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Estrés y malos hábitos: “Explosión cardiovascular” especialmente en directivos

corriendo traje

Los empresarios y directivos con grandes responsabilidades son considerados una población vulnerable a padecer de enfermedades cardiovasculares debido al gran estrés al que se encuentran expuestos y a los hábitos alimentarios inadecuados presentes como la alta ingesta de grasas de baja calidad ( carnes rojas, quesos, snacks) y azúcares (Ej. gaseosas e infusiones azucaradas).

El estrés es definido como la respuesta adaptativa del organismo humano frente a situaciones que representan una amenaza o que requieren de un esfuerzo psicológico o físico mayor al habitual.  El estrés hoy en día es considerado un factor de riesgo que se caracteriza por afectar al organismo volviéndolo más susceptible a la ocurrencia de enfermedades graves como infecciones, autoinmunes, neoplásicas y como ya dijimos, cardiovasculares.

Existe un patrón de conducta tipo A , identificado por Rosemman y Friedman (1961) quienes la definieron como «un conjunto particular de acción-emoción que tiene cualquier persona comprometida en una lucha crónica para lograr un número de cosas normalmente ilimitadas de su ambiente, en el menor tiempo posible, y/o contra los esfuerzos opuestos de otras personas o cosas de su mismo ambiente».

Las enfermedades crónicas como lo es las afecciones del corazón y las arterias son multifactoriales. Esto significa que no son producidas por una sola causa, sino que se desarrollan a partir de la conjunción de varios factores de riesgo. Algunos de ellos son heredades en nuestros genes y por ello no podemos modificarlos, pero la mayoría de los factores de riesgo son hábitos o conductas mal elegidas a diario.

Los principales factores de riesgo coronario posibles de modificar son:

  • Alimentación desbalanceada
  • Sedentarismo ( inactividad física)
  • Tabaquismo

Estos 3 principales factores de riesgo modificables son responsables de aproximadamente un 80% de los casos de cardiopatía coronaria y enfermedad cerebrovascular.

Según la OMS, las Enfermedades Cardiovasculares son la principal causa de muerte en todo el mundo.

Las principales recomendaciones que hace la Asociación Americana del Corazón (2007) son:

  • No fumar y evitar respirar humo de tabaco
  • Realizar al menos 30 minutos de ejercicio moderado la mayoría de los días de la semana. Preferiblemente todos. Si, además, se quiere perder peso, la actividad física debe oscilar entre los 60 y los 90 minutos.
  • Consumir una dieta rica en frutas y vegetales. Tomar pescado al menos dos veces a la semana. Limitar el consumo de grasas saturadas, de alcohol y sal. El consumo de ácidos grasos ‘trans’ debe ser tan bajo como sea posible.
  • Pescado 2 veces por semana o suplemento de ácidos grasos omega 3 debería considerarse en mujeres que ya padecen una enfermedad cardiovascular o que tienen un alto nivel de triglicéridos
  • La Presión arterial óptima debe estar por debajo de los 120/80 mmHg. Cuando la presión supera los 140/90 mmHg (130/80 mmHg si se padece diabetes o enfermedad renal) está indicada la terapia con fármacos.
  • Los niveles óptimos de colesterol deben ser menores de 100 mg/dL en el caso del LDL o ‘colesterol malo’ y superiores a 50 mg/dL en el caso del HDL o ‘colesterol bueno’. Los niveles de triglicéridos deben ser inferiores a los 150 mg/dL. Una terapia farmacológica para tratar el colesterol combinada con dieta y ejercicio estaría indicada en mujeres con alto riesgo cardiovascular

Fuentes:

http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs317/es/index.html

http://www.elmundo.es/elmundosalud/2007/02/19/corazon/1171914139.html

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La lactancia protege el corazón de las mujeres

Si conoce a alguna embarazada reacia a darle el pecho a su futuro hijo, ya tiene una razón más con la que convencerla. Los resultados de uno de los estudios más grandes realizados en Estados Unidos, con más de 100.000 mujeres, señalan que las mujeres que dan el pecho a lo largo de su vida durante más de 23 meses tienen un 23% menos de riesgo de padecer una enfermedad coronaria.

Lo dicen los médicos, las matronas, las sociedades científicas, la Organización Mundial de la Salud… Hasta algunas productoras de leche en polvo han reconocido en sus campañas publicitarias la superioridad de la lactancia natural frente a cualquier otra opción. Las ventajas para los niños son, tal vez, las más evidentes, pero los pequeños no son los únicos que sacan provecho de esta costumbre ancestral.

Valiéndose de las 121.700 mujeres del Estudio de la Salud de las Enfermeras, que comenzó en 1976 en Estados Unidos, un grupo de investigadores del Brigham Women’s Hospital (de la Facultad de Medicina de Harvard) ha analizado la influencia de la lactancia sobre la salud cardiovascular femenina.

En el año 1986, cuando la participante más joven contaba con 40 años, todas ellas respondieron a un cuestionario sobre el tiempo total que habían empleado en su vida en amamantar a sus hijos. Según esto, establecieron seis categorías que iban desde ningún mes hasta más de 23 meses empleados en esta tarea. Después, recogieron la información sobre los casos de infarto de miocardio y los fallecimientos por problemas coronarios acaecidos entre ese mismo año y 2002, un total de 2.540.

De las casi 90.000 mujeres que tomaron parte en el análisis final, el 63% había amamantado alguna vez y el 1% lo había hecho durante más de 48 meses. Haber dado el pecho durante dos años o más equivalía a un riesgo cardiovascular un 23% más bajo, comparado con las mujeres que no habían practicado la lactancia natural.

Amplios beneficios sobre la salud de las mujeres

Numerosos estudios han comprobado que durante el periodo de lactancia la metabolismo de los lípidos y la glucosa mejora. Algunos de esos trabajos sugieren que estos cambios se mantienen con el paso del tiempo, cosa que apoya el hecho de que dar de mamar a los hijos se haya relacionado con un menor riesgo de diabetes (alrededor de un 15% por cada año de lactancia) y con un incremento de HDL, el llamado colesterol bueno.

La mayor parte de estos factores influye en el riesgo cardiaco de modo que cabría esperar una atenuación de las posibilidades de sufrir una enfermedad cardiovascular asociada a la lactancia natural. Este trabajo, publicado en la revista ‘American Journal of Obstetrics and Gynecology‘, confirma esta hipótesis.

Entre los posibles mecanismos subyacentes a este efecto protector de la lactancia, los autores subrayan la ya citada capacidad para alterar el metabolismo de los lípidos y la glucosa, la facilidad para movilizar los depósitos de grasa (especialmente la grasa más profunda) de las mujeres que amamantan y su posible acción a través de la regulación de las respuestas al estrés.

En el contexto actual, donde las enfermedades cardiovasculares constituyen la primera causa de muerte para las mujeres occidentales, “mejorar las tasas de lactancia tiene un potencial efecto positivo sobre la salud de las féminas”, subraya Erica Gunderson, investigadora del Kaiser Permanente Permanente en California del Norte, en un editorial que acompaña al trabajo.

Fuente: http://www.elmundo.es/elmundosalud/2009/02/27/mujer/1235753146.html

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