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YO KAMIKAZE

Me defino como la kamikaze Nº 1 de todas las nueras que odian a sus suegras. Claro, porque el sábado fui otra vez de visitas a su casa.

Manuel quiso ir a ver cómo andaba su madre y de paso llevó al nene para que se ponga contenta. Igual le anticipé que la muerte de su hermana no le había afectado en nada, a lo que él me respondió que ya sabía eso y que de todos modos quería verla. Muy bien, vaya a lo de su mami.

Yo aproveché para hacer las compras para la cena y cuando terminé, fui a lo de Inés para que después no diga que no voy a verla, que Manuel va solo porque yo no quiero ir y esas cosas que sé muy bien que las debe pensar.

Para no perder la costumbre, Inés tardó una eternidad en atender la puerta y ni un solo mate me cebó. Estuve poco tiempo porque Manuel ya se iba y yo no tenía intenciones de quedarme con la bruja. Le pregunté como estaba, dijo que “bien, qué se yo…”. Pero no lo dijo convencida y de manera creíble, sino más bien lo dijo como para victimizarse, con cara de “hago de cuenta que estoy triste pero con disimulo”, no sé si me explico… NO LE CREO.

Para no perder tampoco la costumbre, me habló mal de mi cuñada Erica, que hace mucho que “no aparece” y no sé cuantas cosas más. Criticó a su suegra (tendrá un blog al respecto? je je!) pero por los tiempos pasados: que cuando tenía los nenes chiquitos ella le hacía esto y aquello. Habló, habló y habló como un loro… mareándome porque salta de un tema al otro.

Me adelantó que el fin de semana que viene mi cuñado (uno de los melli, el hacendoso) tiene pensado hacer un asado para festejarle el cumple a la abuela, que soplará nada más ni nada menos que 88 velitas. La pobre vieja, desde que murió su hijo Pedro (mi suegro), detesta “festejar”… y es comprensible. Pero bueno, allá iremos y trataremos de que pase un momento agradable (aún teniendo a Inés como nuera)

A palabras necias, oídos sordos

Acá les tiro unos cuantos comentarios y actitudes envidiosas de Inés. Ya les conté que es super envidiosa, de mi mamá, de su propia hija, de mí… en fin! Sin más vueltas acá van:

  • Sábado a la noche (el día que Inés se quedó a cenar) viene mi hermana a casa a buscar algo y como venía con unas amigas, le pide “prestado” el bebé a Inés para llevarlo a la calle así sus amigas lo veían. Entro a casa con el nene en brazos cuando mi hermana se va y se lo doy a mi suegra que dice “qué envidiosa!” así como en tono de broma y riéndose. No sé si lo dijo por ella misma, como que sintió envidia porque mi hermana se lo llevo afuera unos minutos o si lo dijo justamente por mi hermana que “le quitó” el bebé. No sé pero me da por las bolas que diga pavadas…

  • Me encuentro con Inés en mi los pasillos de mi anterior lugar de trabajo. Ella había ido a otra oficina a hacer unos trámites. Yo paso por su lado la saludo y ella mirándome de arriba abajo me dice: “qué linda ropa tenés!”. Yo no dije nada porque siempre se está fijando qué llevás puesto y me da mucha bronca. A los pocos días aparece en mi casa vestida con un pantalón similar al que yo tenía puesto ese día y que ella me halagó. Todavía es tan tonta que no disimula y me comenta que lo compró porque le gustó el mío. Yo (tremenda guacha) le digo: “Ah sí, pero ese pantalón que yo tengo es el uniforme que nos dieron. En mi trabajo todas andamos así”. La maté… jeje!

  • Una de las veces que vino de visitas a mi casa me pregunta qué había hecho esa tarde con tanto calor. Le cuento que habíamos ido a la pileta con el bebé y que yo aproveché a tomar un poco de sol. Ella me dice: “Ay, yo también tomé sol, se nota?”. Es una mujer grande, che! Qué se tiene que andar haciendo la pendeja diciendo que tomó sol y no sé que más! No quise imaginármela en malla y menos en bikini!! Puaj!!!

