Querido lector, si acaso vives en el interior de una de esas burbujas que aparecian cuando el Número 6 se quería escapar de la Villa en El Prisionero, he de contarte que en el día de ayer ha fallecido Michael Jackson. En consecuencia, desde hace algo mas de 24 horas no dejo de escuchar hablar de Michael Jackson. De su vida, de su música, de su baile, de sus excentricidades y del cambio que introdujo en el pop. Quiero ser claro tempranamente con esto: Me tienen las pelotas por el piso con Michael Jackson.
Más allá de eso, lo que más me impresiona pasa por otro lugar. La misma gente que hoy escucho idolatrar a Máicol (como lo llamaba Domingo Di Núbila en un viejo programa que tal vez alguno recuerde), ayer (ok, antes de ayer) lo denostaban casi con el mismo fervor. Sí, hablamos del mismo Michael que usaba barbijo siglos antes de la gripe porcina, a quien conocimos negro y de a poco se fue aclarando, que merced al bisturí cambió sus facciones no solo en su calidad de Michael Jackson sino en su calidad de ser humano, a quien vimos sarandear a su pequeño hijo sobre el vacío en el balcón de su suite de hotel, sobre quien pesaron infinidad de denuncias por abuso de menores nunca comprobadas pero cuya veracidad es vox populi…
Este hombre hoy se recibió de ídolo inmortal. Lo cual habla claramente sobre las virtudes canonizantes que tiene la muerte. Porque en definitiva es este un caso extremo, pero siempre que se muere alguien escuchamos decir que “era un santo”. Y a veces el santo en vida era el peor de los hijos de puta, pero parecería que al espichar se consideran sus deudas saldadas y a otra cosa mariposa, honremos su memoria que es lo único que queda de él. Señores, me resisto. Me niego taxativamente a olvidar la hijaputez de un hijo de puta solo porque ya no está entre nosotros. Perdonen quienes me leen en El Club de la Serpiente si ando reiterativo con el tema, pero decididamente esa hipocresía no va conmigo. Porque OK, para el caso de un (presunto) pedófilo como este señor Jackson, hay muchos que dicen que se hizo de abajo, que vivia en la pobreza y que las que habrá pasado hasta que la pegó. Es más, posible y probablemente él mismo haya sido abusado de chico. Pero el sufrimiento pasado no puede ni debe servir de excusa. Ni de justificativo. Este señor entre sus “excentricidades” tenía por hobbie arruinar la vida de muchos pibes, entre ellos el actor de “Mi pobre angelito”, Mackaulay Colkin (no tengo ganas de fijarme como se escribe). ¿Se puede tomar esto como el divertimento de un ricachón? De ninguna manera. A ver si nos entendemos: La muerte no redime, la muerte no limpia, la muerte, simplemente, es la posta que permite el recambio. De manera que hasta la vista, Máicol. Escucharemos cada tanto tu musica y te recordaremos como creador. Pero eso no va a hacer que te llame ídolo, y por supuesto, no quita que hayas sido un degenerado hijo de puta.
Y exactamente lo mismo para unos cuantos hijos de puta que han andado por acá…
Por tanta felicidad entregada a tus hinchas en el día de ayer venciendo a tu clásico rival, quería darte las gracias, Club Atlético Huracán, por estas alegrías que nos estás dando fecha a fecha. Ahora, en tren de pedir, dejame pedirte apenas dos victorias más. Sólo eso.
Aprovecho para agradecer a Lauris quien se hizo partícipe y solidaria de este paso que ayer ha dado el club de mis amores para la obtención del Torneo Clausura 2009 y, por supuesto, de la obtención de un lugar en la Copa Sudamericana, reemplazando al hasta ahora sexto clasificado.
Podría decirse que Caín se suicidó, y no está tan lejos de la verdad. Habrá quien diga que fue un homicidio. En tal caso, me hago cargo del crimen. Soy la única persona que podía hacerlo, y tal vez por eso lo hice. De todos modos, no creo que la causa de la muerte haya sido esa. Fuentes autorizadas declararon que Caín durante los últimos tiempos venía sufriendo una severa inflamación de sus órganos genitales que finalmente hicieron que, sencillamente, le explotaran las pelotas. Esa fue la real causa de su muerte.
