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Noviembre 27, 2009 | Por iluminada | Claves: alianza, estable, funcionario, gesell, soltero, teatro | # Enlace permanente
(Un grupo de compañeras de trabajo se reúne a cenar en un moderno restaurante para reencontrarse con una de ellas que renunció hace algunas semanas. Las mujeres llegan sonrientes y eligen una mesa. Mientras miran la carta y deciden que pedir, charlan alegremente)
MARIANA: Bueno, cuéntenme. Pónganme al día ¿Cómo va todo en la radio? (Mirando de reojo y con complicidad a GUILLERMINA) ¿Le siguen buscando novio a Guillermina?
FERNANDA: En eso estamos, pero no es fácil. Siempre encuentra un pero.
MARIANA: Sí, como el chico de los diarios, que era lindo y no lo quiso.
ANALÍA: O el que le presenté yo, ese funcionario de Turismo que estaba atractivo.
(MARIANA, FERNANDA, PAULA, ANALÍA y MARIEL asienten)
GUILLERMINA (molesta): ¡A ver, a ver! Primero, el chico de los diarios tenía 19 años y no es por nada, ¿pero es acaso mucho pedir alguien con un laburo más sólido? Segundo, el funcionario tenía una alianza grande como una casa y no paraba de hablar de los hijos. Lo mínimo que quiero es conocer a alguien soltero y con un trabajo estable. No pido mucho. Eso es básico.
PAULA: ¡Ah bueno! ¡Soltero y con trabajo estable! ¿Algo más querés nena?
(TODAS se ríen)
MARIEL: Si encuentran un soltero y con trabajo estable, primero lo quiero yo. Por mi edad, estoy primera en el orden de prioridades.
GUILLERMINA: Bueno, no tengo problema, yo espero mi turno, pero hasta que no tengan un soltero y con trabajo estable, ni se molesten en mencionármelo. No tengo apuro.
FERNANDA: ¡Pero pará! ¿Vos no te fuiste a Gesell a pasar el fin de semana? Mmm. ¿Qué estás ocultando? ¿Me vas a decir que te fuiste sola un fin de semana a Gesell?
(MARIANA, PAULA, ANALÍA Y MARIEL miran con sorpresa a GUILLERMINA)
GUILLERMINA (avergonzada): No… Sola no me fui, claro.
FERNANDA (triunfante): ¿Viste? Yo sabía.
GUILLERMINA (defendiéndose): Nooo, nada de “viste”. Me fui con mi mamá (Reflexiva) Me fui con mi mamá a pasar un fin de semana a Gesell. ¡Qué triste lo mío! ¡Qué triste!
Agosto 23, 2009 | Por iluminada | Claves: aniversario, besos, comedia, protagonistas, roles, televisión | # Enlace permanente
Falta poco para que mi soltería cumpla un año. Menos de quince días, creo. No me voy a poner a contar cuánto exactamente porque eso sería demasiado patético. Pero la fecha me la acuerdo patente. De hecho, hace poco me di cuenta de que me había olvidado en qué día me había puesto de novia con Humberto, y me sentí muy orgullosa de mi mente, que en un dejo de cordura, haya decidido deshacerse de datos inútiles, pero no, a los pocos minutos me volvió a la memoria. Sin embargo, la fecha de la ruptura me quedó grabada. Pero no como algo fatídico, como un hecho qué me va a marcar de por vida… No, no soy ni tan masoquista ni tan romántica como para querer gustosa quedar marcada por una cosa así. Humberto fue mi primer novio, y duró un tiempo considerable, y entonces, aunque me moleste seguir recordándolo a él y a nuestra relación, entiendo que sea lógico que ocupe una parte importante de mis recuerdos. Pero, afortunadamente para mi salud mental, Humberto y los dos años que pasé con él, cada vez me parecen más lejanos.
