvo lugar hoy en Belén de Escobar, con acto en el colegio “Santa María” del Obispado, y luego con la celebración de la Santa Misa a las 17, en la iglesia co-catedral de la Natividad del Señor, que presidió nuestro Obispo Mons. Oscar Sarlinga y fue concelebrada por varios sacerdotes, entre los cuales el asesor de la Legión de María, Pbro. Dr. Nestor Villa. Este año se ha convocado en especial a la Legión de María, que tiene su ACIES, a los jóvenes y a los misioneros, con una especial perspectiva de la convocatoria del Año de la Fe, que la diócesis abrirá el 13 de octubre, en consonancia con la apertura de dicho Año en Roma por S.S. Benedicto XVI, el 11 del mismo mes.
Así mismo, junto con actos y celebraciones en otras parroquias (como Nuestra Señora del Carmen, de Zárate, por ejemplo) la parroquia Exaltación de la Cruz, de Capilla del Señor, ha organizado la bendición de embarazadas, habiendo antes presentando un video con los padres de la catequesis, por la vida, y también por la tarde del domingo el P. Fernando Fusari, prefecto de la vida común del Seminario, predicará el retiro de cuaresma, concluyendo con bendición de embarazadas. Además ha organizado la colecta solidaria para el Seminario diocesano. También será celebrada por Mons. Santiago, rector del seminario, que participará acompañado de algunos seminaristas.
Ofrecemos primero un resumen del mensaje del Sr. Obispo y luego su texto integral:
Resumen del mensaje
Mons. Oscar Sarlinga transmitió un mensaje a la diócesis, en el que exhorta a los fieles a vivir el sentdio de dicha Jornada, comenzando por atraer la atención acerca de que lo plenamente humano, que se refiere a la dignidad de la vida humana naciente posee a la vez una dimensión en la cual dicha plena dignidad de la vida humana resplandece en lo cristiano, pues Él, el Hijo de María, el Hijo del Altísimo, es nuestro Hermano Mayor, nuestro Guía y también “médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos. Dijo luego el Obispo que dicha Jornada, la cual en diversas naciones, por disposición de las Conferencias Episcopales, y en nuestro país también a norma de ley, se celebra, siendo en última instancia la Jornada de la dignidad humana, si consideramos la visión complexiva ue nos transmite el Concilio Vaticano II en su constitución Gaudium et spes, a saber, que «es la persona humana la que hay que salvar, y es la sociedad humana la que hay que renovar (…) el hombre concreto y total, con cuerpo y alma, con corazón y conciencia, con inteligencia y voluntad (G.S. n. 3) -dijo- .
Al mismo tiempo, afirmó que “ser persona es la manera que tiene el ser humano de existir, de ser. Por ello lo es desde el primer instante de su existencia”. A continuación acotó que puesto que “es más fácil “decir” que “ponerse al servicio” (aunque siempre la palabra esclareciente es también un servicio)” piensa que las presentes circunstancias pueden servirnos a los cristianos todos, y tantísimas personas de visión trascendente, para un profundizado examen de conciencia acerca de nuestro compromiso, de nuestra acción al respecto. Mencionó que el Beato Juan Pablo II en los inicios de su pontificado, y citó aquí un párrafo de la Enc. Redemptor hominis, de 1979: “Es acerca del primordial derecho a la vida que, en el alba de este tercer milenio, la entera sociedad encuentra el deber de realizar el examen de consciencia, no para cargar fardos sobre los hombros de otros, ni para provocar agravios de pena a quien ha sido ya probado, sino por el deber que tiene, en bien de sí misma, de mirar hacia adelante en dirección al futuro. Entre los signos de “caducidad” de nuestro tiempo, el cual ha progresado, pero que se halla necesitado de redención, cito la «deficiens reverentia erga vitam nondum natorum» (falta de respeto hacia la vida de los todavía no nacidos).
Luego de hacer alusión a palabras del Papa Benedicto XVi con oportunidad de la anterior Vigilia de la vida humana naciente que convocó para toda la Iglesia, hizo referencia a algunos elementos naturales e incluso de índole científica a los cuales aludió el Pontífice, y a continuación reafirmó el prelado la necesidad de un compromiso de todos por el cuidado de la vida del niño por nacer, y, a continuación, del niño en sus años de infancia y de su juventud, pues marca la pauta de calidad relacional en la sociedad humana.