Caín nació alguna tarde de 1991, seguramente en el bar Los Pirineos de Lavalle y Rodríguez Peña. Poco tiempo después hizo su debut oficial tocando la guitarra en un grupo llamado Chevy ’57 que jamás llegó a presentarse en público. Allí usaba el nombre de Mr. Caín H. El ejército y el matrimonio mantuvieron a Caín dormido durante años, hasta que en determinado momento se me hizo necesario contar de nuevo con mi alter ego. Caín pasó a ser Caín Quemero. Por aquella época las cosas en el mundo real no iban bien, y podría decir que necesitaba otra vida, que aunque no fuese tan real sí resultase más satisfactoria. Caín deambuló por algún que otro salón de chat, y así se armó de amigos y enemigos. Debo decir que si es más preciso saber qué clase de persona es alguien viendo a sus enemigos que a sus amigos, entonces Caín no tuvo enemigo de temer realmente. Un par de mujeres despechadas, unos idiotas que se confabularon para poder robarle dos veces el msn, algún que otro pelotudo que consideró que hostigándolo hallaba una justificación para su vida. Luego de los chats, Caín se dejó ver por algunas páginas de contactos donde alcanzó un éxito particular con el sexo femenino, pero pronto se cansó de eso y se dio cuenta de que realmente tenía mucho para decir, más allá de que alguien lo escuchara o no.
Hace poco más de un año Caín abría su cuenta en Clarín Blogs y subía lo que hasta entonces era su nave insignia, No Hemos Sido Presentados. Pero algo le picaba, y sentía que necesitaba otra cosa, más que republicar los textos que ya había escrito hacía algún tiempo. Así nació Life is a Piece of Sheet. En principio la idea era escribir sobre cosas cotidianas, hacer observaciones de todos los días y volcarlas en ochocientas palabras para que las leyera todo aquel que tuviera ganas de hacerlo. La sorpresa fue descubrir que efectivamente, había quienes tenían ganas de hacerlo. Poco a poco, el blog fue virando hacia la ficción. Sin embargo, Caín nunca fue de conformarse con saber de la gente sólo por sus caracteres en Arial 12, y de a poco fue comprometiéndose con encuentros entre Blogger que sucedían en el mundo real. Pero es justo blanquear la situación ahora: Caín jamás concurrió a esos eventos. En realidad, siempre fui yo el que dijo presente. Así Caín hizo realmente muchos amigos, seguidores, gente que disfrutaba leyéndolo y que estaban a la espera de lo próximo que apareciera de él. Sintiéndose obligado hacia su público, Caín llegó a publicar un cuento (o un capítulo, cuando decidió escribir historias más largas) por día. Esto, que llegó a ser muy gratificante, tuvo por otro lado la consecuencia inesperada de hacer que varios de sus seguidores se alejaran, ya que para mantener este ritmo se hacía necesario leer con menor frecuencia los blog de sus amigos y en consecuencia, dejar menor cantidad de comentarios. Como en la blogósfera es muy común que se acuerden que uno existe aquellos que reciben los comentarios que les dejamos, entonces hubo mucha gente que de a poco se fue olvidando de que Caín existe. Caín, no obstante, siguió escribiendo, llegando a publicar en sus últimos tiempos algunos fragmentos de su mejor literatura. Pero más o menos por este mismo tiempo empezó a sentir la hinchazón de huevos que finalmente terminaría acabando con su vida. Confieso que por el mismo tiempo yo dejé de necesitarlo, lo cual originó que Caín se debatiera entre la supervivencia para mantener el contacto con sus amigos y la cada vez menor cantidad de tiempo que yo le daba para que él se desenvolviese. Descubrió también Caín que a veces la demanda de los amigos es más difícil de soportar que el hostigamiento de los enemigos. ¿Por qué? Es simple: A los enemigos, más cuando están hechos de papel maché, uno puede sencillamente ignorarlos, cual mosquitos molestos pero cuasi inofensivos. A los amigos uno los quiere, y por lo tanto no es tan fácil decirles “por favor dejame en paz”, porque de hecho ellos también quieren que nosotros estemos bien. Pero es duro decirles que más allá de sus buenas intenciones, uno puede estar bien sin ellos. Así que esta dicotomía entre ignorar a los hostiles, conformar a los amigos y tratar de sobrevivir en el minúsculo espacio de tiempo que yo le venía dando hizo que su mal lejos de resolverse se agravara y las pelotas le terminaran reventando para dar fin a su breve pero intensa vida.
