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Entrenamiento Personal

Atención!

Este post comienza en Secuencias, Blog de Sabrivar

Pasen primero por allí

Que le enseñe a manejar el Mini Cooper. Buenísimo. Lo que me faltaba. Debo confesar que el chiche está lindo. Andando con esto por las noches de Baires haría estragos. Pero no con Margarita arriba… En fin. Cobro buena plata por sacarla a pasear todos los días y encima me ofreció un extra. El precio lo pongo yo… ni sueñes menos de tres cifras darling…

Ok, no voy a ser malo. Márgara no es mala mina. Solamente se pasa de tilinga. Tiene una enorme necesidad de ostentar la guita que tiene. Y que no siempre tuvo, aunque claro, eso no lo dice. Pero escuché hablar de la época en que ella y Rubén casi se quedan en la calle con Pablito (que era un bebé) a cuestas. Ni para el alquiler tenían. Pero era la época del Turco, y Rubén tenía amigos. Parece que uno de estos amigos estaba metido en negociados políticos y logró lo que parecía imposible. Así que la feliz pareja salió adelante y cambió el dos ambientes alquilado en Pompeya por esta espectacular casita en el Barrio Las Orquídeas, previa escala en Recoleta.

Una sola vez traté de preguntarle a Margarita sobre su pasado sin un mango. No dijo una palabra, pero sus ojos dijeron mucho. Bah, dijeron “No se te ocurra volver a hablar de eso” en realidad. Y yo, obediente, no lo volví a hacer.

Margarita tiene todos los clichés del nuevo rico. A veces dan ganas de pegarle. No deja de hablar un minuto de la casa del country, de cuanto le costó decorarla, de los diseños exclusivos que encargaron, de las pinturas originales que cuelgan de las paredes, del mini vivero con flores exóticas, de que todo el mundo debería tener sauna y jacuzzi en su habitación y de que no sabe como pudo vivir alguna vez sin un celular de tercera generación. Se la pasa mostrándose. Salimos a correr y ella insiste en usar mallas de gimnasia que le marcan bien el culo y las tetas, duras firmes, redondas, turgentes, y compradas, por supuesto, aunque eso no lo dice. Pero claro, ya con verle la cara te das cuenta que ese culo y esas tetas no nacieron con ella. Entre los lifting y el botox parece la hija de Boris Karloff. La verdad, entiendo perfectamente que Rubén ya no le quiera tocar un pelo.

Así que ahí estoy, a las ocho de la mañana, dispuesto a enseñarle a manejar el Mini Cooper. Temo que no sea lo único que quiere, pero bueno, es parte del oficio también. Así que la llevo a un lugar donde no vaya a lastimar a nadie y le enseño los cambios. Primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, reversa. No, Marga, tenés que pisar el embriague mientras pasás el cambio. Dios, me duele cómo trata la palanca. A ver, ahora dale contacto, pisá el embriague y dale primera. Muy bien. Pisá el acelerador y soltá el embriague despac… ¡DESPACITO! ¡FRENÁ! Ahhh, qué cerquita pasó ese poste de luz. Todo bien, tranquila. Vamos a ver si probamos de otra manera.

Ah bueno.

Me sugiere que corra el asiento del conductor todo lo que de para atrás así ella se sienta encima de mí y yo le ayudo con los pedales y los cambios. No, Margarita, no me parece buena idea. Ok, probamos. Ella me apoya con todas sus ganas el culo en mi entrepierna buscando precisamente eso que claro, empieza a despertarse. Agarra mi mano sobre la palanca, le voy enseñando los movimientos, yo controlo los pedales, es difícil manejar así. En fin, que ella aprovecha para moverme el culo y tocarme la mano y las piernas. Además para ver necesito poner mi cara por encima de su hombro. Dios mío, esta mina está que hierve. Suficiente por hoy. Volvemos a la casa, mañana seguimos.