Mons. Oscar Sarlinga transmitió un mensaje a la diócesis, en el que exhorta a los fieles a vivir el sentdio de dicha Jornada, comenzando por atraer la atención acerca de que lo plenamente humano, que se refiere a la dignidad de la vida humana naciente posee a la vez una dimensión en la cual dicha plena dignidad de la vida humana resplandece en lo cristiano, pues Él, el Hijo de María, el Hijo del Altísimo, es nuestro Hermano Mayor, nuestro Guía y también “médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos. Dijo luego el Obispo que dicha Jornada, la cual en diversas naciones, por disposición de las Conferencias Episcopales, y en nuestro país también a norma de ley, se celebra, siendo en última instancia la Jornada de la dignidad humana, si consideramos la visión complexiva ue nos transmite el Concilio Vaticano II en su constitución Gaudium et spes, a saber, que «es la persona humana la que hay que salvar, y es la sociedad humana la que hay que renovar (…) el hombre concreto y total, con cuerpo y alma, con corazón y conciencia, con inteligencia y voluntad (G.S. n. 3) -dijo- .
Al mismo tiempo, afirmó que “ser persona es la manera que tiene el ser humano de existir, de ser. Por ello lo es desde el primer instante de su existencia”. A continuación acotó que puesto que “es más fácil “decir” que “ponerse al servicio” (aunque siempre la palabra esclareciente es también un servicio)” piensa que las presentes circunstancias pueden servirnos a los cristianos todos, y tantísimas personas de visión trascendente, para un profundizado examen de conciencia acerca de nuestro compromiso, de nuestra acción al respecto. Mencionó que el Beato Juan Pablo II en los inicios de su pontificado, y citó aquí un párrafo de la Enc. Redemptor hominis, de 1979: “Es acerca del primordial derecho a la vida que, en el alba de este tercer milenio, la entera sociedad encuentra el deber de realizar el examen de consciencia, no para cargar fardos sobre los hombros de otros, ni para provocar agravios de pena a quien ha sido ya probado, sino por el deber que tiene, en bien de sí misma, de mirar hacia adelante en dirección al futuro. Entre los signos de “caducidad” de nuestro tiempo, el cual ha progresado, pero que se halla necesitado de redención, cito la «deficiens reverentia erga vitam nondum natorum» (falta de respeto hacia la vida de los todavía no nacidos).
Luego de hacer alusión a palabras del Papa Benedicto XVi con oportunidad de la anterior Vigilia de la vida humana naciente que convocó para toda la Iglesia, hizo referencia a algunos elementos naturales e incluso de índole científica a los cuales aludió el Pontífice, y a continuación reafirmó el prelado la necesidad de un compromiso de todos por el cuidado de la vida del niño por nacer, y, a continuación, del niño en sus años de infancia y de su juventud, pues marca la pauta de calidad relacional en la sociedad humana.
Texto integral del Mensaje:
Mensaje de Mons. Oscar Sarlinga a la diócesis para la Jornada del Día del Niño por Nacer 2012
Queridos hermanos y hermanas
Como hemos venido haciéndolo desde años, celebramos la Jornada del Niño por Nacer, esta vez en vísperas del 25 de marzo, en la iglesia co-catedral de la Natividad del Señor, junto con la Legión de María y la delegación de Pastoral de Juventud y la Delegación de Misiones. Nos alegramos de la participación diocesana, en la cual destacan las familias, para esta festividad de la Anunciación a María Santísima por parte del arcángel, la cual nos manifiesta el “gesto divino”, como otras veces lo hemos llamado, de la pura gracia y la respuesta purísima de parte de la Virgen: el “Sí” que nos dio la redención, haciendo posible para nuestra humanidad el inefable misterio de la Encarnación, por obra del Espíritu Santo.
En diversas naciones, por disposición de las Conferencias Episcopales, y en nuestro país también a norma de ley, se celebra esta Jornada, que es en última instancia la Jornada de la dignidad humana, en visión complexiva que nos transmite el Concilio Vaticano II en su constitución Gaudium et spes, a saber, que «es la persona humana la que hay que salvar, y es la sociedad humana la que hay que renovar (…) el hombre concreto y total, con cuerpo y alma, con corazón y conciencia, con inteligencia y voluntad»[1].
Con renovado amor por todos nuestros hermanos y hermanas, y en especial para con quienes sufren, y también con alegría interior, renovamos asimismo nuestra conciencia acerca de nuestro derecho y deber moral de respetar, promover, defender, la dignidad de vida humana en todas sus fases, desde la fase del niño por nacer hasta la del anciano y el muriente. Quisiéramos destacar, con una mirada prospectiva y, desde ese punto de vista, profética, que lo plenamente humano que se refiere a la dignidad de la vida humana naciente posee a la vez una dimensión en la cual dicha plena dignidad de la vida humana resplandece en lo cristiano, pues Él, el Hijo de María, el Hijo del Altísimo, es nuestro Hermano Mayor, nuestro Guía y también “médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos, que ha querido que su Iglesia continuase, en la fuerza del Espíritu Santo, su obra de curación y de salvación”[2].
