Posts etiquetados como ‘policial’

Olvídalo, Cariño/Epílogo

Epílogo: Javier bajo el Sol

La caballería llegó cinco minutos tarde. El grupo Geo nos encontró apuntándole a Méndez y al Tullido mientras Vanina ayudaba a Chacal a subirse a la silla de ruedas. Yo no llegué a avisarle donde estábamos pero Analía le explicó la situación y mientras Lucía los llevaba a casa él pedía refuerzos. Lo que creo que ni él se esperaba era esa entrada espectacular. Por algo está hace rato en oficina, lo suyo es la pc, no la calle. El flechazo entre Vanina y Chacal (perdón, Miguel) fue instantáneo. Miguel insistía en que ella le salvó la vida. Ella al principio sintió ternura, después seguramente amor.

No fue por el único lado por el que el amor floreció. Analía y Paula están cada vez mejor. Antes de todo aquello eran viejas conocidas que se veían muy cada tanto. Después de esas 24 horas se descubrieron de otra manera, y se empezaron a gustar. Hoy hablan de vivir juntas cuando vuelvan. Si es que volvemos.

Porque la verdad que en Buenos Aires ya se largó el frío. Y acá estamos bárbaro. Ya pasaron unos cuantos meses. Y la verdad no me puedo quejar. Aquella aventura fue lo mejor que me pasó en la vida.

Mi primera duda fue acerca de si la información que copié del pendrive sería auténtica. Como era un anzuelo, temía que no lo fuera. Pero me equivoqué. Era toda real. Ahora laburo cinco horas por semana y gano fortunas. Desde hace dos meses estamos en Río de Janeiro. Nos trajimos a Paula, a Analía y al Maestro. Por supuesto, a ninguno de los dos les permitimos siquiera pensar en volver a la calle. Estoy juntando plata para alimentar a un par de generaciones. El Maestro le da clases de protocolo a Paula. La quiere convertir en My Fair Lady. Analía se caga de la risa al verla cuando cenamos. Siempre vamos a un restaurante distinto. Y a veces porque nos da vergüenza volver.

Fue un día agitado aquel, confieso. Pero al final las cosas salieron mucho mejor de lo que podríamos haber esperado. Ahora me van a disculpar, pero le tengo que pedir a Lucía que después de pasarle el protector solar a Martín me lo pase a mí. Pega fuerte el sol en las playas de Copacabana.

¡Garçon, dos margaritas!

Olvídalo, Cariño/25

Capítulo XXV: Yo

Javier le preguntó a Paula quién era.

-Omar Siracusa –contestó ella-. Fue mi primer novio. Yo estaba en la primaria y el en la secundaria. No lo veía hace años.

-Pau, qué lindo que te acuerdes de mí. La verdad que yo me acuerdo bien de vos. Eras re tiernita pero cogías bárbaro. Me acuerdo y me dan ganas de echarte un polvo antes de matarte.

-¡La puta que te parió! ¿Vos también estás con el gordo asqueroso este?

-No, nena. Este gordo asqueroso está conmigo, más bien.

-¡Ché, gordo asqueroso tu abuela eh! A ver si liquidamos el asunto prontito que no me quiero quedar mucho rato acá. Albornoz, ¿Hay noticias de Zachari?

Un tercer hombre que estaría en el garaje entró en escena.

-Me acaba de llamar, jefe. Se viene para acá con el viejo ese y una mina.

-¿Y la mina de donde la sacó?

-Dice que la tuvo que tomar de rehén para poder sacar al viejo del bar.

-Pero este tipo es un pelotudo –dijo el gordo mirando a Siracusa.

-Bueno, en definitiva el enchastre después lo limpia él –dijo el Tullido-. Pero a ver si nos dejamos de matar gente que ya es demasiado.

