Reconocimiento Internacional para la Fundación Por El Despertar

La Vida está en Nuestras Manos

La editorial francesa Hachette Education acaba de reconocer el valor educativo de nuestra campaña gráfica “La vida está en nuestras manos” y nos honra con la reproducción de la misma en los manuales escolares de español dirigido a los alumnos de “liceé” (15-16 años).

Dicha campañaa se ha difundido a lo largo del planeta, especialmente en los países hispanoparlantes a traves de las redes de voluntarios que imprimieron los afiches y los distribuyeron en sus barrios.

Estamos orgullosos de esta distinción y nos alienta a seguir trabajando por nuestra convicción acerca del respeto por el medio ambiente y la reverencia hacia la naturaleza como ejes de la transformación hacia un paradigma civilizatorio donde la calidad de vida y el goce de cada ser humano sean nuestra primer prioridad.

Economía Integral para una Nueva Civilización

Las corporaciones globalizadas y la especulación financiera siguen esforzándose por hacernos creer que la codicia y la competencia descarnada es el único camino viable; sin embargo, la crisis nos despertó y la prédica de la “economía global suicida”* ya no tiene cabida en los corazones de cada vez más millones de seres humanos despiertos que están decididos a dejar de ser usados como simples engranajes de un sistema.

Aquellos que se “dieron cuenta” pueden ver que es posible crear riqueza genuina y con un propósito de multiplicar la calidad de vida y el bienestar de TODOS; aquellas palabras tan frecuentemente pronunciadas en los ámbitos empresariales, “todos ganan”, hoy no sólo es posible, sino absolutamente imprescindible para la superviviencia de la humanidad.

UNIDAD es una definición que emergió como un gran movimiento espiritual heterogéneo, de alcance planetario y en todas las direcciones culturales; hoy se abre camino en los espacios políticos y económicos. Es muy significativo que el concierto previo a la asunción de Barak Obama tuviera este sello; el nuevo presidente, con sus gestos, nos llena de esperanza que el espíritu de la nueva civilización haya llegado a la política.

Desde un sentimiento de UNIDAD, lo cual va mucho más allá que un simple entendimiento racional, comenzamos a redescubrir que la política y la economía también pueden brindarnos la posibilidad de construir desde atributos de pertenencia a un planeta, a una especie o a una comunidad; estamos en un maravilloso punto de inflección en el cual tenemos que elegir entre hundirnos aferrados a los viejos paradigmas que solo prometen dinero y sufrimiento, o pegarnos un salto y tener la audacia de crear un mundo mejor basado en el desarrollo humano y la prosperidad integral.

La autosuficiencia y la integración, partiendo desde los espacios locales, es la visión que hoy emerge como la alternativa al desastre; no sólo promete ser la mejor herramienta para superar la crisis, sino la gran ventana a una nueva civilización donde la belleza, la comunión y la conexión espiritual, dejen atrás el limitado placer que brinda el amor al dinero, sustituyéndolo por la gracia que nos brinda el amor a la vida.

La gran oportunidad para contribuir comienza desde nuestro hogar, nuestros barrios y nuestras ciudades. Utilizar el poder de la comunidad unida por una visión para transformar la realidad, nos permite re-evolucionar nuestras vidas cooperativizando esfuerzos para capacitarnos en lo que hoy es verdaderamente importante: autosuficiencia alimentaria, agricultura sustentable, implementación de energías alternativas, monedas locales, educación digital, construcción bioclimática…

Darnos cuenta que, debido a nuestro apego a viejos paradigmas, estamos perdiendo tiempo tratando de aprender a navegar en un mar que se ha secado, tratando de resucitar a un muerto que ya está podrido… Lógicamente, descubrir cual es el punto de partida de nuestro viaje, puede ser una experiencia dolorosa porque acaba con nuestras viejas ilusiones, sin embargo, en pos de nuestra salud mental, individual y colectiva, lo mejor que podemos hacer es sumergirnos en la realidad tal como es.

