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Acerca de “El Héroe”

Dicen que un mago no debe revelar sus secretos, pero la construcción de “El Héroe” me resultó tan gratificante que quisiera compartirla con ustedes.
Sobre fines de diciembre yo acababa de terminar con “Olvídalo, Cariño” y con el último capítulo del Cuento de Navidad de Clarín Blogs. Me había quedado el gustito por la narración de medio aliento y por la de aventuras, y me dispuse a iniciar otra saga con similares características.
En el principio fue “El Mago de Oz”. Siempre me gustaron las historias de viajes, y mi idea era la de un joven, huérfano, que se lanzaba a la ruta (preferentemente en motocicleta) para ir al encuentro de su padre. Este era un héroe legendario, pero su hijo ni siquiera lo conocía. En el camino debía vivir cierto número de aventuras para finalmente enterarse que “el héroe” era una persona como cualquier otra, con sus miserias y sus virtudes, y que el verdadero héro de la historia era él.
Esto me planteó una dificultad de origen. La actualidad no está preparada para héroes. Entonces pensé primero en hacerlo viajar de Buenos Aires a Mendoza durante los primeros cuarentas, en medio de los orígenes del peronismo. La idea no me satisfizo y probé con irme más atrás, hacia la época de Rosas. Luego pensé en la Edad Media, pero ya había jugado en ese tiempo con “La posada de Rochelle”. Así llegué a la Antigüedad, y a la Mesopotamia Asiática.
Nunca antes me había condicionado tanto un escenario. El primer problema fue el nombre de mi protagonista. Se me ocurrió “Harziful”. Enseguida lo descarté porque era muy rebuscado. Entonces recibí por mail la invitación al fotolog de un amigo y ahí apareció el nombre de Effeo. Pero para el primer capítulo necesitaba un interlocutor para Effeo, de manera que Harziful permaneció.
En realidad Harziful se negó empecinadamente a quedarse afuera de la joda, y para entonces ya acompañaba a mi héroe en busca de su padre. Este tenía que ser un héroe legendario, y entonces pensé en Gilgamesh, el más antiguo héroe de aventuras que se conozca. El camino sería entre Menfis, antigua capital de Egipto, y Uruk, morada de Gilgamesh. Pero como la presencia de Harziful no estaba en mis planes, fue que decidí separarlos.
Para entonces ya había elegido dos nuevos compañeros para Effeo: uno sería Odil, personaje que ya había utilizado anteriormente en Punk y que me permitía articular entre sí ambas historias. El otro sería un argentino que viajaría en el tiempo en el momento en que en Punk se lleva a cabo el fin del mundo. Sabía desde el comienzo que Oscar no volvería a su tiempo. Primero pensé en llevarlo desde Plaza de Mayo, pero me gustó mucho más la ironía de que viajara de una Mesopotamia a la otra. Oscar sería entrerriano.
Fue entonces que aparecieron ellos. Merced a Wikipedia y otras fuentes descubrí la estrecha relación que había entre los antiguos mitos mesopotámicos y las leyendas hebreas sobre la creación que posteriormente conformarían el Génesis. Así tuve delante de mí a Adán, Lilith, Eva, la serpiente, el jardín del Edén, el Diluvio, presentes incluso desde la Epopeya de Gilgamesh. Tenía material demasiado rico para desaprovecharlo. Así que tomé a Lilith y la puse en el camino de Harziful. Luego hice una revisión sobre su partida del Paraíso y le encargué la misión de recuperar Edén. Ya con eso tenía ingredientes más que interesantes para mi ensalada. Por otro lado, un documental que devoré en el blog de un gran amigo, Antes que Caín, Antes que Abel , me dio el último y magistral condimento: la teoría de que el Jardín del Edén se hallaba sumergido bajo las aguas del Golfo Pérsico . En ese momento mi hoja de ruta dio un viraje definitivo. Ya no eran las aventuras de Effeo el eje central de mi historia. Ahora tenía que inundar el Edén. Para eso lo convertí en una ciudad amurallada y a Adán en su rey, un rey bastante antipático por cierto. Puse a Noé en el camino de Oscar y a través de él le encomendé la construcción del Arca. Para eso Oscar necesitaba determinados conocimientos que no cualquiera posee, y le di el título de profesor de Historia. Ahora sólo debía hilar los acontecimientos. Como no tenía sentido que Effeo continuara a Edén luego de encontrarse con Gilgamesh, le impartí en su nombre el encargo de obtener los frutos del Árbol de la Vida. Effeo se convirtió en Ofidio, la serpiente que tienta a Eva. Pero antes necesitaba saber cómo se iba a inundar el Paraíso. Esto representaba una dificultad adicional. Lo resolví ubicando un glaciar en la desembocadura del río Shatt al-Arab, confluencia del Tigris con el Éufrates, que taponaba la entrada del océano Índico en esas tierras. Odil era el más indicado para quitar ese glaciar del medio, pero no tenía motivos para hacerlo. Lilith sería la encargada.
La última dificultad que se me presentó estaba en los hijos de Adán. Mi historia no los necesitaba, pero tampoco podía negar la existencia de Caín y Abel. Desde que uso el nick “Caín” la pregunta más común que se me hace es por qué maté a Abel. Mi respuesta siempre fue que ahí hubo manipulación informativa. Necesitaba entonces una buena razón para que Caín matara a su hermano. La expulsión de Eva me dio el motivo justo. Un hijo defendía a la madre, el otro al padre. Uno se violenta y ataca al otro, el otro lo mata mientras se defiende. El rompecabezas estaba casi completo.
Lo último era justificar la presencia de Oscar en la historia. El profesor de historia sería pues el encargado de dejar registro de los hechos. Me encargué de que tuviera su momento para dialogar con cada uno de los protagonistas. Luego lo puse a salvo en el Arca de su amigo Noé. Su supervivencia me era indispensable, y no la podía garantizar si participaba en el combate. De la misma manera que no pude salvarles la vida a Harziful y Effeo, valientes y heroicos, pero campesinos al fin. La batalla por Edén debía ser desigual e impiadosa. Era la única manera en que Lilith decidiera volar el glaciar como último recurso.
Finalmente, en una última vuelta de tuerca, traje a la actualidad las tablas escritas por Oscar luego de haber sido preservadas durante miles de años. La invasión estadounidense a Irak era la excusa perfecta para traerlas hacia occidente.
El agradecimiento final a Obama es, por supuesto, un último toque humorístico con un guiño de actualidad.
Escrito con decenas de páginas de Wikipedia abiertas, la aventura de escribir “El Héroe” fue seguramente la experiencia más enriquecedora de lo que va del año. Agradezco a Martín por los innumerables datos que tomé de su blog, y por supuesto, a los pocos pero leales lectores que me acompañaron en la realización de esta historia.

