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ENCONTRARTE.

Quiero encontrarte,

felíz,

en el vertice del sueño,

cuando llegas a él

enacaramada en onírico corcel,

todas las noches.

Te aproximas ritual,

ceremoniosamente,

y te abrazo sin limites;

eterno y abismal,

envuelta en pretéritos aromas,

como el sabor

que deja la nostalgia.

Quiero encontrarte al despertar,

reverberando el color del alba

en tu mirada,

hallarte humana, mujer,

verte llegar a mí,

con todo tu bagaje de ternura

y descubrirte sensual,

aposentada en mí.

Quiero encontrarte

en el universo color del arco iris,

en el rocío,

en el petalo sublime de la rosa

y en el aspero verdor de los geranios

.

Quiero encontrarte así,

con dulzura de panal,

con sombra de ojeras pasionales,

con labios sedientos;

y ser el manantial donde abrevaras.

Quiero encontrarte en mi noche,

amante,

anidar en el fuego de tu entraña

y ser tu adorador,

eternamente.

HASTA EL FINAL.

Una pasión de abriles

me desata

esta urgencia de tu piel;

esta urgencia de tus manos

restañando el silencio:

la desolada quietud.

Ese universo nuevo

que guardaba en tus ojeras

el pecado

estrenado para mí,

cuando el atavío

de tu sombra

era la desnudéz.

Tu boca puso estrellas

en mi boca,

y me llené de luz;

tu cuello en el asombro

de mis labios,

y en tus pechos

todo el fuego del sol.

Tu vértice voráz

abrevó de mi sangre,

y nos hundimos

en el abismal

misterio del amor…….

hasta el final.

delirio.

Estas ahí,

en el laberinto de mis sueños,

en la brisa que juega

su pasión de remolinos,

clara como el agua,

cristalina.

Sacerdotisa vestal del fuego eterno

que habitas mis noches,

peregrina viajera.

El misterio de tu boca

encarama mi locura

en corceles salvajes

de flamígeras crines.

Estas ahí,

colmando mi orfandad,

-inaccesible estrella de horizonte-

nostalgiando mis horas,

llenando de curiosidad

y asombro mi delirio,

y modelo tu imagen

en mi mente para adorarte,

igual que Pigmalión.

Afrodita distante;

cíngara inconstante

que danzas en mi sangre

con el sortilegio de un beso.

PESADILLA.

La vereda camina bajo mis pies,

trato de no pisar las baldosas rojas,

traen desgracia.

Pero hay un sitio donde el suelo

fue reparado y no hay baldosas…

me detengo;

imposible seguir…

¿ que hago..?

un transeúnte me mira,

luego otro,

se aparta de mí,

pasa de largo y sacude la cabeza

casi con lástima,

¿ le doy pena…?

Lo miro alejarse y me pregunto

como hizo para cruzar el mar…..

como hizo para caminar sobre el agua…?

Lo admiro….

debe ser un sabio.

Pero veo que otros también lo hacen….

¡ todos pasan…!

Yo miro con temor y no me animo a cruzar…

¿ estaré loco…?

¿ todos saben caminar sobre el agua..?

sonrío como un estúpido,

trato de disimular mi miedo.

Un anciano que se apoya en un bastón

se detiene a mi lado, me mira con atención,

como inquiriéndome,

luego sigue y también cruza el mar

con su bastón.

Me animo,

sonrío como para que los demás

vean que soy como ellos,

y me aventuro, cruzo, me hundo,

me ahogo…!

Manoteando desesperado logro salir,

jadeante,

y quedo en la vereda, apoyado en la pared,

….empapado hasta los huesos.

OH…..MAR…

Oh…..mar…..

universo abismal

de misterios,

cementerio sin lápidas

donde yacen las sombras,

donde los manes tejen

sus historias en borrascas

y rompen sus secretos

en el acantilado.

Lugar de amores sin regreso.

Las nereidas cantan su hechizo

de sirenas

enamorando al erizado viento,

y en el profundo reino de Neptuno

duermen silentes galeones

acunando los huesos de sus muertos.

Se hace remanso en la playa tranquila,

la espuma barre arenas de nostalgia,

y en la orilla salobre,

con las ojeras llenas de horizonte

hay solo una mujer;

que aún cree y espera.

AYER NOMÁS.

Retazos,

girones de vida,

la imagen de un parral,

unas glicinas,

y un patio con frescura de malvones.

 

Una pelota azul,

y un barrilete de papel crepé

con flecos como melena al viento,

y en los vericuetos de las escondidas

la carrera final y un: piedra libre.

 

Mi madre tiende ropa en el cordel,

mi viejo silva un tango,

la novela de la tarde,

el conde de “Lagardere”

y la estocada secreta.

 

El sábado llega el tren

y con él las revistas de aventuras,

el olor a tinta despierta nostalgias,

el ahorro de toda una semana

para llenar los ojos de fantasía.

 

La herrería de Don Ángel

y sus cuentos,

los aviones y mi asombro,

mi casa…….

Y ese niño que fui.

 

23/9/200


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