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23 Diciembre 2008 | Por M. J. Howlin | Claves: 2008, bloggers, blogs, clarin, cuento, historia, muchos, navidad | # Enlace permanente
Escritor: Caín | Ilustradora: Pauli | Cuento de Navidad 2008

25 de diciembre, pasado el mediodía. Tarde de resaca y Vitel Toné. Las calles de Buenos Aires están vacías. Dos veces por año la ciudad se decide a dormir. En un subsuelo de Puerto Madero, una recepcionista atiende el teléfono.
-O.P.I.U.M., buenas tardes, ¿en qué lo puedo ayudar?
-Natalia, estoy afuera, dejame pasar que tengo que hablar con el jefe.
-Ah, so vó, Zaldívar. Pasá –contestó Natalia con indisimulable acento rosagasarino.
Zaldívar recorrió las instalaciones hasta finalmente encontrar a Su Magnánima Excelencia. Sir Angus Flannagan, presidente de O.P.I.U.M., Organismo Protector de Ilusiones y Utopías Mundiales, junto a interminables pilas de cartas a Papá Noel que se acumulaban en los pasillos de la clandestina e inmemorial empresa.
-Buenas tardes, Su Divina Gracia –dijo Zaldívar.
-Qué hacé, Zaldívar. Contame las novedades.
-El incidente de Rafaela fue solucionado, señor. Nos ocupamos del cadáver y conseguimos Papá Noel para el año que viene.
-Buenísimo. ¿Y los tres boludones de Río Cuarto?
-Con ellos no hubo caso. Siguen creyendo.
-¿Pero no les metieron en sueños la data de que Papá Noel son los padres?
-Sí, pero se metió la loca de la prima de la recepcionista que los hizo ir a Rosario para que recuperen la fe…
-Uhh, ¿otra vez la Bibi?
-Sí, esa, Su Altísima Delgadez, y después el más boludo de todos se mamó con ferné y se creyó que Papá Noel era el caniche. Además el viejo que contratamos para la Región Sudamérica ayudó en eso también.
-Bien muerto está, entonces. Zaldívar, ¿vos entendés la importancia de que los adultos sepan que Papá Noel es una ilusión?
-No del todo, Su Real Señoria.
-O.P.I.U.M. existe hace cientos de años. Esta empresa trabaja en todo el mundo y se ocupa de mantener a los pueblos contentos y contenidos. Fijate lo que pasa cuando las cosas se van de las manos, como en el 2001. La gente necesita creer en algo, ¿sabés, Zaldívar? Así funciona el capitalismo. Al monitorear y manipular los pensamientos de la gente, nosotros logramos que siga viva la ilusión. Como con los nenes de Monte Caseros, que no querían decir qué regalo querían y por eso tuvimos que meterle en la cabeza a los abuelos qué tenían que comprarles. Pero cuando crecen, es necesario que se enteren para mantener la maquinaria funcionando. De ahí que Pedro, Superman y la Pantera Rosa sepan la verdad. Sino les termina pasando como a la dibujante de Tigre que en 34 años jamás recibió un regalo por que sus padres no sabían que ellos eran Papá Noel. La pobre mina se pensaba que el gordo no le llevaba regalos porque se portaba mal y ella era más buena que la nena de Samsara.
-¿Pero entonces cuál es el sentido de contratar Papás Noeles regionales, Su Graciosa Hidalguía?
-Hacer que se dejen ver cada tanto, por supuesto, y arreglar cositas menores, como el sorteo del viaje a Mar del Plata para Rosa de Lanús. Esa mujer es el fiel exponente del espíritu que queremos mantener. Se merecía un milagrito. ¿Algún otro reporte, Zaldívar?
-Se escaparon dos lobos del Zoológico de Rawson, señor.
-¿Y eso qué tiene que ver con el Operativo de Navidad?
-Parecería que no mucho, pero resulta que la loba salió primero y unos chicos que preparaban el asado de Nochebuena la ataron en el patio de su casa. Al rato el lobo se fue atrás de ella, la encontró y a mordiscones cortó la cuerda. Después huyeron los dos hacia las montañas.
-¿Y?