El Héroe – Capítulo XX (Final)

20

Epílogo

Y sólo yo escapé para contártelo. LIBRO DE JOB

Pueden llamarme Oscar. La cita que precede remite a la Biblia, pero también a Moby Dick. Esta es la crónica de lo sucedido tal como me fue contada por aquellos que lo vivieron, y como lo viví yo mismo. Escribo en castellano, el único idioma en el que sé escribir, y que no será hablado hasta dentro de varios miles de años.
Quienes estábamos en el Arca apenas tuvimos tiempo de prepararnos. Yo tenía la certeza de que el Glaciar cedería durante la batalla, y por eso insté a Noé a que estuviese lista para la mañana siguiente de nuestro encuentro. Una vez que estuvimos dentro de ella, y que la hubimos cerrado y sellado, sólo quedaba esperar a que llegara el agua. El temblor y el sacudón de la embestida provocaron pánico entre los que estábamos a bordo. Por un momento temí que la estructura no soportara el golpe del océano, pero Noé había hecho un muy buen trabajo, y luego de unos cuantos minutos sumergidos finalmente salimos a flote.
No fuimos los únicos sobrevivientes. Luego de unos instantes se escucharon golpes y gritos en el casco del Arca. Al asomarme pude ver a Caín, tratando de agarrarse como podía. Le arrojamos una cuerda y pronto se unió a nuestro recorrido a la deriva. Tenía una fea herida en el rostro, pero el agua salada había logrado curarla bastante. Días después encallamos en unas costas deshabitadas que en algunos cientos de años se convertirán en Kuwait.
Set, el tercer hijo de Adam, también sobrevivió, gracias a que para protegerlo su padre lo había escondido en una urna del Gran Templo. Odil, Lilith y Asmodeo, junto a otros dos uisal, lograron llegar a salvo al futuro Irán, en el margen de lo que fue la Tierra de Nod. Luego cada uno continuó con su camino.
Yo anduve sin prisa. Noé y los otros pensaron establecerse allí donde arribamos, pero luego de unos días Caín y yo nos encaminamos al norte, a Lagash. Durante el trayecto tuvimos agua y comida, pero una tarde sin que él supiera de qué se trataba compartimos esos higos malditos que condenarán a la Humanidad. Luego de pasar por Lagash él continúo bordeando el Golfo Pérsico hacia donde estaba Nod. Yo me quedé un tiempo en la ciudad contando la historia de lo que había sucedido, y debo reconocer que no me fue nada mal. La gente de esta época aún conserva la fascinación infantil de una buena historia bien narrada, y yo tengo muchas de ellas. Mantener la tradición oral es mi tarea, y disfruto con ella, aunque bien sé que mis palabras van a ser tergiversadas y usadas políticamente, pero si ese es el lugar que debo ocupar en la Historia, que así sea entonces.
Pasé mucho tiempo en Lagash y bastante más en Uruk. El hedonismo de esa ciudad se puede convertir en un vicio difícil de dejar, pero por otro lado me llenaba de pesar el hecho de ser un súbdito de Gilgamesh, aquel quien por su ambición nos había enviado a nuestra desastrosa tarea. Finalmente, y luego de años de peregrinar por las ciudades de la Mesopotamia, mis pies me trajeron a Babilim. Aquí conocí a Omín. De alguna manera que ni siquiera pretendo explicar, es como si el joven conservara todas las memorias de Odil. Él me llevó junto a Ocai y Origo, poderosos uisal, y juntos llegaron a la misma conclusión. El ojal que me transportó por tiempo y espacio era sólo de ida. Jamás voy a volver a Paraná, y terminaré mi vida entre otros ríos. En cierta forma, ya no dudo que he muerto. Y de alguna manera, después de morir he sido premiado con la maravillosa posibilidad de vivir estos hechos a los que simplemente conocía de oído, atravesados por milenios de modificaciones. No vine para cambiar la Historia, apenas para vivirla. Hay detalles curiosos, de todos modos. No existe nada que relacione al Estrecho de Ormuz con mi viejo amigo, salvo que siempre lo he llamado así. ¿Será posible entonces que en una cíclica paradoja el estrecho se llame así porque yo le di ese nombre a causa de que siempre lo escuché nombrarse así?
Se ha perdido mucha sangre, y mucha sangre valiosa. Así ha sido y así será. Quiero pues rendir homenaje a la memoria de Effeo y Harziful, pero también de todos aquellos quienes construyeron esta maravillosa aventura. Y me vienen a la mente las palabras de Oesterheld sobre El Eternauta: el héroe nunca es un individuo, siempre es grupal. A ese héroe colectivo entonces dedico esta crónica de lo sucedido, escrita merced a la insistencia de mi amigo Omín.
Ahora puedo descansar en paz.