Hoy aquí quedo yo. Ya me conocen en realidad, más de una vez anduve por acá discretamente camuflado, y los que vieron a Caín en cualquiera de los eventos sociales en los que participó en realidad se encontraron conmigo en todas y cada una de esas oportunidades. Incluso a una de las invitaciones que más enorgullecieron a Caín, como fue su participación en la mesa de Clarín Blogs en la Feria del Libro, el que acudió realmente fui yo, e incluso lo hice con mi nombre y apellido reales, del mismo modo que me podrán ver a partir de ahora.
No es esta una despedida. Vengo simplemente a echar luz a una situación que de hecho se viene dando desde hace rato. Volveré por aquí cada tanto, cuando tenga algo que decir. Mientras tanto, procuraré vivir y respirar el afuera. La vida es hermosa, y es una sola y no dura mucho. No la voy a perder detrás de una pantalla.
Lito es algo así como el patriarca del boliche. Su lugar es atrás, en la cocina, pero allá es amo y señor de todo y de todos. Hace rato pasó el medio siglo, y nos consta a todos que ha vivido cosas que a todos nosotros nos dejarían con la boca abierta. Tiene una ex mujer y dos hijos bastante grandes. Cada tanto alguno de los dos viene a visitarlo. Hace un tiempito vino el mayor. Tenía una cara digna de un severo caso de úlcera duodenal, más o menos como Enrique Iglesias cuando canta. Lito largó el delantal y se fue a hablar con él a una mesa.
-¿Qué pasa, Pichón?
-Está todo mal, viejo. Las cosas son un desastre.
-¿Pero te pasó algo para que me digas eso?
-Me pasó de todo, tengo un mes de mierda. Ahora vengo de quedarme sin laburo, pero es la frutilla de la torta nomás. Hace menos de una semana me peleé con Romina, la operación de mamá, del banco que no paran de llamarme para que pague deudas que ahora no tengo idea de cómo voy a cancelar, me van a meter en Veraz, te juro que estoy desesperado…
-Ay, ay ay. ¡Marcelo, traeme un tinto por favor! ¿Te das cuenta, Pablo? Estas son las cosas que tengo que vivir por criar un bostero…
-¿?
-Hace un par de años atrás estabas orgulloso porque habías terminado tu carrera, te habías comprado el 0 km., conseguiste un excelente laburo, eras feliz con tu novia y estabas lleno de planes para el futuro, ¿te acordás?
-Sí, viejo, pero las cosas cambiaron…
-Ahí está el tema. Cuando naciste yo te compré el enterito de Huracán. En paño lenci, te quedaba divino. Pero tu madre decía que no ibas a ser de ese club de perdedores y no sé cuantas mierdas más. Y te hizo de Boca. No nos separamos por eso, pero igualmente es causal de divorcio. La cuestión es que vos, bien mamero que resultaste, adoptaste enseguida la azul y oro. Y ser de Boca es lindo, ganás copas, te arreglan partidos, jugás la Libertadores… pero no siempre es así…
-No entiendo lo que me querés decir, viejo…
-Está clarito, Pablín. Los de Boca están acostumbrados al éxito. Dicen que su club es el más grande, y a lo mejor tengan razón. Se cansan de contar campeonatos, están llenos de guita, tienen jugadores de sobra y los venden a precios obscenos. Pero cuando les viene la mala racha, ahí no saben qué carajo hacer…
-…
-Claro, date cuenta. Boca tiene que salir campeón. Si pierde el Superclásico, es una tragedia. Si termina el torneo segundo, vuela el técnico. Los hinchas no tienen margen de tolerancia. Son caprichosos, no bancan al equipo en las malas. No son capaces de asumir la frustración de perder, y es entonces cuando entran a buscar culpables y empiezan a volar cabezas. Para los hinchas del Globo las cosas son distintas. Sabemos que nuestro club desde hace años está dirigido por ladrones, que no hay guita para poner a un DT como la gente, y que apenas aparece un pibe que la mueve lo venden al mejor postor. Vemos los campeonatos de afuera, y estamos resignados a nunca ganar nada. Nos reímos de nuestra desgracia. Puteamos, por supuesto, puteamos como los mejores, pero sabemos que no es mucho lo que logramos con nuestras puteadas. Y a veces hasta nos vamos a la B.
-¿Y a vos te gusta vivir así, viejo?