-Nada, me pareció interesante para compartirlo, nomás.
-Mirá, Zaldívar. Hace 1658 años que nos encargamos que se festeje la navidad. Para eso hicimos que la mayor parte del mundo adopte la fecha del 25 de diciembre, que nos venía bárbaro porque era una semana antes del Año Nuevo. Cuando se forjó el sistema capitalista, mezclamos las leyendas de Saturno, San Nicolás de Bari, Sinterklaas y no sé cuántas más para darle forma a Papá Noel. Financiamos la campaña que Coca Cola le encargó en 1931 a Habdon Sundblom. Tenemos una logística que jamás nadie pudo igualar. ¿Y vos me venís a hablar de lobos fugitivos?
-Perdón, Su Omnipresente Sabiduría.
-Todo bien, Zaldívar. Vení que te tengo que dar algo.
Zaldívar y Sir Angus Flannagan caminaron por los pasillos hasta llegar al despacho del presidente. Una vez allí, Sir Angus tomó un paquete envuelto para regalo que había en el suelo y se lo dio a su empleado.
-Tomá. Feliz Navidad.
Zaldívar lo abrió. En su interior había una cárcel del oeste de los años ’50. Zaldívar de niño había logrado reunir casi toda la colección de juguetes del oeste. Sólo le faltaba esta pieza.
-Señor… pensé que ya no la conseguiría…
-Nunca dejes de tener fe, Zaldívar. En definitiva, todo es cuestión de fe.
¡Felíz Navidad!
¡Jo, jo, jo!
Capítulo 9: “ Media hora y estamos“| Pueden leerlo acá o acá.
Noche de paz – Sumo
11 Noviembre 2008 | Por M. J. Howlin | Claves: cirugias, cooper, cuernos, jacuzzi, mini, nuevos, personal, ricos, tilingos, trainer | # Enlace permanente
Que le enseñe
a manejar el Mini Cooper. Buenísimo. Lo que me faltaba. Debo confesar que el chiche está lindo. Andando con esto por las noches de Baires haría estragos. Pero no con Margarita arriba… En fin. Cobro buena plata por sacarla a pasear todos los días y encima me ofreció un extra. El precio lo pongo yo… ni sueñes menos de tres cifras darling…
Ok, no voy a ser malo. Márgara no es mala mina. Solamente se pasa de tilinga. Tiene una enorme necesidad de ostentar la guita que tiene. Y que no siempre tuvo, aunque claro, eso no lo dice. Pero escuché hablar de la época en que ella y Rubén casi se quedan en la calle con Pablito (que era un bebé) a cuestas. Ni para el alquiler tenían. Pero era la época del Turco, y Rubén tenía amigos. Parece que uno de estos amigos estaba metido en negociados políticos y logró lo que parecía imposible. Así que la feliz pareja salió adelante y cambió el dos ambientes alquilado en Pompeya por esta espectacular casita en el Barrio Las Orquídeas, previa escala en Recoleta.
Una sola vez traté de preguntarle a Margarita sobre su pasado sin un mango. No dijo una palabra, pero sus ojos dijeron mucho. Bah, dijeron “No se te ocurra volver a hablar de eso” en realidad. Y yo, obediente, no lo volví a hacer.
Margarita tiene todos los clichés del nuevo rico. A veces dan ganas de pegarle. No deja de hablar un minuto de la casa del country, de cuanto le costó decorarla, de los diseños exclusivos que encargaron, de las pinturas originales que cuelgan de las paredes, del mini vivero con flores exóticas, de que todo el mundo debería tener sauna y jacuzzi en su habitación y de que no sabe como pudo vivir alguna vez sin un celular de tercera generación. Se la pasa mostrándose. Salimos a correr y ella insiste en usar mallas de gimnasia que le marcan bien el culo y las tetas, duras firmes, redondas, turgentes, y compradas, por supuesto, aunque eso no lo dice. Pero claro, ya con verle la cara te das cuenta que ese culo y esas tetas no nacieron con ella. Entre los lifting y el botox parece la hija de Boris Karloff. La verdad, entiendo perfectamente que Rubén ya no le quiera tocar un pelo.