A unos días de cumplir un año de soltera, y en un fin de semana frustrado por mi rinitis alérgica, estuve horas y horas con mi cuerpo echado sobre la cama viendo horas y horas de televisión. Con mucho zapping incluido. De esa manera, vi parvas de películas de varios géneros, pero principalmente, del tipo comedia o drama romántico. Después de varios besos apasionados entre distintas parejas de protagonistas, recordé como durante más de dos años, los besos para mí eran algo cotidiano, un hecho de todos los días. Me sorprendió eso y me vinieron a la mente recuerdos de besos comunes, de besos del tipo “chau, nos vemos mañana”, o del “hola, cómo andás”, besos simples, besos de todos los días. Y de pronto sentí no como si hubiera pasado sólo un año de eso, sentí que habían pasado décadas, siglos. Pero no fue nostalgia lo que sentí, sino que solamente me extrañé al comprobar que no tanto tiempo atrás yo había sido novia, y había mantenido una rutina de novia, con frases de novia, y preocupaciones de novia. Y me sentí rara al entender una vez más como una misma persona pueda ocupar tantos roles diferentes, adaptarse a ellos y luego cambiarlos.
Falta poco para que el rol en el que más cómoda me siento cumpla un año. Y brindaré por eso!
Julio 31, 2009 | Por iluminada | Claves: basta, dieta, gusta, rumbo, sentimental, toturarme, voluntad | # Enlace permanente
Está bien, tengo que reconocerlo. Me gusta un chico. Sí, así de simple. Como si fuera el comentario de una nena de cuarto grado. Me gusta un chico y no hay nada que hacerle. Muy a mi pesar, me gusta un chico. No es el chico-de-los-diarios, no, claro que no. Ese descartadísimo, no motiva en mí ni siquiera decirle “qué ricos que estaban los bombones que me regalaste”, aunque fue así, de verdad estaban muy ricos y me los devoré en dos días. No, si me gustara ese chico, todo sería más sencillo. Pero no, a mi me gusta otro chico. En contra de toda mi voluntad, en contra de todos mis principios. Por más que mi amiga Luz me recomiende dejarme llevar por el sentimiento, dejarme que me guste, que la sensación crezca y que si tiene que dolerme, me duela y me estruje el alma y el orgullo, yo me resisto. No quiero que este chico me guste. No quiero y no quiero.
Después de la última vez que estuvimos juntos, y a pesar de que al día siguiente traté de hacerme la superada y decirles a mis amigas, “es sólo sexo, pero está bien, porque es el mejor sexo que tuve en mi vida”, no pude ser fiel a mis palabras. Después de esa última vez, me quedé pensando en él toda la semana, con su imagen dando vueltas de forma casi permanente en mi cerebro, y me odié a mi misma por ser tan cursi, tan boba, tan naif, por estar tan estúpidamente enganchada con un flaco que no. Un flaco que no, que no le gusto, que le gusto esporádicamente, para matarnos en la cama, pero para nada más. Y no es que no me guste eso último, eso último me encanta, pero me maldigo a mi misma por ser tan sentimental y no poder disfrutar libremente de eso, sin tener que estar suspirando al día siguiente por lo mucho que me gusta ese chico. Y por la desilusión que me causa cada vez que él vuelve a desaparecer.
Se que suena utópico, que suena a promesa imposible de cumplir, pero igual pienso intentarlo. Planeo contenerme, limitar cada uno de mis pensamientos, obligarme a no pensar en él, cambiar de imagen cada vez que vuelva a torturarme a mi misma recordando algún encuentro pasado o peor aún, imaginando alguno futuro. Basta. “Basta para mí” es el nombre del blog y por algo se lo puse. No tengo que desviarme del camino, del rumbo, puede estar muy bueno el hotel de la ruta para pasar una noche, pero no deja de ser eso, un lugar de paso. Es similar a la dieta que empecé, sólo necesito fuerza de voluntad. Mucha fuerza de voluntad. Y quesito Light para untar.
Julio 22, 2009 | Por iluminada | Claves: bombones, compañeros, gestos, malhumor, regalo, románticos | # Enlace permanente
En la radio, dos de mis compañeras -productoras de los programas de la mañana- adoran cumplir con un papel de celestinas que se han autoimpuesto y focalizan tal rol en mi persona desde que ya no estoy de novia. A pesar de mis constantes rechazos a sus indirectas ante la aparición de cualquier ejemplar masculino joven que osa asomarse por la radio, ellas siguen firmes en su meta de buscarme novio. Aunque yo insisto en la inutilidad de tal objetivo, ambas –de situación civil divorciadas pero viviendo un nuevo amor- no parecen querer desistir en su misión.