* * * *
El texto precedente es la transcripción del que se halla escrito en español en veintiuna tablas de arcilla de origen prebabilónico encontradas en Irak. Las mismas pertenecían a Saddam Hussein y fueron confiscadas de su palacio por las tropas de George W. Bush mientras inspeccionaban en busca de armas de destrucción masiva. Hoy se guardan en una caja cerrada y sellada en el Área 51, desierto de Nevada, EEUU, bajo la carátula “Anomalía Histórica”.
Agradecemos la colaboración del presidente Barack Hussein Obama.

El Héroe – Capítulo XIX

18

La Batalla por Edén

Al día siguiente de la partida de Oscar las tropas se movilizaron. Más de mil hombres estaban formados delante de las puertas de la ciudad, con Lilith y Asmodeo a la cabeza. Effeo, Harziful y Caín ocupaban la tercera línea, mientras que Odil estaba en la segunda junto al resto de los hijos de Lilith. Para cuando llegaron por sobre las murallas de Edén se veían las cabezas de los Egrégores, enfundados en sus características túnicas negras. Según los datos que aportó Caín el ejército de Adam no tenía menos de mil quinientos soldados, cada uno de ellos largamente adiestrados para el combate. Odil tenía claro que estaban en inferioridad de condiciones, pero esperaba que tener ocho uisal de su lado, si bien la magia no permite ser usada para el ataque, pudiese marcar diferencia.

El primer golpe lo dieron las fuerzas de Adam. Ubicadas en cinco puntos estratégicos se revelaron sendas catapultas que sin previo aviso comenzaron a escupir leños ardientes sobre los hombres de Asmodeo. Eran el arma secreta con la que habían puesto fin a la existencia de Sodoma y Gomorra. Caín les había alertado sobre ellas, pero aún así lograron tomarlos por sorpresa. Luego fue el turno de los arqueros. También había fuego en las flechas. Tanto unos como otras eran desviados en parte por los uisal, pero no podían hacerlo en su totalidad, lo que causó una importante baja en los hombres. Asmodeo dio la orden de asalto y los soldados embistieron contra las murallas. Entonces los uisal abrieron ojales a través de ellas para que las tropas pudieran pasar.
El combate fue cruento. Esta vez la ventaja fue de Lilith y los suyos, al menos por un tiempo. Los Egrégores no esperaban la irrupción sin esfuerzo de sus enemigos dentro de los límites de la ciudad, y en la lucha cuerpo a cuerpo su estupor inicial fue decisivo. Pero los hombres de Adam estaban bien entrenados y sabían sobreponerse. La Alianza de Asmodeo tenía valor y garra, pero eran inferiores en técnica. Aún así conseguían acercarse cada vez más al palacio, donde se había refugiado Adam.
Esta tarea estaba a cargo del estado mayor de los conquistadores. La batalla era a todo o nada, no había puntos medios. Lilith, Asmodeo, Odil, Caín, Effeo y Harziful, junto con sus cincuenta mejores hombres, estaban a punto de entrar a la residencia real. Allí se toparon con la guardia personal del rey, quienes espada en mano salieron a enfrentarlos con furia y decisión. El primero que logró escabullirse entre ellos fue Caín, quien mejor conocía el terreno. Lilith y Asmodeo lo cubrían. Odil, Effeo y Harziful custodiaban la retaguardia. Entonces en un momento Effeo quedó solo contra tres Egrégores. El muchacho peleaba con fiereza, pero no dejaba de ser un campesino. Tres eran demasiado para él, y una espada se hundió en su pecho para cortar su corazón al medio. Harziful, casi a su lado, alcanzó a darle muerte a su asesino, pero una última mirada plena de cariño hacia su amo sirvió de distracción suficiente para que una hoja penetrara en su nuca y diera fin a su vida. Odil fue testigo de esto a metros de distancia, pero no pudo hacer nada para evitarlo. Entonces su atención se desvió hacia Caín, quien había quedado solo frente a su padre. Adam blandía un pesado garrote con clavos. Antes de atacarlo, Caín dudó.
-¿Dónde está tu hermano? –preguntó Adam. Caín no esperaba esa pregunta.
-¿Qué?
-¡Responde! ¿Dónde está tu hermano?
-No lo sé…
-¡Mientes! –Adam le arrojó un garrotazo directo a su cabeza. Caín alcanzó a esquivarlo, pero uno de los clavos alcanzó a hacer un corte en su rostro, que iba desde el lado izquierdo de la frente hacia la sien derecha.
-¡Qué esa marca sea recuerdo del crimen que cometiste! –gritó Adam al tiempo que arrojaba otro garrotazo sobre su hijo. Esta vez Caín fue más rápido y pudo esquivarlo. Pero pronto se dio cuenta de que estaba solo contra su padre, y que el ejército que combatía a su lado se reducía con celeridad. De los hombres que llegaron al patio central de palacio sólo una decena continuaba con vida. Caín seguía defendiéndose de los ataques de Adam, pero tenía en claro que la batalla ya estaba perdida.
Y del mismo modo lo tenía en claro Lilith. Años de preparativos se veían condenados al fracaso. Ya no sería posible para ella gobernar en Edén. Pero al menos le quedaba el consuelo de la venganza. Podía hacer que Edén tampoco perteneciera a Adam. Apoyada por su hijo, mientras combatía contra dos soldados, Lilith levantó su mano derecha y cargó sus pulmones de aire para gritar:
-¡HANISHTÚ!
Entonces un relámpago se vio lejos al sudeste, y un trueno ensordecedor comenzó a sonar. El sonido decreció pero no se detuvo, y luego volvió a crecer en intensidad, y pronto se sintió el temblor en el suelo. Odil sabía exactamente lo que iba a pasar cuando el mar irrumpió en Edén.