Javier se alegró de saber que el Maestro estaba vivo, pero entendió que estaban en problemas y que había que zafar de esta, ante todo. Entonces se puso a recordar las cosas que tenía pendientes hacer en la casa. Una de ellas era poner una puerta Pentágono. Hacía rato que pensaba en que debía hacerlo. No era posible que hubiesen entrado tan fácil a la casa. La segunda era encolar bien la pata floja de la mesa que se caía a cada rato. La tercera era ponerle tapa a la caja de la luz. La térmica estaba a la vista, igual que el botón de corte. Javier aprovechó que la atención estaba puesta en Albornoz y lo apretó con un rápido movimiento. La casa quedó a oscuras y de inmediato se oyó un disparo. Paula entendió el mensaje y se metió debajo de la mesa. Méndez y Siracusa empezaron a dar órdenes a los gritos, la mayoría de ellas contradictorias entre sí. Javier en la confusión aflojó con cuidado la pata de la mesa. Entonces le dio con todo a un par de piernas que había ahí. Cuando Albornoz cayó lo remató de un palazo en la cabeza. Luego agarró la 9 mm. que llevaba en la mano y le disparó a un bulto. Entonces vio a otros tres salir por la puerta. Un gordo, un rengo y una mujer. Tenían a Paula.

-Flaco, dejá de hacerte el héroe que la negra es boleta. Prendé la luz y venite para acá.

Javier subió el interruptor de la térmica y volvió al garaje con las manos en alto. Méndez sostenía a Paula con un brazo mientras con el otro apoyaba el arma en su cuello, apuntando a la cabeza. Siracusa le quitó la pistola y Mendéz se separó de Paula para apuntarle a los dos.

-Voy a ver como están Albornoz y Romero –dijo el Tullido y se dirigió de vuelta al comedor. No tardó en volver.

-Romero está muerto. Este hijo de puta le dio en el bobo. Allá es un enchastre de sangre. Albornoz está vivo pero inconsciente. Le dio un buen palazo en la cabeza este cabrón. Debería bajarte acá mismo. Vamos a esperar que venga Zachari.

Son dos menos, pensó Javier, pero todavía estamos jodidos. En eso sonó el timbre. Siracusa fue a abrir. Era Zachari.

-Me cago en estas calles en pendiente –dijo al abrirse la puerta-. Vengo resoplando hace dos cuadras. Me cago en La Lucila.

-Dejá de cagarte tanto que perdimos a Albornoz y Romero. ¿Ellos quienes son?

-El viejo estaba con la Karen y sabe demasiadas cosas que no debería saber. A la flaca la tuve que agarrar por el camino de rehén para que el viejo camine.

-Oíme, acá adentro hay que limpiar. Albornoz está muerto, y a Romero no le falta mucho. Ahora nos vamos a la base y ahí nos ocupamos de estos, pero después vas a tener que venir para ocuparte del quilombo que quedó acá. Afuera están el auto de Saúl y el de Albornoz. Nosotros dos nos vamos en el de Saúl con las minas. Vos ponelo a manejar al de anteojos y viajá atrás apuntando al jovato. ¡Saúl, traélos!

Méndez salió de la casa precedido por Javier y Paula. Cuando estaban listos para subirse a los autos se escuchó un grito.

-¡¡¡¡¡MERCURIOOOOO!!!!!

Rodando cuesta abajo venía la silla de ruedas con Miguel a bordo. Logró tomar por sorpresa a todos y mientras con una mano dirigía (como podía) la trayectoria de la silla, con la otra llegó a hacer dos disparos. Uno pegó en el brazo derecho (el bueno) de Siracura y lo obligó a soltar el arma. El otro pegó en la pierna de Méndez. Zachari levantó el arma para apuntarle y en el momento de disparar Vanina lo golpeó con su cartera y le hizo desviar la bala. La silla de ruedas embistió directamente a Zachari. Méndez alcanzó a dispararle pero rebotó en un travesaño de acero y fue a dar contra la cara de Zachari. Fue entonces cuando Javier tomó el arma de Siracusa, el Maestro la de Méndez y la situación quedó finalmente bajo control.