Hace un par de meses, el diariero que todos los días nos trae los periódicos locales a las 6:30 y luego, los de tirada nacional, a las 8:30, fue reemplazado por un chico de veintipico. Desde entonces, primero Mariana y luego Paula empezaron a hacer comentarios sobre atributos estéticos del susodicho. “Viste que alto que es?” “Tiene un lindo corte de pelo, notaste”, me preguntaban sin obtener de mi parte mayor respuesta que un “see” desganado. Para ser sincera, nunca le presté demasiada atención, especialmente por mi estado de somnolencia aguda que empieza a disiparse recién pasadas las 9 am.
El viernes de mi cumpleaños, justo cuando el muchacho en cuestión hacía su segunda aparición, el operador que acababa de llegar me estaba felicitando por mi día. Y bromeando, le dijo al chico-de-los-diarios: “Ey, es el cumpleaños de ella”. “Ahh, feliz cumple”, contestó el pobre muchacho intimidado. “Gracias, gracias”, contesté yo avergonzada, mientras mi compañero me pasaba un brazo por encima de mi hombro y le preguntaba al chico: “Que le vas a traer de regalo? Unas rosas?”, dijo para seguir con el juego. “Noooo”, dije yo, tratando de cortar el diálogo embarazoso. “No, a ésta hay que regalarle algo dulce”, acotó Paula, que de compartir conmigo siete horas diarias, conoce perfectamente mi predilección por las golosinas y demás alimentos chatarra. “Unos bombones”, agregó Mariana. Y yo me escabullí del brazo del operador, para volver a mi computadora y tratar así de escaparme de la situación incómoda. “Bueno, voy a traerle unos bombones”, dijo el chico al retirarse. Y mis compañeros acotaron algo más, mientras yo seguía firme en mi “nooo”, pero con la mirada fija hacia la pantalla haciéndome la ocupada en la redacción de una nota.
El sábado, después de atravesar una terrible bruma que empañó mis anteojos y el viento frío de pleno julio en Mar del Plata, llegué a la radio maldiciendo mi suerte, maldiciendo a los empresarios dueños de los colectivos y sus frecuencias desastrosas, maldiciendo al clima, maldiciendo la ubicación de la emisora en plena playa, en fin, de un evidente mal humor, agravado por la resaca producto de una noche de boliche con mis amigas para festejar mi cumpleaños y la consecuente falta de sueño. Cuando llegué, me llamó la atención ver al chico-de-los-diarios, pero ni me detuve a reparar en eso, primero porque ya me había olvidado de la broma de la mañana anterior, y segundo, porque tuve que apurarme a llegar a fichar mi entrada antes de que el reloj marcara las 13. Inmediatamente, busqué a Paula para que me pusiera al día de las novedades con respecto al transcurso de la mañana radial. Paula me saludó con una expresión extraña y me dijo: “Tengo tres cosas para comunicarte”. La primera era sobre los regalos que sorteábamos, la segunda sobre los teléfonos de unos entrevistados, y la tercera, “es personal, no laboral”, remarcó Paula. Yo la miré extrañada mientras ella agarraba un paquete de regalo (con moño y todo). “Esto te lo trajo José”, me explicó mientras señalaba hacia donde el chico-de-los-diarios se encontraba parado.
Cuando Paula terminó de decirme eso, debo haberme puesto automáticamente roja, porque sentí que un intenso calor hacía arder mi cara. Me di vuelta para agradecerle al chico de los diarios, y para decirle que no tenía que haberse molestado por una joda de mis compañeros. No sabía que más decir. Y me quedé quieta ahí, mientras Paula seguía sosteniendo en sus manos el paquete. “Abrilo! Que esperas!?”, me retó. Yo, con cara de trágame-tierra abrí el paquete frente a la mirada divertida de mis compañeros y de los ojos atentos de José (tal el verdadero nombre del chico-de-los-diarios-). El paquete resultó ser una caja de bombones. OMG! Sí, un chico me acababa de regalar a mí una caja de bombones. Por primera vez en mi vida. Después de dos años y medio saliendo con un rata, es muy triste admitirlo, pero es así, ningún hombre nunca antes me había regalado una caja de bombones. Pero ahí estaba, yo, los bombones, el chico, mis compañeros y mi falta de reacción. Por suerte también estaba Paula que, ante mi absoluta falta de reflejos, me sacó la caja suavemente, la abrió y me ofreció un bombón, que yo rechacé –sí, así de amarga se puede llegar a ser, involuntariamente- y luego fue ofreciendo al resto de los presentes. Cuando recuperé el conocimiento del idioma castellano, le expliqué a José, no con mucha elocuencia, que no tendría que haberse molestado, que había sido una broma de mis compañeros, que no tendría que haberme comprado nada. José me contestó que él se había tomado la promesa en serio. Le dije gracias unas 12 veces, aproximadamente y acto seguido, se fue y Paula casi me revolea la caja de bombones por la cabeza.