Así que ahí estoy, a las ocho de la mañana, dispuesto a enseñarle a manejar el Mini Cooper. Temo que no sea lo único que quiere, pero bueno, es parte del oficio también. Así que la llevo a un lugar donde no vaya a lastimar a nadie y le enseño los cambios. Primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, reversa. No, Marga, tenés que pisar el embriague mientras pasás el cambio. Dios, me duele cómo trata la palanca. A ver, ahora dale contacto, pisá el embriague y dale primera. Muy bien. Pisá el acelerador y soltá el embriague despac… ¡DESPACITO! ¡FRENÁ! Ahhh, qué cerquita pasó ese poste de luz. Todo bien, tranquila. Vamos a ver si probamos de otra manera.
Ah bueno.
Me sugiere que corra el asiento del conductor todo lo que de para atrás así ella se sienta encima de mí y yo le ayudo con los pedales y los cambios. No, Margarita, no me parece buena idea. Ok, probamos. Ella me apoya con todas sus ganas el culo en mi entrepierna buscando precisamente eso que claro, empieza a despertarse. Agarra mi mano sobre la palanca, le voy enseñando los movimientos, yo controlo los pedales, es difícil manejar así. En fin, que ella aprovecha para moverme el culo y tocarme la mano y las piernas. Además para ver necesito poner mi cara por encima de su hombro. Dios mío, esta mina está que hierve. Suficiente por hoy. Volvemos a la casa, mañana seguimos.
Llegamos y me ofrece pegarme un baño.
Dice que hoy fue un día agotador. Más agotador es hacer quince series de ocho abdominales, pero claro, cuando hace eso no me refriega el culo contra la verga. Me invita a pasar a la casa. Me ofrece probar el sauna y el mini spa de su habitación. Cagamos. En fin, que ya sé como sigue. Entramos a la pieza y cierra la puerta con llave. Entonces se me tira encima y literalmente me come la boca. Se diría que está desesperada, en menos de un minuto me saca la musculosa, el short y el slip. Se arrodilla delante de mí y de un bocado se mete todo mi miembro en la boca. Es medio brutita, pobre, pero le pone onda. Me dice que nunca vio una tan grande. Sin tirarme abajo, pienso que no habrá visto demasiadas en realidad. Después de chupármela un rato me lleva a la cama. Ahora le saco la ropa y empiezo a chuparla un poco yo, creo que se lo ganó. Está toda depilada, pero un poco arrugadita. Me provoca ternura, ahí no se hizo lifting, pensaría que no lo necesitaba. Después de un rato y tres orgasmos me monta. Qué lo parió, nunca vi una mina tan caliente después de acabar tres veces. Acaba de nuevo y me dice que esa mirada libidinosa la conoce, que yo le quiero hacer el culo, pero ella es una señora y no me lo va a dar. No, no, no, de ninguna manera. Entonces, sin que yo me mueva, se da vuelta y se empieza a sentar arriba de mi pija, firme pero seguro, igual que en el auto pero sin ropa. Mirá vos qué fácil entra, quién diría la señora. Finalmente acabo. Ella se levanta y se pone a llenar el jacuzzi. Mientras nos bañamos le agarra la culpa. Que no sabe como pasó, que cómo le pude hacer esto, que si se entera Rubén, que va a ser nuestro secreto…
Entonces me empieza a transar.
Sí señor, está como una cabra.
Seis meses antes.
-Bueno, Román, la idea es más que nada que la mantengas entretenida a mi esposa, entendés? Si te pide que la hagas correr la hacés correr, si te pide que la lleves al cine la llevás al cine, si te pide que te la cojas te la cojés. Lo importante es que no me joda. Yo estoy más en Brasil que acá. Y te aseguro que allá la paso mucho mejor. Así que dale los gustos. Quedate tranquilo que hay buena guita y cada extra que tengas que hacer será bien recompensado. ¿Estamos de acuerdo?
-Claro, señor Rubén, estamos de acuerdo.
