OQUEDAD.

Eterna y lenta trama de los días

que se teje con paciencia de araña

a espaldas del silencio,

a espaldas del olvido;

y asombra mi memoria

la persistente costumbre

de querer recordar lo que se ha ido,

lo que ya fue,

lo que ya no será:

lo que tal vez nunca ha sido.

Esa sutil memoria,

angustia, desazón;

lánguida imagen

que se niega a los ojos,

que se esconde al dolor,

que se refugia en el vano

vacío de la nada

a implorar un perdón;

o a suplicar la caricia

temblorosa de un beso.

AUTO RETRATO. ( mi otro yo.)

¡ Por fin lo logré….!! Después de mucho tiempo de ejercicios y prácticas, conseguí librarme de mi otro yo, que soy yo cuando estamos juntos y yo soy el otro yo de él, porque yo soy su cuerpo “astral” y hoy he podido concretar mi sueño después de tantos intentos: dejar, aunque sea por un rato, ese ridículo cuerpo físico que me tiene prisionero.

Como soy etéreo, y no tengo mucha experiencia porque es la primera vez que salgo solo, tiendo a flotar en el espacio, y la primera visión que tengo de mi dueño desde arriba, es su cabeza.

Esbocé mi primer sonrisa independiente, su pelada parece un melón tapado con pasto.

Luchando contra la gravedad,- que aún no manejo muy bien- logro pararme frente a él y lo miro de abajo a arriba y de arriba abajo, ¡ que engañado me tenías..! Como yo confiaba en lo que vos pensabas te creía un tipo apuesto, si no lindo, bastante aceptable…¡ Oh…!.terrible desilusión…..No quiero reírme mucho por temor a romper el sortilegio y no poder seguir disfrutando este momento.

Pero che….! Subite esos pantalones que tenes los fundillos por las rodillas, no…no le echés la culpa al tiro corto, sos vos…! Si parecés una gallina: no tenés cintura, mirá la panza que tenés….! Como me engrupías eh..? yo me había quedado detenido en la imagen de tus veinte años, – que por otra parte era la que vos me vendías.-

Claro….en aquel tiempo pesabas 56 kilos, jugabas al foot-ball, al básquet, a la paleta, tenías las piernas y los brazos firmes, ahora te cuelga todo.

Bueno…..todo…..es un decir……vos me entendés.

Mirate la cara, si, no te hagas el canchero. ¡ Que desaliñado estás….! Cortate ese pelo, arreglate un poco…! Sí, ya sé que nunca le diste mucha bola a eso, pero ya no sos un “jopende”, esa onda ya no te va….y menos ahora que te codeás con gente intelectual. Mirate la boca, ya debés tener aliento a jubilado. ¡ Y cuantas veces te he sorprendido pensando que tenés labios sensuales..! ¡ que todavía te podrías defender en un entrevero….¡ Andaá….! Mirá las cejas que tenés, parecés un gallego. Bueno, los ojos son pasables cuando no están lagañosos, las orejas, si bien no son muy grandes, los lentes no se te van a caer, y la nariz, si le pintas la puntita colorada, parecés el payaso Ripimplin.

Sí, decididamente, no tenés un perfil griego.

Pero así y todo, no voy a negar que me has hecho pasar muchos momentos agradables, sabías tener lo tuyo. ¿ Te acordás de aquella rubia..? era brava eh..? sin embargo la “pudimos”. ( si te agarra hoy te mata.)

Bué….perdoname el escrache, pero tenía que ser sincero con vos, tenía que decirte como te ves desde afuera, donde no hay espejos que nos devuelven la imagen que nosotros queremos. Ah….! Y no te engañes más pensando que lo que importa es lo que tenés adentro, es el más estúpido de los consuelos, te lo digo yo, que vivo ahí.

Bueno, siento que me estoy debilitando y tengo que volver, así que, haceme lugar que me zambullo, que nos guste o no nos guste, estamos condenados a vivir juntos hasta que la muerte nos separe.

CANTO DE JUGLAR.

