ALIMENTACIÓN EN LA TERCERA EDAD
“Benditos los que son capaces de comprender que me tiembla el pulso y que mis pasos son lentos y vacilantes.”
El paso del tiempo es un factor que suele condicionar la alimentación del adulto mayor, esto no suele estar relacionado con los gustos, costumbres ó los hábitos alimentarios, sino que, por el contrario, ocurre que con el correr de los años se van sucediendo una serie de cambios fisiológicos que afectan el normal funcionamiento de los procesos de alimentación, metabolismo y excreción, entre ellos, podemos citar :
· Disminución de la secreción ácida gástrica.
· Disminución del peristaltismo intestinal con estreñimiento.
· Falta de piezas dentarias ó prótesis inadecuadas que impiden la masticación.
· Disminución de la producción de saliva que dificulta la disgregación del alimento.
· Dificultad para tragar (disfagia).
· Disminución de la visión, que no permite discriminar con claridad algunos alimentos.
· Intolerancia a los Carbohidratos.
· Alteración del metabolismo lipídico, con aumento del colesterol y triglicéridos.
· Aumento de la grasa visceral.
· Disminución de la grasa subcutánea.
· Distribución central, a nivel de la cintura de la grasa corporal.
La disminución de la actividad física suele ser causada por postración, amputaciones, sedentarismo ó soledad. Como consecuencia de todos éstos factores, es frecuente que los adultos presenten síndrome metabólico, diabetes, sobrepeso, dislipemias e hipertensión.
Es así que el plan de alimentación de un adulto mayor deberá contemplar:
· La selección de carbohidratos con predominio de complejos como: granos integrales, vegetales, frutas frescas y secas.
· Las proteínas serán aportadas por carnes rojas, blancas, quesos y lácteos descremados.
· Las grasas que se preferirán son las de origen vegetal y se evitarán las grasas TRANS que están presentes en productos de pastelería, panadería, margarinas.
· No hay que olvidar el agua y fomentar el consumo de 2 litros diarios, porque los mayores tienen disminuido el reflejo de la sed y no suelen consumirla, provocando deshidratación, sobre todo en meses de calor
Hay que recordar que cada plan de alimentación debe ser adaptado y personalizado, contemplando los gustos, hábitos, horarios, nivel de dependencia y sobre todo el “bolsillo” de los mayores.
Tengamos presente que los hábitos que los acompañaron durante tantos años no son fáciles de cambiar, por ese motivo, incorporar nuevos modelos les resulta muy difícil, pero aún así, un adulto en buenas condiciones psicofísicas está en condiciones de participar activamente de su alimentación.
Mónica Correa
Lic. en Nutrición
Miembro titular de la Soc. Arg. de Nutrición
Capacitador para dictado cursos Manipulación de alimentos– Res.837/01
Miembro Com. directiva LALCEC
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