Disconnected 14

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Llegamos a Victoria de noche, a la hora de la cena. La Sonia se puso adelante y golpeó la puerta. Eso fue lo primero que me llamó la atención: el timbre no andaba.
A mi tío le gustaba la buena vida. Ganaba bien, eso no era ningún secreto, y durante toda su vida coleccionó distintas porquerías novedosas que a veces hasta tenían utilidad. Y le gustaba que el lugar donde vivía estuviese siempre equipado e impecable. En una época en que el aire acondicionado no era algo común y los splits no existían, la casa que el tipo se estaba construyendo tenía aire. También tenia muebles de cocina en acero inoxidable con horno y anafe separados, purificador de aire, baño con vanitory, cañerías de hidrobronz en todo el edificio, en fin, un chiche. Cuando se vino a vivir acá trajo desde Floresta su juego de finos muebles de living, comedor y dormitorio en roble, su vajilla de porcelana, sus finas copas de cristal, su bodega con toda clase de vinos, sus cuadros, sus platos decorativos, cámaras de fotos, televisores, equipos de música, microondas…
La puerta se abrió. Carla saludó a la Sonia con efusividad. No sé si realmente no me reconoció o fue sólo una actuación. Pero cuando Sonia le dijo quién era yo por su rostro pasaron en un segundo cientos de expresiones. La primera fue de sorpresa. Inmediatamente atrás vino la preocupación. La incertidumbre la acompañaba. Entonces llegó la alerta. Y con ella la hipocresía. Una sonrisa un tanto forzada iluminó su rostro.
Me recibieron con toda la efusividad que se merece un viejo pariente a quien hace mucho tiempo que no se ve, o bien alguien a quien hay que dejar contento porque te puede dejar con toda tu familia en la calle.
La casa estaba venida a menos, pero decirlo de esta manera implica ser muy piadoso. Más justo sería decir que estaba hecha una tapera. Sabía que la habían descuidado e incluso saqueado, pero no esperaba esto. Paredes descascaradas, muebles arruinados, un trapo colgando del marco de una puerta haciendo las veces de cortina. No sé cuántos hijos tendrían, tampoco pregunté. Después me enteré que la mayor está recluida en su pieza, posiblemente producto de algún abuso por parte de alguien lo suficientemente importante para que nadie quiera decir quién es, y que el abuelo pronto la vendría a buscar para llevársela a vivir con el a Estados Unidos. No parecían una familia feliz. Pero sí hacían un patético intento por fingir que lo eran. Ya habían cenado, pero me invitaron con gaseosa, café y mates. Acepté el café. Estuve un rato, charlando de mi vida y de las de ellos. Otra vez surgieron las insoportables preguntas sobre la familia que no tenía ganas de contestar y a las que esquivé con elegancia. En líneas generales, podría decir que eran merecedores de mi rencor, pero que honestamente no valía la pena desperdiciar una emoción tan intensa en seres tan insignificantes. Por ahora, deberían conformarse con mi desprecio.
La velada no duró más de lo necesario. Finalizado el café, saludamos y nos despedimos. Los dejé seguir con sus pequeñas vidas, sin hacer referencia al tema por el que había ido a visitarlos. No hacía falta. Con verlos me alcanzó para darme cuenta de que cualquier cosa que dijera iba a ser al pedo.
Subimos a la F100 y llevé a la Sonia hasta la casa. Antes de irme me abrazó. Muy fuerte.
Ya no me queda nada para hacer en Victoria.


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Deméter

Dear Cain:
Final de una situación poco propicia.
Quedan preguntas:
El motivo de tu viaje?
Qué ocurrió para que la casa con todas las comodidades disponibles se convirtiera en tapera?
Quién abusó de la hija mayor?
Silencio que cementa el vacío, y el cuento alza vuelo imaginario!

Muy bueno!

Besos
Ebe
New York

Deméter

Dear Cain:
Final de una situación poco propicia.
Quedan preguntas:
El motivo de tu viaje?
Qué ocurrió para que la casa con todas las comodidades disponibles se convirtiera en tapera?
Quién abusó de la hija mayor?
Un silencio cementa el vacío y el cuento alza vuelo imaginario!

Muy bueno

Besos
Ebe
New York

M. J. Howlin

Ebe, gracias por pasar. Algunas preguntas verán su respuesta en el cap
itulo de mañana, el último. Otras, en cambio, serán calladas en un piadoso silencio…

gloriallopiz

Ahhhhhhhh……….(suspiro)

Anónimo
9 Marzo 2009, 18:52, Reportar este Comentario Anónimo dijo

No se si yo hubiera peleado por lo mío. Así, como vos describís las cosas, creo que no.
Además, ¿que ibas a hacer en Victoria? un tipo de ciudad….je
Buenísimo Caincho!

gabi-
9 Marzo 2009, 22:37, Reportar este Comentario gabi- dijo

Qué cosa, no? Qué cosa cuando sentís que hay “pagarés” por mandar, y cuando llegás te das cuenta que no valen la pena. Mejor, así no te lastimás más, o no se lastima tu personaje.
Igual una puteada,perdón la palabra, no te va a hacer mal.Una, aunque sea,jaja!
Te mando un beso, y mañana pasaré a leerte!

don-checho

¿Así nomás?
Sigo.

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