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Dos Mil Ocho (un año en un post)

2008 me encontró recién separado y en medio de un ataque de stress como nunca antes tuve. Por aquella época laburaba en ventas, de hecho vendía AFJP o Jubilación Privada, que como cualquier argentino sabe es una modalidad que pasó a la historia. De todos modos no tuve tiempo de hacerme problema por el colapso del sistema ya que apenas entrado el año tuve la necesidad física de optar entre mi salud mental y mi trabajo. Elegí mi salud mental, aunque después de eso haya tenido que abandonar a mi psicóloga y mi psiquiatra por no tener trabajo. Me hubiese venido bien mantenerlas, ya que como desocupado caía cada vez con mayor frecuencia en pozos depresivos y no me iba a venir mal que alguien me contuviera un poco. Entendía que no solo yo estaba así, que el mundo se había vuelto loco en este 2008, pero por supuesto y merced a la situación personal que estaba pasando poco me importaba aquello. Por suerte la tenía a Karina. ¡Qué bien me hacía su compañía! Lástima que se aprovechó de mi debilidad para vaciarme la cuenta del banco y reventarme la tarjeta de crédito que por supuesto no iba a poder pagar. Para cuando la largué a la mierda supe lo que era estar en Veraz. Fue entonces que decidí olvidarme de cualquier tipo de relación estable y me dediqué a living la vida loca. Al menos los pocos mangos que me quedaban y los que conseguía en changas me alcanzaban para mi supervivencia. Y tenía el auto. Mi querido VW 1500 modelo ’84 que con tanto esfuerzo había llegado a comprar. Lástima que esa noche cabeceara y el Gol que venia a 150 por la autopista se me incrustara en el baúl del milqui. El seguro pagó, pero el cheque a mi ex le venía bárbaro, y de esa manera me tuve que acostumbrar al colectivo una vez más.

En definitiva, lo que rescato de este 2008 es el magnífico material que me ha dado para poder escribir en mi recién estrenado blog. Espero de todo corazón que el 2009 me de tiempo para escribirlo. Porque otro año más así no resisto ni en pedo.

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Get a life!


¿Qué tan loco, imbécil o pelotudo se puede ser para robarle a alguien las cuentas de mail, de Messenger, en definitiva, aquellas cosas que hoy en este electrificado mundo representan en parte la identidad? La identidad es todo un tema, ojo. En general he andado por la vida tratando de averiguar quién soy. He hecho de todo, estuve en todo tipo de lugares, me codeé con todo tipo de personas. He llegado a irme del Hard Rock Café de una recepción privada donde la bebida y la comida eran libres y el jet set del rock argentino estaba presente, a fumarme un porro con los pibes en la plaza del barrio. He estado en lujosas conferencias en el Hotel Sheraton, ido a espectaculares fiestas en la Rural o Costa Salguero, y he dormido en lugares donde apenas entraba una cama para tirarme, o incluso donde ni cama había. Soy un sobreviviente, y durante mi vida he buscado infructuosamente mi lugar, sin entender que el lugar a donde pertenezco soy yo mismo.

Dos veces me usurparon la cuenta de Messenger. Y otra logré evitarlo. Ahora me vengo a enterar que le pasó lo mismo a una persona muy cercana. Digo, esta gente que hace estas cosas, por qué no se consiguen una vida? Tan pequeña y miserable es la que tienen para que encuentren regocijo jodiendo a la de los demás?

Me estoy cansando de algunas situaciones. No es esto lo que estaba por postear.

