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Mayo 6, 2009 | Por poreldespertar | Claves: ambiente, crisis, financiera, medio, multinacionales, street, wall | # Enlace permanente
El estudio del IFPRI “Expropiación de tierras por parte de inversores extranjeros en países en desarrollo”, elaborado por Von Braun y Ruth Meinzen-Dick del Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias, ha calculado que unos 20 millones de hectáreas han sido compradas por gobiernos o corporaciones foráneas o están en operaciones de venta.
Esta tendencia se agravó durante el 2008 con la crisis alimentaria global y aceleró la apropiación por parte de países ricos que buscan garantizarse la seguridad alimentaria y el acceso al agua; así mismo se calcula que el 25% de las mismas se destinará a plantar con objeto de producir biocombustibles.
La mayor parte de las inversiones provienen de China, Corea del Sur, India y los estados del Golfo Pérsico o Arábigo, y el principal destino de las mismas es África y Latinoamérica en un grado menor pero igualmente llamativo.
Al igual que en Argentina, en estos países se está propiciando un genocidio de los pueblos aborígenes cuyo derecho consuetudinario a la propiedad no es reconocido ni por los compradores foráneos ni por sus propios gobiernos, quienes los expulsan, los matan o los abandonan a su suerte.
Sumamos a esto el control de los agroinsumos en manos de pocas corporaciones multinacionales, quienes también han sometido la independencia de los pequeños y medianos productores que ven reducida su rentabilidad a pesar del aumento de la producción; el trabajo del campo se ha vuelto cada vez más insalubre, más dañino con el medio ambiente y muy insatisfactorio para el que trabaja la tierra.
Cada vez son más los productores agropecuarios que, gracias a Dios, se disponen a escapar de esta trampa y se replantean su estrategia vital en mayor de una mejor calidad de vida, una actividad respetuosa con el medio ambiente, una promesa de rentabilidad razonable, sustentable y sostenible, y sin lugar a dudas, un futuro más previsible para sus hijos alejándose de este escenario nefasto que nos proponen las corporaciones transnacionales.
La crisis de los alimentos, los manotazos de ahogado de quienes poseen el capital y buscan protegerlo a costa de la soberanía de los pueblos más humildes o subadministrados, la crisis del campo y el escenario político intrascendente que hoy vivimos en Argentina, debería motivarnos a plantearnos un debate franco y sin restricciones acerca de que es lo que queremos para el futuro; es necesario alejarnos de la politiquería demagógica que todo lo reduce a las retenciones y retomar el camino de la cultura de la tierra como una alternativa viable hacia una nueva sociedad en la que el índice de desarrollo más importante sea la felicidad.
Por Pablo de la Iglesia
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Febrero 11, 2009 | Por poreldespertar | Claves: capitalismo, crisis, obama, socialismo, unidad | # Enlace permanente
En el 2001 Argentina se puso de pié contra un modelo de corrupción y desórden (que a muchos les gusta llamar desregulación) al grito de “que se vayan todos”.
2009, distintos ropajes, viejas metodologías y algunas caras renovadas por la cirugía.
No se fue nadie y llegó muy poco aire fresco… que ya no es fresco, ni es aire.
En Argentina prevalece el discurso subido de tono, la expresión vulgar y las antinomias que por momentos calientan demasiado el caldero.
Aquellos que están desde siempre y que son reconocidos como honestos, aún siguen sin tener su oportunidad.
Tenemos los gobiernos que supimos conseguir… Supimos muy poco, conseguimos seguir siendo una nación cangrejo, que va para atrás, que va contramano.
Nadie es respetado si no es respetable. Nuestras acciones individuales conjugan el verbo colectivo y eso no habla muy bien de la argentinidad.
Nos sabemos (o nos creemos) una nación de talentos individuales, aún así los resultados son muy pobres… y los pobres cada vez mas.
La violencia está por donde miremos: asaltos, secuestros, hambre, represión, cortes de calles y rutas… NI UN PASO SERA DADO HASTA QUE NO PACIFIQUEMOS EL PAIS… y la paz comienza en nuestros corazones.