A partir de aquí, y comenzando el viaje exactamente desde donde estamos, podemos empezar a construir economías integrales cuyo único propósito no sean los dividendos, sino también, y fundamentalmente, el impacto social y ambiental evolutivo de los diferentes emprendimientos.

Pablo de la Iglesia
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* término acuñado por David Korten

Petición por la Unidad – ¿De qué se trata?


UNA PETICIÓN POR UN DÍA DE LA UNIDAD – Probablemente sea la petición más importante que se haya hecho… hacia una Nueva Espiritualidad, una nueva humanidad, una nueva Tierra.

Humanity’s Team está recolectando 50,000 firmas para lograr que las Naciones Unidas declaren el Día de la Unidad. Un día que las personas , comunidades y naciones dediquen a la humanidad para celebrar, conversar y experimentar aquello en lo que nos parecemos, siempre reconociendo y respetando nuestra hermosa diversidad cultural. Un día para unirnos por el bien mayor de la Familia Humana.

El primer paso toma 30 segundos. Únete a miles de personas que ya han firmado la petición. En la medida en que recordemos quiénes y qué somos ese día en particular, pronto recordaremos quiénes y qué somos todos los días.

¡Y entonces haremos realidad el Cielo en la Tierra!

¡GRACIAS por unirte a nosotros!

Lee la petición (Declarando un Día de la Unidad)
http://humanitysteam.org/sai/oneness-petition/document-spanish

Firma la petición:
http://www.humanitysteam.org/es/onenessdaypetition

De oruga a mariposa

“¿Qué es lo que más necesitamos hacer para salvar nuestro mundo?”
“Lo que más necesitamos hacer es oír dentro de nosotros los sonidos de la Tierra llorando”

Thich Nhat Hanh

Con frecuencia hemos escuchado o leído que sabios y místicos sostienen que la humanidad está dormida.

Esta afirmación ha provocado que dedique muchas horas de contemplación con el fin de dejar que su significado profundo se vaya manifestando; como parte del mismo ejercicio quiero compartir contigo lo que este fue dejando.

Los seres humanos, conciente e inconcientemente, hemos destruido el equilibrio de nuestra Madre Tierra en una suerte de atentado contra nosotros mismos y el resto de las especies con las que convivimos; el suicidio es la consecuencia de una enfermedad, por lo que me permito aceptar que la humanidad está enferma.

Cuando decimos que la humanidad está dormida, podemos aventurar que se trata de nuestra imposibilidad de reconocer la enfermedad que padecemos, y esta falta de reconocimiento nos impide abordar las respuestas necesarias que erradiquen nuestro mal.

Despertar implica mirar de frente nuestras miserias y aceptarlas como parte de nuestra creación; preferimos permanecer dormidos por miedo al dolor que esto nos infligiría, pero de la misma forma que aquel que no quiere enamorarse para evitar el sufrimiento que esto podría causarle mediante un desengaño, en este viaje truncado la humanidad se pierde el éxtasis y la alegría expansivos a la que nos exponen nuestros sentidos completamente despiertos.

Abrir los ojos es aceptar que hemos creado formas de convivencia social autodestructivas, que nuestros sistemas económicos se han deshumanizado y su único propósito es sostenerse a sí mismos, que la política ha perdido de vista que su propósito es facilitar la felicidad de los pueblos, o que como individuos hemos perdido todo contacto con nuestra naturaleza espiritual y nos hemos convertido en simples máquinas cuyo propósito es sobrevivir, o acumular si somos más afortunados y estamos posicionados más alto en la escala social.

Enfrentarlo puede ser doloroso, pero necesariamente un estímulo creativo que pone en marcha nuestra capacidad de sanarnos como individuos y como especie; este viaje, igual que el de una oruga que se transforma en mariposa, pone en marcha las respuestas creativas que necesitamos para que nuestras sociedades recuperen el sentido y dejen de ser meros amontonamientos de individuos funcionales a un esquema meramente económico, para convertirnos en comunidades de individuos que se experimentan una unidad que brega por el bienestar común.