Canto de juglar,

trágica euforia

que disfraza de gloria

la próxima agonía.

El hombre nace y vive,

se esmera al paroxismo

para lograr los días

de buenaventuranza

de un reino prometido:

y confiado se entrega.

Ignora su destino;

ignora que en penumbras

mientras le ofrece dádivas,

un dios mezquino

sin códigos ni ética

acecha a sus espaldas

para trocar la risa en llanto,

el amor en mentira,

los sueños en insomnio:

y la esperanza en pálido espejismo.

Un letal veredicto lo conmina

a cumplir su condena

acusado de altísima traición

por creer en la vida.

Y camina al cadalso

donde ensaya el verdugo

su irónica sonrisa,

prueba el filo del hacha…..

y le roba la vida.

Oscar. 2007.

CREACIÓN.

Una vez, siendo muy chico, cuando iba a la escuela primaria e influenciado por la castradora catequesis que nos enseñaban las maestras en la clase de religión, quise probar mi capacidad creativa.

Provisto de los materiales que indicaba el catecismo,- agua y tierra- fabriqué barro; luego, haciendo gala de mis habilidades de escultor, con ese barro construí un hombrecito.

Demás está decir que momento a momento la emoción me iba ganando, hasta que llegó el momento de insuflarle vida.

Mirando para todos lados para asegurarme que nadie me veía, lancé sobre él un tímido soplido primero, una fuerte exhalación después, pero el hombrecito ni se mosqueó.

Inconscientemente había pretendido jugar a ser Dios, el más terrible pecado de los hombres.

A los jóvenes y niños que por accidente o imprevisión llegaran a leer este irrespetuoso recuerdo de mi infancia, quiero aconsejarles que no imiten mi tremendo pecado se soberbia, porque, aparte de todo: No funciona.

Oscar G. Maurichau.

( 1/6/2009.)

LA CALLE TRAS LA NIEBLA

Hay una historia que cuenta que en el final de esta calle, allá donde la niebla borronea los edificios, comienza otra calle.

Es exactamente igual a esta, pero al revés, como si en el límite hubiera un gran espejo, y todo el que llega también viene llegando, y cuando se cruzan, no saben a que lado pertenecen y deben empezar de nuevo.

Yo he tratado muchas veces de llegar a ella, por mera curiosidad, pero me ha resultado inalcanzable, como el horizonte.

Los viejos conocedores de la historia no aconsejan forzar la situación, dicen que es como morirse, porque para llegar a ella, hacen falta ciertos requisitos que no cualquiera está en condiciones de ofrecer, y luego no hay lugar para el arrepentimiento.

Como ejemplo se cita el caso de un antiguo caminador de esta calle, cuya obsesión estaba en esa gris cerrazón que ocultaba lo de más allá, y gastaba suelas andando las veredas en su obstinada búsqueda sin que, como me pasó a mí, pudiera alcanzarla.

Así fue que en una de las tantas ocasiones en que ya cansado de caminar estaba por volver sobre sus pasos, le pareció ver un destello de luz entre la niebla y decidió seguir un poco más, y de pronto: vio la calle frente a él, y se sorprendió, porque era como le habían contado. Era la misma calle que había dejado, y para cerciorarse miró hacia atrás, pero detrás de él ya no había nada, y al volver la mirada, se vio venir él mismo caminando y desaparecer en la niebla.

Nunca se volvió a saber de él, pero algunas noches de mucha humedad, cuando esa niebla viene a cubrir la ciudad, dicen que suele verse una sombra caminando como perdida, precedida por un canto de sirenas que la confunden aún más, llamándola a ese precipicio de sombras.

Cuando los rayos del sol por fin despejan el cielo, un manto de silencio cubre el misterio, nadie comenta nada, pero con desconfianza miran la niebla al fondo del horizonte y piensan que es mejor no darle importancia, después de todo, lo más probable es que solo sea una historia.

Oscar G. Maurichau.

( 15/5/2001.

RECUERDOS.