No falló el capitalismo… ni el comunismo, ni las monarquías; falló el ser humano. No hay crisis capitalista, hay crisis moral, desconexión con la experiencia profunda que le da sentido a la vida. Aquí no hubo ni capitalismo ni socialismo, prevaleció el egoísmo; es lo que falló y va a volver a fallar… no importa que nombre le pongamos o que elocuente filosofía lo justifique.
Abocarnos al desarrollo humano, a reconocernos moralmente miserables como primer paso, a buscar la experiencia espiritual que nos devuelva el registro de UNIDAD y la capacidad de celebrar las diferencias.
Obama arrimó una esperanza en nuestros corazones. No es por su color, realmente sus ideas tampoco son re-evolucionarias, e intimamente sentimos que hay que darle tiempo para que prepare a la sociedad… Es porque habla pausado, porque inquiere antes de hacerlo; porque es educado y tiene conciencia cívica; porque es respetuoso de la libertad; porque no va con los botines para adelante, es humilde, acepta sus errores y corrije sin apego a sus ideas.
Nada nuevo en la teoría de lo que “debería ser”, revolucionario en los hechos.
Tiempo de crisis y grandes oportunidades. El miedo nos mantiene apegados a la crisis conocida en lugar de lanzarnos con entrega a la oportunidad por conocer. Realmente, no hay crisis afuera, eso es una ilusión que nos mantiene encadenados al piloto automático; hay crisis adentro… y la debemos resolver en profunda comunión con nosotros mismos.
Pablo de la Iglesia
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Febrero 7, 2009 | Por poreldespertar | Claves: aldai, crisis, koldo | # Enlace permanente
No se habla de otra cosa en tantos lugares. Aún será por tiempo el monotema, el siniestro y amenazante fantasma colectivo dispuesto a seguirnos en días futuros. El mantram machacón de la crisis es repetido a todas horas por los medios de comunicación. La palabra viene asociada a un paralizante pesimismo colectivo. ¿Pero en realidad de qué crisis estamos hablando? Junto con la bolsa no se desplomaron los cielos, ni sus estrellas. El sol no se levanta más perezoso, ni la huerta nos honra con menos regalos. La madre tierra sigue dando y nuestras manos pueden seguir recogiendo en abundancia. No huyeron los peces de los ríos y mares, ni escondieron las ramas sus frutos… ¿Dónde está la crisis? Probablemente dentro de nosotros y en el sistema que hemos creado.
He contemplado las marchas de parados y amenazados de despido, concretamente en el polígono industrial de Landaben en Pamplona. Custodiado por la policía, avanzaba un clamor lánguido reclamando soluciones. He visto manifestaciones con poca fuerza y garra, admitiendo una suerte de fatalismo que pareciera sólo pueden evitar la empresa o la administración.
Es fácil coger megáfono y corneta y estampar en el viento nuestra impotencia, pasearse con una mano en el bolsillo y la otra en la pancarta. Es sencillo pedir a los otros que nos salven, que no nos priven de nuestro puesto de trabajo, sin embargo dudo que sea la hora del solo grito y el megáfono. Quizás sea también la hora de poner a trabajar nuestra imaginación y comenzar a visualizar otro tajo, otra industria, otras ciudades, otro campo…
Nunca se cierran todos los caminos. Hemos de reencontrar nuestro puesto en el mundo, quizás no ya nuestro puesto en la cadena de montaje de la multinacional de turno en crisis. Los nubarrones no se extienden por doquier. La tan mentada crisis tiene muchas lecturas. Es preciso evitar la más derrotista. Sí hay un sistema económico individualista y depredador que se quiebra. Lo fácil es parchearlo, lo difícil es alumbrar uno nuevo. El viejo mundo ya no da más de sí, y la crisis nos brinda la oportunidad de explorar otro, pero esta vez atendiendo por fin a la ley de la solidaridad universal y la prevalencia del bien común.
Este sistema económico ha entrado en la UVI y hay que olvidarse de resucitarlo. Puede tirar algunas millas, pero tarde o temprano se certificará su fin. El progreso individual a costa del colectivo no tiene futuro, la propia vida y sus leyes lo impiden. Lo que no es sostenible se desmorona y las claves de la sostenibilidad son la preservación de la naturaleza y la primacía del beneficio colectivo.