-No, claro que no. Lo que me gusta es lo otro. Lo que me gusta es que cuando estamos en la B lo único que queda es remarla. Arremangarse y bancarnos entre todos para salir del pozo. Y entonces el Globito se pone los lompas y nos da la primera alegría: el ascenso. Y cómo se disfruta ese ascenso… Ustedes los bosteros no tienen idea de lo que es gritar el gol del ascenso, ese que te dice “Sí, carajo, nos vamos de la B para nunca más volver”. Y capaz que algún día volvemos, pero en ese momento ni lo pensamos. Y entonces jugamos de nuevo el torneo de Primera. Y nos encontramos con los cuervos. Y capaz que le metemos dos pepas a los cuervos y es como si acabáramos ahí mismo, mirá, no te das una idea. Y a veces, sólo a veces, nos damos cuenta de que el Globo está haciendo una campaña de puta madre. De que son más las victorias que los empates o las derrotas. De que la punta, carajo, la punta no está tan lejos. Y quién te dice, el Globo te da una sorpresa y te sale campeón, como en el ’73. Y entonces, cuando ves campeón a ese equipo que te cansaste de bancar en las malas, recién entonces sabés lo que es la felicidad. Pero vos sos bostero, y no vas a entender nunca de lo que te hablo. Tenés razón, nene, tenés un mes de mierda y estás bien jodido. Lo mejor que podés hacer es pegarte un tiro, me parece.
Lito se levantó y lo dejó a Pablo sentado en la mesa, con la botella de vino por la mitad. Pablo se quedó sentado un rato y después se levantó. Se fue sin saludar a nadie.
De esto hace varios meses ya. Ayer lo vimos de nuevo a Pablo. Llegó en un coche nuevo, un Megane 2007. Se lo veía feliz. Lo sacó al padre de la cocina y juntos se pusieron a ver Huracán-River en la pantalla gigante. Gritaron cada uno de los cuatro goles como si se fuera el alma con cada grito, y al terminar se abrazaron fervorosamente.
En el antebrazo izquierdo, Pablo se había tatuado un Globo.
Antes que nada, nobleza obliga, es menester que agradezca el apoyo y por sobre todo la gamba de mi amigo Fernando Martins , quien me hizo de sostén logístico y registró todas las imágenes que ilustran esta nota.
Escribo (ficción) casi desde que aprendí a escribir. No es tan difícil entenderlo, che.
Ezequiel y Vanina me sorprendieron invitándome a participar de la charla “Experiencia de los usuarios de Clarín Blogs”, junto a Ivonne Semisky y Sandra Rivero (www.blogs.clarin.com/sanalocura ) y con Luciana Prodan (www.blogs.clarin.com/lostreintaymasss ) como moderadora. Debo decir que la experiencia fue fantástica por donde se la mire. Llegué temprano pero Ivonne y Sandra ya estaban en el lugar. Para ese momento Ezequiel me contó que Luciana estaba engripada pero de todos modos iba a concurrir, lo cual demuestra su profesionalismo a prueba de balas. Por otro lado, no hubiese sido lo mismo sin ella. De a poco fuimos viendo caras conocidas que se acercaron al stand de la Revista Ñ para el evento.
Allí estuvieron Pepelui, estuvo Zen, Ducher, Ladelirante (importada de Mendoza), Don Checho, el Rufián Melancólico (quien justo pasaba por ahí) y Jorge Luis entre otros nos acompañaron desde la platea. La charla comenzó bastante puntual. Ante todo Luciana nos contó sobre qué temas iba a girar la entrevista y luego, una vez que Ezequiel nos dio el OK, comenzamos a hablar. En principio, una mala noticia: se cayó la wi-fi y no se iba a poder transmitir en vivo. No importa, seguimos adelante.
Con muy buen ritmo Luciana alternó entre uno y otro de manera dinámica y entretenida. Sin perder continuidad se trasladaba cómodamente desde el programa de radio de Sanalocura hacia mis cuentos y novelas, y demostró haberse empapado en pocos días del contenido de ambos blogs. Ivonne y Sandra tuvieron oportunidad de contar sus inicios en el blog (a instancias de Ivonne, quién de prepo lo abrió para después informarle a Sandra) y la vinculación estatégica ente éste y la radio. A mí, por mi lado, me preguntó sobre mis cuentos y novelas, mi forma de escribir, elección de técnicas narrativas y demás cuestiones. Luego llegó el turno de las preguntas del público, entre las cuales destacaron particularmente las de Pepelui y Jorge Luis. En fin, acá les dejo unas fotitos del evento junto a un videito. Espero que lo disfruten!