  • Me dice: “Qué lindo tenés el pelo! Te hiciste algo?”. Así hubiese salido recién de la peluquería con un super peinado, yo le contesté que no, que en realidad lo tenía muy largo y algo descuidado. Luego agrega, acariciándose la melena y llevándosela al costado como si fuera una modelo: “Yo también me lo estoy dejando largo, me queda mejor. Y me lo voy a aclarar también”. Repito lo que dije más arriba: es grande, tiene más de 60 años, que deje esas pavadas para pibas jóvenes que se andan preocupando por su look o si se hacen lo de última moda en peluquería!

  • El otro día me mira de arriba a abajo (como hace siempre) y me dice: “viste que flaca estoy? Sigo bajando de peso, pero me queda bien.” ¿¿¿Qué??? Si parecés una pasa de uva de lo arrugada que estás!!!! Yo le digo “Ahh, mirá vos!”. Cero onda. Y le digo, para darle bronca: “Yo también estoy más flaca, perdí medio kilo más sin querer”. Pero ella justifica mi pérdida de peso diciéndome que es porque estoy amamantando. Claro! Yo ya lo sé pero se lo dije para hacerme la que estaba enganchada en esa, en hacerme la flaca como una pendeja, tal como ella lo hace. Debería haberle dicho “si estás perdiendo tanto peso es porque seguro tenés alguna enfermedad”, bien turra!

  • Para Nochebuena Inés se vistió con una remera verde que según dijo “no sabía si ponérsela o no” porque no quería “parecer una negra con ese color” (?), entonces me pregunta a mí si me gustaba y le digo que sí, que es un color alegre y que se usa, de hecho yo tengo ropa color verde. Es verdad, la remera no era fea para nada, yo la usaría. Pues desde que le dije eso, cada vez que viene a casa, lleva puesta esa remera. Pareciera que como le dije que me gustaba, se viste con ella siempre que viene de visitas para que yo “se la envidie”, no sé…

  • En un par de oportunidades me ha comentado como al pasar que mi cuñada está celosa porque yo nunca dejé el nene a su cuidado. Primero que nada, yo ante esos comentarios nunca dije nada porque no sé si son ciertos. Segundo, mi cuñada jamás se ofreció a cuidar a mi hijo ni me pidió que lo deje en su casa cuando yo tengo cosas que hacer. Por otra parte, con Erica tenemos mucha confianza y si realmente sintiera celos porque yo dejo a mi hijo en casa de mis padres o con mi hermana y no con ella, creo que ya me lo hubiera hecho saber de alguna forma. Por lo tanto, creo que en realidad la que se siente celosa y envidiosa es Inés pero la pone a mi cuñada como excusa para ver qué hago o digo yo al respecto. Por eso es que hago de cuenta que no escucho nada cuando me lo dice. La próxima vez que esté con Erica le voy a preguntar directamente si es cierto lo que su madre anda diciendo. Y chau, se terminó el tema. No me gusta eso de “llevar y traer” comentarios, dimes y diretes. Pero Inés, como ya he contado, es fanática de tejer maldad y sembrar cizaña, más sabiendo que con mi cuñada nos llevamos de maravillas.

Bueno, ya ni quiero rememorar más (al menos por hoy) todas los cosas que dice y hace este mal bicho que es mi suegra. A parte cuanto más escribo sobre ella, más la detesto!!! A uds. no les pasa lo mismo? Jajaja!!!

Hasta pronto!

+ Q.E.P.D. +

Mi suegro Pedro falleció hace 3 años a causa de una enfermedad terminal y a causa del abandono de su linda esposa. Decidió no hacer ningún tipo de tratamiento debido a lo avanzada que estaba dicha enfermedad. Nadie de su familia (hijos y esposa) se opuso, dejó que él decidiera lo que consideraba mejor para sí mismo. A mi criterio, no tendrían que haberse quedado de brazos cruzados viendo cómo se moría lentamente el pobre.

Inés vaticinó que se moriría Pedro mucho antes de que se hiciera algún estudio médico. No señores, ella no es doctora, es bruja.

En una conversación que tuvimos al respecto ella me dijo: “Está mal Pedro, tiene tales síntomas… me parece que es algo malo y se va a morir”. Yo me quedé helada y no pude más que decirle que lo conveniente era que Pedro acudiera de inmediato a un médico y que se hiciera los estudios correspondientes; que no nos anticipemos con un diagnóstico negativo desde nuestra ignorancia y desconocimiento.