Llegamos y me ofrece pegarme un baño.Dice que hoy fue un día agotador. Más agotador es hacer quince series de ocho abdominales, pero claro, cuando hace eso no me refriega el culo contra la verga. Me invita a pasar a la casa. Me ofrece probar el sauna y el mini spa de su habitación. Cagamos. En fin, que ya sé como sigue. Entramos a la pieza y cierra la puerta con llave. Entonces se me tira encima y literalmente me come la boca. Se diría que está desesperada, en menos de un minuto me saca la musculosa, el short y el slip. Se arrodilla delante de mí y de un bocado se mete todo mi miembro en la boca. Es medio brutita, pobre, pero le pone onda. Me dice que nunca vio una tan grande. Sin tirarme abajo, pienso que no habrá visto demasiadas en realidad. Después de chupármela un rato me lleva a la cama. Ahora le saco la ropa y empiezo a chuparla un poco yo, creo que se lo ganó. Está toda depilada, pero un poco arrugadita. Me provoca ternura, ahí no se hizo lifting, pensaría que no lo necesitaba. Después de un rato y tres orgasmos me monta. Qué lo parió, nunca vi una mina tan caliente después de acabar tres veces. Acaba de nuevo y me dice que esa mirada libidinosa la conoce, que yo le quiero hacer el culo, pero ella es una señora y no me lo va a dar. No, no, no, de ninguna manera. Entonces, sin que yo me mueva, se da vuelta y se empieza a sentar arriba de mi pija, firme pero seguro, igual que en el auto pero sin ropa. Mirá vos qué fácil entra, quién diría la señora. Finalmente acabo. Ella se levanta y se pone a llenar el jacuzzi. Mientras nos bañamos le agarra la culpa. Que no sabe como pasó, que cómo le pude hacer esto, que si se entera Rubén, que va a ser nuestro secreto…

Entonces me empieza a transar.

Sí señor, está como una cabra.

Seis meses antes.

-Bueno, Román, la idea es más que nada que la mantengas entretenida a mi esposa, entendés? Si te pide que la hagas correr la hacés correr, si te pide que la lleves al cine la llevás al cine, si te pide que te la cojas te la cojés. Lo importante es que no me joda. Yo estoy más en Brasil que acá. Y te aseguro que allá la paso mucho mejor. Así que dale los gustos. Quedate tranquilo que hay buena guita y cada extra que tengas que hacer será bien recompensado. ¿Estamos de acuerdo?

-Claro, señor Rubén, estamos de acuerdo.

Delirio

Boomp3.com

Delirio

El salón era enorme, inabarcable. Ciertamente estaba oscuro, apenas se podían adivinar sus esquinas en la penumbra. Él se preguntaba qué hacía ahí.

Entonces se prendieron las luces. No las del salón en general, sino las del auto. Por lo que se alcanzaba a ver, parecía un Mini Cooper. Luego se escuchó arrancar al motor. Él no pudo dejar de notar que el auto apuntaba directamente en dirección hacia donde él estaba.

El auto salió arando, él tuvo tiempo justo para correrse antes de que lo atropellara. El auto frenó en seco y dio la vuelta. Nuevamente le apuntaba.

Él empezó a caminar hacia los lados. El auto lo empezó a seguir. Lentamente. Él trato de acercarse, pero cada vez que lo hacía el auto retrocedía. Un par de veces hizo el amague de arrancar y atropellarlo. El auto de a poco fue ganando terreno. Más y más. Hasta que finalmente lo arrinconó contra la pared. El auto arrancó a toda velocidad rumbo a su encuentro. Él apenas alcanzó a saltar hacia la derecha. El auto chocó contra la pared y la perforó, dejando entrar la luz del día. El se asomó por el agujero y alcanzó a verlo (efectivamente era un Mini Cooper) marchándose a toda velocidad por el camino de tierra. Salió y se encontró en medio de la jungla.

Empezó a abrirse paso a través de la vegetación. Con una mano tomó el machete que llevaba a la cintura y se puso a cortar lianas y enredaderas varias. Pronto llegó a una pirámide. La rodeó a lo largo de su perímetro hasta que finalmente llegó a la escalera que le permitía subir. No serían menos de quinientos escalones. Comenzó a subirlos. El sol lo estaba cocinando.

El primer dardo cayó en el escalón de piedra que estaba justo frente a sus ojos. Eso le permitió advertir el peligro y correr para evitar ser alcanzado. A medida que subía el alcance de los proyectiles tenía que ser mayor, de manera que los dardos pronto se convirtieron en piedras y luego flechas y mas tarde balas. Él logró esquivarlas durante todo el camino. Por fin llegó a la cima de la pirámide donde estaba el helipuerto. Se subió al helicóptero, tomó los controles y comenzó a volar. No tardaron en aparecer por sus flancos dos helicópteros más que venían a darle caza. Estaban equipados con sendas ametralladoras que no dudaron en usar para tratar de derribarlo. Él los esquivó un buen tiempo, pero al fin un proyectil certero hizo impacto en el motor y él comprendió que debía saltar. Se acomodó el paracaídas y se arrojó al vacío sin demasiada idea de adónde iba a parar. A medida que se acercaba al suelo notaba como su trayectoria lo llevaba directamente hacia una claraboya en un edificio grande, muy grande. Él pasó a través de ella y se encontró en un salón.

El salón era enorme, inabarcable. Ciertamente estaba oscuro, apenas se podían adivinar sus esquinas en la penumbra. Él se preguntaba qué hacía ahí.



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