29 Octubre 2008 | Por M. J. Howlin | Claves: atracción, bar, besos, cuento, hombre, levante, mesa, mujer, seducción | # Enlace permanente
La verdad que no lo puedo creer. Yo le presto mi buen nombre para comprarse una heladera y me llaman por gestión judicial. Es para matarlo. Encima tener que venirme en horario de oficina a este estudio de abogados del orto. Bueno, al menos la recepcionista está linda. Sí sí, bastante linda diría yo. Y simpática, no tiene la proverbial cara de orto que suelen tener en estos lugares. Es más, hasta diría que me sonrió. Le sonrío yo también entonces. Hay para un rato, me dice. Encima tengo que esperar, me cagüenlamadre. Bueno. Aprovechemos para hablar con ella ya que quedó sola.
-Me imagino que estarás acostumbrada a que estén con cara de traste todos por acá ¿no?
-Y, la verdad que sí, pero una no tiene la culpa…
-Y, no por supuesto. A veces incluso no la tiene nadie. –Mejor me cubro, a ver si se piensa que soy un tirado- Yo, de hecho, tuve la buena voluntad de sacar un crédito para mi cuñado, y mirá lo que me vino a pasar…
-¿Pero no te avisó que había dejado de pagar?
-No, él vive en Mendoza y creí que lo seguía haciendo… le habrá dado vergüenza, qué se yo…
Listo, primer contacto establecido, roto el hielo, ya tengo su nombre, edad, estado civil, situación familiar y una primera aproximación a sus gustos e intereses para cuando me llaman de la oficina. Luego del momento incómodo, el compromiso de pago y la puta bienvenida al Veraz finalmente quedo en libertad de partir. Pero no sin antes cruzar unas últimas palabras con la recepcionista.
-Bueno, entonces cualquier duda o inquietud llamo acá, ¿no?
-Sí, por supuesto.
-¿Llamo al número de línea o me das tu celular?
Ella sonríe, divertida.
-Al número de línea va a estar bien. –Hace una pausa- Total siempre lo atiendo yo.
Han cantado Bingo.
La llamé 48 horas después. Ni tan pronto como para parecer desesperado, ni tan tarde como para que me olvide. Le pregunté alguna boludez sobre lugares de pago y esas cosas y traté de asegurarme de que efectivamente me recordara. Una vez que estuve seguro la invité a tomar un café después de la oficina.
-Epa, ¿no estarás yendo muy rápido? –me dijo.
-Claro que no. Rápido sería pedirte matrimonio y hablarte de hijos. Y por ahora, sólo pretendo un café.
-¡Jajaja! Está bien, no creo que sea demasiado.
-Perfecto. Para encontrarnos en el café supongo que sí me vas a dar tu celular, ¿no?
Nos encontramos a
las seis y cuarto en el bar de la esquina de Florida y Bartolomé Mitre. El ventanal de la planta alta tiene una vista fantástica de Diagonal Norte hasta Plaza de Mayo, y es perfecto para un encuentro de este tipo. Llegué seis y diez, ella llegó puntual. No es difícil ser puntual a la salida del trabajo cuando se labura en el centro. El ritual del café es decididamente argentino, una vez un productor colombiano de café me decía que le parecía increíble lo arraigada que estaba entre nosotros la costumbre del café. Lo cierto es que a veces el café es meramente simbólico, y aprovechando el calorcito de octubre nos pedimos un Gancia para cada uno y una picada para los dos.
Bien, ya estábamos en el lugar. Había que romper el hielo nuevamente. Este momento es fundamental, porque depende de lo que uno diga o haga que se genere la confianza suficiente como para llegar a la intimidad. Y llegar a la intimidad es fundamental en cualquier caso, porque habiendo citado a una desconocida no alcanzarla es sinónimo de dar por terminado cualquier intento de nada. De manera que hay que ser cuidadoso para estas cosas. Empezamos hablando de manera casual del día de trabajo. Cansado, jueves, falta un día, rutina, quilombo, etc. De ahí uno se las arregla para enganchar la charla con temas más personales. Familia, vida cotidiana, costumbres. Hilando se llega al tema de relaciones sentimentales. Siempre hubo alguna experiencia ingrata que será la primera en surgir. Uno en estos momentos debe ser comprensivo. No “hacerse”, serlo. De otra manera no es posible alcanzar a la otra persona en su totalidad. Es un buen momento también para establecer contacto físico. Tomarle la mano. Las defensas emocionales están bajas, y será entendido como un gesto de acercamiento, que de hecho es. Empezamos por la mano, tímidas caricias con el dedo que de a poco se van soltando. Mientras escucho atentamente lo que tiene para decirme, le cuento de lo mío, le sonrío, todo sin dejar de mirar a sus ojos, bellos ojos por cierto. La charla se anima, hablamos de nuestros gustos, nuestros viajes, nuestras aventuras, y gesticulo al hablar, todo eso sin soltar su mano. Vuelve el tono intimista a la conversación y aprovecho para acariciar su rostro. Terso, cálido, hermoso.