El Héroe – Capítulo XVIII

18

Despedidas y Encuentros

Los preparativos para el ataque a Edén duraron casi una semana. Las tropas estaban acantonadas en la Tierra de Nod. Muchos de los lugareños se les habían unido, y Caín les daba informes sobre el movimiento interno de la ciudad. Eva se había quedado en la casa de su hijo mayor junto a su nuera, pero día por medio pasaba a visitarlo y llevar provisiones. Effeo procuraba mantenerse fuera de su vista en esas ocasiones. Al cuarto día Odil le daba la despedida a Oscar. Éste revisaba que todo estuviese bien con el caballo que Gilgamesh le había concedido en Uruk.
-¿Qué haces? –preguntó Effeo que llegaba de la tienda de Lilith- ¿Le miras los dientes a un caballo que te regalaron?
Oscar lo miró con extrañeza.
-¿Eso es un dicho común o se te acaba de ocurrir?
-¡Ja ja ja! ¡Veo que no has perdido tu humor!
Oscar lo dejó ahí, no valía la pena explicarlo. Effeo traía una alforja con suficientes provisiones para llegar hasta Uruk. Se la entregó y luego continuó hablando.
-Quiero que sepas que entiendo que no nos acompañes. Ha sido un placer y un honor compartir el camino hasta aquí contigo. Lamento que todavía no puedas volver a tu hogar. Pero te daré la mitad de los frutos para que los entregues a mi padre. Así sabrás que estás seguro en su reino.
-No te quedes demasiado tiempo en Uruk, de todos modos –intervino Odil-. Allí estarás a salvo, pero en cuanto puedas continúa viaje a Babilim y busca a un joven de nombre Omín. Le dirás que vas de mi parte, aunque es posible que no haga falta y te reconozca él mismo. Entonces le pedirás que te lleve con Ocai y Origo para ver si ellos te pueden regresar a tu mundo.
Oscar los miró con emoción. Luego les habló.
-Muchachos, gracias. No tengo idea de cómo vine a parar acá, pero haberme encontrado con ustedes fue lo mejor que me pasó en toda mi vida. Aunque me parece que me morí hace rato, así que a lo mejor debería decir en toda mi muerte. Como sea, me alegro de haberlos encontrado, y espero que no sea la última vez que nos vemos.
Oscar partió rumbo al oeste, sin mirar hacia atrás. Pronto se acercó a las murallas de Edén, y pudo darse cuenta de cómo las habían reforzado para la inminente batalla. Asmodeo y Lilith ya no contaban con el factor sorpresa. Siguió cabalgando con rumbo a Lagash, pero antes de que Edén se perdiera de vista se encontró con una sorpresa. Junto a una casa de adobe se encontraba un arca de madera resinosa, calafateada por dentro y por fuera. Inmediatamente supo de qué se trataba y se acercó para comprobarlo.
-Eh, Noé, hermanito, ¿estás por ahí? –preguntó Oscar asomándose al Arca. Desde el interior contestó Noé.
-¡Tú! ¡Alabado sea Dios, eres tú!
-Si, soy yo, papá. Mierda que laburaste rápido, eh.
-Sí, cuando me diste el mensaje estaba perdido en mis vicios. Entonces, tal como me dijiste, volví a mi hogar a toda prisa y puse a mis hijos a trabajar conmigo en la construcción del Arca. La hicimos rápidamente pero con mucho cuidado. No se filtrará agua por sus hendijas ni aunque llueva cuarenta días con sus noches. Y ya estoy en pleno proceso de juntar a los animales.
Oscar lo miró bien a Noé. No era hombre de creer en señales divinas, pero si acaso estas existían, se encontraba sin ninguna duda ante una de ellas.
-Y decime, máquina, ¿no te quedará un lugarcito para mí arriba del Arca?