Oldies

Subí al bondi y pedí boleto de doscientos. El chofer cortó uno amarillo y naranja y me lo dio. Carajo, nunca un capicúa. Después me agarró el billete de quinientos y de vuelto me dio tres marrones. Veinticinco cuadras más adelante me bajo del 6 y voy a un kiosco a comprar fichas de EnTel. Me acerco hasta el honguito azul que hay en la vereda, pongo dos fichas en el aparato naranja y empiezo a discar, 91-5764. Suena cuatro veces y atiende Daniel. Le pregunto si se va a quedar en casa, me dice que sí. Otra voz me pregunta que quién es Daniel. Disculpe señora, me parece que se ligó. Busco un almacén y compro una Mountain Dew para tomar mientras charlamos. Paso por la puerta de una disquería y suena The Clash. Entonces veo que de ahí sale Emilio. Me cuenta que fue a comprar púas para el tocadiscos porque ya no le queda ninguna como la gente. Y orgulloso muestra que se compró el compilado que traía “Vamos a la Playa”. Yo no entiendo cómo a alguien le puede gustar ese engendro que dice como estribillo: “Vamos a la playa, Oh, Ohohohohó”. Llego a la casa del Dani y lo hallo enfrascado en la compleja labor de intentar darle coherencia a los colores de un Cubo Mágico. Lo saludo con un apretón de manos como si fuésemos a jugar una pulseada y nos sentamos en su cama. Entonces el flaco dejó el cubo y se puso a arreglar un cassette. Primero lo rebobinó con una Bic (con mucho cuidado de mantener el mismo ritmo para que no se enredara la cinta) y después con un destornillador de relojero le sacó los tornillos al TDK de 60’. Lo abrió y debajo de la película de celofán estaba la cinta. Daniel la acomodó como debía ir y luego volvió a cerrar el cassette. Yo le convidé la mitad del chicle globo Jirafa que tenía en el bolsillo. De pasó le conté que había estado viendo a Susana Giménez por la tele. Qué buena que está Susana. Él me dice que prefiere a Moria. Yo le digo que por algo Moria se queda siempre con Porcel y Susana con Olmedo. Me dice una puteada bajito. De repente en la radio suena un tango. Yo le digo que cambie esa porquería, música de viejos. Al final parece que a los milicos le salió mal lo de Malvinas, me dice. Anunciaron que van a llamar a elecciones. Yo me quedé con la boca abierta. Y bueno, será una vez más como siempre. El que gane va a gobernar vigilado, como Illia, como Frondizi, y a la primera que no le guste a los milicos lo bajan de vuelta. Como fue siempre. Espero que esta vez por lo menos dure un par de años. En fin, cambiemos de tema.

¿Te parece si vamos a almorzar al Pumper? Con Frenys.

Carta para Laura

Hola mi amor. Te escribo esto para que lo leas en diez, quince o veinte años, cuando a lo mejor puedas entenderlo. Hoy creo que ni nosotros lo entendemos del todo.

Sabés, hace diez años papá y mamá eran felices. Recién se casaban y empezaban a acomodarse en su nueva vida juntos. Compartíamos mucho tiempo, y lo disfrutábamos. Teníamos miles de proyectos y nada menos que la vida por delante. Después esa misma vida nos demostró que no se la puede enfrentar tan livianamente. Porque es bueno que lo sepas, a la vida hay que enfrentarla, ponértele adelante y demostrarle que tenés el valor y la capacidad para plantarte y salir bien parada. De otro modo, te pasa por encima.

A nosotros nos pasó por encima, lo reconozco. Supongo que para un montón de cosas no estábamos listos. Nos amábamos, eso sí, hoy te puedo decir que si amé a alguien alguna vez fue a tu madre. Pero también te puedo decir otra cosa, una frase odiosa que no tardó en aparecer y que aunque traté de negar una y otra vez al final debí reconocer como cierta.

Con el amor no alcanza.

Y así fue que cuando se empezaron a hacer visibles las diferencias entre ella y yo se abrió una brecha cada vez más grande que nos separaba. Y las diferencias eran tantas… No compartíamos gustos musicales, teníamos formas muy distintas de actuar ante situaciones similares, incluso nuestras posiciones políticas ante lo cotidiano eran bastante disímiles. Con el tiempo empezaron a aparecer muchas otras cosas que, simplemente, no funcionaban. Es verdad, no nos peleábamos todo el tiempo, pero hoy creo ver en eso apenas una muestra de que ni siquiera para pelearnos sentíamos pasión. Así es, mami, habíamos perdido la pasión, y creo que hasta la muerte duele menos.