Ser persona es la manera que tiene el ser humano de existir, de ser. Por ello lo es desde el primer instante de su existencia. Al mismo tiempo, la persona es “ser personal” “con otros”, y estos otros, nosotros, somos también responsables ante ella, hemos de acogerla con amor. Fácil es decirlo o predicarlo, mucho más difícil es realizarlo, sobre todo en circunstancias lacerantes que nadie ignora.
Por ello, porque es más fácil “decir” que “ponerse al servicio” (aunque siempre la palabra esclareciente es también un servicio) pienso que las presentes circunstancias pueden servirnos a los cristianos todos, y tantísimas personas de visión trascendente, para un profundizado examen de conciencia acerca de nuestro compromiso, de nuestra acción al respecto del cuidado de la vida humana en todos sus etapas, lo cual nos presentara el Beato Juan Pablo II en los inicios de su pontificado como uno de los desafíos humanos y pastorales con que nos encontraríamos en el entonces adviniente inicio del Tercer Milenio: “Es acerca del primordial derecho a la vida que, en el alba de este tercer milenio, la entera sociedad encuentra el deber de realizar el examen de consciencia, no para cargar fardos sobre los hombros de otros, ni para provocar agravios de pena a quien ha sido ya probado, sino por el deber que tiene, en bien de sí misma, de mirar hacia adelante en dirección al futuro. Entre los signos de “caducidad” de nuestro tiempo, el cual ha progresado, pero que se halla necesitado de redención, cito la «deficiens reverentia erga vitam nondum natorum» (falta de respeto hacia la vida de los todavía no nacidos)”[3].
Precisamente por la dignidad intrínseca de la vida humana, el Concilio ya se refería a que “(…) los actos mismos, propios de la vida conyugal, ordenados según la verdadera dignidad humana, deben ser respetados con gran estima”[4].
Por su parte, en la Vigilia por la Vida Naciente que convocó para toda la Iglesia el Papa Benedicto XVI, junto con su visión trascendente y específicamente cristiana, también nos aportó algunas razones naturales acerca del tema que abordamos. En efecto, en esa oportunidad Benedicto XVI también recordó que “(…) sobre el embrión en el vientre materno, la ciencia misma muestra la autonomía que lo hace capaz de interactuar con la madre, la coordinación de los procesos biológicos, la continuidad del desarrollo, la creciente complejidad del organismo. No se trata de un cúmulo de material biológico, sino de un nuevo ser vivo, dinámico y maravillosamente ordenado, un nuevo individuo de la especie humana. Así lo ha sido Jesús en el vientre de María; así lo ha sido cada uno de nosotros en el vientre de la madre”[5].
Por este motivo, con sentido constructivo, con paz, con diálogo y con convicción, presento a la reflexión de ustedes este sencillo mensaje a los fines de recordar en todas las parroquias, asociaciones de fieles, movimientos e instituciones católicas, también en el ámbito del diálogo ecuménico e interreligioso en distintas iniciativas que se están realizando, la importancia de celebrar de corazón la vida humana, así como trabajar intensa y dedicadamente por su tutela integral, prodigando más de nuestro esfuerzo y entrega generosa, por el niño “por nacer” y por el niño nacido, haciéndonos eco de la enseñanza del Beato Juan Pablo II en su primera visita a la ONU, cuando dijo que “(…) este cuidado de la vida del niño por nacer, y, a continuación, del niño en sus años de infancia y de su juventud, marca la pauta de calidad relacional en la sociedad humana”[6].
En la Anunciación, la Virgen que devino Madre por obra del Espíritu Santo Divino, nos ayude y acompañe, y en especial proyecte con su intercesión la luz de Cristo sobre aquellos que más sufren y quienes padecen más necesidad, y los más necesitados de nuestra oración.
Con afecto pastoral,
+Oscar Sarlinga
Para las vísperas de la Anunciación del Señor, año 2012
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[1] CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, 51. CONCILIO VATICANO II, Gaudium et spes (7 dicembre 1965), n.3.
[2] CEC, 1421.
[3] JUAN PABLO II, Enc. Redemptor hominis (4 marzo 1979), n.8 = EncVat 6/1190
[4] CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, 51. CONCILIO VATICANO II, Gaudium et spes (7 dicembre 1965), nn.27. 51.
[5] BENEDICTO XVI, Celebración de la Vigilia por la Vida Naciente, Basílica de San Pedro, 2010.
[6] JUAN PABLO II, Allocuzione all’assemblea generale delle Nazioni Unite, (2 de octubre 1979), n.21 = AAS 71(1979) 1159 = EncVat 6/1758.
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La noticia puede verse también en:
http://www.aica.org/index.php?module=displaystory&story_id=30878&format=html&fech=2012-03-23
http://padrenuestro.net/zarate-campana-jornada-del-nino-por-nacer-2012/
http://padrenuestro.net/mensaje-de-mons-oscar-sarlinga-a-la-diocesis-para-la-jornada-del-dia-del-nino-por-nacer-2012/
Marzo 20, 2012 | Por raul-lehoi | # Enlace permanente
Iglesia catedral de Santa Florentina, sábado 17 de marzo, a las 19 horas.