El Héroe – Capítulo XVII

17

Caín y Abel

Abel llegó a toda prisa a casa de Caín. Su madre estaba allí.
-¿Qué sucedió? –preguntó.
-Tu padre la ha desterrado –contestó su hermano.
-¿Es cierto eso, madre?
-He sido engañada. Me dijeron que mi primogénito estaba moribundo y que necesitaban el fruto del Árbol de la Vida para salvarlo.
-¡Pero tu sabes que eso está prohibido! ¡Hizo bien padre!
-¿Te oyes hablar? –preguntó Caín- ¡Se trata de tu madre, no de una cualquiera!
-¡Se trata de alguien que ha violado la ley! ¡Ella sabía cuáles podrían ser las consecuencias de lo que hacía!
Eva se retrajo. Se sentía abochornada por haber provocado la disputa entre sus hijos.
La pelea se iba tornando más violenta. Caín acusaba a Abel de defender a su padre porque sabía que era su preferido.
-Tal vez eso se deba a que yo le rindo tributo en serio –respondía Abel-, le llevo animales vivos que puede usar para sacrificios, no como tú que le llevas “plantitas”.
-¡Tú no tienes alma! –contraatacaba Caín- ¡Justificas que deje sin hogar a esta mujer quien te prestó sus entrañas para que tú nacieras!
En ese momento Abel perdió la paciencia y golpeó a Caín en la cara. Caín fue tomado por sorpresa y cayó al suelo. Abel se arrojó sobre él y lo inmovilizó. Luego comenzó a estrangularlo.
-¡Nuestro padre es el Rey de Edén y su palabra es la palabra de nuestro Dios! ¡Sus enemigos deben ser ejecutados y si tú lo eres entonces deberás morir!
Eva contemplaba la escena plena de espanto. Era odio lo que se veía en el rostro de Abel. Los hermanos siempre habían sido rivales, pero ella nunca creyó que pudieran llegar a esos niveles. Caín comenzaba a perder el sentido. Entonces con sus manos tanteó el suelo hasta encontrar una piedra que solía usar para afilar sus cuchillos. Sin pensarlo demasiado, golpeó con ella a su hermano en la sien.
Caín tardó unos momentos en reaccionar. Cuando al fin se recuperó, vio a su madre arrodillada junto al cuerpo de Abel. De su cabeza manaba sangre.
-Hijo, ¿Qué has hecho?
Caín no sabía qué responder. Fue entonces cuando una partida de hombres armados entró en su casa. Encabezándolos estaba una mujer.
-¡Lilith! –dijo Eva.
-Gusto en verte, hermana –contestó la extraña. Dime quién era el muerto.
-Él es Abel, tu sobrino. Y él es su hermano, Caín.
-Bien, entonces lamento decirte que deberemos llevárnoslo. Sé lo que ocurrió contigo, y te prometo que volverás a Edén.
-Lilith… ¿Qué piensas hacer?
-Eres mi hermana y te quiero. Pero el hombre con quien has vivido tiene mucho por lo que responder. A recuperar lo mío me dirijo.
-¿Van a deponer a mi padre? –preguntó Caín.
-Sí. Eso haremos.
-Entonces permíteme que te ayude. Soy un gran soldado y quiero tanto como tú que Adam pague.
-Eres bienvenido, entonces –contestó su tía.
Eva contemplaba impotente el rumbo de los hechos sobre el cuerpo aún caliente de Abel.

El Héroe – Capítulo XVI

16

Los Hermanos

-Higos –decía Oscar-. Siglos de opresión por un kilo y medio de higos.

-¿Y qué esperabas que fueran? –preguntó Odil.

-Manzanas, por supuesto.

-Mi amigo, no hay manzanas en este lado del mundo.

Effeo volvió a ocupar su lugar alrededor de la hoguera. Ellos tres, Harziful, Lilith y Asmodeo llevaban varias horas hablando, compartiendo sus distintas aventuras. Era un día de sorpresas y emociones. En primer lugar por el emotivo reencuentro de Effeo y Harziful, coronado con un sentido abrazo. Luego por la noticia de que Odil y Lilith eran viejos conocidos. Después por las novedades traidas del Estrecho de Ormuz, durante las cuales Lilith se mostró bastante interesada en el relato de Oscar sobre el glaciar. Así tocaron todos los temas y se enteraron de los planes de los otros. Una vez que hubieron terminado, era hora de tomar una decisión.

-¿Qué harás, entonces, Effeo? –Preguntó Lilith- ¿Volverás a Uruk junto con tu padre o nos acompañarás hacía la conquista de Edén?

-Es tu guerra, no la mía, Lilith. Además ya sabes que esta región corre peligro de inundarse. Volveremos a Uruk.