Nunca se me va a borrar de la cabeza el día en que te dije que me iba. Cómo me hubiese gustado ahorrarte ese sufrimiento, carajo. Te lo veías venir, todos sabíamos que iba a pasar aunque hiciéramos terribles esfuerzos por negarlo, pero vos ya me habías preguntado un par de veces si nos íbamos a separar. Y yo te dije que no, por supuesto, sin estar demasiado seguro de si era la verdad lo que te decía. Pero cuando finalmente tuve que decirte que me iba de casa lo sentí como el peor momento de mi vida. Tu abrazo fuerte, tus lágrimas que me mojaban, tu “papá no te vayas” que hasta me hizo dudar de lo que estaba haciendo… Y después, sentada frente a la compu jugando jueguitos, te dije que me iba y apenas un simple “chau” como si volviera al rato. Como si lo que pasaba no fuese cierto.

No sé en qué clase de persona te habrás convertido hoy. Claudia y yo tratamos de hacer de vos una persona de bien. Aplicando nuestros valores, que ni siquiera son siempre los mismos, pero tratando de fijar en vos lo mejor de cada uno de nosotros. Posiblemente hoy nos culpes de un montón de cosas que ni sabemos que te hicimos, y está bien que así sea. No somos perfectos, muy lejos estamos de eso, y es muy difícil saberse en la posición de “ejemplo a seguir”. Pero hay algo que tu mamá y yo siempre, siempre vamos a tener en común. Y eso es nuestro amor por vos. Único, irrepetible, gigante, hasta el cielo.

Hoy tenés siete años y dormís a cinco metros de donde estoy yo, en la pieza del fondo, en la casa de la abuela Gloria. Estás, seguramente, pasando por el momento más difícil de tu vida desde que naciste. Supongo que a esta altura ya lo sabrás, la vida en una sucesión de momentos difíciles. Pero entre uno y otro siempre se puede encontrar un espacio para la alegría, para el amor, para el goce, para la felicidad. No tengo idea de qué puede ser lo que dejé en tu vida. Sólo hay algo que me animo a decirte.

Te di lo mejor de mí.

Nunca voy a dejar de quererte, mi vida.

(“Papi, no puedo dormir, quiero estar con vos” “Vení mami, quedate con papá un ratito”)

¿Es que sabías que te estaba escribiendo?

Número desconocido

Se me cagó el celular. Definitivamente. Quién sabe cuántos números habré perdido.

Mensaje.

“Hola, Mauri! Como estás? Todo bien?”

Sí, todo bien, pero ¿quién carajo sos?

A ver la característica… 3023… es una línea relativamente nueva… ese teléfono fue comprado a principios de este año o fines del año pasado.

¿Quién será?

Muy poca gente me llama Mauri, sólo los íntimos.

Ma sí, yo llamo.

-Hola, ¿quién habla?

Voz de hombre. Se acota bastante el rango. A ver si me reconoce…

-Mauricio habla, ¿como estás, che?

-Ahhh, hola, Mauri, ¿como andás? Justo me acordaba de vos.

Ok, ¿cómo mierda sigo?

-Yo acá, sin mayores novedades, che…

-¿Se encontraron al final?

Bien, esto es un dato importante. ¿Será alguien del Blog? Quienes tienen mi celu? TipoCualquiera, El Magnifico, El Rufián Melancólico, Fuser, José Luis, SebasJefe, Koshen… pero no parece ser ninguno de ellos…a ver, me hago el boludo…

-¿Si nos encontramos cuándo, decís?

-La otra vez que iban a juntarse. Yo no pude ir porque mi señora tuvo una nena. Sabías que estábamos esperando, ¿no?

Mierda. No es ninguno de los que pienso. ¿Quién carajo es? El Dr. Fernet tuvo una nena hace poco pero jamás le di mi número. Ahora sí que me quedé sin sospechosos.

-¡Ché, pero felicitaciones! ¿Cómo no me avisaste? ¡Pero qué alegría! Y contame, ¿salió todo bien?

-Sí, todo bárbaro, pero imaginate que no podía ir al fulbito. De boludo no le avisé a nadie. ¿Fueron muchos de los pibes che? Puso el depto para el asado Pedro?