Podemos graficar este viaje como un parto con dolor, en definitiva un viaje sagrado que todos debemos asumir para que más allá de su experiencia aparezca la vida con toda su intensidad; el despertar de la humanidad no es ni más ni menos que un impulso evolutivo que late en nuestra especie y que puede acelerarse simplemente teniendo el valor de aceptar nuestra condición y dejar que la intrínseca creatividad humana nos impulse hacia los estados deseados de nuestro corazones mancomunados.

por Pablo de la Iglesia, Ph. D.
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Abrazar las Contradicciones

Si tu alegría se manifiesta extrema, la descubrirás con lágrimas en tus ojos.

Podemos comprender la luz únicamente en contraste con la oscuridad.

El exceso de calor siempre reclama frío, y viceversa.

La polarización de una experiencia, automáticamente nos arroja hacia el otro extremo en busca del equilibrio; así, por ejemplo, pasamos de la euforia a la tristeza sin motivo aparente.

Si nos definimos en un extremo vemos como en forma espontánea nuestras vivencias nos muestran destellos de la verdad opuesta.

En el pensamiento político, izquierda o derecha, la oscilación intensa hacia un lado o hacia el otro, desencadena procesos reaccionarios que pueden conllevar revoluciones violentas e involutivas.

La posibilidad de abrazar las contradicciones nos permite una comprensión amplia de la vida con sus manifestaciones plurales; la capacidad de ponernos en los zapatos del otro nos permite acercarnos al consenso donde otros solo ven conflicto.

Buda enseñó el camino del medio como alternativa para alcanzar la felicidad; quien conoce los extremos y los contempla sin prejuicios, puede mantener la serenidad transitando entre ambos.

Esta comprensión nos permite encarnar la sabiduría que trasciende el bien y el mal; la integración de polaridades, entendidas como fuerzas complementarias, nos permite dejar atrás la dualidad para que un paradigma de unidad capitalice nuestra percepción.

Esta es la forma que tiene la humanidad de dejar de reciclar los conflictos; independientemente de que lado estés, mientras no abraces las contradicciones, tu energía terminará disipándose en la hoguera que alimenta el sufrimiento humano.

por Pablo de la Iglesia, Ph. D.
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BIOCONCIENCIA PLANETARIA: la necesidad de un nuevo paradigma

Los medios de comunicación masiva afirman que La Humanidad esta destruyendo el Planeta. Pero no alertan sobre cuál es la “concepción del mundo” y de “la Humanidad” que nos están llevando a este punto de autodestrucción.

Breve reseña de una nota publicada en el Diario Clarín de Argentina:

En una nota publicada el día martes 24 de Octubre de 2006 en la sección Sociedad, se afirma que en 2050, la humanidad necesitaría el doble de los recursos que la Tierra puede producir. Un informe de la World Wide Fund for Nature, presentado en estos días en China, indica que el medio ambiente “se está degradando a un ritmo sin precedentes en la historia”. En líneas generales los países no están cumpliendo con los criterios mínimos de alto desarrollo humano y baja contaminación. Los países pobres son lo que producen un menor daño per cápita a la naturaleza, pero al mismo tiempo el rápido desarrollo de naciones como China y la India generan que las perspectivas sean aún más oscuras.

Jonhatan Loh, uno de los autores del estudio, dijo no saber exactamente a qué se debe la buena situación latinoamericana. “Pero sí se puede dar uno cuenta de que es allí donde la gente parece más feliz, y quizá se deba a un mayor equilibrio entre desarrollo y medio ambiente”, aseguró.