-¿Y tu, Harziful? ¿Qué harás?

Harziful miró a Effeo. Sus ojos denotaban una expresión de despedida.

-Effeo, lo siento, pero he encontrado mi lugar, y entiendo que tu el tuyo. Me quedaré con Lilith.

Effeo observó a su antiguo criado. Habían recorrido poco camino juntos, pero fue su capricho de viajar a Uruk lo que había traído a ambos hasta este lugar. No iba a abandonarlo.

-No volveré a separarme de ti, Harziful. Iré contigo a la conquista de Edén.

-Pero Effeo –intervino Odil-, sabes bien que es muy probable que este lugar termine sumergido…

-Lo sé. Pero Harziful me ha acompañado durante toda mi vida. Si debo morir a su lado lo haré, pero no lo dejaré de nuevo.

Los ojos de Harziful se empañaron de emoción. Los de Odil también, pero era tristeza lo que había en ellos.

-Así será, entonces. Yo también te acompañaré.

Más tarde, Odil se acercó a Oscar en privado.

-Tú no vendrás a Edén con nosotros –le dijo.

Oscar se sintió aliviado. Lo había tomado cariño a los otros dos, pero la idea de pelear en batalla no era de su agrado. Odil se dio cuenta.

-No eres un soldado, y ni siquiera deberías estar aquí. Lamento dejarte solo en este lugar que no conoces, pero así será más fácil que permanezcas con vida. Yo debo acompañar a Effeo porque si el glaciar se rompe soy el único que puede sacarlo con vida. Pero tú no tienes obligación de venir. Cuando partamos a Edén será el momento de que te vayas. Arreglaré que te den un caballo y provisiones y si recuerdas como ir en pocos días llegarás a Lagash, y de allí podrás ir a Uruk o a donde quieras.

-Por favor, cuando vuelvan, traten de contactarme.

-Será difícil si no sabemos hacia dónde irás, pero prometo preguntar por ti en cada ciudad a la que arribe.

Oscar le dio un abrazo al viejo. Odil, una vez más, no alcanzó a entenderlo.

El Héroe – Capítulo XV



15

El Jardín de Edén

Para la mañana del tercer día Effeo y sus compañeros llegaron hasta las murallas de Edén. Con cautela fueron rodeándola a medida que abrían pequeños ojales para ver si del otro lado se encontraba el jardín. Luego de tres horas vieron un prado sembrado de arbustos floridos y dos árboles en el centro. Habían llegado.

Effeo les dijo a los otros dos que se ocultaran tras un arbusto mientras él tomaba los frutos. Odil le dio un último consejo.

-Recuerda que Adam puede estar enterado de nuestra partida de Uruk. Pase lo que pase, no digas tu verdadero nombre

Effeo asintió y se dirigió hacia los árboles. Tomó unos cuantos del primero y los guardó en su morral. Cuando estaba por tomar los del segundo se vio sorprendido por una voz de mujer que lo inquiría.

-¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?

Era una mujer de edad mediana, y largos cabellos negros que le llegaban hasta la cintura. En su vestimenta quedaba en evidencia su origen real.

-Por favor, mi señora, no llame a la guardia. Soy… Ofidio. ¿Es usted Eva?

-Sí, lo soy.

-Me envía su hijo, Caín. Él se encuentra gravemente herido, y se cree que no pasará esta noche. Su única esperanza es comer del fruto del Árbol de la Vida. Sabe bien que está prohibido, pero de otro modo morirá. Por favor, permítame llevárselos.

-Los que has tomado pertenecen al Árbol del Conocimiento. Este es el de la Vida. Toma unos cuantos y llévaselos a mi hijo.

-Muchas gracias, mi señora –dijo Effeo mientras lo hacía. Cuando estaba por retirarse, Eva volvió a hacerle una pregunta.

-Dime, Ofidio, ¿crees que al darte esos frutos ya estoy cometiendo una falta?

-Mi señora, son para salvar la vida de su hijo…

-Sí, lo sé, pero no es a eso a lo que me refiero. Te daré los frutos, ¿pero crees tú que estoy cometiendo una falta?

-Me temo que sí, mi señora –contestó Effeo con sinceridad.

-Muy bien, si ya estoy en falta, entonces, comeré por fin del fruto del Árbol del Conocimiento.

Effeo comprendió lo que estaba sucediendo. Pero cuando trató de advertirle que no lo hiciera ya era tarde.

-¡Eva! –se oyó la potente voz de Adam- ¿Qué haces?

Adam venía con su escolta. A un gesto suyo, los guardias sostuvieron a Effeo.

-Adam, este mensajero trae nuevas sobre nuestro hijo Caín. Está malherido y necesita comer del Árbol de la Vida.

-¿Pero qué dices mujer? ¡Bien sabes que está prohibido! ¡Ahora por tu desobediencia te condeno al destierro! ¡Abandona ya mismo el territorio de Edén!

Eva se fue llorando. Adam se quedó observando a Effeo mientras lo rodeaba.

-En cuanto a ti, intruso, ¡te arrastrarás sobre tu pecho por lo que te quede de vida!