Ordenaciones diaconales en la diócesis
La dimensión familiar del diácono permanente ejerce una incidencia fundamental en la promoción de la vocación universal a la santidad (vocación cristiana) a las vocaciones específicas en la Iglesia, y en especial de las vocaciones sacerdotales. Uno de los signos de la autenticidad del redespertar de las vocaciones al diaconado permanente es que se dé de par con un rederspertar y crecimiento de las vocaciones sacerdotales y religiosas.
Nuestro Obispo diocesano, Mons. Oscar Sarlinga, ordenó diáconos (permanentes) a los acólitos Pedro D. Bruno y Sergio Pandiani, incorporados a la comunidad parroquial de Santa Florentina (parroquia y catedral) de Campana. Los ordenados fueron acompañados de sus respectivas esposas, hijos e hijas, familiares, amigos y feligresía en general, con una notable asistencia de jóvenes, entre otras cosas debido al compromiso en la pastoral juvenil y misionera de los jóvenes hijos e hijas de los actuales diáconos. Los padres del diácono Pandiani también asistieron, y en general la celebración se dio en medio de la alegría de la comunidad de la iglesia catedral, que en los últimos años ha tenido la gracia de asistir a numerosas ordenaciones, en especial de presbíteros.
Ambos diáconos realizaron su debida preparación conforme a la Ratio en la escuela de ministerios de la diócesis, cuyo director es Mons. Dr. Santiago Herrera, también pro-vicario general y rector del Seminario, con la colaboración de numerosos profesores de entre destacados miembros del presbiterio diocesano, también muy formado. Gracias a Dios asistimos a un crecimiento e incluso florecimiento de vocaciones específicas dentro de nuestra Iglesia particular. Una de ellas es el diaconado permanente, y no menos lo son las distintas vocaciones específicas dentro del laicado, sin olvidar que la misión del laico es “consagrar el mundo”, con la palabra y el testimonio en medio de las realidades cotidianas (como lo dice la introducción de la Christifideles laici, de Juan Pablo II). Participaron de la celebración numerosos sacerdotes, entre los cuales Mons. Edgardo Galuppo, Mons. Santiago Herrera, el Pbro. Hugo Lovatto, cura párroco, Mons. Marcelo Monteagudo, el Pbro. Nestor Villa, el Pbro. Pablo Iriarte, el Pbro. Mauricio Aracena, el Pbro. Rodrigo Domínguez, junto a una gran parte de los diáconos permanentes de la dióceesis (17) que asistieron a la ceremonia, y numerosos seminaristas del Seminario “San Pedro y San Pablo”.
La próxima ordenación al diaconado permanente tendrá lugar el 25 de marzo, día en que será ordenado el acólito Darío Arreguy, en la parroquia de Nuestra Señora de las Gracias, de Pilar.
Las lecturas de las ordenaciones diaconales en la iglesia catedral fueron las del Domingo IV de Cuaresma, ciclo B: 2Cro 36,14-16.19-23; Sal 136; Ef 2,4-10; Jn 3,14-21.
La ceremonia fue televisada en directo por Cable Visión, y transmitida por FM Radio “Santa María”.
Luego de la ordenación, y de los numerosos saludos que recibieron los neo-diáconos, tuvo lugar el ágape comunitario, muy concurrido, en las instalaciones del Club de bomberos de la ciudad de Campana.
En una próxima actualización presentaremos la homilía completa de S.E. Mons. Oscar Sarlinga.
Febrero 22, 2012 | Por raul-lehoi | # Enlace permanente
El miércoles de Ceniza, como de costumbre, se congrega grandes cantidades de fieles en Campana. El obispo Mons. Sarlinga celebra en la iglesia catedral de Santa Florentina, en Campana, acompañado de Mons. Edgardo Galuppo, Mons. Marcelo Monteagudo, el Pbro. Hugo Lovatto, el Pbro. Nestor Villa, el Pbro. Lucas Martínez y el Pbro. Pablo Iriarte. Para la ocasión, Mons. Sarlinga transmitió su Mensaje cuaresmal
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Saber ver los signos de la Pasión en nuestra vida
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Papa Benedicto recibe la ceniza
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Mensaje de Cuaresma en Miércoles de Ceniza
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Miercoles de Ceniza
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Imposición de ceniza
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Cruz como Árbol de Vida
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El cardo espino junto a la Cruz de Jesús
MENSAJE CUARESMAL EN EL MIÉRCOLES DE CENIZA
Mons. Oscar D. Sarlinga, Obispo de Zárate-Campana
22 de febrero de 2012
En las iconografías antiguas o medievales se solía representar la Cruz de Cristo con un cardo espino o un acanto a sus pies (como en la Basílica de San Clemente, en Roma). El cardo es un símbolo del Génesis, significa sufrimiento y se lo representaba como un signo de la Pasión del Señor. Su flor, espléndida, es a la vez signo de sufrimiento y de salud, de reflorecimiento; signo heráldico, también, que denota el avenirse a asumir la Pasión y la corona de espinas. Es así la vida cristiana, unión a la Pasión de Cristo y a su Resurrección gloriosa, a su triunfo definitivo. Animada por el Espíritu Santo, la Iglesia nos ofrece la Cuaresma como oportunidad de un cambio profundo en nuestras vidas, como tiempo de conversión, si así no lo viéramos estaríamos considerando sólo un tiempo especial del calendario litúrgico. Más aún, contemplando el Misterio de la cruz, la Iglesia nos invita de verdad a «hacernos semejantes a Jesús en su muerte» (Cf Flp 3, 10) para compartir su Vida eterna.