“Según las proyecciones actuales, la humanidad estará usando recursos naturales por valor de dos planetas en 2050, si es que esos recursos no se han agotado para entonces“, agrega el informe. Lo grafica del siguiente modo: “La gente está convirtiendo los recursos en desperdicios más rápido de lo que la naturaleza puede convertir los desperdicios otra vez en recursos”.

Bioconciencia Planetaria

BioConciencia PlanetariaEs necesario un nuevo paradigma: el desarrollo económico no ha traído paz, ni integración armónica de culturas, ni felicidad en los pueblos del mundo, ni equidad en la distribución de la riqueza y el conocimiento generados en todo el Planeta. La explotación del hombre por el hombre es un yugo inherente a este tipo de desarrollo, principal causa del sufrimiento y de la infelicidad de nuestra cultura planetaria actual.

Seguimos alimentando a este monstruo que es la Civilización Humana Moderna viviendo en ciudades que todo lo devoran y todo lo destruyen.

La Economía ha contagiado a la Ecología con nociones y términos que siguen proclamando un Desarrollo y un mayor Consumo.

La ecología moderna es ineficaz para promover el verdadero cambio porque el sujeto de la “vieja ecología” sigue siendo el “INDIVIDUO CONSUMIDOR” .

La ciencias manejadas por el viejo paradigma y los medios de difusión masivos (periódicos, cine, televisión) quieren hacernos creer que no hay vuelta atrás, que la Humanidad no cambiará y que se colonizarán otros planetas cuando la amada Tierra se destruya: esto es una gran ilusión. La humanidad puede trasformar su conciencia y evolucionar aun punto que reorganice la energía del sistema Vida en el PLANETA TIERRA.

Existe una visión muy interesante que ve a la Tierra como un organismo vivo que tiene sus ciclos de vida y sus propios mecanismos de defensa. La tierra es mucho más antigua que la Humanidad y por lo tanto “más sabia”. Si la humanidad se convierte en un virus? los mecanismos de defensa de este organismo vivo que nosotros los Humanos llamamos la Tierra, van a quedarse paralizados sin defender la integridad del sistema de Vida? Que son acaso los Tsunamis, los deshielos, las inundaciones, los terremotos, sino leucocitos y linfocitos planetarios?

Como un nuevo paradigma evolutivo proponemos la BIOCONCIENCIA PLANETARIA, que como disciplina evolutiva formará y le hablará al “Conviviente bioconciente Planetario”.
La Bioconciencia Planetaria integrará todas las áreas de la cultura diferenciándose así del antiguo paradigma que producía saberes estancos cerrados a la influencia de otros tipos de saberes.
Se integran así la Espiritualidad Humana, El Conocimiento Científico y la creatividad de todas las Manifestaciones Artísticas de todos los pueblos del Mundo en armónica convivencia en las sociedades y en cada ser humano (conviviente planetario).

La Bioconciencia Planetaria será permeable a la consideración de la belleza, a la consideración del sufrimiento de los árboles y los animales, a la protección de los lugares sagrados de las diferentes culturas, a la COMPASION con las Generaciones presentes y futuras.

La Bioconciencia Planetaria impulsa el consenso y el MUTUO ENTENDIMIENTO DE TODOS LOS PUEBLOS DEL MUNDO.

Que TODOS los seres sean felices, Que haya Paz en la Tierra, Por una Ecoaldea Planetaria.

MOVIMIENTO OM VIVERE
http://omvivere.com.ar/

Despertar del Caminante

En el amanecer de una nueva civilización, nos vamos reencontrando con nuestra calidad de seres planetarios, frutos de la Madre Tierra; nos reconocemos en unidad con las plantas y los animales; apreciamos la vida en el agua, el fuego y el aire, reestableciendo los profundos lazos que con ellos habían estrechado nuestros ancestros.

La ciencia comienza a darle forma racional a estos conceptos, pero únicamente cobran vida revelándose en aquellos caminantes que lo hacen descalzos acariciando la piel de la Pachamama, elevan su espíritu al cielo y descubren todos los secretos que el sol, la luna y las estrellas tienen para susurrarle a su corazón.