Olvídalo, Cariño/24



Capítulo XXIV: Javier, en La Lucila

No puedo creer los huevos que tiene el viejo. Lo dejamos a las corridas y nos vinimos para acá. Llegamos lo más rápido posible. En el camino hice un par de llamadas. Era necesario. Entramos y le puse doble llave a la puerta. Atravesamos el garaje y nos vinimos hasta el comedor por el pasillo del costado, el mismo que lleva a las habitaciones y al parque. Yo empecé a preparar la notebook de vuelta. Necesitaba ubicar a Chacal.

-Javier, tengo un cagazo de aquellos –me dice Paula.

-Te entiendo. Yo también. Espero que el tío esté bien.

-Sí… se jugó por nosotros…

-Ahora lo importante es aguantar. No me pude comunicar con Lucía, no sé por donde andan ellas. Pero algo me dice que este lugar ya no es el más seguro.

-¿Y qué vamos a hacer? No nos podemos estar rajando toda la vida.

-Lo sé. Espero algo de ayuda.

En ese momento se escuchó un disparo en la puerta de calle. Luego siguieron pasos. Finalmente oímos voces.

-Nena, llegamos.

Por la puerta apareció uno de los tipos más desagradables que he visto en mi vida. Por un momento me hizo recordar a Gostanián, pero morocho y lleno de picaduras de varicela. El gordo se apoyó en el marco de la puerta y se quedó mirando a Paula. La única salida posible era la puerta donde estaba apoyado Méndez, que a esta altura ya tenía claro que se trataba de él.

-Así que apareciste, putita –se dirigió a Paula. A mí no me dio pelota, sencillamente-. ¿Sabés? Te cuento una cosa. Si te hubieses quedado en el molde y no empezabas a rajar no te íbamos a dar pelota. Pero te fuiste con eso en la cabeza y ahí si que no te podíamos dejar pasar.

-Hijo de puta, vo mataste al Rafa.

-No me digas que encima me viste. Qué cagada. Es una pena que ahora te tengamos que bajar a vos también. Y a tu amigo.

Ese sí era yo.

-¿Tullido, a vos que te parece, los ejecutamos acá o los llevamos a algún lado así nos cargamos a todos juntos? –le dijo Méndez a alguien que estaba todavía en el garaje.

-Para que reviso el lugar –se escuchó una voz con inocultable acento cordobés. Entonces Méndez se corrió de la puerta y a través de ella vimos entrar al Tullido.

-¿Cómo estás, Paulita? –preguntó.

-¿Qué hacés vos con él? –fue la sorprendida respuesta de Paula.

Olvídalo, Cariño/23

Capítulo XXIII: Vanina

Espero que Nancy no tenga nada mejor que hacer, porque voy a llegar a cualquier hora. Me va a querer matar. Menos mal que se lleva bien con la nena. Se me hizo re tarde. Encima ya se está haciendo de noche.

¿Qué hace ese tipo parado al lado de la ventana del bar? Por las dudas no voy a pasar muy cerca. Pero el tipo se me acerca, me encara y con disimulo me muestra un arma.

-Quedate en el molde –me dice. Entonces me agarra del brazo y me da vuelta para hablarle a otro tipo que estaba adentro del bar-. Viejo, te venís conmigo o la quemo a ella.

Me da la impresión de que el de adentro putea. Carajo, ¿justo por esta cuadra tenía que ir? Eso por querer cortar camino. Nunca voy por esta, ni sabía que acá había un bar. Ahora estoy de rehén. Puta madre. El de adentro sale y empezamos a caminar. Necesito hablar con Nancy.

-Oiga –le digo-, yo voy a donde usted quiera, pero por favor déjeme llamar a la chica que cuida a la nena así sabe que no llego…

-Dame tu celular –ordena el del arma. Se lo doy. Lo mira, lo gira, y lo revienta contra la vereda. Ni siquiera me deja rescatar el chip-. Listo, no jode más.

El viejo me mira.

-Disculpame, piba. Te juro que no me lo esperaba.

Como si me sirviera de algo. Seguimos caminando para el lado de La Lucila. El viejo me sigue hablando.

-Para que entiendas en qué quilombo estás metida. El señor Zachari nos va a matar a los dos. A mí porque me tiene ganas y a vos por pasar por el lugar equivocado en el peor momento.