Salimos del bar, ya está cayendo la noche, y nos vamos caminando para el lado de Puerto Madero. Mi mano sigue aferrada a la de ella. Sabemos que tal vez deberíamos separarnos, pero no queremos hacerlo. Nos apoyamos sobre la baranda y nos quedamos abrazados contemplando las mansas aguas del Dique 2. La llegada de los besos se da como algo natural. El viento que llega del río nos envuelve. Nosotros nos damos calor, pero sabemos que no alcanza.
Entonces decidimos ir a un lugar más abrigado, donde podamos desabrigarnos sin culpas.
Llego a casa de madrugada. Voy a dormir muy poco esta noche, pero siento que valió la pena. Antes de acostarme suena un mensaje en mi celular.
“La pasamos bárbaro esta noche… juntos. Espero que se repita pronto.”
Cierro los ojos. Una sonrisa ilumina mi rostro.
Otra cara del asunto en Muñeca Brava, blog de Betina Pascar
16 Octubre 2008 | Por M. J. Howlin | Claves: coito, cuento, erotico, erotismo, fantasia, fellatio, menage, mhm, sexo, trio, trois | # Enlace permanente
Esto de tener un blog tiene sus pro y sus contras. Una de las cosas que más satisfacciones me ha dado ha sido la gente. He conocido muy buena gente en este lugar. Y gente de todo tipo.
Ella era de un tipo muy particular. Su llegada tardía no fue menos impactante. Decía ser una mujer de edad mediana inmersa en la movida swinger, y eso alborotó de inmediato los ratones de la comunidad blogger. Algunos textos míos con cierto matiz erótico llamaron su atención y no tardó en tomar contacto conmigo. De inmediato su intención fue tentarme, lo sé. Muy poco hubo de ese coqueteo previo lleno de preguntas de cuestionario y evasivas discretas. Su naturaleza era plenamente sexual y no lo ocultaba. Las charlas tranquilas de los dos primeros días fueron subiendo de temperatura y no tardamos en hablar de sexo en forma directa, e incluso masturbarnos uno a cada lado de la fibra óptica, y luego del celular. El encuentro fue propuesto por ella, pero a esa altura yo ya lo deseaba. Lo necesitaba.
Nos vimos en un parque, como aquella vez del encuentro de bloggers. Pero esta vez sólo éramos dos. Ella me había anticipado lo que iba a encontrar: una mujer en sus cuarentas, ni demasiado delgada ni demasiado hermosa, pero que si quería sabía hacerse desear. Era cierto. Posiblemente no me hubiera fijado en ella de haberla cruzado por la calle, pero en cuanto se me acercó sentí el poderoso influjo de sus feromonas actuando sobre mi sistema. Luego de hablar un rato de asuntos tal vez intrascendentes pero a una distancia de intenciones inocultables, ella me convidó un caramelo. Yo lo acepté y ella me lo dio en la boca. Empujándolo con su lengua.
