La ignorancia es la peor epidemia que debemos combatir
por Pablo de la Iglesia Días atrás, en una visita a la ciudad de Chajarí y coordinada por AALCEC, nos visitó el Dr. Jorge Cura para exponer sobre las alternativas que hoy se disponen para prevenir o tratar el cáncer, especialmente las variedades de de mama y útero.Opinó sobre el controvertido tema de las vacunas para el Virus del Papiloma Humano (VPH), precursor del cáncer de útero; citado por “Chajarí al Día”, sostuvo que se presentan como una opción para prevenir esta patología, Cura aseguró que son dos las existentes en plaza. “Estas dos vacunas son muy efectivas, tienen un buen rango de protección, por 5 años, y previenen casi el 70 por ciento de las variedades que es mucho. Son vacunas que, teniendo en cuenta lo que sale el tratamiento de un cáncer, son económicas”, manifestó el profesional. Finalmente concluyó que “lo que se debe tener en cuenta es que hay que aplicarlas en una edad muy temprana, a los 9 o 10 años, y esto es algo que suele causar reticencia en las madres”, advirtió. Personalmente creo que la información, tal como se expuso, es inadecuada e incompleta; además, en la comunidad médica es muy cuestionada su aplicación en niñas puesto que se han apreciado algunos efectos secundarios graves que, al menos requieren mayor investigación. Esto, que pasó en nuestra ciudad, la visita del Dr. Jorge Cura, está enmarcada en una campaña de difusión mundial que en Argentina está fuertemente impulsada por LALCEC; por ejemplo, meses atrás, hemos visto una publicidad televisiva a cargo de la modelo Araceli Gonzalez. Al respecto debemos repetir lo que dijera el año pasado María Inés Marcheghiani de Ucke, presidenta de la citada ONG, una aseveración que no debería pasar desapercibida: “siempre los laboratorios financian nuestras acciones, es la única manera que tenemos de seguir. Lo hacemos todo a pulmón” Por supuesto, ante tanto dinero en juego, los medios de comunicación no preguntan si la información es veraz o completa; por supuesto, quienes pretendemos dar a conocer esta “verdad incómoda”, tampoco contamos con financiación para hacerlo eficientemente y no nos queda otro recurso que Internet, el propio ingenio y el sentido común de la gente expresándose boca a boca. Al respecto de las posibilidades reales de la vacuna, Marcos Peluffo, especialista en Ginecología, se refirió a este tema en Marzo del 2007: “Las industrias farmacéuticas arrancan con una falacia: la vacuna desarrollada no previene ese tipo de patología sino el VPH (Virus del Papiloma Humano)”. Específicamente contra dos de sus variedades (de las 15 conocidas) que generan parte de los casos, es decir, la protección de la vacuna, que lleva siendo evaluada en humanos poco más de cuatro años, es muy incompleta. No hay una vacuna contra el cáncer de útero, tan sólo contra algunas variedades de VPH. “VPH no es sinónimo de cáncer” manifestó Peluffo, quien aseveró que la equivocación es “fraudulenta” y genera “desconfianza” en la comunidad. Por otra parte, los profesionales de la salud temen discutir con grandes empresas, concluyó. El CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos) informó haber recibido 10.326 reportes de eventos adversos luego de la vacunación para el VPH en Estados Unidos (esto es información actualizada a principios del 2007, actualmente los casos son muchos más). “De esos casos, el 94 por ciento fueron reportes de eventos considerados no serios, y el 6 por ciento fueron reportes de eventos considerados serios”. Estos incluyeron 27 muertes; once de las muertes estuvieron vinculadas a enfermedades no relacionadas con la vacuna, mientras otras estaban siendo analizadas. “Los reportes de eventos adversos no serios después de la administración de la vacuna para el VPH han incluido desmayos, dolor e hinchazón en el lugar de la inyección (el brazo), dolor de cabeza, náuseas y fiebre”. Algunos de los eventos serios incluyeron el síndrome Guillain-Barre, una condición que provoca debilidad muscular, consecuencia de aparentes procesos infecciosos. Aunque estas apreciaciones no desacreditan el potencial de la vacuna, es oportuno aclarar que debemos ser cautos en las campañas informativas y divulgar información precisa. Las precisiones del Ministerio de Salud en relación a la importancia de seguir haciéndose el test de Papanicolau han sido apropiadas pero insuficientes, siendo la Ministra Graciela Ocaña misteriosamente silenciada luego de iniciar una actuación correcta al respecto. Más allá de lo dicho, este caso también revela maniobras legítimamente cuestionables que deben ser abordadas con seriedad por los representantes del pueblo en el Congreso, completamente autistas al tema hasta el momento. Hay que decir algunas cosas con claridad para ser fieles al espíritu científico y el bien común: No hay ninguna vacuna contra el cáncer de cuello de útero, tan solo contra unas pocas variedades de su precursor, el VPH, que no es sinónimo necesario de cáncer.
La vacuna, con la cual se pretende tratar a millones de niñas, tiene probados efectos secundarios que se han manifestado en todo el mundo. En el corto tiempo que lleva aplicándose, por ejemplo, en España ya ha afectado a más de un centenar; treinta y cinco de ellas con reacciones graves y dos de ellas con riesgo para su vida. Sin olvidar, por supuesto, los casos citados más arriba para EE UU.
Si desea vacunar a su hija, consulte a dos o tres médicos, muchos se han vuelto críticos y seguramente le recomendarán que, por lo menos hasta que se hagan más ensayos y la vacuna se perfeccione, no lo haga. Dicho con palabras de un periodista español: “LA AFIRMACIÓN DE QUE LA VACUNA PREVIENE EL CÁNCER DE CUELLO DE ÚTERO ES GRATUITA. JAMÁS HA SIDO DEMOSTRADA. COMO NO ESTÁ DEMOSTRADA SU INOCUIDAD. Por tanto, lo reiteramos: ¡NO VACUNE A SU HIJA!” En cualquier caso, sugiero que no olvide preguntarle al profesional que la atiende si ya ha procedido a vacunar a su hija o lo haría en el caso de que tuviera una. No se trata de cuestionar las buenas intenciones de la gente que trabaja desinteresadamente en ONGs. como LALCEC, tampoco las de miles de médicos que han sido adoctrinados para aceptar sin condiciones lo que el autoritarismo corporativo impone a la profesión; todo lo contrario, pretendo ponerme a su lado con la intención de ayudarnos mutuamente a correr el pesado velo que impide que veamos con toda claridad que el sistema sanitario, en casi todas sus facetas, se ha vuelto costoso, ineficiente y universalmente corrupto. Si los ciudadanos, los profesionales serios, los informadores y la ciencia nos tomamos de las manos, podemos recuperar la medicina para aquello que nunca debió dejar de ser: EDUCAR, PREVENIR y CURAR.
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