Mi perfil psicológico.

Estoy aquí, en la sala de espera de mi psiquiatra, la Dra. Delia Rincón. El paciente que está adentro del consultorio llora, sus llantos se oyen. Delia se demorará consolándolo, concluyo. Como siempre, mis ojos, aunque esté mal, se tientan mirando unas carpetas amarillas, apiladas, pero ordenadas por orden alfabético, que yacen sobre un escritorio de estilo. No voy a ocultar que muchas veces en estos casi seis meses de terapia que llevo, aproveché este tipo de oportunidades para hurgar en esas carpetas buscando la mía, aunque sin éxito, sólo para conocer las impresiones de Delia sobre mi persona. Pero nunca la he hallado, hasta hoy, en que por fin la encuentro. Carpeta amarilla con etiqueta: “Ana Laura Gölk, 28 años”. La primera página, en hoja oficio sin renglones, es un resumen de nuestra primera entrevista: “Ana Laura, dos flechas, madre y padre” (supongo que esto significa que aun vivo con ellos y que soy hija única). Me detengo un segundo recordando que la sala de espera de Delia es a la vez el living de su departamento y su hijo, con el que supongo convive, podría pasar por aquí en cualquier momento, pero, no obstante el miedo, sigo leyendo: “Padre médico, hipocondríaco. Madre, empleada”. “Ana Laura flecha: mi profesión” (no la escribo para preservar mi identidad, pues lo que cuento es real). Sigo: “Ana L. flecha empresa fines de semana” (se refiere a mi trabajo y mis horarios: miércoles a domingo de 14 a 22 hs). “Ana L. novio no, nunca tuvo serio” (no hay mucho para aclarar). Vida sexual ausente (léase: soy virgen todavía). “Tímida, inhibida, hipocondríaca signo igual padre” (esta última palabra subrayada con doble línea). “Paciente prepaga” (la que me paga la empresa). “Panic Attack, desmayos esporádicos” (mis síntomas). “Ana L. estudia administración de empresas, segunda carrera” (como no quedé conforme con la primera, sigo otra). Continúo leyendo y encuentro lo último: “Lucía Méndez flecha ?” (no sé por qué la primera entrevista con Delia derivó en charla sobre música y comenté, tal vez con un poco de vergüenza, pero para eso está el psiquiatra, que mi IPod estaba lleno de canciones de Lucía Méndez). Siento movimientos en el consultorio, cierro la carpeta y la dejo en su lugar. Ha llegado mi hora con Delia.

P.D.: Se estarán preguntando si leí historias de otros pacientes de Delia las veces que busqué mi carpeta. La respuesta es sí. Sé que está mal, pero como no conozco a esas personas no siento culpa alguna.