Depto, asado, fulbito y esa voz… ¡Ponchito! Claro, ENET Segba, promoción 1993, amigazo del alma, cómo no me avisaste, boludo? Al final no se hizo nada, ya sabés, son una manga de putos, agitan agitan y al final tres días antes se borran todos y queda todo en la nada, tenemos que juntarnos boludo, no puede ser que vivas a tres cuadras de casa y no nos veamos nunca, sos más colgado que yo y eso no es fácil eh… Dale un beso de mi parte a tu señora y a la nena… Ponchito papá, carajo, quién hubiese dicho… Te mando un abrazo enorme y nos hablamos, hermanito.

Puffffffffff!!!!!!!!

Cosas que extraño de vos

Tu voz.

Esos desayunos nada light de los domingos.

La Familia Ingalls con el mate.

Esa manera ridícula que teníamos de llamar a las cosas, empezando por las patuflas.

Amasar ñoquis los 29, para vos.

Los delivery de lomo al champignon.

La mesa, con los cuatro alrededor.

Salir del cine y comentar la película.

Elegir en el video club una de terror para vos y otra cualquiera para mí.

Ir al Alto Avellaneda.

Mi mano sobre tu pierna mientras manejaba.

Parar a comprar un sánguche de salame mientras te llevaba a la escuela.

Tu sonrisa. Sí, extraño tu sonrisa.

A Lerner y Montaner.

A Juan Rodó haciendo de Drácula.

Abrir cada tanto un rico vino para los dos.

Ir a un restaurante solos.

Ir a un restaurante con los chicos y que Laura se quede en el Pelotero.

Pegar el culo a la estufa en invierno.

Tomar tereré en verano.

Tu culito con personalidad magnética.

Salir de compras por Maipú.

Ir a la Plaza de Lomas.


Hace diez años, en este momento, nos estábamos casando.

La vida nos separó hace menos de doce meses, pero aún así hoy quiero recordarte como me gusta.

Recordar a la mujer de quien me enamoré.

Lo demás…

Lo demás está.

Pero hoy sólo quiero recordar lo bueno.

Y por supuesto

Todavía te quiero.

Y no creo que lo vaya a dejar de hacer.

Boomp3.com

Cabo IV

El Cabo de Cuarto estaba haciendo su recorrida por los puestos de guardia como cada hora. Eran casi las dos de la mañana, faltaba un rato para que lo relevara el Sargento de Cuarto y él se pudiera ir a dormir. Después, dos horitas más entre las seis y las ocho, el relevo y la licencia de verano, un mes entero sin uniformes, sin armas, sin sargentos, tenientes ni capitanes, sin guardias, sin ordene mi, sin carrera mar, y por sobre todo sin nada que le recordara su puta decisión de hacerse voluntario del Ejército Argentino. OK, a fuerza de aguante, subordinación y valor, se había hecho un lugar bastante cómodo en la Compañía. Era el hombre de confianza del encargado, el capitán lo tenía en un concepto bastante alto, pasaba la mayor parte del día metido adentro del detall manejando listados de personal, órdenes del día del Regimiento, partes diarios de la Compañía, y así lograba evitar la parte más jodida de la vida de un soldado de Infantería, que eran el entrenamiento y el orden cerrado. Por supuesto que de lo peor no zafaba, había comido cardos en Campo de Mayo como el mejor, en Arana se había metido hasta el cuello en agua podrida una noche de dos grados centígrados y después se había bancado el uniforme mojado y mugriento hasta el día siguiente.

También estaba el otro extremo. Al ser Patricios un regimiento histórico, más de una vez se tenía que calzar el uniforme de Paquito y salir a desfilar así, con botas y galera en días de calor insoportable, con el sudor inundándole el cuerpo y la cabeza estallándole dentro de ese pequeño horno que era la bendita galera. Y gracias que los cuadros no les pegaban esos bailes que habían hecho famosos a los Oficiales y Suboficiales de la fuerza, lo de Carrasco estaba fresco aún y ninguno quería arriesgarse a hacer algo que le jodiera la carrera. Carrasco. Pensar que era por él que el Cabo de Cuarto estaba ahí esa noche. Carrasco y él eran de la misma clase, la ’75, y fue porque Carrasco apareció muerto en un regimiento de Zapala que la ’75 fue la última que se bancó el Servicio Militar Obligatorio, legado mayor de Don Pablo Ricchieri. Y después, cuando se creó el Servicio Militar Voluntario y el laburo empezaba a escasear en la calle, quedarse pareció una buena opción. Tenía un sueldo, los cuadros no lo jodían demasiado porque ya lo conocían, tenía un lugar en el detall. Sin embargo, las cosas estaban empezando a cambiar. Por un lado, los voluntarios que él había recibido tenían casi un año de instrucción y ya no eran tan nuevos, lo que le hacía perder cierta ventaja estratégica. Por otro, los cuadros iban cambiando, y aunque él mantenía su lugar de privilegio, los nuevos oficiales y suboficiales lo trataban como a uno más del montón. Por último, pero en primer lugar, ya tenía las bolas llenas de jugar a los soldaditos.