No tardamos mucho en ir a parar a su departamento. Apenas minutos. Una vez allí ella no apuró las cosas. Dejó crecer el deseo, sirvió vino, comenzamos a hablar de otras cosas. En ningún momento ocultó su gusto por la pluralidad. En ningún momento negó la posibilidad del número dos, pero su preferencia por el más. Yo me preguntaba qué se traía entre manos. Empezó a hablarme de las demás bloggers, de cuales me atraían y cuales la atraían a ella. Se habló de aquella que no posteaba seguido pero hacía perfectas transcripciones de sus charlas por msn altamente encendidas. O de la otra que había borrado su blog pero había alcanzado temperaturas ardientes con sus relatos de conquistas y seducciones de oficina. O de aquella otra, la reina del cachondeo, la dueña de los ratones de la comunidad (nunca me gustó la palabra blogósfera). Su nombre de inmediato traía el deseo a la mente de cualquiera que la pensara. El dulce de su nombre era dulce de lujuria, no de contención. Hablando de ella recordé aquel post sobre placer oral que me inspiró para contarle como y de qué manera me comería el de ella, sin pensarlo, entregándome al deseo. La dama parecía gozar con eso, y me pregunta si me gustaría hacer un trío con ella y la Sweet. Yo sonrío, no contesto, pero tampoco niego. Ella me dice que la conoce, que son amigas, que quien sabe. Mis ratones vuelan. Comenzamos con un franeleo lento y desesperado. Ella contesta un mensaje inoportuno y luego continúa con sus manos el recorrido por mi cuerpo. Refriega su cuerpo contra el mío, siente la dureza de mi deseo, lo hace crecer. Nos entregamos a la danza frenética de los cuerpos y ella comienza a quitarme la ropa. Yo amago con quitar la de ella, pero me esquiva, se hace rogar, ni siquiera me deja besarla. Pronto estoy casi desnudo, y entonces me permite dejarla con su ropa interior al descubierto. Con suavidad me lleva hasta la pieza donde en una bandeja encuentro una botella de vino y tres copas.

Entonces fue cuando entró ella.
“Caín, te presento a Ale Sweet”, me dijo la Dama.
A partir de allí dominó el imperio de los sentidos. Entre la Dama y yo comenzamos a desvestir a la recién llegada. Ella lejos de su imagen de femme fatale parecía una jovencita virgen pero calentona y deseosa prestándose al juego entre nosotros. Mi virilidad ya estaba al palo, y pronto las dos se arrodillaron delante de mí y comenzaron a besarla, chuparla y lamerla con la maestría de dos expertas en el asunto. La imagen de las dos mujeres recorriéndome con sus lenguas era casi tan excitante como la sensación de su húmeda textura sobre mi pija. Entonces, casi tímidamente, la fui retirando y dejé a sus lenguas jugando la una con la otra, en una danza maravillosa que exacerbaba mi calentura hasta insospechados límites. Mientras ellas seguían yo me acomodé frente al sexo de Sweet y empecé a comerlo con la dedicación que había soñado, jugando con su clítoris, pasando la lengua por sus labios, hundiendo mi dedo en su ano con suavidad. Ellas seguían besándose, hasta que la Dama me comenzó a recorrer el pecho, morder suavemente mis tetillas, volverme loco mientras mi boca devoraba la intimidad de Sweet casi literalmente. Entonces con la boca me colocó un preservativo y la invitó a ella a cabalgarme. Sweet se acomodó sobre mi verga y pude deleitarme con el espectáculo de su placer sobre mí. Eso hasta que la Dama se acomodó sobre mi cara para que le diera placer a ella. Fue entonces cuando la vista le dejó lugar a los demás sentidos. Sentía profusamente la humedad del interior de Sweet moviéndose al vaivén, atrapando mi rigidez como carcelera, haciéndome delirar con su roce contra mi cuerpo. Escuchaba los gemidos de placer de las dos, su éxtasis, su placer de descubrimiento o docencia, y mi calentur
a crecía. Penetré con mis dedos el sexo y el ano de la Dama, ya a esa altura nada importaba. Probamos todo tipo de posiciones y combinaciones, y finalmente pude sentir las piernas de la Dama tensarse, el cuerpo de Sweet curvarse, y entonces sin culpas me permití expulsar mi placer en medio de un grito ensordecedor que pudo oír todo el edificio.