Genial. Lo que me faltaba.

-¿Y entonces que vamos a hacer? –pregunto, francamente desesperada.

-Y, lo único que queda es acompañarlo hasta ver en qué momento nos podemos rajar. Nos ayudaría saber adonde vamos. ¿A dónde vamos, señor Zachari?

-A buscar a tu amiguita, viejo. Deberías estar contento.

El viejo pone cara de pesar. Ya todas las luces de la calle están prendidas.

Es de noche.

Olvídalo, Cariño/22

Capítulo XXII: Martín

Qué día aburrido. No entiendo nada, no me explican nada. Llegó el abuelo con las dos amigas y se pudrió todo. Yo quería ir a jugar a la vereda con Agustín y Franco. ¿Qué hacemos por acá? No sé ni donde estamos. Creo que vamos a la otra casa, pero nunca caminamos tanto.

Analía me cae bien. Pero al amigo de ella mucho no lo trago. Me caía mejor la otra. ¿Será por la silla de ruedas? Mi mamá me dijo que no tengo que pensar mal de las personas porque tengan algo distinto. Que lo mire al abuelo, que siempre es re bueno y anda así todo raro. Pero ahora se arregló el abuelo. Se afeitó y todo. Nunca lo vi afeitado. Está gracioso.

Ya me cansé de caminar. Encima salimos de casa corriendo, apenas tuve tiempo de agarrar los autitos. Me aburro, ma. No entiendo nada de lo que dicen. Parece que papá, el abuelo y la otra chica nos van a esperar en la casa. Si está lindo le voy a pedir a mamá que me deje meter en la pile. Si está limpia. No se si está limpia. Si no está bien limpia mamá no le deja a nadie que se meta. Ufa, no traje malla. No me acuerdo si había quedado alguna allá. Y sino me meto en calzoncillos. Pero me parece que el agua está sucia. No me va a dejar mamá.

Qué ganas de tomar un helado. Ya van tres heladerías que pasamos. Le dije a mamá de tomar uno y me dijo que después. Ufa, vamos a los pedos, ¿no podemos parar un poco? Estoy cansado. Me gustaría tener el Omnitrix de Ben 10. Ahí sí, me convierto en Libélulo y me llevo a todos volando. Pero mamá dice que esas cosas no existen. Y me quiere poner Backyardigans. Mamá, estoy grande para Backyardigans. Papá quiere hacerme ver Dragon Ball Z pero a mí no me gusta. Lo que sí me gusta ver con ellos es Los Simpson. Aunque a veces veo que se matan de risa de cosas que yo no entiendo. Al final te dicen que secretos en reunión es mala educación y ellos se ríen de un secreto que yo no conozco y ellos no me quieren decir.

Pasamos por un kiosco y el señor de la silla de ruedas me compra un Conogol. Ya no me cae tan mal. Al final tenía razón mi mamá.

No se puede pensar mal de una persona sin conocerla.

Tengo ganas de hacer pis.

Menos mal que estamos llegando.

Ya casi es de noche.

Olvídalo, Cariño/21

Capítulo XXI: Zachari

¿Y a este viejo quién carajo me lo mandó?

Hay cosas que no puede saber. ¿Será cana? Yo jamás lo vi en mi vida. Más vale que me diga quien es porque lo mato en serio.

-Vamos afuera, viejo.

-No, ni en pedo. Si querés ejecutame acá mismo pero yo no me muevo.

-Dale, viejo, que no siempre va a haber gente en este bar.

-Entonces me vas a tener que matar delante del dueño porque yo no pienso salir.

-La concha de tu madre. ¿Quién sos? ¿Quién te manda?

-Podés decir que me mando solo, Zachari. Pero para que te quede claro te explico cómo es la situación. Vos en este momento tenés un prisionero al que no podés controlar. En cuanto a mí, tenés tres alternativas. O me aguantás acá sin moverme de esta mesa, o me matás y me sacás del medio pero te exponés a cometer un crimen con testigos, o simplemente te vas y me dejás en paz.

