El Héroe – Capítulo IV
4
El Forastero
Hacía cuatro días que Effeo y Odil estaban juntos en la ruta a Babilim. En ese tiempo Effeo había llegado a conocer un poco a su compañero. Sin embargo, tenía claro que ocultaba cosas. ¿Qué negocios lo levaban a Babilim? ¿Como sabía todas las cosas que aparentemente sabía? Ya el primer día de marcha Effeo le preguntó como iban a poder sobrevivir sin agua y sin provisiones.
-El desierto tiene fama de árido y hostil –fue la respuesta-, pero sólo es la fama. Si lo conoces, y si lo conoces tan íntimamente como para conocer sus secretos, el te protegerá y proveerá tanto como el mejor de tus amigos.
Acto seguido detuvo el caballo y se apeó. Tomó una daga que llevaba a la cintura y se arrodilló en el suelo. Excavó menos de un pie y del piso comenzó a brotar agua. Luego continuó excavando y encontró algunos gusanos.
-Aquí tienes comida y bebida. Y hay más, por todos lados. Sólo tienes que saber pedirla.
Odil nunca contaba nada de sí. A veces hablaba sobre otras personas, contaba anécdotas y parábolas con otros protagonistas, pero nunca hablaba de él. Effeo sabía que ocultaba algo importante. El cuarto día lo preguntó abiertamente.
-Odil, ¿Cuál es el secreto que ocultas?
Odil no se hizo el desentendido, sino que miró a Effeo con gravedad.
-Me has demostrado que puedo fiarme de ti, y no suelo equivocarme en esas cosas. Te lo diré, pues. Yo soy un Uisal.
-¿Un Uisal? ¿Un custodio de la Magia?
-Exacto. Estoy yendo a Babilim para ver a mi sucesor. No necesito encontrarme con él para darle lo que le tengo que dar, pero me gustaría verlo una vez más antes de morir. Él es mi sobrino. Mi vida andariega no me ha permitido tener hijos, pero pasar por Babilim y visitarlo cada cierto tiempo ha sido uno de los pocos placeres que he podido permitirme en esta vida. Verlo crecer. Ahora soy viejo, y mis días de aventurero terminaron. Este viaje es mi última aventura, al menos así como me ves ahora. Mi sobrino heredará todo lo que soy, pero quisiera poder traspasárselo cara a cara. ¿Ahora comprendes mis reservas?
Effeo no podía creerlo. Había oído hablar de los Uisal, los magos errantes que poseían maravillosos poderes, pero siempre creyó que se trataba de un mito. Ahora su vida estaba en manos de uno de ellos. Por un segundo Effeo sintió la tentación de pedirle que abriera un ojal en el espacio, pero se contuvo. Ya habría tiempo de eso, si realmente era lo que decía ser.
La ocasión no se hizo esperar. Mientras cabalgaban a paso de hombre vieron acercarse detrás de ellos a la caravana de hombres de negro que había asaltado a Effeo. Una vez más, una avanzada de jinetes al galope salió a darles caza. Effeo estaba por salir a la carrera cuando Odil lo detuvo. Entonces con sus manos abrió un agujero en el aire delante de ellos. Del otro lado se veía el interior de una cueva.
-Pasemos por aquí –ordenó Odil con calma. Ambos lo hicieron y atravesaron el ojal sin dificultades.
Ya en la cueva Odil cerró el pasaje. Entonces se dio cuenta de que un tercer hombre había pasado junto a ellos.
El hombre vestía de manera muy extraña, y vociferaba en un idioma ininteligible. Tenía unos pantalones de color azul, y un extraño abrigo de color púrpura, evidencia de su realeza. Su piel era blanca, y su cabello era dorado. Odil se acercó, se apeó de su caballo e hizo gestos para tranquilizarlo. Luego tocó su cabeza.
-¿Me entiendes ahora? –preguntó Odil.
-¡La concha de la lora! ¿Alguien me puede explicar qué carajo está pasando?
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huuuuu!! viaje en el tiempo amigo????
aunque para ser de la realeza esa puteada es muy argentina he???
jajaja!!!!!