Igual que nosotros buscamos el equilibrio, la Madre Tierra necesita reencontrar sus puntos de homeostasis; lo hace a través de erupciones volcánicas, terremotos, tsunamis y otras manifestaciones que a los ojos de un ser dormido pueden parecer productos violentos de un organismo caprichoso.

Cuando dejamos de percibir a la naturaleza como un fenómeno externo y caemos en la cuenta que somos la naturaleza, cuando comprendemos que el ser humano es la corteza cerebral más evolucionada del planeta tierra, comenzamos a aceptar que podemos hacer mucho para tranquilizar sus reacciones ayudándole a reestablecer sus parámetros de salud.

Emerge como obvio que el cuidado del medio ambiente es una manifestación que satisface esta necesidad, sin embargo, a pesar de todo lo que sabemos respecto a su importancia, no podemos consagrar en la práctica nuestras mejores intenciones; esto sucede, simplemente, porque la tierra sigue siendo percibida como algo a dominar y explotar en función de un beneficio egoísta.

Cuando el ser humano comienza a relacionarse con las fuerzas inteligentes de la naturaleza, a asociarse con ellas entregándoles sus deseos, sus penas, en calidad de seres concientes de su cualidad divina, aquellas intenciones que no pudieron conjugarse racionalmente, se plasman espontáneamente sin esfuerzo alguno, gracias a la magia del amor y la unidad.


Pablo de la Iglesia
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A un paso del abismo, a un paso del florecimiento de una nueva civilización

Estamos ante una crisis global y sistémica. Esto quiere decir, en palabras sencillas, que nos compete a todos y que afecta los fundamentos básicos del universo de lo que entendemos por economía.

La toma de conciencia de la gravedad de la crisis apenas comienza a expresarse en la opinión pública y recién en los próximos meses iremos dimensionando su impacto para los próximos años; inevitablemente tendremos que aceptar aquello que se viene anticipando desde hace años y que los gurúes del capitalismo deshumanizado se niegan a aceptar y convalidar.

Los gobiernos, desesperados por ocultar la crisis o por paliar los efectos de un sistema cuyo control se ha ido de las manos, pecan de negación y eso les impide desarrollar programas de real contingencia que apunten a la autosuficiencia regional y al desarrollo de pequeños emprendimientos productivos que satisfagan las necesidades de las familias y sean generadores de riqueza genuina.

Retrospectivamente vemos como el neoliberalismo fue una excusa para que el estado intervenga a favor de los más poderosos; hoy, con otras palabras y con el mismo espíritu, se sigue obrando igual; esto es como proteger el desarrollo de un cáncer terminal.

Lo saludable sería dejar que se caigan todos los castillos de naipes de las burbujas financieras y las rentas de ciencia ficción para volver a los cauces de una economía real; en vez de gastar millones de millones protegiendo colapso de los poderosos parasitarios, deberíamos destinar esos recursos a promover los microemprendimientos, estimular las economías regionales, generar alternativas productivas sustentables, incentivar fuertemente las energías renovables de bajo impacto ambiental, y lo que es más importante, organizar a la comunidad para que funcione armónicamente en un contexto que se presenta tan caótico que en algunos lugares se están viendo desbordes violentos y niveles de inseguridad que delatan un estado de locura social. La política y la economía parece que niegan el gran despertar espiritual que se está produciendo en el mundo y que revitaliza sentimientos de unidad en los ciudadanos de a pié o estimula el renacimiento de los pueblos originarios con sus culturas pletóricas de integridad; ahí es donde hay que mirar porque hay muchas respuestas, no solo para salir del atolladero, sino también para transformar la sociedad hacia manifestaciones mucho más armónicas.

