Es la hora de los pueblos
“Ningún ejército puede detener la fuerza de una idea
cuando llega su tiempo.”
Víctor Hugo
La ineficacia de gran parte de los gobiernos del mundo para erradicar el hambre del planeta no se debe únicamente a la incapacidad de su dirigencia, sino también, y sobre todo, a un desorden internacional tan bien orquestado que uno diría que es un plan perfectamente diseñado para multiplicar el sufrimiento.
En nuestro mundo mueren de hambre y enfermedades fácilmente evitables 24.000 personas al día, o bien una cada siete segundos. 1… 2… 3… 4… 5… 6… una persona fallece por nuestra negligencia; 1… 2… 3… 4… 5… 6… un niño deja este mundo con un sentimiento de haberse liberado del infierno.
Para aquellos que piensan que el hambre es una decisión política, desde esta tribuna les digo que no les quepa duda que tal es el caso. Veamos por que.
Por ejemplo el presupuesto militar mundial asciende a 950.000 millones de dólares; aproximadamente la mitad corresponde a Estados Unidos, lo cual se calcula en 11.000 dólares por segundo. ¡Solamente si este país dejara de producir armas durante un segundo cada siete, tendríamos presupuesto para darle de comer, vestir y mandar a buenos colegios a todas esas personas que pasan por esta vida sin poder esbozar una verdadera sonrisa!
Si entre todos los demás países le dedicaran otro segundo cada siete sin gastar en armas, sobraría dinero para construir infraestructura que permita que el agua llegue a todas las personas de esta bendita tierra; esta visión incluye su distribución y protección para las futuras generaciones.
Esto que expreso es un mensaje para todos mis lectores en el mundo y que espero que les llegue con mucha fuerza; tanto para aquellos que me leen en una ciudad pequeña como Chajarí -donde resido- y a todos aquellos que lo hacen en metrópolis como San Pablo, México o Barcelona. Es en nuestra convicción profunda, enriquecida por el conocimiento y la fuerza del corazón- que tenemos que comenzar a desarticular pensamientos absurdos que muchos comienzan a aceptar como inevitables, tales como “las guerras por el agua” o “la inevitabilidad del hambre”.
¡De ninguna manera tenemos que aceptar esto y debemos tomar conciencia que los pueblos del mundo tenemos más poder que nunca para cambiar las cosas! No se trata de encabezar o sumarse a una revolución, se trata de tener las cosas claras y saber que en la suma de millones de pequeñas acciones, cada uno de nosotros ejerce un poder tal que inevitablemente transformará nuestra sociedad global.
Escucho las voces agoreras que dicen que no hay nada que se pueda hacer; y yo les digo que, aunque tuvieran razón, es mucho más estimulante vivir con la certeza de sabernos dueños de nuestro destino y seguir plantando árboles que tardarán cien años en crecer. Sí así y todo no logro motivarte para que te sumes a esta re-Evolución, cuentas con mi respeto y no tengo más nada que decirte.
Si te decides a convertirte en un “sembrador del amor, la paz y la generosidad” no tienes que afiliarte a ningún partido, religión o filosofía en particular; allí donde estés y tal como eres, puedes vestirte de integridad y comenzar con un plan de pequeñas acciones en tu hogar, en tu barrio, en tu trabajo…, con la certeza que de eso se trata cuando hablamos del despertar de una nueva civilización.
Esta es la fuerza de una idea a la que le ha llegado su tiempo y necesita de tus manos para que la humanidad amanezca a su mejor destino; tienes todo que ganar.
Pablo de la Iglesia
http://www.poreldespertar.com.ar
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