Comenzamos con el rito penitencial de las cenizas, que nos hace pensar en lo caduco de nuestra vida. Nuestra mente, nuestro corazón, tan irrumpido como suele estar por invasiva profusión de imágenes, sonidos (o ruidos), voces, por una proyectividad puramente humana, y diríamos por tanta profanidad, provenientes del mundo circunstante, necesita de un “detenerse”, de un “silencio santo” que nos permita “ponernos en coloquio, en sintonía” con nuestro propio interior, un poco a modo de como se decía de San Benito: Secum vivebat. Y esto para ponernos más en coloquio con Dios. Las cenizas, rito simbólico, nos invitan a reconsiderar la caducidad de todo lo material, a dar tiempo para Dios y escucharlo, para volver a reconocer que «sus palabras no pasarán» (cf. Mc 13, 31), para entrar en la íntima comunión con Él, esa comunión que «nadie podrá quitarnos» (cf. Jn 16, 22).
Vivimos en una sociedad a la que no sólo le cuesta “escuchar” sino también “escucharse”, y en la cual puede no haber casi lugar para la dimensión espiritual y moral de la existencia humana. Por esto es importante que veamos en la Cuaresma un «tiempo propicio» (2 Cor. 6, 2), iniciado con el símbolo de “tristeza” de las cenizas, pero que ascensionalmente prosigue –mediante la vía estrecha de la penitencia- hasta la celebración de la Pascua. Es tiempo (“kairós”) de una ascesis, que nos haga profundizar en la fe, en la esperanza que no defrauda, en la caridad realmente vivida, que se trasunta en “dar la vida”, perdonar, en compartir, en dejar de lado las estructuras del “hombre viejo” del pecado, con sus destructivos internismos, sus rencores, odios, males infligidos a los hermanos, para “ascender” penitencialmente a un modo “nuevo” de vivir, en la medida en que el Señor nos hace “creaturas nuevas”. Él puede hacerlo, quiere hacerlo en nosotros; la ascesis penitencial nos ayudará a redescubrirlo. Una primera pregunta que tendríamos que formularnos es si estamos dispuestos de verdad a una “reforma” de nuestra vida.
I. PENITENCIA Y DISPOSICIÓN DE LOS TALENTOS COMO TESTIMONIO EVANGELIZADOR DESDE EL ESPÍRITU SANTO
No se nos escapa que somos cristianos en medio de un mundo de muchas desedificantes confusiones y contradicciones (no menores tantas veces entre nosotros mismos), por ello la Iglesia nos invita con el Apóstol Pablo a buscar –una vez más, en esta Cuaresma- lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14,19), a poner a este servicio nuestros “talentos” con generosidad para el bien de la Iglesia (cf. Lc 12,21b; 1 Tm 6,18).
Quizá sería bueno también reubicar espiritualmente el sentido de la “mutua edificación” en el contexto de su papel en la evangelización (porque la división, que es anti-testimonial, no hace sino alejar más a los alejados, impedir que los no cristianos se acerquen).
También en esto deberíamos reflexionar en Cuaresma en cómo poner nuestros “talentos” al servicio de la nueva evangelización (y en ver que no seamos causa de tropiezo para que otros también pongan de modo acorde sus propios talentos, porque podríamos tender a ver solamente los nuestros, o a sobrevalorarlos, o infravalorarlos). Se necesita el equilibro, el concierto y no el desacierto. La puesta al servicio de los talentos se dará concertadamente si dejamos lugar al Espíritu (eso es la “reforma interior”) al modo como cuando se abrieron las puertas del Cenáculo y los apóstoles se dirigieron a los habitantes y a los peregrinos venidos a Jerusalén con ocasión de la fiesta, para dar testimonio de Cristo por el poder del Espíritu Santo, y lo hicieron manifestando la “paz” y la “edificación” producidas por ese mismo Espíritu, dando así convirtiente “testimonio”, como les había anunciado Jesús: «El dará testimonio de mí. Pero también ustedes darán testimonio, porque están conmigo desde el principio» (Jn 15, 26 s).