Aunque políticamente incorrectos, seamos honestos y contemplemos la remota posibilidad de que este plan económico global, cuyo propósito es reestimular rabiosamente el consumo, tuviera éxito absoluto, ¿cuáles serían las consecuencias? Profundización de la crisis medioambiental y energética.

Esto se llama, en código popular, desvestir a un muerto para vestir a otro; aunque lamentablemente, de consecuencias mucho peores porque su impacto será infinitamente más desestabilizador que esta crisis, que entonces nos parecerá un juego de niños.

¿Por qué salvar a un banco ineficiente, a sus directivos y grandes inversionistas que luego van a seguir promoviendo más de lo mismo, entre otras cosas, acumulación infinita sin sentido? ¿No es más lógico ver como destinamos esos recursos para ver como protegemos a los pequeños y medianos ahorristas que necesitan de ese dinero para su supervivencia y la expansión de sus economías en términos saludables?

¿Porqué destinar fondos públicos para salvar una aerolínea privada? ¿No es más razonable crear otra más eficiente, absorber a esos trabajadores y dejar que el mercado elimine a los empresarios ineficientes e ilegítimamente adinerados? Parece que esa ley se aplica para los trabajadores, para los pequeños emprendimientos… pero para los atracadores de guante blanco, las reglas de juego son totalmente distintas.

Si hay algo que nos dejó esta crisis como aprendizaje es descubrir la enorme capacidad de despliegue que tiene el estado para intervenir en la economía y ahora nos preguntamos, ¿dónde estaban todos esos recursos cuando hubo que intervenir por causas más nobles y más justas?

Ver la realidad tal como es nos abre la ventana a una gran oportunidad; una oportunidad que invierte la pirámide y otorga poder al individuo, a la familia, a los barrios y a los municipios; especialmente si cada uno de nosotros asume su responsabilidad y comprende que la calidad de vida es una consecuencia de la acción mancomunada de quienes compartimos un mismo espacio… el planeta tierra, por supuesto.

La nueva riqueza de las naciones se llama Desarrollo Humano y es ahora, más que nunca, que su cultivo cobra sentido para saber aprovechar el viaje que nos propone este escenario. Alguna vez escuché que es suficiente una generación educada para cambiar la realidad de un país; pues bien, hoy, educación debe definirse como la vivificación de la inteligencia emocional, sistemas educativos que promuevan la libertad de pensamiento del niño en lugar de su domesticación, reconocer que el propósito de la vida es la realización personal en lugar de la acumulación destinada a tapar los agujeros interiores que deja la insatisfacción por haber desperdiciado nuestra vida.

Esta crisis es un diamante sin pulir que, si nos animamos a darle rienda suelta a la creatividad, si dejamos que se exprese el sentimiento de espiritualidad práctica presente en cada uno y creamos una realidad adecuada a los tiempos sin dejarnos atrapar por los condicionamientos del pasado, nos encontraremos más pronto que tarde en medio de un nuevo renacimiento de la humanidad.

En oración para que esta Navidad se convierta para todos nosotros en un tiempo de profunda reflexión y nos permita transitar el 2009 dejando brillar toda nuestra luz interior y reconociéndonos permanentemente en el otro.

por Pablo de la Iglesia, Ph. D.
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El peso de nuestra contradicción

La crisis económica mundial encuentra como respuesta de los grandes actores un intento de refundar el capitalismo, inyectando en el mercado exhorbitantes cantidades de dinero de los contribuyentes para subvencionar a los bancos, a la industria automotor y al consumo.

La falta de liderazgo de la clase política para brindar respuesta a una crisis sistémica nos pone de cara a nuestra imposibilidad de brindar otra cosa que no sea más de lo mismo; la misma lógica que nos condujo a esta situación, es la que se promueve para salir adelante, pero redoblando las apuestas.

