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Capítulo 10: O.P.I.U.M.

Escritor: Caín | Ilustradora: Pauli | Cuento de Navidad 2008

25 de diciembre, pasado el mediodía. Tarde de resaca y Vitel Toné. Las calles de Buenos Aires están vacías. Dos veces por año la ciudad se decide a dormir. En un subsuelo de Puerto Madero, una recepcionista atiende el teléfono.

-O.P.I.U.M., buenas tardes, ¿en qué lo puedo ayudar?

-Natalia, estoy afuera, dejame pasar que tengo que hablar con el jefe.

-Ah, so vó, Zaldívar. Pasá –contestó Natalia con indisimulable acento rosagasarino.

Zaldívar recorrió las instalaciones hasta finalmente encontrar a Su Magnánima Excelencia. Sir Angus Flannagan, presidente de O.P.I.U.M., Organismo Protector de Ilusiones y Utopías Mundiales, junto a interminables pilas de cartas a Papá Noel que se acumulaban en los pasillos de la clandestina e inmemorial empresa.

-Buenas tardes, Su Divina Gracia –dijo Zaldívar.

-Qué hacé, Zaldívar. Contame las novedades.

-El incidente de Rafaela fue solucionado, señor. Nos ocupamos del cadáver y conseguimos Papá Noel para el año que viene.

-Buenísimo. ¿Y los tres boludones de Río Cuarto?

-Con ellos no hubo caso. Siguen creyendo.

-¿Pero no les metieron en sueños la data de que Papá Noel son los padres?

-Sí, pero se metió la loca de la prima de la recepcionista que los hizo ir a Rosario para que recuperen la fe…

-Uhh, ¿otra vez la Bibi?

-Sí, esa, Su Altísima Delgadez, y después el más boludo de todos se mamó con ferné y se creyó que Papá Noel era el caniche. Además el viejo que contratamos para la Región Sudamérica ayudó en eso también.

-Bien muerto está, entonces. Zaldívar, ¿vos entendés la importancia de que los adultos sepan que Papá Noel es una ilusión?

-No del todo, Su Real Señoria.

-O.P.I.U.M. existe hace cientos de años. Esta empresa trabaja en todo el mundo y se ocupa de mantener a los pueblos contentos y contenidos. Fijate lo que pasa cuando las cosas se van de las manos, como en el 2001. La gente necesita creer en algo, ¿sabés, Zaldívar? Así funciona el capitalismo. Al monitorear y manipular los pensamientos de la gente, nosotros logramos que siga viva la ilusión. Como con los nenes de Monte Caseros, que no querían decir qué regalo querían y por eso tuvimos que meterle en la cabeza a los abuelos qué tenían que comprarles. Pero cuando crecen, es necesario que se enteren para mantener la maquinaria funcionando. De ahí que Pedro, Superman y la Pantera Rosa sepan la verdad. Sino les termina pasando como a la dibujante de Tigre que en 34 años jamás recibió un regalo por que sus padres no sabían que ellos eran Papá Noel. La pobre mina se pensaba que el gordo no le llevaba regalos porque se portaba mal y ella era más buena que la nena de Samsara.

-¿Pero entonces cuál es el sentido de contratar Papás Noeles regionales, Su Graciosa Hidalguía?

-Hacer que se dejen ver cada tanto, por supuesto, y arreglar cositas menores, como el sorteo del viaje a Mar del Plata para Rosa de Lanús. Esa mujer es el fiel exponente del espíritu que queremos mantener. Se merecía un milagrito. ¿Algún otro reporte, Zaldívar?

-Se escaparon dos lobos del Zoológico de Rawson, señor.

-¿Y eso qué tiene que ver con el Operativo de Navidad?

-Parecería que no mucho, pero resulta que la loba salió primero y unos chicos que preparaban el asado de Nochebuena la ataron en el patio de su casa. Al rato el lobo se fue atrás de ella, la encontró y a mordiscones cortó la cuerda. Después huyeron los dos hacia las montañas.

-¿Y?

-Nada, me pareció interesante para compartirlo, nomás.

-Mirá, Zaldívar. Hace 1658 años que nos encargamos que se festeje la navidad. Para eso hicimos que la mayor parte del mundo adopte la fecha del 25 de diciembre, que nos venía bárbaro porque era una semana antes del Año Nuevo. Cuando se forjó el sistema capitalista, mezclamos las leyendas de Saturno, San Nicolás de Bari, Sinterklaas y no sé cuántas más para darle forma a Papá Noel. Financiamos la campaña que Coca Cola le encargó en 1931 a Habdon Sundblom. Tenemos una logística que jamás nadie pudo igualar. ¿Y vos me venís a hablar de lobos fugitivos?

-Perdón, Su Omnipresente Sabiduría.

-Todo bien, Zaldívar. Vení que te tengo que dar algo.

Zaldívar y Sir Angus Flannagan caminaron por los pasillos hasta llegar al despacho del presidente. Una vez allí, Sir Angus tomó un paquete envuelto para regalo que había en el suelo y se lo dio a su empleado.

-Tomá. Feliz Navidad.

Zaldívar lo abrió. En su interior había una cárcel del oeste de los años ’50. Zaldívar de niño había logrado reunir casi toda la colección de juguetes del oeste. Sólo le faltaba esta pieza.

-Señor… pensé que ya no la conseguiría…

-Nunca dejes de tener fe, Zaldívar. En definitiva, todo es cuestión de fe.

¡Felíz Navidad!

¡Jo, jo, jo!

Capítulo 9: Media hora y estamos| Pueden leerlo acá o acá.


Noche de paz – Sumo


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