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Más cansada que el viernes

El fin de semana esperaba descansar un poco porque la semana pasada fue de locos, anduve a mil, perdida en el tiempo (no en el espacio) y no sabía ni en qué día vivía.

El viernes llovió así que aproveché para dormir una linda siesta junto a mi hijo. Hasta acá todo bien.

El sábado el gordito se despertó temprano así que no quedó otra que arrancar la jornada antes de lo previsto. Me puse manos a la obra: me dediqué a la cocina y después a la limpieza de lo más básico ya que por suerte estaba todo en condiciones aceptables. Se me fue el día no me pregunten en qué porque no sé.

El domingo también el bebé estuvo madrugador y antes de las 9 ya empezó a dar vueltas queriendo levantarse. Lo ahice guantar hasta las 10.30 y ahí si arriba! Ya vestido y desayunado, lo dejo jugando con el padre para empezar con mis tareas: poner el lavarropas, tender la ropa que ya se había lavado, barrer y demás etcéteras super aburridos.  Luego incursioné en una actividad desconocida y con cierto misterio para mí hasta el momento: la jardinería.

Desde que nos mudamos a nuestra casa (hace ya casi 2 años) nunca planté nada, ni siquiera perejil. Así que era una tarea pendiente para mi. Fuimos al vivero y compramos un liquidambar (es un árbol que particularmente me encanta!) para la vereda y un laurel de jardín para el patio. De ellos se ocupó mi maridito, pero para el resto de las plantitas tuve que arremangarme yo.

Liquidambar

Liquidambar

Laurel de jardín

Laurel de jardín

 

 

 

En total planté 2 arbustos, 2 trepadoras y 3 margaritas. Lo cual no es poco teniendo en cuenta que NUNCA planté nada. Espero tener suerte y que el perro no me las destruya ni las seque con su pichí (les juro que se lo corto si hace eso) y que sobrevivan las pobres plantitas. Sé que para eso requieren de mi cuidado y prometo hacer todo para tener un lindo jardín. Ahora no me pidan que les hable porque ya me imagino la cara de los vecino si me ven sentadita en la vereda conversando con el liquidambar! Lo menos que harían es llamar al servicio de salud mental!

Así es que hoy lunes, estoy más cansada que el viernes culpa de la bendita pala y la p*** madre que la parió a la tierra dura de mi casa!

 Bueno, eso es to-to-tooodo amigos!!!!

Me quieren contar que hicieron el fin de semana? Avanti….

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Historia de cama (y de un colchón)

Inés sabía que estábamos armando la habitación para el bebé, aunque éste todavía no la use, queríamos dejarla acondicionada y ordenada. Además por si recibimos visitas tener un lugar acorde donde hospedarlas, no un improvisado “galpón” adonde va a parar todo lo que no usamos o usamos poco (alargues de enchufes, herramientas, cajas con ropa, etc.)

Entonces armamos una cama que mis padre nos prestaron pero nos faltaba el colchón. Ellos nos ofrecieron uno en desuso pero no lo acepté porque sé que en casa de mis padres siempre lo necesitan para visitas.

Inés nos ofreció uno también en desuso. O por lo menos eso fue lo que dijo.

Manuel aparece con el colchón viejo todo enrollado y atado con una soguita. Estaba algo rota la funda y se podía ver la gomaespuma, pero parecía que servía por lo menos para salir del paso.

Lo colocamos en su lugar y lo cubrimos con un acolchado hasta conseguir un juego de sábanas de 1 plaza porque la verdad es que nunca se nos dio por comprar. Era inútil ya que ni teníamos cama ni lugar para una antes de mudarnos a nuestra casa.

Mi querida abuela nos regala un lindo juego de sábanas celestes para que use el niño cuando crezca. Agradecimientos por el detalle, no se tenía por qué molestar.

Menos mal que no se me ocurrió armar la cama con las sábanas nuevas y todo!!!! Resulta que yo cuando limpio el cuarto donde está la cama y el colchón en cuestión, noto que debajo de la misma hay muuucha tierra y pienso “no debería dejar la ventana abierta porque entra mucha tierra con el viento” y le recomiendo lo mismo a Manuel.

Pasados unos días (muchos para mi gusto) Manuel me comenta que el colchoncito, como es algo viejo, larga tierra y que su mamita no se la pudo sacar pese a haberle dado unos sacudones (según lo que él me dijo).

Así que era el bendito colchón de tu mamá el que me ensuciaba todo!!!!” exclamé yo casi eufórica de calentura. “¡Cómo nos va a dar un colchón que larga esa mugre! Es un asco, me lo sacás ya mismo y lo tirás al diablo. No lo quiero acá”, seguí escupiendo con bronca.

Qué más puedo decir al respecto! Sin palabras.

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