Belem y Davos, y sus respectivos foros social y económico, evidenciaron un año más incapacidad humana para aunar esfuerzos en el alumbramiento del otro “mundo posible”. En Davos los gurús del sistema se sinceraron y admitieron no tener la solución. Se elevó el canto del cisne por su modelo moribundo, pero poco “mea culpa” ha retumbado entre las altas montañas suizas.
En el trópico de Belem tampoco tenían todas consigo. El idealismo genuino, militante y sincero se mezclaba con un oportunismo evidente. La pureza de la utopía se veía teñida una vez más por un populismo interesado. Los salvapatrias de turno no están en condiciones de señalar horizontes. No nos sirven los sistemas que patentizan los Chávez, los Ortega, los Castro…, no digamos los socialismos “made in China” o “Corea”, que no sólo reproducen las mismas lacras capitalistas, vistiendo con uniforme a quien abusa, sino que además privan de las mínimas libertades.
No nos sirve la fórmula de Zapatero y del “establishment” político que se limita a reactivar el mismo circuito vicioso de incentivación del crédito para reactivar desaforado consumo. ¿A la postre, qué habremos aprendido con esta lección? Menos nos sirve el ariete por nombre “crisis” que ha encontrado Rajoy para derribar al Gobierno, a sabiendas de que la situación desborda el marco estatal y la sola actuación política.
¿Para qué nos sirve la crisis? Para parar, reflexionar y empezar de nuevo. Ahora con otros principios, con otros valores, con otro norte. La crisis nos sirve para reorientar el futuro particular y colectivo. ¿Quizás el ritmo y la forma de vida anterior estaban equivocados? ¿Quizás era falsa esa felicidad asociada a la acumulación de cosas?
Muchas soluciones apuntan a correcciones de maquillaje, pero no estructurales. Lo más grave de esta crisis sería que a golpe de subvenciones, a fuerza de parches y más parches, no cambiáramos nada. Lo más grave de esta crisis no son siquiera las colas en el INEM, sino esa triste nostalgia de una tarjeta de plástico sin límite de consumo, esa añoranza de un abotargante confort. Más grave que esta crisis económica, hipotecaria, energética o incluso alimentaria global, puede ser la crisis de voluntades, de coraje, de iniciativa y creatividad para rehacer un mundo nuevo.
Ha hecho “crack” el sistema a causa de los individuos y entidades financieras con pocos escrúpulos, ¿pero quién nos dice que el mismo sistema enfermo no generará mañana otra casta de depredadores? Bendita sea la crisis y la oportunidad que nos presenta de jubilar anticipada y definitivamente a los brokers y demás expendedores de “subprimes”, de echar pronto candado a los parquets de las bolsas… Bendita esta crisis y la posibilidad que nos brinda de fomento de una industria más pequeña y sostenible que produzca elementos útiles, no superfluos, contaminantes o destructores. Bendita la crisis y su opción de desinflar megaurbes, de volver a la tierra, a la economía real; de empezar a desarrollar a mayor escala comercio justo, trueque de servicios, intercambio local en base a productos ecológicos, artesanales…
¡Basta de maldecirla! Pintemos la crisis de futuro y esperanza. Al fin y al cabo nos sugiere que si no despilfarramos hay para todos, que lo pequeño es sostenible y hermoso…; al fin y al cabo nos invita a que produzcamos lo justo y necesario, que repoblemos el campo, que abracemos la naturaleza… Al fin y al cabo anima a nuestras manos a que vuelvan a crear y a nuestra mente a tirar de una utopía, de unos sueños que teníamos tan aparcados.
por Koldo Aldai
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Diciembre 19, 2008 | Por poreldespertar | Claves: crisis, global, sistemica | # Enlace permanente
Estamos ante una crisis global y sistémica. Esto quiere decir, en palabras sencillas, que nos compete a todos y que afecta los fundamentos básicos del universo de lo que entendemos por economía.
La toma de conciencia de la gravedad de la crisis apenas comienza a expresarse en la opinión pública y recién en los próximos meses iremos dimensionando su impacto para los próximos años; inevitablemente tendremos que aceptar aquello que se viene anticipando desde hace años y que los gurúes del capitalismo deshumanizado se niegan a aceptar y convalidar.
Los gobiernos, desesperados por ocultar la crisis o por paliar los efectos de un sistema cuyo control se ha ido de las manos, pecan de negación y eso les impide desarrollar programas de real contingencia que apunten a la autosuficiencia regional y al desarrollo de pequeños emprendimientos productivos que satisfagan las necesidades de las familias y sean generadores de riqueza genuina.