Las trasnochadas veladas que pasábamos en Fortin Olavarria,-un típico pueblito del oeste bonaerense donde el gallo era todavía el despertador de los pobres- quedaron en nuestra memoria como una postal de juventud que ya no se volverá a fotografiar, por esos caprichos del tiempo.

Las largas mateadas con yerba “La Página”,( la del sabor que no se lo imágina.) en el umbral de la peluquería de Cacho Coria, eran el epílogo de las reuniones de bandoneón y guitarra, cuando el reloj indicaba que la hora de la música ya no era prudente.

Muchos eran los que desfilaban por ese lugar precursor del sito “web”, siendo yo uno de los más pertinaces asistentes y uno de los más mentados “cebadores” de mate, capaz de sacarle espuma a la yerba mas lavada.

Pasaron por ese legendario portal cuanto músico ambulante andaba por esos lares, guitarristas aficionados, cantores de toda laya y cuanto “fortinense” creía tener talento para el arte sonoro.

Fueron asiduos visitantes el “flaco” de la barrera, el Nemesio Martín,- al que por el fortuito hecho de haber nacido en España la decíamos “el gallego”- y con quien me encontré después de cuarenta años, que son casi el tiempo que separa la juventud de la vejez. Oscar Labaronie, un asilado trenquelauquense que cantaba como una calandria, Navith Fadail, al que nunca le dijimos turco, ya que ese mote era patrimonio de su padre, y tantos otros que tal vez escapen a mi memoria, pero seguro que alguna página han dejado escrita, olvidada en el viejo umbral de mármol.

Así nos sorprendían las dos de la mañana entre comentarios musicales, alguna partida de ajedrez, y el pesimismo abatido de algún “novio” al que le habían “colgado la galleta”, augurando que hasta perderíamos el romanticismo de la luna, ya que Rusia había lanzado su primer “SPUTNIK”.

Con el tiempo nos fuimos desparramando, buscando cada uno su lugar en el mundo,- algunos, sin encontrarlo todavía- otros, convencidos de que lo encontraron, duermen su rutina. Otros, seguimos tratando de encontrar un ángel que nos lleve a “upa” y nos ayude a llegar a ese cielo que soñamos, que seguro está en algún lugar donde se acuna el misterio, donde la luna no perdió el romanticismo, y donde podamos escribir el último verso de nuestra vieja canción.

Oscar.G.Maurichau.

(3/9/08.)


DIALOGOS.

El lugar estaba lleno, no obstante, encontraron una mesa desocupada.

¡ Mozo….! – Llamó Juan sentándose frente a Carlos.- Fahhh…!

¡ Por fin viernes….! Si…..café con leche y media lunas.—El mozo repite la pregunta con la mirada.—Lo mismo para mi, dijo Carlos.

¿ Que vas a hacer el fin de semana..? No se….mirá……tengo ganas de llevar los chicos al campo, bahh…! a algún lugar abierto donde puedan revolcarse, calculá, toda la semana encerrados.

¡ Que suerte tenés Juan que sos soltero, no te casés nunca mirá….! – Cuidado , hacé lugar que viene el mozo.-

¿ Y tu mujer que dice…?

¡ Esa está mas loca que una que una cabra…! no sabe lo que quiere. Resulta que ahora se da cuenta que no se siente realizada, me tiene medio podrido.

Primero era con el yoga, ¡ Ah…no…! Primero era vegetariana, me tuvo seis meses morfando pasto, después vino el yoga. Después se la agarró con la onda “ Indú “: Que el pranayana, que el “ Karma”, que el “ Darma” que el “ Cundalini”, pero cuando la hacés acordar del “ Kama-Sutra” le duele la cabeza.

Ahora lee a Bucay ……! ¿ Bucay, quien es ese…? Un piola que se gana los garbanzos con las gilas cuarentonas como mi mujer, por eso te digo Juan : No te casés nunca…..!!

Bueno Carlos, me voy que se me hace tarde, eh..? Happy week end, que te sea leve.

Gracias, que tengas suerte macho.