Qué pedazo de hijo de puta. Lo peor es que tiene razón. No lo puedo dejar, pero si no lo saco del juego no puedo volver al juego yo. Y mientras la pendeja se las toma. Menos mal que pude hablar con el tullido. Romero cayó en el momento justo. Pero si no hago algo con este viejo no me puedo mover de acá. Y no tengo más refuerzos que pedir.

-A ver, viejo, vamos a negociar.

-¿Y qué pretendés negociar conmigo?

-No tengo idea, pero algo debés querer.

-Lo único que quiero es que la Karen zafe.

-A la Karen la está siguiendo mi compañero que estaba afuera.

-Bueno. Pero vos no la estás siguiendo.

-Pero la sigue otro, ¿Cuál es la diferencia?

-Uno menos.

-Viejo de mierda. ¿No te das cuenta de que en cuanto tenga oportunidad te voy a matar?

-Sí, pero por ahora no la tenés y respiro.

-Dale viejo, decime que querés.

-¿Ahora?

-Sí, ahora, viejo, no me rompas las pelotas.

-Otra Quilmes. ¡Mozo!

Viejo y la reputísima madre que te reparió.

Ahora vas a ver como te cago.

Salgo del bar y me acerco a la ventana del lado de afuera.

-Viejo, salí ya mismo, dale. No me hagas hacer boludeces.

-Hacé lo que tengas que hacer, Zachari.

Ok.

Vas a ver lo que hago.


Olvídalo, Cariño/20

Capítulo XX: Conversación telefónica (3)

Voz 1 (Masculina, grave, como de fumador empedernido, alrededor de 50 años, respiración muy marcada y con esfuerzo, como de alguien con sobrepeso): ¿Qué pasa?

Voz 2 (Masculina, clara, aguda, entre 20 y 30 años, leve estiramiento de las vocales, a la manera de los cordobeses): Una buena y una mala.

V1: Largá la mala.

V2: Cayó Polo.

V1: ¿Cómo que cayo Polo?

V2: De alguna manera ubicaron el depósito. Cayó él, la secretaria y el cargamento.

V1: Me estás jodiendo. Si Polo habla nosotros cagamos.

V2: Saúl querido. Polo no va a hablar.

V1: ¿Y cómo estás tan seguro?

V2: Vos podrás usar tus cuatro extremidades pero la cabeza no te da, eh. ¿Te pensás que no sabe que si abre la boca amanece colgado de una viga?.

V1: Mierda. ¿Y la buena?

V2: Ubicamos a la pendeja.

V1: ¿Dónde estaba?

V2: En Olivos. Zachari la encontró de pedo, casi la pierde y justo llegó Romero y se le puso atrás. Zachari además agarró a un viejo que andaba con ella. Albornoz va para allá a apoyar a Romero. Por ahora la están siguiendo hasta encontrar una buena oportunidad para agarrarla a ella.

V1: Bueno, si tiene algo que ver que la maten. Y sino que la hagan mierda igual.

V2: Sí, estoy de acuerdo. Si cayó Polo no nos podemos arriesgar a que la pendeja sepa algo que pueda perjudicarnos. Lo mejor es bajarla.

V1: Bueno, teneme al tanto, yo estoy en camino.

V2: Te espero. Chau.

Olvídalo, Cariño/19



Capítulo XIX: Chat (2)

Mercurio dice:

Chacal

Chacal dice:

Mercurio, permitime felicitarte. La verdad me sorprendiste ampliamente.

Mercurio dice:

Por lo de mi vecino el traficante? Hace rato que tenía ganas de hacerle alguna.

Chacal dice:

El pendrive estaba vacío. Era necesario que lo formatearas?

Mercurio dice:

Comprenderás que no es información que pueda caer en manos de cualquiera.

Chacal dice:

Punto para Mercurio.

Mercurio dice:

Ahora me estoy escapando de la cana, y me gustaría tener un par de respuestas.

Chacal dice:

Entiendo, es comprensible

Chacal dice:

Tenemos planeada esta operación hace rato.

Chacal dice:

Los tipos que queremos agarrar son en esencia traficantes.