La locura de subvencionar a los bancos enfermos por sus propias insanías, es como darle de comer a un cáncer terminal; cuando el planeta está que arde por la contaminación y el calentamiento global, promovemos la producción de automóviles ineficientes; el consumo de cosas inútiles se defiende a capa y espada para que en estas fiestas no le falten veinticinco regalos a los niños bien del planeta, y ante la falta de dinero, le damos la bienvenida con beneficios fiscales venga de donde venga.

Esta es una realidad que no queremos ver y en tanto estamos imposibilitados de aprovechar esta oportunidad de reorientar la economía hacia formas más austeras, armoniosas y que nos permitan recuperar la paz que el consumismo nos robó sin que nos diéramos cuenta.

El primer paso debe ser un acto de conciencia y ver que EL CONSUMISMO NOS CONSUME.

Si tenemos el coraje de aceptarlo y comprender que, según como vivimos y consumimos, también somos parte del problema o de la solución, podemos cambiar nuestro comportamiento. Porque, quienes podemos elegir, no optamos por disminuir gastos superfluos, abrir menos horas nuestros negocios, reducir la estructura de costos, limitar el consumo de energía a la mitad (y por ende contaminar la mitad) y optar por esas horas libres para hacer cosas que nos llenen el alma como aprender a meditar, hacer yoga, ir de paseo con la familia o practicar algún deporte.

Naturalmente, cuando uno descubre algo bueno, desea compartirlo y por ello le comenté a muchas personas que tal vez podían hacer lo mismo y de esa manera convertirnos en parte de una marea de cambio que simultáneamente nos permita sanar el planeta y tener más calidad de vida. La mayoría de las personas me miraron como si fuera un extraterrestre que se olvidó de tomar el Ritalin.

Escuchamos con frecuencia estas palabras pronunciadas con orgullo en la boca de quien ostenta grandes sumas de dinero en su haber: “Trabajo de sol a sol, de Domingo a Domingo”… ¡Eso no es motivo de vanagloria, eso es un pecado capital llamado codicia! Una enfermedad mental que afecta a nuestra sociedad y debe ser abordada seriamente. Por supuesto diferente sería el caso de aquel padre excluido, que tiene poco porque este otro tiene demasiado, y necesita hacerlo para darle un mínimo de dignidad a sus hijos… pero ese es otro cantar en el cual también desafinamos fiero.

Podemos ver el problema, pero lo hacemos como si fuera algo que ocurre fuera y lejos de nosotros. Si el mundo está que arde, si el planeta no soporta más explotación, si nuestro consumo no se puede sostener, si los agroquímicos están trastornando nuestros genes, si los medicamentos de la industria farmacéutica nos enferman, ¿Por qué la mayoría de nosotros ve una crisis cuando todo eso se cae y salimos desesperados a pedirle al gobierno que haga algo para que todo siga igual?

Cambiar las cosas no está al alcance de la instauración de un determinado proceso ideológico como modus operandi de una sociedad; hay quien piensa que necesitamos más libertad de mercado, otros más regulaciones… En realidad necesitamos un gran despertar que nos permita comprender que la única forma de satisfacer la realización del individuo es hacerlo con la sociedad toda; debemos descubrir que nuestros viejos parámetros de satisfacción están caducos y hay formas de realización mucho más evolutivas e integradoras. No las encontraremos por la vía del conocimiento como instrumento prevalente, sino por la de la emoción y un sentimiento de Unidad; este es el tiempo para tomar decisiones basadas en el corazón.

por Pablo de la Iglesia
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¿Está por llegar lo peor de la crisis?