Juan salió del bar y se metió en el primer teléfono público que encontró:

Hola linda, ¿ como andás..? ¿ Recibiste las flores…..? Nos encontramos donde siempre ¿ no..?……Sí, en una hora. Ponete esa ropa interior que me vuelve loco….!! ¿ Tu marido..? ¡ Ah….sí..! Recién lo dejé, quedó rezongando en el bar de la esquina.

Chau…..besito.

NOSOTROS.

Nosotros somos el centro del universo. Es decir: el universo existe por nosotros. Nada existe si no hay quien lo mire, lo vea, lo oiga. (Algo así quiere decir el empirismo.) Si no fuera por nosotros, aunque existiera, a nadie le importaría, y parafraseando el viejo refrán se diría: “ Ojos que no ven, universo que no existe”.

En consecuencia, ¿ Podemos criticar a alguien por que se sienta el centro del universo..? NO, en cierto modo tiene razón. Nosotros, ( se dice)

Somos la máxima creación de la naturaleza, o al que lo prefiera, de Dios.

¿ Que sería el mundo sin nosotros..? Un páramo aburrido, un continuo fluir de las cosas sin que nadie se entere. ¿ A quién le importaría “ la grácil figura de la gacela”..? ¿ Para quién cantarían los pájaros.? ¿ A quién mostrarían las flores su hermoso colorido.? ¿ Para qué los montes, los valles, los mares.? Sí, nosotros somos necesarios. No es una teoría egocéntrica, “somos el centro del universo.”

A tal punto lo somos, que el universo nos cuida, se preocupa por nosotros, mantiene su perfecto equilibrio, sigue elaborando su precisa mecánica astral que garantiza su funcionamiento,( Salvo imprevistos.) por millones de años, ¿ todo para qué.? Para que nosotros podamos seguir existiendo, si no fuera así, sería un anónimo fracaso, un extraordinario e inútil trabajo sin tener a quien mostrárselo.

Se dice que cuando encontramos un amigo, encontramos un tesoro. Pero nunca falta un ladino que diga que si encontramos un tesoro encontramos muchos amigos.

También de eso se encarga el trabajo esotérico del universo para salvaguarda de nuestra integridad, adoptando la sutil forma de destino.

Y analizando concienzudamente la trayectoria de los acontecimientos, llegamos a la conclusión que cuando no acertamos al Loto, al Quina 6, o a la lotería, no debemos broncarnos con una supuesta mala suerte, sino por el contrario, agradecer a esa inmensa estructura galáctica, el habernos evitado la perniciosa influencia de esos muchos amigos que hubiéramos logrado

al encontrar un tesoro.

Porque nosotros, para conformar nuestra existencia, somos como mandados a hacer, y para mitigar nuestras penas, hallar consuelo a nuestros pesares, y darle una salida honrosa y esperanzada a nuestro ineluctable y póstumo destino de fiambre, hemos inventado muchos paliativos, y uno de ellos son las religiones.

Ya en los remotos tiempos que hollaban nuestro suelo los aborígenes, sus brujosacerdotes prometían a su espíritu, inmensas praderas convertidas en eternos cotos de caza, – lo que garantizaba que podrían seguir haciendo pelota todo bicho que camina- y así el pobre indio se moría contento por que por fin iba a poder cazar tranquilo.

Otras culturas más “civilizadas”, aseguraban al postulante a finado la existencia de un paraíso en el que no habrá más penas ni olvido, siempre que se portara bien, por que también existía la posibilidad de padecer los horrores de un asqueroso infierno, si provocaba la ira de los dioses desobedeciendo los mandamientos de su casta sacerdotal, que generalmente consistía en mantenerlos, sin que padecieran los ultrajes del laburo.

Hasta se inventó un purgatorio: una especie de sala de espera que daba la opción de redimir algunas macanas que hubiéramos cometido casi sin darnos cuenta.

Más generosas eran, en ese caso, las promesas de las Valquirias, que prometían a sus héroes una eterna vida de placeres en el más allá.

