LAS FARC, SÓLO PALABRAS
Con este mismo titular, el editorialista de El Espectador del día de hoy, hace referencia al show presentado en el Encuentro por la Paz celebrado en Barrancabermeja donde se exhibió un vídeo del cabecilla narcoterrorista Alfonso Cano y hace un interesante análisis sobre la contradicción que hay en el discurso por la salida política y la imagen del bandido vestido con uniforme de combate y exhibiendo su arsenal.
Parece que el mensaje es claro: Las Farc sólo creen en una negociación dirigida por ellos y donde puedan imponer sus condiciones, como si publicitariamente pudieran mostrar que es el Estado el derrotado y no la organización narcoguerrillera.
La imagen de un Cano adornado de municiones, arandelas y bolsillos militares que no demuestra un propósito, ni real ni muy claro, de cesar el disparo de las armas. Pero además están sus acciones: la agresión guerrillera continúa, los secuestros no paran, los ataques indiscriminados contra la población civil no dejan un respiro en medio de la incesante guerra. En este punto coinciden todos los expertos. Incluso aquellos parados en orillas ideológicas distintas, desde Alfredo Rangel, de la Fundación Seguridad y Democracia, hasta León Valencia, director de Nuevo Arcoíris. Todos dicen, a grandes rasgos, lo mismo: no hay muestras de buena voluntad[1], que son las exigidas por la sociedad colombiana e internacional para acceder a posibles negociaciones que pongan fin al conflicto.
Los actos de las Farc contradicen abiertamente su discurso. Nada dicen en sus discursos y comunicados frente al clamor nacional para que liberen sin condiciones a todos los secuestrados, a los niños, niñas y adolescentes reclutados a la fuerza, a la renuncia al terrorismo como arma de intimidación política, al secuestro, a la extorsión. Siguen haciéndose los sordos frente a las señales del mismo presidente Santos, quien ha asegurado que la puerta del diálogo no está cerrada y la llave, guardada en su bolsillo, será usada cuando renuncien a esas prácticas narcoterroristas.
Las Farc siempre han ahogado ese clamor nacional con sus bombazos, sus minas antipersonal, los secuestros y las extorsiones y con la estridencia de un discurso anacrónico que nunca les ha dado resultados políticos como se aprecia en la ausencia de apoyo popular a su pretendida causa revolucionaria.
Las Farc no parecen vivir en el mismo país de 2011 en el que estamos los demás colombianos, sino en aquel mito fundacional de Marquetalia que le ha costado al país —por errores de ambos bandos, es verdad— cincuenta años de sangre. Todo parecería indicar que para ellos el ambiente no ha cambiado nunca: ni con la Constitución del 91, ni con los diálogos frustrados del Caguán, ni, ahora, con la promisoria ley de víctimas y restitución de tierras o con esta puerta semiabierta del presidente Santos[2].
Como bien dice el editorialista de El Espectador al referirse al vídeo de Cano, estas palabras lanzadas al aire sin un cambio en los hechos para que puedan ser creíbles, más bien parecerían reflejar un temor de las Farc a ser derrotadas militarmente. Lo que les falta a las Farc es una intención real, una actitud que vaya más allá de las palabras, una vuelta a la hoja para empezar a tragarse el orgullo y el miedo condescendiente, y así poder encontrar esa llave que Santos guarda en el bolsillo. Si no, la guerra continuará. Y sus opciones de influir o incluso sobrevivir serán cada vez más escasos[3].
Mientras en las escuelas de formación militar del Estado hace rato se viene hablando de la era posconflicto, en las Farc se forman nuevas células para continuar la agresión terrorista como la llamada ‘Compañía Marquetalia’, en la vereda El Porvenir del municipio de La Julia, conformada por bisoños terroristas reclutados mediante engaño o que han crecido en las filas de la organización narcoguerrillera, dispuestos, dicen, a morir antes que a renunciar a su ideal ‘revolucionario’[4], mientras sus cabecillas viven un exilio dorado en Venezuela, seguramente usufructuando la fortuna amasada con el narcotráfico.
Faiber, Willington 40, los cabecillas de esa célula terrorista, son jóvenes entre 20 o 30 años que no han conocido otro modo de vida distinto al del terrorismo, para ellos ese es el mundo real, han sido adoctrinados para que crean que lo que está por fuera es un engaño, una ilusión, de ahí que la sociedad colombiana sea el enemigo, porque vive de una manera diferente, y cabecillas como Alfonso Cano alimentan ese engaño mientras al resto del mundo le hablan de paz.
[1] EL ESPECTADOR. Las Farc, sólo palabras. Editorial. Miércoles 17 de agosto de 2011. En: http://www.elespectador.com/opinion/editorial/articulo-292296-farc-solo-palabras
[2] Ibíd.
[3] Ibíd.
[4] EL ESPECTADOR. Las Farc desde adentro, modelo 2011. 30 de abril de 2011. En: http://www.elespectador.com/impreso/judicial/articulo-266188-farc-adentro-modelo-2011
- Sin Comentarios
- Sin votos
- Reportar este Posteo


Ultimos Comentarios