En un artículo anterior afirmábamos que la crisis actual más que económico-financiera es una crisis de humanidad. Se han visto afectados los cimientos que sustentan la sociabilidad humana -la confianza, la verdad y la cooperación-, destruidos por la voracidad del capital. Sin ellos es imposible la política y la economía. Irrumpe la barbarie. Queremos presentar esta reflexión de sentido filosófico inspirados en dos notables pensadores: Karl Marx y Max Horkheimer. Este último fue prominente figura de la escuela de Frankfurt, al lado de Adorno y Habermas. Antes incluso del final de la guerra, en 1944, tuvo el valor de decir en unas conferencias en la Universidad de Columbia (USA), publicadas bajo el título Eclipse de la Razón, que la victoria inminente de los aliados iba a servir de poco. El motivo principal que había generado la guerra seguía estando activo en el núcleo de la cultura dominante. Era el secuestro de la razón para el mundo de la técnica y de la producción, por lo tanto, para el mundo de los medios, olvidando totalmente la discusión sobre los fines. Es decir, el ser humano ya no se preguntaba por un sentido más alto de la vida. Vivir es producir sin fin y consumir todo lo que se pueda. Es un propósito meramente material, sin ninguna grandeza. La razón fue usada para hacer operativa esta voracidad. Al someterse, se oscureció, dejando de hacerse las preguntas que siempre había planteado: ¿qué sentido tiene la vida y el universo, cuál es nuestro lugar? Sin respuestas a estas preguntas sólo nos queda la voluntad de poder que lleva a la guerra como en la Europa de Hitler.

Algo semejante decía Marx en el tercer libro del Capital. En él deja claro que el punto de partida y de llegada del capital es el propio capital en su voluntad ilimitada de acumulación. Su objetivo es el aumento sin fin de la producción, para la producción y por la propia producción, asociada al consumo, con vistas al desarrollo de todas las fuerzas productivas. Es el imperio de los medios sin discutir los fines ni cuál es el sentido de este proceso delirante. Son los fines humanitarios los que sostienen la sociedad y dan propósito a la vida. Bien lo ha expresado nuestro economista-pensador Celso Furtado: «El desafío que se plantea en el umbral del siglo XXI es nada menos que cambiar el curso de la civilización, desplazar el eje de la lógica de los medios al servicio de la acumulación, en un corto horizonte de tiempo, hacia una lógica de los fines en función del bienestar social, del ejercicio de la libertad y de la cooperación entre los pueblos» (Brasil: a construção interrompida, 1993, 76).

No fue eso lo que los ideólogos del neoliberalismo, de la desregulación de la economía y del laissez-faire de los mercados nos aconsejaron. Ellos mintieron a toda la humanidad prometiéndole el mejor de los mundos. No existían alternativas a esa vía, decían. Todo eso ha sido ahora desenmascarado, generando una crisis que va a ser aún peor.

La razón de ello reside en el hecho de que la crisis actual se ha establecido en el seno de otras crisis todavía más graves: la del calentamiento planetario, que va a tener dimensiones catastróficas para millones de seres humanos, y la de la insostenibilidad de la Tierra como consecuencia de la virulencia productivista y consumista. Necesitamos un tercio más de Tierra, es decir, la Tierra ya ha sobrepasado el 30% de su capacidad de reposición. No aguanta más el crecimiento de la producción y del consumo actuales, como propone cada país. Y va a defenderse produciendo caos, no creativo sino destructivo.

Aquí se sitúa el límite del capital: en el límite de la Tierra. Eso no existía en la crisis de 1929. Se daba por descontado la capacidad de soporte de la Tierra. Hoy no: si no salvamos la sostenibilidad de la Tierra, no habrá base para el proyecto del capital en su propósito de crecimiento. Después de haber vuelto precario el trabajo, sustituyéndolo por la máquina, ahora está liquidando la naturaleza.

Estas consideraciones raramente aparecen en el debate actual. Predomina el tema de la extensión de la crisis, de los índices da recesión y del nivel de desempleo. En este campo, los peores consejeros son los economistas, especialmente los ministros de Hacienda. Ellos son rehenes de un tipo de razón que los ciega para estas cuestiones vitales. Hay que oír a los pensadores y a los que aman la vida y cuidan de la Tierra.


Fuente: Koinonía
por Leonardo Boff (teólogo, filósofo y escritor brasileño)


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