Otras corrientes filosóficas, prometían al adherente la reencarnación de su espíritu, asegurando así la trascendencia del punto, es decir, la reincorporación a una nueva vida, lo que le permitiría la posibilidad de concretar en ésta, lo que en la vida anterior se había llevado a Marzo.

Otras prometen una resurrección masiva en la que nos encontraremos hasta con nuestros recontratatarabuelos, lo que nos permitirá a muchos agarrar a trompadas al viejo que nos endilgó como herencia las enormes orejas que tenemos, o la pelada incipiente, la vizcochera o el labio leporino.

Como se puede observar, nosotros tenemos un amplio abanico de posibilidades a la hora de elegir que destino le daremos a nuestro duende, claro, que para apreciar los beneficios de cada una de ellas, primero debemos estar muertos. Para los que las predican: es una buena manera de evitar las denuncias al centro de protección del consumidor.

Pero nosotros también tenemos nuestras certezas, y la que más nos aflige es la de que el día menos pensado tendremos que afrontar el trance, y tan seguros estamos de ello que hasta hemos inventado frases que están hechas para siempre como: “ dejó este valle de lágrimas,” Q.E.P.D. , “ pasó a mejor vida”, o simplemente; “ cagó fuego”.

Por mucho menos que esto que hoy decimos, hace cuatro siglos nos hubieran mandado a la hoguera, ( A menos que estuviéramos en Inglaterra, por que como a los ingleses les producía nauseas el olor a carne quemada, a los heresiarcas sencillamente los ahorcaban.)

Por suerte de aquel “ pasao malevo y feroz ,” no nos a “quedao ni el pucho en la oreja”. Hoy las “Hidras” se esconden en otros lugares, y las “Hespérides” venden manzanas truchas en un todo por dos pesos.

Es dable pensar que al haber pasado tanta agua por la “clepsidra”, se hayan modificado infinidad de conceptos, y hayan cambiado de disfraz los guardianes de la intolerancia. Pero siguen al acecho.

Pero nosotros, soñadores empedernidos, insistimos, y algunos hasta escribimos poemas. ( Claro, sin llegar al extremo de la bohemia de las primeras décadas del siglo XX, donde cualquier poeta que se preciara debía estar anémico o tuberculoso.) Insistimos y queremos negar que el mundo es una mentira vestida de azul, no queremos creer que somos el gil de “Discepolin”, que alzó un tomate y lo creyó una flor, nos negamos a aceptar que el romanticismo se quedó en el siglo XIX, y afirmamos como Bécquer, que mientras haya una mujer hermosa, habrá poesía, y que a pesar de toda nuestra desazón, en el fondo, tímidamente escondida, tenemos la esperanza del prometido regreso del mesias.

Nosotros amamos, nosotros lloramos, nos resistimos a perder cosas y que el mundo siga andando, nos animamos a luchar contra molinos de viento aunque barruntamos que sus aspas nos decapitarán, y sentimos el orgullo de sentirnos diferentes, que uno como nosotros escribió el Quijote, y otros también como nosotros escribieron sinfonías.

Nos deleitamos viendo un amanecer y un atardecer sin pensar en el principio y el fin, y pretendemos ignorar que el mundo fue y será una porquería, aunque ya lo sabemos.

Nos gusta tener amores imposibles para poder ser poetas, por que pensamos que nadie es buen poeta desde la felicidad, y sabemos que peor que llorar por una mujer, es no tener una mujer por quien llorar.

Nosotros sabemos que la vida es una aventura de la que siempre salimos muertos, pero fingimos no saberlo, y cuando escribamos el florilegio de nuestras venturosas existencias, ganaremos la batalla, porque nadie superará nuestras fantasías, nadie poseerá nuestros arcanos, nadie conocerá la trama de nuestros libretos, por que hemos soñado más que nadie, aunque el lapidario epílogo sea: historia de una frustración.

Nosotros fuimos en todas la épocas de la historia, los embajadores de la utopía, por nosotros soñó el mundo, por nosotros vivieron las musas, por nosotros existió el olimpo, existieron las sacerdotisas, las pitonisas, las sibilas de todos los oráculos, porque nosotros fuimos los que quisimos para el mundo la ilusión, la poesía y la belleza, que solo los dioses mitológicos podían proporcionarnos.