Se trata pues de ver la dimensión no sólo personal sino eclesial de la paz y la edificación, puestas de relieve por el Concilio Vaticano II cuando concibe a la Iglesia como santificada indefinidamente, edificada en el Espíritu para que los fieles tengan acceso al Padre por medio de Cristo (cf. Ef 2, 18). Iglesia en la cual la fuente de agua viva salta hasta la vida eterna (cf. Jn 4, 14; 7, 38-39); Iglesia por quien el Padre vivifica a los hombres, muertos por el pecado, hasta que resucite sus cuerpos mortales en Cristo (cf. Rom 8, 10-11)»[1]. Con esta visión, ingresamos en Cristo, a la plena revelación de Dios como Amor (cf. 1 Jn 4, 7-10); abrazamos así la Cruz de Cristo, la «palabra de la Cruz» que manifiesta el poder salvífico de Dios (cf. 1 Co 1, 18), amor en su forma más raigal[2]. Ingresamos en una dinámica de reforma y de morir al pecado.
Para entrar en esta dinámica, no caben medias tintas; hemos de morir al pecado y a sus consecuencias. Morir para vivir. La cuaresma nos invita a ello, a esta reforma, como fractura y como surgiente de vida. Su sentido, en última instancia “quiere decir reforma, quiere decir expiación; reforma y expiación que suponen turbadas nuestras relaciones con Dios; suponen un desorden fatal entre nosotros y Dios; suponen esa fractura del anillo de conjunción de nuestra vida y su destino a la surgiente de la verdadera Vida, que es Dios (…) Esa fractura se llama pecado”[3]. En una reforma interior por la Gracia, el hombre muere al pecado, participa de la vida nueva en Jesucristo Resucitado y recibe el mismo espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos (cf. Rm 8, 11).
Así, la Cuaresma será una renovada ocasión para preguntarnos, ante la afirmación del Señor: “Yo soy la resurrección y la vida”… si realmente creemos esto (Cf Jn 11, 25-26), si lo creemos de verdad, porque hay enemigos al acecho. En primer lugar, el egoísmo, que nos desvía de la disposición a creer, y por consiguiente a compartir talentos “edificantes” y eclesiales (cf. Mt 25,25ss). Pero, lejos de estar condenados a la mediocridad en lo espiritual, podemos superar el egoísmo con la Gracia, podemos siempre aspirar a un «alto grado de la vida cristiana»[4]. Si no lo creyéramos, tampoco creeríamos, en el fondo, que la misericordia de Dios borra el pecado y permite vivir en la propia existencia «los mismos sentimientos que Cristo Jesús» (Flp 2, 5).
Para nosotros, clero, religiosos, religiosas, laicado, comunidad católica, en fin, es el momento de volver a poner con sinceridad nuestra esperanza en Jesús, junto con Marta, por ejemplo (cuyo testimonio de “profesión de fe” no me parece que haya sido tan meditado como lo merece, o por lo menos no conozco que lo sea): «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo»; es la “profesión de fe” de Marta: creer, para una reforma espiritual de nuestras vidas, aunque la “escena” de nuestra vida pueda ser dramática y nos llevara a pensar lo contrario.
¿En todo eso, para qué es necesaria la penitencia? (porque no podemos ocultar que a algunos les es antipática hasta la palabra, que no tiene “buena prensa” en el mundo de hoy). Sencillamente porque la necesitamos, porque la penitencia ingresa en la dinámica de la colaboración de nuestra libertad a la Gracia, como exhortaba el Bautista: «Hagan penitencia, y se acercará a ustedes el reino de los cielos» (Mt. 3, 2). Lo dijo el mismo Cristo (Cf. Mt. 4, 17); lo refiere el evangelista San Marcos: «El tiempo se ha cumplido, el reino de Dios está cerca, hagan penitencia y crean en el Evangelio» (Mc. 1, 15). La penitencia es necesaria para que profundicemos el discernimiento entre el bien y el mal (cf. Hb 4, 12), para fortalecer en nosotros la voluntad de seguir al Señor Jesús, el Salvador, como resulta de la teología que el Apóstol Pablo ilustró y propugnó, en términos clarísimos en la carta a los Romanos y en la carta a los Gálatas: Cristo es necesario, Cristo es suficiente.