Chacal dice:

En principio de drogas varias,

Mercurio dice:

Si

Chacal dice:

en su momento tuvieron su punto fuerte en la cocaína,

Chacal dice:

pero la efedrina es un negocio que va creciendo.

Chacal dice:

Pasa que, ya te digo, son traficantes.

Chacal dice:

Entonces les ofrecimos una herramienta

Chacal dice:

que les iba a permitir obtener

Mercurio dice:

Si

Chacal dice:

la mayor cantidad de información del mundo

Chacal dice:

lo cual depositado en manos

Chacal dice:

que lo supieran manejar

Chacal dice:

les permitirían tener el cuasi monopolio de la información.

Chacal dice:

El problema es que dejamos

Chacal dice:

que ellos eligieran

Chacal dice:

cómo se lo hacíamos llegar.

Chacal dice:

Y así fue que se perdió por el camino.

Chacal dice:

De alguna manera

Chacal dice:

cuando pensábamos que el operativo había fracasado

Chacal dice:

hiciste llegar el pendrive a su verdadero destinatario.

Mercurio dice:

Bien

Mercurio dice:

Es decir que ustedes se mandan una cagada y de golpe personas que no tienen nada que ver están metidas hasta el cogote

Chacal dice:

Puedo ofrecerte mis disculpas si te sirve.

Mercurio dice:

Supongo que deberé contentarme con eso

Mercurio dice:

Por ahora necesito zafar

Chacal dice:

Estoy en condiciones de ofrecerte una mano

Chacal dice:

Pero necesito preguntarte adonde estás y adonde vas

Mercurio dice:

Me extraña que no lo sepas.

Chacal dice:

Vamos, que en ningún momento te subestimé, mi amigo.

Mercurio dice:

Y no lo estás haciendo ahora?

Chacal dice:

Si me hubiese interesado agarrarte no te habría dicho del rastreador, no te parece?

Mercurio dice:

Punto para chacal

Mercurio dice:

Pero no te lo voy a pasar por acá

Mercurio dice:

Estamos en contacto

Mercurio cerró sesión.


Olvídalo, Cariño/18



Capítulo XVIII: El Maestro en Olivos

Yo a éste lo conozco. Lo bueno de ser clochard es que nadie te da pelota. Te ignoran olímpicamente. Así que si sos bicho te podés volver invisible. Es lo que me pasa a mí ahora.

Se llama Zachari. Yo lo conozco desde que andaba de uniforme, pero hace rato que lo tienen de civil para hacer el trabajo sucio. No sé como carajo apareció acá, pero nos está siguiendo. Ahora tenemos que zafar.

-Javi, ¿dónde está exactamente el departamento?

-Estrada y Debenedetti, Maestro. ¿Por?

-Porque traemos cola. Tenemos que ver cómo zafamos.

-¿Y si nos separamos? –pregunta la Karen.

-Te va a seguir a vos, nena. Tenemos que sacarlo de encima de alguna manera.

-¿Alguna idea? –pregunta Javier.

-Por supuesto. Entremos a ese bar a tomar algo.

Entramos y se nos acerca el mozo. Le pido una Quilmes bien fría para los tres.

-Tío, ¿no preferís una Stella?

-Oíme, hace años que no tomo una Quilmes. No me importa si salió algo mejor, ahora quiero una Quilmes.

Javier se ríe y saca la notebook de la mochila.

-¿Y cuál es el plan, Maestro? –quiere saber Karen.

-Por ahora, tomar esa cervecita y dejarlo a Javi que se comunique con la caballería. Después es mi turno.

El mozo nos trajo una Cristal de tres cuartos que honestamente estaba espectacular. Tomamos un chopp cada uno. El que menos la pudo disfrutar fue Javier que estaba meta darle a la tecla. A los diez minutos cerró la notebook y la empezó a guardar de nuevo en la mochila. Entonces me paré y fui a buscarlo a Zachari que estaba sentado al lado de una ventana.

-Yo a vos te conozco. Vos andás siempre por Constitución. ¿Qué hacés por acá?