Luego desenvainó su espada y con dos rápidos golpes cortó los tendones de los pies de Effeo. El muchacho inmediatamente cayó al suelo. Los guardias lo soltaron. Entonces Odil aprovechó y abrió un ojal por el que agarró a Effeo. Después, a través de otro, los tres salieron del perímetro de Edén.

Effeo gritaba. Oscar supo que se habían alejado bastante, porque las murallas de Edén ya no se veían. Rápidamente Odil colocó sus manos sobre los tobillos ensangrentados. Effeo dejó de gritar. Cuando Odil retiró sus manos, las heridas habían desaparecido. Oscar estaba impresionado. Pero antes de que cualquiera de los tres pudiera decir algo, fueron interrumpidos por una voz inesperada.

-¿Effeo? ¿Qué te sucedió?

Harziful desmontaba de su caballo.

El Héroe – Capítulo XIV



14

Hielo


Al día siguiente de salir desde Uruk, Effeo, Oscar y Odil llegaron a Lagash. Permanecieron allí tres días recluídos en el cuarto de una posada. Durante ese tiempo Oscar les contó todo aquello que les podía ser de utilidad, y asimismo escuchó las historias de los otros dos en su camino a Edén. En esos días generaron lazos y reforzaron su camaradería. Luego volvieron a partir en el mayor de los secretos.

El camino hacia lo que alguna vez sería el Estrecho de Ormuz resultó lento. Odil generaba pequeños ojales de corta distancia, no más grandes que una moneda, y recién luego de mirar a través de ellos los ampliaba hasta permitirles pasar. Effeo le preguntó por qué actuaba de esa manera.

-Un ojal es un agujero entre dos planos del espacio –respondió Odil-. Si uno conoce bien el lugar al que se dirige lo puede abrir sin riesgos. Pero si uno no lo conoce puede obtener resultados inesperados. En este caso, es posible que el mar aparezca delante de nosotros y no lo podamos contener. Es por eso que antes de abrirlo me fijo qué hay del otro lado, para poder cerrarlo a tiempo si hace falta. Si acaso el agua va a cubrir el suelo por el que caminamos, quiero que sea algo hecho intencionalmente y no por accidente.

Los compañeros siguieron avanzando. A la mañana del segundo día Odil se encontró con hielo.

-¿Hielo? –preguntó Oscar.

-Hielo. Hace mucho tiempo que no lo veía. Vamos a ver de qué se trata.

Lo que hallaron al atravesar el ojal los llenó de asombro. Estaban en un glaciar.


-Claro –razonó Oscar-. Debemos estar hace bastante más tiempo del que pensaba. No pasó mucho desde la última glaciación. Este glaciar tapona la salida del Éufrates al Océano Índico. Pero las tierras de Edén están 30 metros por debajo del nivel del mar. Si algo, cualquier cosa, saca este glaciar del medio, el océano va a entrar por el Estrecho de Ormuz y va a inundar toda la región. Empezando por Edén.

-¿Y qué podría ser que pase? –preguntó Odil.

-No tengo la menor idea. Capaz que vos sabés mejor que yo.

-No lo sé, si es por la magia pueden ser muchas cosas. Un ojal gigantesco, una bola de fuego, no podría decírtelo. No se me ocurriría la manera de provocar semejante destrucción.

-Lo importante –dijo Effeo- es que pudimos comprobar que las palabras de Oscar pueden ser ciertas. Es posible que Edén quede bajo el agua.

-Sí, es posible.

-Entonces debemos volver cuanto antes y obtener esos frutos. Puede ser hoy o dentro de varios años, pero lo más probable es que Edén desaparezca.

Odil lo miró con gesto serio. Oscar, como aprobando sus palabras.

La última etapa del viaje comenzaba.

El Héroe – Capítulo XIII

13

La Tierra de Nod

-¡Posiciones! –Ordenó Asmodeo. Los jinetes se agruparon en veinte columnas, listos para contener el embate de los Egrégores. Harziful ocupó uno de los puestos de retaguardia, montado en el corcel que había obtenido en Lagash. Los hermanos de Asmodeo se pusieron al frente cada cuatro columnas. Lilith ocupó su lugar en la vanguardia y le habló a las tropas.

-¡Soldados! ¡Estamos ante un momento clave! ¡Avancen contra el enemigo, y pase lo que pase no dejen de ir hacia adelante! ¡A ellos!

Harziful quedó asombrado por las dotes militares de esa mujer, a quien conocía de una manera tan distinta. La caballería de Asmodeo embistió contra la turba que se acercaba, y ya era menos de seiscientas yardas lo que los separaba de ellos. Entonces los siete capitanes se pusieron en línea y nuevamente fue la voz de Lilith la que se oyó.

-¡A la Tierra de Nod! –ordenó su potente voz. Entonces cada uno de sus hijos y ella misma alzaron una mano y delante de sus ojos entre ellos y los Egrégores se abrió un agujero que llevaba a una tierra apacible donde no había peligros a la vista. Algunos jinetes se asustaron y tuvieron el reflejo de detener el caballo, pero Lilith fue clara- ¡No se detengan! ¡Adelante! ¡A través del ojal!

Entonces, luego de que Harziful hubo cruzado, el agujero se cerró a su espalda.