Cuando volví a mi casa, con la bolsita de regalo y los bombones, le narré a Lena lo sucedido. Lena indagó sobre mi parecer con respecto al chico, y yo le expliqué que no me gustaba y que el hecho de que me regalara bombones, me hacía, incluso, sentir algo incómoda. Entonces, reflexioné. Teniendo en cuenta los casos hasta ahora registrados, siempre tuve una especial predilección por los hombres fríos, cero románticos, sin gestos caballerosos, ni de ninguna otra índole…Y ahora, con la aparición de uno que me trae bombones, mi primera reacción es la de correr asustada… Gataflorismo a pleno.
Julio 18, 2009 | Por iluminada | Claves: bondad, cumpleaños, expresión, innata, maldad, mirada, panqueques | # Enlace permanente
Ayer fue mi cumpleaños. Sí, ahora luzco 24 años. Pensar que cuando tenía 6 años, tener 24 sonaba a sinónimo de ser persona adulta. Ahora que los tengo, me doy cuenta de que estaba equivocada. Y que 48 años sí suena a adulto, pero 24 no. Lejos, lejos. Lo único adulto que tengo es mi caja de ahorro en el banco y la factura mensual de Claro, único servicio cuya boleta luce mi nombre (a Dios gracias)
Salíamos con Lena de deleitarnos con unos panqueques rechonchos en Lo de Carlitos versión marplatense, cuando divisé la camioneta de Marcos Marquisi pasando en dirección opuesta a nuestra caminata. Y también vi a Marcos Marquisi. Y Marcos Marquisi me vio a mí. Me miró mal, enojado, casi con odio. Y yo me sonreí. No digo le sonreí, porque no fue así. Yo me sonreí para mí. Porque adentro mío me reía con ganas de la situación, del hecho de cruzarme con Marcos Marquisi, a quien no veía desde hace meses, el mismísimo día de mi cumpleaños. Y me reía también de su expresión, de esa mirada maléfica con la que me observó.
Seguí caminando con mi madre, hicimos compras cumpleañeras y volvimos a casa. Faltaba poco para que llegaran mis amigas, así que decidí conectarme un toque a Facebook mientras las esperaba. Ni bien lo hice, en el margen inferior derecho de la página, Marcos Marquisi apareció saludándome por el chat. Luego de meses sin hablar, Marcos Marquisi decidió romper el silencio con un “feliz cumple shegua”, que me escribió en su jerga. E inmediatamente agregó: “Esta tarde cruzamos miradas, o fui yo solo?”. “No, fue ida y vuelta”, le contesté. “Disculpa que no te saludé, pero es que estoy falto de reflejos”, se justificó sin que nadie se lo pidiera. “Con la mirada malvada que tenías, no parecía que estuvieras pensando en saludar”, le dije. “Es que venía pensando en problemas de laburo, en unos enrosques que tengo que solucionar (…)”, siguió justificándose, como si acaso hiciera falta. “Mmm, para mí simplemente fue la maldad innata que te brota”. Marcos Marquisi se río con unos “jajaja” y admitió: “Sí, los que tenemos una personalidad malvada solemos hacer estas cosas”. “Lástima que los buenos como yo tengamos que soportarlos”, le dije. “Lo decís por mi caso en particular, o por la generalidad?”, me preguntó. “No, hablo en general, vos sólo sos un ejemplo más”, le expliqué. “Te dejo porque llegaron mis amigas”, me despedí. “Que pases un lindo día. Besos”, se despidió Marcos Marquisi, con fingida bondad.
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