Pero ella es bruja, como ya dije, y los análisis confirmaron su predicción. Operación de por medio, Pedro empeoró y al cabo de unos meses falleció.

Fue un lunes al mediodiía, no me puedo olvidar. Le avisan a Manuel de la trágica pero sospechada noticia. Por esos días era terrible para él contestar un llamado porque se imaginaba lo peor. Y sucedió. Enseguida nos alistamos para ir a casa de sus padres.

Detrás nuestro llega el móvil de la sala velatoria para llevarse el cuerpo. Una situación de mierda, nunca antes había vivido algo similar.

En eso mi suegra me mira y me increpa con esta desubicada pregunta “-Y vos? Por qué no viniste en todo este tiempo? Tenés algún problema conmigo?”. De nuevo, me dejan paralizada sus palabras. Le contesto que no es el momento de ponerse a discutir esas cosas, que igual no me pasaba nada. Me estaba cuestionando por qué hacía tanto tiempo que no iba “de visitas” a su casa.

La verdad era que Pedro en sus últimos días no estaba para nada bien y no quería recibir ningún tipo de visitas, ni siquiera quería que sus hijos lo vieran así, menos iba a ir yo. Pero más allá de mis explicaciones, no tenía nada que ver que ella se estuviera preocupando por esas pavadas en ESE MOMENTO. Tenía a su marido recién muerto en el dormitorio y la señora se hacía la ofendida conmigo! Les juro que la imagen de su cara de orto queriendo buscar pelea me quedó grabada en la retina.

Dicen por ahí que el cáncer es una enfermedad que se “despierta” en las personas que viven angustiadas, haciéndose “mala sangre”, tienen o se hacen muchos problemas, complicaciones, mala vida, etc. El pobre Pedro tuvo todo eso y más gracias a Inés. Estoy 100% segura de que se murió por el abandono de su esposa, su maldad, su habilidad para arruinarle la vida, de complicar las cosas, de generar problemas.

Que En Paz Descanses, Pedro. Se que ahora estás bien…

MALA MALA MALA ERES

Esta anécdota es el colmo de una suegra mala.

Yo estaba en mi casa, hacía 3 días que había parido a mi hijo, imagínense el humor post-parto y los nervios típicos de madre primeriza. El acontecimiento más grande y más importante de mi vida se vió opacado por otro comentario malintencionado de ella y con un tinte de hijaputez tremendo.

Inés viene a casa como hacía todos los días por ese entonces y, como yo estaba recostada y algo dolorida, pasa al dormitorio. Me levanto a buscar no sé que cosa o al baño (no me acuerdo ahora pero no viene al caso) y estando en camisón me mira de arriba a bajo y me dice casi horrorizada: “- ¡Qué panza te quedó María!

¿Lo pueden creer? Porque yo casi que no caigo en ese momento lo que esta mujer me estaba diciendo. Les recuerdo que yo hacía 3 días había dado a luz un bebé de 3 kg. Nada más que 72 hs habían pasado y ella estaba asustada/preocupada por mi panza y lo gorda que estaba!!!!

No pude más que balbucear una respuesta algo nerviosa: “- A mí no me parece que sea para tanto, si solo engordé 8 kg durante todo el embarazo!” Para que se den una idea, a los 10 días del parto pesaba lo mismo que al momento de quedar embarazada, y al mes ya estaba por debajo de ese peso.

Siempre se encargó de hacerme notar cuando estoy gorda, inclusive ahora. Cada vez que nos vemos me pregunta si estoy siempre igual o aumenté de peso. Y yo casi despectivamente le digo la verdad, que como estoy amamantando sigo perdiendo kilos y que hace rato que no estoy tan flaca . Ella es la única que me dice estas cosas cuando todo el mundo nota lo delgada que estoy. No es por fanfarronear, pero es realmente evidente que perdí varios kilitos después de tener al bebé.

No se puede ser tan guacha. Son típicas estas actitudes “suegriles”. Por lo menos en el caso de Inés. A ella le encanta hacerme sentir mal aún cuando sabe que es totalmente lógico tener panza después de un parto, no? O acaso ella después de parir a los mellizos quedó como Pampita?

Nunca me deja de asombrar lo mala mala mala que es!!!!


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