No había rastro de los jinetes negros.

Los hombres manifestaron su sorpresa, y en algunos casos su indignación. Cada uno de los capitanes se acercó a sus tropas para darles explicaciones.

Lilith se acercó a Harziful.

-Te dije que era una Uisal.

-Y bastante poderosa, por lo que veo.

-Lo que viste es de lo más sencillo, aunque a caballo y teniendo que cordinar un ojal de grandes dimensiones a gran distancia entre siete uisal se vuelve verdaderamente difícil.

Harziful no salía de su estupor. Así que sólo atinó a preguntar dónde se hallaban.

-Estamos en la Tierra de Nod, al este de Edén. Cerca de aquí hay ganaderos y agricultores. También suelen ser enviados los desterrados. Edén quedó atrás, así que no nos esperarán por este lado. Tenía previsto esto. Además, no todos los lugareños quieren a Adán, y es posible que encontremos aliados, y tal vez hasta podamos tomar rehenes.

-¿Qué aliados? ¿Qué rehenes?

-Aliados serán todos aquellos que vinieron a parar acá luego de que Adán los dejara sin hogar. Ladrones, prostitutas, enemigos políticos e incluso los sobrevivientes de Sodoma y Gomorra, que no se encontraban muy lejos.

-¿Y los rehenes? ¿A quien piensas tomar?

-A pocas leguas empiezan los campos que alimentan a Edén. Agricultores y ganaderos. Entre ellos se encuentran los dos hijos mayores de Adán, Caín y Abel. Su padre puede tener interés en recuperarlos.

El Héroe – Capítulo XII



12

El Estrecho de Ormuz

Effeo, Odil y Oscar permanecieron cinco días en Uruk, gozando de todos los beneficios de palacio. Effeo no confiaba demasiado en Gilgamesh, y sentía cierto recelo por su padre, quien a su entender lo había defraudado, ya que no era el héroe que decía ser. Sin embargo, comprendía que estaba ante una posibilidad única de convertirse él mismo en héroe. De manera que no dudó en aceptar de inmediato el encargo de ir a Edén. Sin embargo, el relato de Oscar tenía demasiado peso como para ignorarlo. Gilgamesh le ofreció tropas para acompañarlos, pero a solicitud de Odil, quedaron en que las tropas partirían tres días después que Effeo y sus compañeros.

Effeo al menos se sentía seguro de contar con Odil y Oscar para la expedición. Aún extrañaba a Harziful, el insistió en quedarse cinco días en Uruk por si eso le daba tiempo a su amigo de alcanzarlo. Pero la aparición de Odil y Oscar había sido mágica. Ahora llevaba de su lado un uisal y un oráculo. Por supuesto, costaba entender al oráculo, pero siempre había sido así. Entonces durante esos días, además de disfrutar las comodidades de Uruk, regocijarse con sus mujeres y admirarse con sus calles, se reunieron para trazar el plan de acción que seguirían a continuación.

-¿Plan de acción? ¿Qué es eso? –preguntó Effeo.

-Quiero decir que tenemos que pensar bien lo que vamos a hacer a partir de ahora –contestó Oscar.

-¿Y tienes alguna idea? –quiso saber Odil.

-Sí. Yo creo que aprovechando que vos podés abrir ojales, tenemos que ganar un par de días de camino y seguir de largo desde Edén. Creo que antes tenemos que ver la desembocadura del Río.

-¿Y por qué crees eso?

-Si el río se va a convertir en el Golfo Pérsico, es importante que sepamos cómo puede llegar a suceder. Para eso es necesario que vayamos hasta donde se encuentra con el mar. Yo calculo que eso debe ser donde en mi época se encuentra el Estrecho de Ormuz.

-¿Ormuz? -preguntó Odil sorprendido- ¿Qué es el Estrecho de Ormuz?

-¡Bueno, pará un minuto que te estoy diciendo de memoria! ¡No soy José Wikipedia! ¡Hace días que no tengo ni computadora ni tele ni celular, y ya estoy sintiendo la abstinencia!

Como de costumbre, Odil no lo entendíó, pero explicó su interés.

-Odil es el nombre que quiero usar, el primero que tuve. Pero el último, aquel con el que nací, es Ormuz. ¿Sabes acaso por qué se llamará estrecho de Ormuz?

-A ver si recuerdo. Ormuz es el dios supremo del bien en la religión zoroástrica, que floreció entre los persas, en este mismo lugar dentro de más de mil años. Pero tal vez, el nombre del estrecho, y quizás el del mismo dios, tengan que ver con vos…

-En ese caso es bueno saber que pasé a la historia dejando una buena imagen. ¿Y una vez que lleguemos allí, qué piensas hacer?

-Reconocer el terreno, ante todo. No digo provocar el diluvio, pero al menos ver ante qué nos estamos exponiendo.

-Me parece un buen plan. No será tan fácil abrir ojales, no es ese el terreno que mejor conozco, pero creo que podré lograrlo.

-¿Entonces no iremos directamente a Edén? –inquirió Effeo.

-No por ahora. Ten confianza en que llegaremos. Pero antes deberemos conocer el Estrecho de Ormuz.


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