Fueron tres o cuatro horas sin pausa, en que nos dimos el gusto de explorar en profundidad el cuerpo de cada uno de ellas. Tuve momentos a solas con Ale y con la Dama, y ellas lo tuvieron para ellas, pero fue cuando actuábamos los tres juntos cuando el placer era más grande. Finalmente, con los cuerpos agotados, quedamos los tres en la cama mirándonos unos a otros.
Entonces comencé a tocarme.
Ale gozaba con el espectáculo, y sus dedos fueron a buscar su vagina aún jugosa. La Dama no tardó en acompañarnos. Los tres gozamos de nuestras respectivas pajas mirando a los otros, y pronto las ganas de jugar aparecieron de nuevo. Entonces luego de un buen rato de estimulación sentí que el clímax se acercaba de nuevo y se los hice saber. Ellas se me acercaron y me ofrecieron sus pechos y sus bocas y lenguas anhelantes de recibir lo que yo tenía para darles. Entonces las rocié con mi blanca palidez y los tres gozamos de un momento sublime, y un digno broche de oro para una tarde de domingo tan especial.
No fue éste un domingo cualquiera.
Prometimos jamás hablar con nadie de esto.
Boomp3.com
13 Octubre 2008 | Por M. J. Howlin | Claves: amigos, amistad, amor, ayuda, cuento, enfermizo, puta, soledad | # Enlace permanente
-Juancito, vos estás loco –me dijo el Tano.
-Tano, entendeme, es amor…
¿Será amor? La veo dos veces por semana, desde hace meses. Su dulzura me derrite. Su belleza me acerca a la ceguera. ¿Alcanzaría eso para llamarlo amor?
-Dale, Juan, una cosa es que la mina te guste y que te enganches, pero no podés decir que te enamoraste de ella –retrucó el Pulga.
-¿Y cómo lo llamarías vos? Si lo único que quiero es estar con ella…
Ya pasaron más de dos años de que se fue Liz. A ella sí podría llamarla sin dudarlo “El amor de mi vida”. Si pudiera volver con ella no lo dudaría ni un segundo. Pero la leucemia no devuelve a la gente.
-Efervescencia de la pija podría ser una buena denominación, Juancito –mandó Rogelio-. Dale, macho, tenés bien claro que no podés enamorarte de ella…
Cuando la conocí estaba en el peor momento de mi duelo. No es que haya terminado, lo sé, pero ese era definitivamente el peor momento. Sufrí mucho, fueron muchos años a su lado, y verla deteriorarse y morir como la vi fue demasiado para mí. Y para Matías, pobrecito, algún día iba a ver morir a la madre, pero no tenía que ser tan pronto ni de esta manera…
-¿Y por qué no puedo enamorarme? ¿Qué tengo yo que no le pueda gustar a ella?
-No es eso, Juan –intervino Claudito-. Pero sabés bien que si te engayolás con una mina así lo único que vas a lograr es sufrir, macho.
La verdad es que no podía casi ni acercarme a ninguna mujer. Por respeto al cuerpo aún tibio de Liz, claro, pero también porque sentía que todas las mujeres que veía eran mortales, y que si les daba la oportunidad todas me iban a abandonar tarde o temprano como lo hizo ella…
-Ok, yo te reconozco que tiene sus cosas, pero es una buena mina. Dulce, linda, sensual, mimosa, afectiva. Yo sé que puedo con ella. Es sólo lograr que me dé la oportunidad…
Pero el cuerpo no se lleva siempre bien con el alma, y me indicaba necesidades que no estaba en condiciones de satisfacer. Seamos sinceros, no era ese el momento para someterme a todo el laburo fino que implica hacerle el entre a una mina. Si en todas al final veía la cara de Liz. Entonces apareció Jazmín.
-¿Vos podés con ella? –preguntó Rogelio- Dale, Juan, apenas podés con vos mismo y pretendés poder justo son ella?
La conocí en una de esas páginas donde uno encuentra mujeres. Su foto estaba entre muchas otras como parte de un perfecto catálogo. Entre todas las que allí podía encontrar, ella destacaba. Su belleza, la simpatía que ya dejaba entrever, su encanto. Sin dudarlo me puse en contacto.