Dos de la mañana. Hora del relevo de la guardia. Despertar a todos los que están durmiendo, mate cocido y afuera. Fusil en alto, quitar cargador, corredera hacia atrás, comprobar que no haya munición en la recámara, quitar seguro, soltar corredera, colocar seguro, colocar cargador, abajo fusil. Uno por uno fue llevando a los cuatro soldados por los distintos puestos de guardia y relevando a los que estaban apostados por los recién levantados. Yendo del Puesto Flores al Puesto Rondín se miró la ropa. Llevaba un uniforme verde oliva, borceguíes, un correaje para sostener dos portacargadores con dos cargadores de veinte proyectiles cada uno y boina. Se preguntó qué carajos tenía que ver esa ropa con él. Qué mierda hacía así vestido. Menos mal que a la mañana empezaba su licencia. Cuándo levantó al último soldado del Puesto Santa Fe volvió a la Guardia Central y se dispuso a hacer nuevamente la comprobación de armamento. Era algo que ya hacía de memoria, pura rutina. Fusil arriba, tirar la corredera hacia atrás, comprobar que no haya munición en la recámara, quitar seguro, soltar corredera…

Sonó un disparo.

Se había olvidado de sacar el cargador.

El disparo pegó contra la cornisa del primer piso y milagrosamente no rebotó ni lastimó a nadie. Él por supuesto debió comerse unos cuantos cagues a pedos (del Jefe de Guardia, del Oficial de Servicio, de su Capitán y hasta del Jefe de Regimiento) y dos semanas de arresto que fueron por supuesto dos semanas menos de vacaciones. Sin embargo, y a pesar de todo esto, él se sentía bien. Si de algo había servido su imperdonable error era que le había mostrado cuál era el camino a tomar. Al volver de la licencia el Cabo de Cuarto pidió la baja de las filas del Ejército.

En dos semanas volvía a ser civil.



Boomp3.com

There is no place like home

Suena el despertador a las seis de la mañana y te levantás dispuesto a encarar otro día agotador. Te bañás (el agua sale fría), desayunás a los pedos y salís corriendo para tratar de agarrar ese colectivo que se te escapa diez metros antes de que lo pares. Llegás al trabajo, marcás tarjeta (08:01) y encontrás a tu jefe que por primera vez llegó antes que vos. Empezás a organizar la pila de papeles que te dio para terminar en la semana, te das cuenta que te va a llevar el resto del mes. Salís al almuerzo y lo único que podés comer es una hamburguesa minúscula que para colmo está fría. Volvés al trabajo y ahí están esperándote todavía todos esos malditos papeles…

On The Sunny Side of the Street – Sonny Rollins

Llegás a tu casa, prendés la luz y lo primero que hacés es sacarte los zapatos. Después de desvestirte vas a la heladera y buscás algo fresco para tomar (una cerveza no estaría nada mal) y acercás una banqueta al sillón para apoyar los pies. Agarrás el control remoto del equipo y ponés algo de música (¿qué tal jazz?). Cerrás los ojos y te relajás.

There is no place like home.