En la penitencia, por último, hay también una razón de solidaridad, en la economía (“oikonomía”) de la salvación: el expiar por otros. Es más, es una de las formas superiores de la solidaridad. Esta forma de solidaridad dará un nuevo y más profundo sentido a nuestra solidaridad en el compartir (¡que cuesta enormemente en las comunidades nuestras!) en el saber interesarse por los otros (por ejemplo, en la catequesis, Caritas, en la promoción de las vocaciones todas, en las vocaciones sacerdotales y religiosas, en el apoyo al Seminario diocesano, en la extensión de las obras para la evangelización…). ¿O creíamos que “solidaridad” era un mero sentimiento pasajero?. Sé que lo vamos profundizando como comunidad diocesana.
II. VIDA DESPLEGADA EN LAS VIRTUDES TEOLOGALES
En verdad, aunque en modo ínfimo, pero análogo al de Jesús, que no por Sí sino por nosotros sufrió la muerte en Cruz, también nosotros, unidos a Él, podemos expiar por los demás (como “in solidum”), y hacerlo en el espíritu en que lo reclama San Pablo cuando escribe a los colosenses: «Yo cumplo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo» (Col. 1, 24).
Podríamos pensar que eso no es justo, que cada uno haga penitencia por sí mismo, que cada uno se ocupe de su propio bien y de su propia espiritualidad (concepto del cual emerge cierta deriva al intimismo). Sin embargo, la Justicia, con mayúscula, es plenitud de su clásica definición, “dar a cada uno lo que le corresponde” (“dare cuique suum”), porque lo que tengo que dar a mi hermano no es sólo lo que se puede garantizar por ley, sino, conforme a una ley divina (por eso me referí a “Justicia” con mayúscula), el darle algo más íntimo y gratuito; es comunicarle, en nuestra medida, ese Amor “(…) que sólo Dios, que lo ha creado a su imagen y semejanza, puede comunicarle”[5]. Amor que conlleva a compartir, a la promoción humana integral, a la construcción de la civilización del amor, pero que siempre necesita a Dios, como observaba san Agustín[6].
Acecha el desánimo, muy a menudo. El orgullo, curiosamente, puede llevarnos, más que a “levantarnos”, a caducar. El remedio lo dan las virtudes teologales. Lo correcto es levantarnos en el Señor, a estímulo para vivir en el Amor. Nuestra existencia debe conquistar títulos no vanos y caducos, sino títulos que aseguren vida eterna, dejando, de una vez por todas, el regusto de poner y reponer el corazón en la “búsqueda pecaminosa”, como si ésta fuese un bien (¡ni que hablar si la consideráramos para nosotros un bien de entre los “supremos”!). Creo que en el fondo hay cierto nihilismo en la búsqueda y rebúsqueda de los pseudo-consuelos de una vida pecaminosa consentida, quebrantemos esa espiral de daño con la fe, la esperanza y la caridad.
Es preciso tomar conciencia. Para sanar esto nos hace falta una sana experiencia de humillación, o, para decirlo con palabras de un Papa del siglo XX: “(…) una meditación muy severa y realista sobre el nihilismo de la vida temporal (…) una sacudida psicológica y moral de gran eficacia; que no nos disguste de hacer de ella la sincera, humillante, pero benéfica experiencia”[7] .
Estar atentos: el Santo Padre Benedicto XVI nos invita en su Carta de Cuaresma a meditar en la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24) y a procurar que demos fruto en acoger a Cristo en una vida que se despliega según las tres virtudes teologales, a saber: acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en la esperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24)[8]. En la moral de las bienaventuranzas, esta es una espléndida invitación que nos hace el Papa, como en toda su fina y teológica enseñanza, con un sentido pastoral.
III. RESPONSABILIDAD PARA CON EL HERMANO Y CORRESPONSABILIDAD
En su Carta de Cuaresma el Papa Benedicto XVI toca un tema fundamental, diría profético para nuestros tiempos y nuestras personas, afectadas de individualismo (incluso en lo espiritual) y por ende más bien inclinados a la “a-responsabilidad”. Quiero expresar, no sólo a la irresponsabilidad, a la “a-responsabilidad”, esto es, al embotamiento –a veces casi total- del sentido de ser responsable “del otro” y “corresponsable con él”. El Papa, con finísima intuición, nos propone fijarnos en la responsabilidad que tenemos para con los hermanos, en la atención “al otro”, que conlleva desear el bien para él o para ella, en todos los aspectos: físico, moral y espiritual. Porque de lo contrario no estaremos “edificando”, o a lo sumo, edificaremos sobre arena. Cuaresma es también propicia, entonces, para repreguntarnos: ¿Estamos atentos al bien del hermano, de la hermana?. Muchas veces sí (hay muchas personas entregadas y sacrificadas). Tantas veces no, como si cada uno tuviera que cuidarse por sí mismo, como si fuera ineluctable que el mal se da, y que a nosotros no tuviera que interesarnos tanto cuando ocurre a los demás… Por supuesto que cada uno hace uso de su libertad, pero existe una corresponsabilidad en cuidarnos para vivir en el bien, por eso dice el Papa, “(…) es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119,68)”.
