Disconnected – 15
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El micro me lleva de regreso a Buenos Aires. En la terminal estaba la Sonia, única persona que me fue a despedir. Volvió a abrazarme antes de que partiera. Mientras lo hacía pronunció una última pregunta.
-Es posible que vuelvas a Victoria en algún momento. También es posible, casi probable, que algún día yo viaje para allá. En el caso de que una de esas dos cosas pase, ¿creés que haya alguna posibilidad de que…?
-¿Vos serías capaz de asegurarme que nunca nada de eso va a pasar? –retruqué.
-No.
-Yo tampoco. Así que cuando volvamos a vernos, veremos lo que pasa.
Por última vez sus labios besaron los míos. Luego subí al ómnibus de Flecha Bus y emprendí el regreso.
Salí de mi ciudad en busca de algo que no sabría decir bien qué era. Podría decir que buscaba paz. Podría decir que buscaba un lugar donde empezar de nuevo. Podría decir que simplemente me buscaba a mí.
Vuelvo con más preguntas que respuestas. Me encontré, de alguna manera, pero decididamente no de la manera que esperaba. No soy el mismo que dejó Buenos Aires hace algo más de una semana. Me enteré de cosas que me conmovieron profundamente, me encontré con gente que me afecto como no esperaba que lo hiciera, y coseché preguntas que tardaron una vida en saber cómo ser enunciadas. Sin embargo, me alegro de haber hecho este viaje. Trescientos veinticuatro kilómetros separan Victoria de Baires. Poco, tal vez, pero suficiente para hacerme entender que no importa donde uno esté, por dentro siempre es el mismo, más allá de filiaciones, entornos o deseos. Soy Mario, así como soy MJ, pero por sobre todo soy Yo. Puedo construir o modificar mi realidad como desee o como me salga, pero mi vida, mi identidad, siempre será fruto de mis acciones. Los otros, personajes secundarios de la película que dirijo y protagonizo, pueden influir, pero en última instancia las decisiones siempre serán mías. Más allá de reglas, límites y convenciones, gozo de libre albedrío, y es mi prerrogativa ejercerlo.
El interno 543 de Flecha Bus entraba en la terminal, y entonces la vi. Allí estaba, esperando en la plataforma. Dándome su incondicional apoyo como cada día durante los tres meses previos a mi partida, incluso cuando le dije que quería rajarme de la ciudad hacia donde fuera. Demostrándome su amor, más allá de cualquier tipo de egoísmo.
-Hola –dijo Jimena.
-Hola –respondí.
-¿Encontraste lo que buscabas?
-No lo sé. Pero encontré muchas cosas. Mucho más de lo que esperaba encontrar.
Me abrazó y me besó con ganas contenidas desde hacía dos semanas. Soy concientee d que no voy a encontrar nadie como ella. Lo soy desde la madrugada en que me hizo vomitar y me subió a un taxi que nos dejó en el Durand después de mi jodita de bajarme un blister de Rivotril.
-¿Y? ¿Pensaste en mí?
-Traté de no hacerlo, pero reconozco que al final no pude cumplir mi promesa.
-Está bien. A veces las mujeres exigimos promesas con la secreta esperanza de que no sean cumplidas. Que al final hayas pensado en mí no me molesta sino que me halaga. ¿Te costó muy caro?
-Uf, mirá, mejor ni te cuento…
Ella tomó mi mano y salimos caminando con rumbo al Bajo.
Una vida nos espera.
FIN
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Mauri: que buenoooo el video y el texto remató muy bien la historia. Me encanta. Es verdad que uno va con uno mismo,vaya adonde vaya. Lo mejor q puede hacer es aceptar que las respuestas, igual q las preguntas estan dentro de uno.
un beso grande
glo