Retrospectivamente vemos como el neoliberalismo fue una excusa para que el estado intervenga a favor de los más poderosos; hoy, con otras palabras y con el mismo espíritu, se sigue obrando igual; esto es como proteger el desarrollo de un cáncer terminal.
Lo saludable sería dejar que se caigan todos los castillos de naipes de las burbujas financieras y las rentas de ciencia ficción para volver a los cauces de una economía real; en vez de gastar millones de millones protegiendo colapso de los poderosos parasitarios, deberíamos destinar esos recursos a promover los microemprendimientos, estimular las economías regionales, generar alternativas productivas sustentables, incentivar fuertemente las energías renovables de bajo impacto ambiental, y lo que es más importante, organizar a la comunidad para que funcione armónicamente en un contexto que se presenta tan caótico que en algunos lugares se están viendo desbordes violentos y niveles de inseguridad que delatan un estado de locura social. La política y la economía parece que niegan el gran despertar espiritual que se está produciendo en el mundo y que revitaliza sentimientos de unidad en los ciudadanos de a pié o estimula el renacimiento de los pueblos originarios con sus culturas pletóricas de integridad; ahí es donde hay que mirar porque hay muchas respuestas, no solo para salir del atolladero, sino también para transformar la sociedad hacia manifestaciones mucho más armónicas.
Aunque políticamente incorrectos, seamos honestos y contemplemos la remota posibilidad de que este plan económico global, cuyo propósito es reestimular rabiosamente el consumo, tuviera éxito absoluto, ¿cuáles serían las consecuencias? Profundización de la crisis medioambiental y energética.
Esto se llama, en código popular, desvestir a un muerto para vestir a otro; aunque lamentablemente, de consecuencias mucho peores porque su impacto será infinitamente más desestabilizador que esta crisis, que entonces nos parecerá un juego de niños.
¿Por qué salvar a un banco ineficiente, a sus directivos y grandes inversionistas que luego van a seguir promoviendo más de lo mismo, entre otras cosas, acumulación infinita sin sentido? ¿No es más lógico ver como destinamos esos recursos para ver como protegemos a los pequeños y medianos ahorristas que necesitan de ese dinero para su supervivencia y la expansión de sus economías en términos saludables?
¿Porqué destinar fondos públicos para salvar una aerolínea privada? ¿No es más razonable crear otra más eficiente, absorber a esos trabajadores y dejar que el mercado elimine a los empresarios ineficientes e ilegítimamente adinerados? Parece que esa ley se aplica para los trabajadores, para los pequeños emprendimientos… pero para los atracadores de guante blanco, las reglas de juego son totalmente distintas.
Si hay algo que nos dejó esta crisis como aprendizaje es descubrir la enorme capacidad de despliegue que tiene el estado para intervenir en la economía y ahora nos preguntamos, ¿dónde estaban todos esos recursos cuando hubo que intervenir por causas más nobles y más justas?
Ver la realidad tal como es nos abre la ventana a una gran oportunidad; una oportunidad que invierte la pirámide y otorga poder al individuo, a la familia, a los barrios y a los municipios; especialmente si cada uno de nosotros asume su responsabilidad y comprende que la calidad de vida es una consecuencia de la acción mancomunada de quienes compartimos un mismo espacio… el planeta tierra, por supuesto.
La nueva riqueza de las naciones se llama Desarrollo Humano y es ahora, más que nunca, que su cultivo cobra sentido para saber aprovechar el viaje que nos propone este escenario. Alguna vez escuché que es suficiente una generación educada para cambiar la realidad de un país; pues bien, hoy, educación debe definirse como la vivificación de la inteligencia emocional, sistemas educativos que promuevan la libertad de pensamiento del niño en lugar de su domesticación, reconocer que el propósito de la vida es la realización personal en lugar de la acumulación destinada a tapar los agujeros interiores que deja la insatisfacción por haber desperdiciado nuestra vida.
Esta crisis es un diamante sin pulir que, si nos animamos a darle rienda suelta a la creatividad, si dejamos que se exprese el sentimiento de espiritualidad práctica presente en cada uno y creamos una realidad adecuada a los tiempos sin dejarnos atrapar por los condicionamientos del pasado, nos encontraremos más pronto que tarde en medio de un nuevo renacimiento de la humanidad.