La conversación de Augusto con su esposa lo dejó intranquilo. Bordenave era un buen chivo expiatorio, pero si Verónica revisaba esos estados de cuenta él estaba jodido. Ya hacía tres años que estaba jugando al marido amoroso con ella y tenía las pelotas un poco llenas.
La idea surgió cuando fue a buscar a Bordenave. Manu Chao toca en La Trastienda, son menos de diez cuadras de su casa. Por Internet averiguó que el show se anunciaba para medianoche. A lo mejor podía armar algo. Durante el almuerzo se acercó hasta la estación de San Martín y compró un chip de Movistar.
Como de costumbre, especialmente los viernes, Verónica se empastilló para dormirse. Podía estar la filarmónica de Buenos Aires tocando la Cabalgata de las Walkyrias al lado de ella y no se iba a despertar. Su notebook estaba sobre la cómoda, junto a la ventana. Al lado estaba el iPhone. Augusto apoyó el hornito aromático sobre el iPhone, de manera un tanto precaria. Luego salió del departamento y caminó por Paseo Colón en dirección a Belgrano. Cuando llegó trató de conseguir entradas, pero era esperable que estuviesen agotadas. Preguntando encontró a un revendedor y así obtuvo su localidad. Para entonces ya eran casi las once de la noche. Se fue aparte y sacó su celular. Cambió el chip por el que había comprado a la tarde y llamó a su esposa. El celular sonó seis veces antes de que saltara el contestador. Con eso debía ser suficiente. Volvió a cambiar el chip y borró el registro de la llamada. Luego calculó.
El hornito estaba sobre el borde del iPhone. Verónica siempre dejaba su teléfono en vibrador. El hornito, que ya debía estar seco, caería sobre la notebook. Ésta aún tenía el plástico protector sobre la tapa, así que no tardaría mucho en empezar a quemarse. Apenas lo hiciera, el fuego alcanzaría las cortinas. Al ser sintéticas, las cortinas quemadas caerían sobre la alfombra como fuego líquido. En menos de cinco minutos la habitación donde dormía Verónica estaría en llamas.
En ese momento vio a Bordenave. Iba con una mujer, posiblemente su esposa. Pasó a su lado y sin disimular golpeó su hombro con fuerza mientras por lo bajo decía:
-Parásito hijo de puta…
Mientras la gente de la entrada trataba de separarlos escuchó el autobomba que pasaba a toda velocidad por la esquina y supo que su plan marchaba bien. El departamento se incendiaba y él tenía una coartada perfecta.
-Gordi, ¿A qué hora es el concierto?
-Está anunciado para medianoche. Con que estemos allá diez y media tiene que estar bien.
-¡Buenísimo! ¡Me muero de ganas por estar allá!
-¿Nunca viste tocar a Manu?
-No, hasta ahora nunca.
-Vas a ver que te gusta. Yo voy a llegar a casa más o menos a las seis y media. Tenemos tiempo de tomarnos unos mates y prepararnos bien. Después si querés cenamos algo livianito en Puerto Madero y nos vamos al recital.
-Dale. Yo en el almuerzo veo si me compro algo para estrenar esta noche.
-Ah, ¿para el gallego ese estrenás ropa y para mí no? Qué bonito, eh.
-Mmm lo que voy a estrenar para vos no lo va a ver nadie más que vos…
-Suena lindo…
-¿Púrpura con encaje te suena mejor?
-Bueno, mejor dejalo ahí porque estoy en el laburo.
-Jajaja, está bien. Nos vemos a la tarde en casa entonces.
-¡Bordenave!
-Me llaman, te tengo que dejar. Esta noche Manu Chao en la Trastienda. Te quiero, dulce.
-Nos vemos después, Gordi.
-¿Qué pasa, Augusto?
-Mi mujer te quiere ver en su despacho. Es importante.
-¿Sabés de qué quiere hablar?
-No me corresponde. Que te lo diga ella.
-Ok. Voy a verla entonces.
“Lameculos de mierda” pensó Bordenave mientras iba al despacho de Verónica.
Verónica se levantó como cualquier día. Siete de la mañana arriba y a desayunar con Augusto. Por suerte no era un día más, era viernes y apenas doce horas la separaban del ansiado fin de semana. Como de costumbre, bajaron juntos en el ascensor rumbo al estacionamiento.
-Hoy lo voy a rajar a Bordenave.