Estar atentos, «fijarse» en el hermano, abarca la solicitud por su bien espiritual (y por todos los bienes que lo espiritual conlleva, también los materiales). Y notamos aquí otra acertadísima llamada de atención de Benedicto XVI: recordar un aspecto de la vida cristiana tantas veces caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna, que tiene como base ocuparse los unos de los otros (“estar atentos”, como María) con el don de la reciprocidad[9].
La irreciprocidad acarrea muchos males. Me parece ver aquí que, por la falta de la corrección fraterna, creo, abundan formas de ser signadas por generar corazones lastimados por el odio y la envidia: el hablar mal (incluso con fijación psicológica), el difamar o injuriar (no pocas veces con el infame anonimato de medios públicos anónimos) el sugerir cosas malas de los otros en privado, en grupo o en los medios de comunicación, el poner en desprecio lo que los otros piensan u obran, el favorecer sólo los “intereses de clan”, relegando a los que no son de los círculos determinados por quienes se creen con el poder de determinarlos. Pero, como toda consecuencia de pecado, esto no queda ni pacífico ni impune. Antes bien, puede crearse por esa causa una espiral de sospecha, rencor y deseos reivindicacionistas.
Por eso, un fruto espiritual muy grande, una gracia que podemos pedir, es tomar conciencia de lo siguiente: ¡Cuántos bienes, cuánta purificación, vendrían de una repristinación de la corrección fraterna, humilde, auténtica, con amorosa “parrhesía”, en todos los ámbitos de la Iglesia, y en la sociedad misma!. La tentación perenne de la autoreferente fama, el “subir” a costa de los demás, el no tener escrúpulo a la hora de mentir para conseguir un provecho, son otras tantas aborrecibles formas de “acumular riquezas en este mundo” y se hacen merecedoras también de la bíblica advertencia al rico automplaciente y seguro de sus propias riquezas, a quien Dios dijo: “¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma”» (Lc 12, 19-20). Abrir el alma, sincerarnos, ocuparnos en nuestras posibilidades de atender a las necesidades de todos, “abrir el juego” en un justo sentido, serán formas consecuenciales de mostrar al mundo que nuestro proclamado amor a Dios se trasunta en amor al prójimo (cf. Mc 12, 31) y así se manifiesta auténtico.
Por supuesto, para la consecución de todo esto en nada valdrá lo que podríamos llamar un “semi-pelagianismo heroico”, sino la apertura valiente a la Gracia (hasta que duela, esa reforma) y la colaboración de nuestra libertad. En el inicio de esta Cuaresma el Señor nos clama, nos interpela, como al “ciego” que le rogaba curación: “¿Tú crees en el Hijo del hombre?». «Creo, Señor» (Jn 9, 35.38), le afirma con alegría el ciego de nacimiento. Creemos, Señor, que nuestra naturaleza no está destruida por el pecado sino herida, que Tú puedes sanarnos, que Tú puedes consumar en nosotros la obra que el Padre te encomendó realizar sobre la tierra (cf. Jn 17, 4).
Y ponemos este clamor en manos de la Santísima Virgen María, Madre de Dios, Madre de la Iglesia, Madre de la Divina Gracia, Intercesora, Abogada, Esposa del Espíritu Santo.
+Oscar Sarlinga
Miércoles de Ceniza, 22 de febrero de 2012
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notas:
(1) Cf CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 4.
(2) Cf BENEDICTO XVI, Enc. Deus caritas est, n. 12.
(3) PAULO VI, Homilía del Santo Padre en el Sacro Rito de las Cenizas en la Basílica Vaticana, Miércoles 16 de febrero de 1972.
(4) Cf JUAN PABLO II, Carta ap. Novo milenio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31, citado en BENEDICTO XVI, Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma 2012, “Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras” (Hb 10, 24) Vaticano, 3 de noviembre de 2011.
(5) BENEDICTO XVI, Mensaje del Santo Padre para la cuaresma 2010, Ciudad del Vaticano, 30 de octubre de 2009, “La justicia de Dios se ha manifestado por la fe en Jesucristo” (cf. Rm 3,21-22)
(6) Si “la justicia es la virtud que distribuye a cada uno lo suyo… no es justicia humana la que aparta al hombre del verdadero Dios” (SAN AGUSTÍN, De Civitate Dei, XIX, 21).
(7) PAULO VI, Homilía del Santo Padre en el Sacro Rito de las Cenizas en la Basílica Vaticana, Miércoles 16 de febrero de 1972.
(8) BENEDICTO XVI, Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma 2012, «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (Hb 10, 24) Vaticano, 3 de noviembre de 2011
(9) Ibid.
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