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En oración para que esta Navidad se convierta para todos nosotros en un tiempo de profunda reflexión y nos permita transitar el 2009 dejando brillar toda nuestra luz interior y reconociéndonos permanentemente en el otro.
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por Pablo de la Iglesia, Ph. D.
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Diciembre 10, 2008 | Por poreldespertar | Claves: crisis, económica, unidad | # Enlace permanente
La crisis económica mundial encuentra como respuesta de los grandes actores un intento de refundar el capitalismo, inyectando en el mercado exhorbitantes cantidades de dinero de los contribuyentes para subvencionar a los bancos, a la industria automotor y al consumo.
La falta de liderazgo de la clase política para brindar respuesta a una crisis sistémica nos pone de cara a nuestra imposibilidad de brindar otra cosa que no sea más de lo mismo; la misma lógica que nos condujo a esta situación, es la que se promueve para salir adelante, pero redoblando las apuestas.
La locura de subvencionar a los bancos enfermos por sus propias insanías, es como darle de comer a un cáncer terminal; cuando el planeta está que arde por la contaminación y el calentamiento global, promovemos la producción de automóviles ineficientes; el consumo de cosas inútiles se defiende a capa y espada para que en estas fiestas no le falten veinticinco regalos a los niños bien del planeta, y ante la falta de dinero, le damos la bienvenida con beneficios fiscales venga de donde venga.
Esta es una realidad que no queremos ver y en tanto estamos imposibilitados de aprovechar esta oportunidad de reorientar la economía hacia formas más austeras, armoniosas y que nos permitan recuperar la paz que el consumismo nos robó sin que nos diéramos cuenta.
El primer paso debe ser un acto de conciencia y ver que EL CONSUMISMO NOS CONSUME.
Si tenemos el coraje de aceptarlo y comprender que, según como vivimos y consumimos, también somos parte del problema o de la solución, podemos cambiar nuestro comportamiento. Porque, quienes podemos elegir, no optamos por disminuir gastos superfluos, abrir menos horas nuestros negocios, reducir la estructura de costos, limitar el consumo de energía a la mitad (y por ende contaminar la mitad) y optar por esas horas libres para hacer cosas que nos llenen el alma como aprender a meditar, hacer yoga, ir de paseo con la familia o practicar algún deporte.
Naturalmente, cuando uno descubre algo bueno, desea compartirlo y por ello le comenté a muchas personas que tal vez podían hacer lo mismo y de esa manera convertirnos en parte de una marea de cambio que simultáneamente nos permita sanar el planeta y tener más calidad de vida. La mayoría de las personas me miraron como si fuera un extraterrestre que se olvidó de tomar el Ritalin.
Escuchamos con frecuencia estas palabras pronunciadas con orgullo en la boca de quien ostenta grandes sumas de dinero en su haber: “Trabajo de sol a sol, de Domingo a Domingo”… ¡Eso no es motivo de vanagloria, eso es un pecado capital llamado codicia! Una enfermedad mental que afecta a nuestra sociedad y debe ser abordada seriamente. Por supuesto diferente sería el caso de aquel padre excluido, que tiene poco porque este otro tiene demasiado, y necesita hacerlo para darle un mínimo de dignidad a sus hijos… pero ese es otro cantar en el cual también desafinamos fiero.
Podemos ver el problema, pero lo hacemos como si fuera algo que ocurre fuera y lejos de nosotros. Si el mundo está que arde, si el planeta no soporta más explotación, si nuestro consumo no se puede sostener, si los agroquímicos están trastornando nuestros genes, si los medicamentos de la industria farmacéutica nos enferman, ¿Por qué la mayoría de nosotros ve una crisis cuando todo eso se cae y salimos desesperados a pedirle al gobierno que haga algo para que todo siga igual?