-No tengo idea de quién sos ni de lo que me hablás. –Zachari no sacaba los ojos de la mesa donde estaban Karen y Javier- Tomatelás.

-Dale, Zachari, que te conozco bien. A vos te llaman para trabajos de limpieza. Si cuando pusieron la foto de Jorge Julio López en los patrulleros vos te cagabas de la risa.

Ahora sí me miró. Y si no estábamos en un lugar lleno de gente estoy seguro de que me boleteaba ahí mismo.

-Escuchame, viejo de mierda, vos no sabés con quién te estás metiendo. Más te vale que te vayas de acá si no querés quedar prendido. No te lo recomiendo.

-Claro que sé con quién me meto, Zachari, ¿cómo no te voy a conocer? Vos sos el que lo bajó a Ulises afuera de la cancha de los cuervos, ¿te pensás que no sé? Menos mal que en el barrio nadie dice nada, porque si se enteran te linchan, ¡jajajaja!

Antes me pareció que no le caía bien. Ahora sí me mira con odio.

-¿Quién carajo sos?

-Jamás te interesó quién soy y no vale la pena que te enterés ahora. Pero yo a vos sí te tengo bien junado.

-Viejo y la puta que te parió. No tengo idea de quién sos pero me voy a encargar personalmente de meterte una bala en la cabeza.

-Mirá, a lo mejor te des el gusto, pero al menos en lo que respecta a Karen, ya la perdiste.

Zachari mira a la mesa donde ya no están Javier y Karen.

Olvídalo, Cariño/17



Capítulo XVII: Conversación Telefónica (2)

Voz 1 (Masculina, clara, aguda, entre 20 y 30 años, leve estiramiento de las vocales, a la manera de los cordobeses): ¿Qué pasa Zachari?

Voz 2 (Masculina, rasposa, aguda, cerca de 40 años, se escucha ruido de calle de fondo): Jefe, andaba de infiltrado en la marcha de los maestros, y ¿a que no sabe con lo que me encontré?

V1: No me vengas con adivinanzas, Zachari que no estoy al pedo.

V2: Está bien, la vi a la Karen, la putita del Rafa.

V1: ¿Estás seguro de que era ella? Se supone que está guardada en una parrilla.

V2: Mire, yo le digo lo que veo. A la Karen la conozco bien, alguna vez hasta me la cogí incluso. Es ella, le garanto. Está vestida bien, como si fuera una señora, y va con dos tipos. Me pareció que le iba a interesar más esto que lo de los maestritos.

V1: Entonces me vas a decir que la estás siguiendo, me imagino.

V2: Claro, Jefe, más vale. Van caminando por Maipú para el lado de Martínez. Yo los sigo a media cuadra.

V1: ¿Ella no te vio, verdad? ¿No te reconoció?

V2: No, Jefe, la Karen no me conoce. Yo la tengo junada porque es la única minita que vale la pena en Consti.

V1: Ok. Escuchame bien lo que vas a hacer. Seguilos como hasta ahora. Si ves que se suben a un bondi o lo que se le parezca no sé como hacés pero no se te ocurra perderlos, ¿está claro?

V2: Claro, Jefe, más vale.

V1: Si ves que entran a algún lugar me informás y te quedás haciendo guardia. Que por ningún motivo se te vayan a escapar, ¿me entendiste?

V2: Sí, Jefe, lo entendí.

V1: Yo también ando por la zona, así que si me avisás estoy por ahí al toque. Y ojo que no voy solo eh.

V2: Muy bien Jefe, ¿algo más?

V1: Sí. Te estoy mandando a Albornoz y Romero. No te mandés cagadas, Zachari.

V2: Comprendido, Jefe. Corto y fuera.


IMPORTANTE. Los contenidos y/o comentarios vertidos en este servicio son exclusiva responsabilidad de sus autores así como las consecuencias legales derivadas de su publicación. Los mismos no reflejan las opiniones y/o línea editorial de Blogs de la Gente, quien eliminará los contenidos y/o comentarios que violen sus Términos y condiciones. Denunciar contenido.
AgenciaBlog