Palabras escritas en caliente


Identidad. ¿Quién sos? ¿Cómo lo sabés? ¿Estabas ahí para comprobarlo? ¿Y quién te lo contó? ¿Y crees que sus palabras son dignas de confianza? Truman (true-man) lo creía. Tenía una fe ciega hacia lo que le contaban que era su vida. Sin embargo, Truman era cualquier cosa menos eso. Su vida era un invento, una mentira que se estiró por décadas. Porque aunque a veces cuesta entenderlo, suele ser así, con una frecuencia mucho mayor a la que nos imaginamos. Existe una “historia oficial”, generalmente escrita por el que tiene el poder para imponerla. Vamos, si Hitler hubiese ganado la guerra hoy no representaría la encarnación del diablo. Acá la historia oficial la escribió Mitre: Belgrano creó la bandera, San Martín cruzó los Andes y a esta patria la hicieron grande los hombres educados y pudientes como él. La verdad, las guerras civiles, los negociados de Rivadavia, la matanza de indios, está todo al alcance, pero sólo lo vas a encontrar si lo buscás, porque realmente no hay ninguna necesidad de que veas los trapitos sucios de esta Gran Nación. Bueno, y ni vamos a hablar de los grandes negociados y arreglos de la actualidad. Allí la mano cambia: hay necesidad de que no te enteres de todo eso. Quedate tranquilo y hacé tu vida: Yabrán se suicidó, María Marta García Belsunce tuvo un paro cardíaco, Menem Jr. se cayó con su helicóptero y la política es absolutamente transparente. Saber más que eso puede llegar a ser incluso peligroso.
¿Y por casa como andamos? Habitualmente, los grandes héroes, los próceres, los villanos, nos son presentados como seres absolutamente buenos o malos, monodimensionales, nada más lejano a lo que en verdad es un ser humano. Y en ese contexto, nuestros padres son nuestros primeros héroes. Ellos son los que nos cuidan, los que nos enseñan a andar por la vida, los que nos ilustran con la palabra y el ejemplo. Ante nuestros ojos de niño son perfectos y todopoderosos. Y cuando crecemos, esa admiración sobrenatural perdura. Empezamos a ver grietas, entendemos que son débiles y que un día van a morir, pero eso no los hace menos ideales. Joder, ¿qué hay más difícil que imaginar a nuestros padres cogiendo? Y en esa admiración, en esa confianza incondicional que le damos por su misma condición de padres, está el poder que tienen sobre nosotros. Ellos nos dieron la vida, y por eso su palabra es santa. La paradoja es que esa santa palabra es la única prueba que tenemos de que ellos nos dieron la vida. Los documentos se pueden falsificar, los hechos se pueden ocultar, y tal como Truman, podemos vivir en una perfecta mentira construida para que no sepamos realmente quienes somos. Nadie fue testigo de su nacimiento, y nadie puede tener ninguna certeza más que de su propia existencia.
¿Quién sos? ¿Estás segur@? ¿Realmente lo estás?

Peponcia

La primera vez que te vi me pareciste apenas una bola de pelo. Pero enseguida sacaste los brazos y cuando noté que tenías forma humana sentí que el piso se me movía. Enseguida el médico dijo “felicidades, es una nena”, y ahí sí me olvidé de lo que quedaba de tu madre tirado en la camilla, de la videocámara lista para filmar, del obstetra, de la neonatóloga, de todo. Después, a lavarte, y vos mirabas tus manitos todo el tiempo, no entendías lo que pasaba, qué era este lugar nuevo donde habías aparecido, tan cómoda y calentita estabas en la panza de mamá, y ahora ahí, en medio de gente extraña y sintiendo por primera vez cosas como frío, luz, ¡hambre!

De a poco fuiste descubriendo otras cosas, la ropa, los mimos de tus padres, la teta, el dolor cuando te pusieron los aros (ahí nosotros conocimos lo que es sufrir por un hijo), tu casa. De a poco fuimos descubriendo nosotros lo que es despertarse tres veces por noche, cambiar pañales, desesperarse porque nuestra bebé llora y grita y no sabemos como calmarla, llamar al pediatra a las dos de la mañana, aprender nombres de medicamentos. Pero también ver caer tu ombliguito, verte crecer, kilo a kilo y mes a mes, ver aparecer tus dientitos entre lágrimas y paracetamol, y una mañana, mientras te cambiaba los pañales, escucharte decir “papá” mientras se escapaban unas gotitas saladas de mis ojos. Después te largaste a caminar, y antes de que nos diéramos cuenta llegaste solita solita a tu primer año. Hoy estás cada día más grande y más linda.

Tu mamá y yo te queremos mucho.


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