Cambiar las cosas no está al alcance de la instauración de un determinado proceso ideológico como modus operandi de una sociedad; hay quien piensa que necesitamos más libertad de mercado, otros más regulaciones… En realidad necesitamos un gran despertar que nos permita comprender que la única forma de satisfacer la realización del individuo es hacerlo con la sociedad toda; debemos descubrir que nuestros viejos parámetros de satisfacción están caducos y hay formas de realización mucho más evolutivas e integradoras. No las encontraremos por la vía del conocimiento como instrumento prevalente, sino por la de la emoción y un sentimiento de Unidad; este es el tiempo para tomar decisiones basadas en el corazón.
por Pablo de la Iglesia
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Septiembre 28, 2008 | Por poreldespertar | Claves: crisis, financiera | # Enlace permanente
… o no quede una gota de agua pura para beber.
Por estos días, más que nunca, podemos observar el grado de inconciencia colectiva de la humanidad y su capacidad de negar lo que es.
La crisis financiera, una crisis especulativa (que nace del puro egoísmo, entiéndase bien) y vinculada especialmente a los negociados inmobiliarios, está en boca de todos; la solución impuesta, como siempre, un salvataje con dinero público que busca preservar el patrimonio de familias privilegiadas que han adorado el libre mercado y ahora, que las papas queman, pretenden asociarse con el gobierno en las pérdidas. Es paradójico que esto pase en Estados Unidos y, tal vez, dada la perversa estructura de poder y el sometimiento de la clase política dirigente a los intereses corporativos, muy poco pueda hacerse en pos de una dirección más lógica y equitativa; lo que si es importante es que los ciudadanos globales estén al tanto del chantaje al que somos sometidos y que implica la recreación irresponsable de una crisis, un reparto descomunal de dinero entre quienes la crearon, y si todo sale como los popes de las finanzas esperan, aquí no ha pasado nada.
No se habla de más nada, pero lo que todos empezamos a ver con claridad es que nuestras pequeñas economías, nacionales e individuales, están enganchadas a un escenario virtual en el cual unos pocos se reparten siempre las mejores cartas y deciden a su antojo las reglas de cada mano.
Hay crisis peores que son iluminadas por las mil quinientas lámparas de alto voltaje que lucen orgullosos quienes organizan la primer carrera nocturna de Fórmula 1 en Singapur… o por los aproximadamente cinco mil focos de incendios que en promedio asolan a diario a la Argentina, Paraguay y Brasil. Por supuesto, la crisis ambiental debería ser nuestra mayor preocupación, porque en definitiva, la economía es un juego para que se diviertan siempre los mismos, y unos cuantos líderes sabios por el mundo, aunque sea que aparezcan cuando todo se desmorone, pueden poner las cosas en su lugar; ahora los desequilibrios del medio ambiente son de una complejidad tal y la ola que se nos viene encima tan gigantesca, que Dios sabe como la manejaremos si las cosas siguen empeorando a medida que continuamos con el saqueo de los recursos de la Madre Tierra.
Otras crisis condenan a millones de personas a pasar hambre cada día… a niños a empuñar un arma… a mujeres y adolescentes a someterse sexualmente… ¡y no son para nada virtuales!
Y uno piensa, ¡siente!, y no puede entender tanta irracionalidad. Los setecientos mil millones del rescate podrían ser un instrumento maravilloso que oriente la economía mundial hacia formas de producción sostenibles y amigables con el equilibrio de nuestra pequeña aldea; imaginar las posibilidades me llena el corazón de esperanza… hecha añicos mientras veo un discurso de Bush en la televisión (que en definitiva no es más que una representación de lo que abunda en la política mundial).
O soñar con que los seiscientos mil millones de dólares que han gastado en la guerra de Irak pueden acabar con el hambre y la explotación de todos esos seres cuya vida parece que vale menos que la del ganado…
Las cosas están mal, muy mal, el desastre acecha, dicen que no hay dinero, nadie invierte, nadie presta y todo entra en una caída espiral… También hay que decir que por cada persona que acciona desde su egoísmo, hay otra que lo hace desde la integridad, hay un equilibrio armónico que nos conduce; hay gente honesta, íntegra, capaz de liderar procesos transformadores y que está construyendo espacios, se anima a participar, a convertir esta crisis en oportunidad y alimenta un sueño al que no podemos renunciar. Si uno lo piensa, si uno siente el llamado de la misión personal, sin duda coincidirá conmigo que el mundo “puede ser distinto” si cada uno de nosotros asume el deber de crear la nueva sociedad.
Pablo de la Iglesia
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