Nosotros somos los coreutas de una elegía sin final, los habitantes de la noche que lloraron los violines, los navegantes de un mar sin orillas, — Dédalo perdido en su propio laberinto, y que no llevó el ovillo de hilo de puro guapo nomás—y seguimos corriendo a contramano alejándonos cada vez más de la meta, como para justificar que perdimos la carrera porque erramos el camino, por no aceptar que para ganarla tendríamos que haber renunciado a ser nosotros.

¿ Por la mente de quien de nosotros no ha cruzado alguna vez la sombra del suicidio, aunque más no sea para no darle el gusto al destino..? Pero sobrevivimos al pesimismo, aunque por ahí se diga que un pesimista es un optimista con experiencia.

Tal vez somos lo más parecido a un asceta, alejados de un fementido mundo frívolo y hueco, alejados de la filosofía de Epicuro por el tonto placer de gozar la misiadura.

Pero dejemos de ser exageradamente humildes y rescatemos nuestros talentos, ( Porque a veces el exceso de humildad se parece demasiado a la soberbia.) y reconozcamos que algunos nos nombran, aunque sea para insultarnos, y otros hasta nos envidian, y nosotros, agrandados como alpargata de croto repetimos: Ladran Sancho, señal que cabalgamos.

Los esbirros de la sensatez y las buenas costumbres, siempre nos tuvieron entre ojos, nunca pudieron admitir que se los ignorara, nunca soportaron que no se les rindiera pleitesía, nunca pudieron contar con nosotros: y dejaron de gustarles las uvas.

A veces pienso que si fuéramos un poco más estúpidos sufriríamos menos, pero el placer de sentirnos por sobre la estupidez justifica el sufrimiento, aunque generalmente, pagamos demasiado caro el antídoto contra la mediocridad.

Oscar.

( 2004)

LA PALABRA.

Creo que los primitivos seres humanos, cuando comenzaron a abandonar las cavernas, y tuvieron la necesidad de comunicarse de otro modo que no fuera el gruñido, inventaron la palabra.

Y se deben haber entusiasmado al descubrir la variedad de tonos que tuvieron que crear para nombrar todas las cosas que les brindaba la naturaleza.

Y creo que en las noches cuando se sentaban en torno al fuego, con ese milagroso descubrimiento podían contar las cosas que les habían ocurrido durante el día, sus aventuras y cacerías.

Pero también descubrieron que aparte de contar lo sucedido, podían decir lo que pensaban, y así también, tuvieron que ejercitar y ampliar la palabra, porque el pensamiento era cada vez más complejo.

Y ya no hubo un grupo alrededor del fuego, hubo varios, porque se empezaron a agrupar los que se identificaban con el pensamiento de unos, en contraposición al pensamiento de otros.

Y hubo quienes se especializaron en la palabra y en como usarla, y podían contar fábulas, decir cosas hermosas, alabar a los dioses…….

Pero también descubrieron que habían creado un arma mucho más poderosa que el garrote, mucho más destructiva……..

Y nació la trama, la mentira y la calumnia.

¡ Dios nos guarde de ella…..!!

Oscar G. Maurichau.

( 12/4/2001.)

OTOÑAL.

Musa gris del otoño;

crujir de hojas secas

en el tibio sol de la vereda,

y en el banco de la plaza

donde gasta sus horas el abuelo.

- color de nostalgia en la mirada-

Amarillo de fresnos

doloridos de invierno,

orfandad en los nidos

del árbol deshojado,

golondrinas que huyen

en busca del estío,

soledad de casas tristes.

Viejos dedos que hurgan

baúles de recuerdos,

pantuflas y bufandas,

primaveras vencidas

yaciendo en la rojiza

agonía de la tarde,

malvones cabizbajos

en el patio embaldosado:

y dos viejos que velan

la angustia de los días

al borde de la nada.

Oscar. ( 6/6/2008.)


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