-Es una mujer, Roge. Pueden tener sus matices, pero las mujeres en definitiva son todas románticas. Vas a ver como después de hoy cae rendida. No puede decirme que no…
-Ay Juancito… te vas a pegar un palo hermanito…
La primera vez que nos vimos ella me enseñó nuevas y maravillosas formas de hacer el amor. Sí, hacer el amor, bien digo. No podría, aunque quisiera, relegar todo al mero acto sexual. Lo nuestro, indudablemente, fue amor desde el comienzo.
-Yo tomo el riesgo, ¿no te parece? Muchachos, por favor. Quiero hacerlo y voy a hacerlo. Con o sin ustedes.
Los chicos se miraron. El Tano tomó la palabra.
-Está bien, Juan. Por lo menos estás entre amigos. Espero que no termines muy hecho mierda hermanito.
A partir de entonces nos vimos dos veces por semana, cada semana. Ella es dulce, tierna, amorosa. Me cuida, me mima, me hace sentir hombre nuevamente. Y en la cama es una perra absoluta. Cada centavo de los ciento cincuenta mangos que le doy cuando llego al privado está bien invertido. Pero ahora quiero más. La quiero sólo para mí. Y sé que la voy a lograr.
-Gracias muchachos. Entonces quedamos así. Van a verla y se echan un maravilloso polvito de los que ella sabe dar. Como quedamos. A la vuelta les doy una gambita por cabeza. Dale, no me van a decir que no es un buen negocio…
Ellos cruzaron sus miradas. Fue Claudito el que habló, aunque no me gustó la expresión en su cara.
-Sí, Juan, es un buen negocio.
Hoy vas a ser mía, te prometo. Te quiero, sos muy especial para mí.
Y sé que lo soy para vos.
(La otra cara de esta historia, en Cuentos de Todos, blog de eugemartinucci)
2 Octubre 2008 | Por M. J. Howlin | Claves: amor, aniversario, comun, jubilacion, retiro, vida | # Enlace permanente
Abro los ojos. Me duele un poco la cabeza, debe ser la resaca. Ya no estoy para estos trotes. Pero bueno, los muchachos querían despedirme. No podía ni quería negarme. Es muy rara esta sensación, saber que ya no voy a volver. No es poco dieciocho años laburando en el mismo lugar. Ver a las mismas personas, verlos crecer, irse, venir. Morir incluso, pobre Juancito. Pero bueno, era tiempo ya. Hoy empieza una nueva etapa.
A mi lado está ella. Sigue durmiendo. Cómo me gusta verla dormir, de mañana, sentir su calor a mi lado. Amo despertar y encontrarla. Sentir sus piernas enroscadas en las mías, su brazo que me cubre, su respiración sobre mí. Los años nos traen mañas, no hay dudas. Antes le hacía yo cucharita, ahora ella me hace a mí. Normalmente a esta hora me estaría levantando con cuidado para no despertarla, pero ya no más. Por ahora voy a disfrutar su calor, un buen rato más y por el resto de mis días.
Qué linda es. Pasa el tiempo y no dejo de pensarlo. Tal vez no sea ya el bombón que me deslumbró hace tanto tiempo, pero no deja de ser hermosa. ¿O serán mis ojos los que la ven así? Como sea, me encanta verla al despertarme. Más ahora. Volverán a partir de hoy los días de mates compartidos. Volverán los almuerzos juntos. Capaz que hasta me haga enganchar con sus novelas. Humm eso ya no me gustó tanto jajajaja! Pero en fin, después de tanto tiempo de rompernos el lomo los dos, creo que al final llegó nuestro merecido descanso. Dios mío, nunca lo hubiese imaginado cuando la conocí en Bamboche hace ya… ¿Cuánto? ¡38 años! Increíble… Más de la mitad de nuestras vidas, mucho más. Y con ella quiero terminarla.
Hora de levantarse. A preparar el mate. Para dos, como hacía mucho tiempo que no pasaba.
Hoy empieza mi jubilación.
Nos lo merecíamos, che.
(Una nueva producción Caín-eugemartinucci. Pasen por el Blog de la Rubia , http://blogsdelagente.com/cuentos-de-todos/2008/10/2/nueva-vida )
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