-¿Y eso por qué?
-Parece que está metiendo la mano en la lata.
-¿Y hay pruebas?
-Todavía no, pero el directorio ya acordó desvincularlo de la empresa. Las pruebas van a estar en los estados de cuenta que me pienso traer hoy en la laptop.
-¿Y se afanó mucha guita?
-Aparentemente cerca de doscientos mil pesos. Mucha guita.
-Tené cuidado, por favor, querida.
-No te preocupes Agu, yo lo puedo manejar y además en el edificio hay seguridad. No me va a hacer nada.
-Vos cuidate, nomás.
-Quedate tranquilo, corazón. Ser gerenta de RRHH tiene sus implicaciones desagradables, pero va a estar todo bien.
La 4×4 fue por Paseo Colón, Alem, Figueroa Alcorta, Lugones, General Paz y Panamericana hasta Olivos. Entraron al estacionamiento de la empresa y luego a sus respectivas oficinas.
-Augusto, más o menos a las once mandame a Bordenave a mi despacho.
-OK.
A las once y diez Bordenave entró en el despacho de Verónica. A las once y veinticinco salió del despacho para vaciar su escritorio y volver a su casa.
Para las cinco de la tarde Verónica tenía un nivel de agotamiento importante. Cuando se encontró con Augusto en el estacionamiento no pudo evitar un suspiro de cansancio.
-Llegamos a casa y pedimos unas empanadas. Hoy me quiero acostar temprano. No doy más.
-¿Cómo te fue con Bordenave?
-Pegó un par de gritos, pero nada grave. Para mí que se dio cuenta.
-¿Te acordaste de las cosas que tenés que revisar?
-Sí, las llevo en la notebook.
-¿Y es realmente necesario que mires eso en tu fin de semana?
-Mi amor, sabés que a veces mi laburo no tiene horario…
-Sí, pero también tenés que descansar, cielo. Mirá el stress que tenés.
-Amor, voy a estar bien, quedate tranquilo.
Llegaron a casa y subieron por el ascensor. Verónica se pegó una ducha y después de ella Augusto. Ella se quedó después mirando Los Simpsons mientras esperaban las empanadas. Augusto bajó a buscarlas, cenaron y después Verónica tomó un tilo.
-Amor, yo me voy a acostar –le dijo luego a Augusto.
-Que descanses, cielo. Yo me voy a quedar un rato más mirando la tele.
Todavía no eran las ocho y media de la noche cuando Verónica se tomó un Valium y se metió en su cama. Cinco minutos después estaba durmiendo.
-¿Te parece? –preguntó Francisco.
-Ponga. Esta mano y ganamos, asegurá la primera –contestó Rodolfo.
Francisco apoyó el ancho bueno sobre la mesa. Juan miró a Tulio.
-¿Tanto?
Por toda respuesta Tulio dejó caer los párpados al tiempo que negaba con la cabeza.
-Vamo con cuidado. Estos dos están cargados.
Juan apoyó el cuatro de copas y se quedó callado. Rodolfo preguntó:
-¿Para el tanto cómo andamos?
-Maso pero no perdemos nada.
-Envido, entonces.
-No se quiere –contestó Juan.
Rodolfo soltó un rey y Francisco gritó.
-Bueno, truco, entonces.
-Y, ya no queda otra. Queremos.
-Quiero retruco –subió la apuesta Tulio-. Y si ganamos, ganamos.
-Quiero –contestó Francisco antes de dejar en la mesa un tres.
Juan puso una sota y dijo:
-Voy a esa.
Rodolfo miró fijo a Francisco y dejó en la mesa el siete de copas. Tulio tiró el siete de oros.
-Saltó –dijo Francisco.
Acto seguido Tulio puso un triste cuatro de espadas.
-Estamos en tus manos, Juan.
-Quiero vale cuatro –gritó Francisco.
-¿Y qué querés –preguntó Juan-, que te diga que no? Quiero.
Francisco tiró un tres. Triunfal, Juan puso el siete de espadas que atesoraba entre sus manos.
-¡Bueno, se acabó la joda, incendio en Paseo Colón y Carlos Calvo!
De inmediato todos se levantaron y corrieron a ponerse los uniformes. En segundos alistaron el autobomba y salieron rumbo al siniestro a toda velocidad con Tulio al volante.
En la mesa quedó el ancho de bastos que marcaba el triunfo de Rodolfo y Francisco.
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