Entrenamiento Personal
Que le enseñe
a manejar el Mini Cooper. Buenísimo. Lo que me faltaba. Debo confesar que el chiche está lindo. Andando con esto por las noches de Baires haría estragos. Pero no con Margarita arriba… En fin. Cobro buena plata por sacarla a pasear todos los días y encima me ofreció un extra. El precio lo pongo yo… ni sueñes menos de tres cifras darling…
Una sola vez traté de preguntarle a Margarita sobre su pasado sin un mango. No dijo una palabra, pero sus ojos dijeron mucho. Bah, dijeron “No se te ocurra volver a hablar de eso” en realidad. Y yo, obediente, no lo volví a hacer.
Margarita tiene todos los clichés del nuevo rico. A veces dan ganas de pegarle. No deja de hablar un minuto de la casa del country, de cuanto le costó decorarla, de los diseños exclusivos que encargaron, de las pinturas originales que cuelgan de las paredes, del mini vivero con flores exóticas, de que todo el mundo debería tener sauna y jacuzzi en su habitación y de que no sabe como pudo vivir alguna vez sin un celular de tercera generación. Se la pasa mostrándose. Salimos a correr y ella insiste en usar mallas de gimnasia que le marcan bien el culo y las tetas, duras firmes, redondas, turgentes, y compradas, por supuesto, aunque eso no lo dice. Pero claro, ya con verle la cara te das cuenta que ese culo y esas tetas no nacieron con ella. Entre los lifting y el botox parece la hija de Boris Karloff. La verdad, entiendo perfectamente que Rubén ya no le quiera tocar un pelo.
Así que ahí estoy, a las ocho de la mañana, dispuesto a enseñarle a manejar el Mini Cooper. Temo que no sea lo único que quiere, pero bueno, es parte del oficio también. Así que la llevo a un lugar donde no vaya a lastimar a nadie y le enseño los cambios. Primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, reversa. No, Marga, tenés que pisar el embriague mientras pasás el cambio. Dios, me duele cómo trata la palanca. A ver, ahora dale contacto, pisá el embriague y dale primera. Muy bien. Pisá el acelerador y soltá el embriague despac… ¡DESPACITO! ¡FRENÁ! Ahhh, qué cerquita pasó ese poste de luz. Todo bien, tranquila. Vamos a ver si probamos de otra manera.
Ah bueno.
Llegamos y me ofrece pegarme un baño.
Dice que hoy fue un día agotador. Más agotador es hacer quince series de ocho abdominales, pero claro, cuando hace eso no me refriega el culo contra la verga. Me invita a pasar a la casa. Me ofrece probar el sauna y el mini spa de su habitación. Cagamos. En fin, que ya sé como sigue. Entramos a la pieza y cierra la puerta con llave. Entonces se me tira encima y literalmente me come la boca. Se diría que está desesperada, en menos de un minuto me saca la musculosa, el short y el slip. Se arrodilla delante de mí y de un bocado se mete todo mi miembro en la boca. Es medio brutita, pobre, pero le pone onda. Me dice que nunca vio una tan grande. Sin tirarme abajo, pienso que no habrá visto demasiadas en realidad. Después de chupármela un rato me lleva a la cama. Ahora le saco la ropa y empiezo a chuparla un poco yo, creo que se lo ganó. Está toda depilada, pero un poco arrugadita. Me provoca ternura, ahí no se hizo lifting, pensaría que no lo necesitaba. Después de un rato y tres orgasmos me monta. Qué lo parió, nunca vi una mina tan caliente después de acabar tres veces. Acaba de nuevo y me dice que esa mirada libidinosa la conoce, que yo le quiero hacer el culo, pero ella es una señora y no me lo va a dar. No, no, no, de ninguna manera. Entonces, sin que yo me mueva, se da vuelta y se empieza a sentar arriba de mi pija, firme pero seguro, igual que en el auto pero sin ropa. Mirá vos qué fácil entra, quién diría la señora. Finalmente acabo. Ella se levanta y se pone a llenar el jacuzzi. Mientras nos bañamos le agarra la culpa. Que no sabe como pasó, que cómo le pude hacer esto, que si se entera Rubén, que va a ser nuestro secreto…
Entonces me empieza a transar.
Sí señor, está como una cabra.
Seis meses antes.
-Bueno, Román, la idea es más que nada que la mantengas entretenida a mi esposa, entendés? Si te pide que la hagas correr la hacés correr, si te pide que la lleves al cine la llevás al cine, si te pide que te la cojas te la cojés. Lo importante es que no me joda. Yo estoy más en Brasil que acá. Y te aseguro que allá la paso mucho mejor. Así que dale los gustos. Quedate tranquilo que hay buena guita y cada extra que tengas que hacer será bien recompensado. ¿Estamos de acuerdo?
-Claro, señor Rubén, estamos de acuerdo.
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