El Héroe – Capítulo III
3
La caravana
Harziful galopó hasta perder de vista a los jinetes que lo perseguían. Alcanzó a ver la caída de Effeo, pero entendía que regresar a por él sólo serviría para que ambos cayeran prisioneros o muertos. Luego de un tiempo prudencial volvió al lugar donde habían sido atacados. Reconoció las piedras, encontró las pisadas y hasta la huella que había dejado en el suelo el cuerpo del caballo que montaba a Effeo, pero ni rastros de él. Entonces se encontró ante la encrucijada de qué camino tomar. ¿Daba a Effeo por muerto y volvía a Menfis? ¿U obedecía a la esperanza que en su interior le decía que Effeo estaba vivo y camino a Uruk? Finalmente de decidió por este último camino, y sin dejarse abatir continuó la marcha. Esperaba encontrarse con su amo más adelante, tal como habían quedado.
A medida que avanzaba el ánimo de Harziful decrecía. El desierto puede ser cruel, y más si no se tienen provisiones. Encima sólo llevaba una manta y un odre de agua, pero no había probado bocado en todo el día, y su vientre comenzaba a recordárselo. Sin embargo sería fiel a Effeo. Correría su misma suerte, así fuera morir en el desierto, y de ser necesario cumpliría la misión que él no había llegado a culminar.
Estaba en medio de estas cavilaciones cuando a sus espaldas vio que se acercaba la caravana. Tanto él como su caballo estaban demasiado cansados como para huir esta vez. De manera que decidió esperarlos.
No hubo avanzada en esta ocasión.
Luego de varios minutos la caravana llegó hasta donde estaba él. Dos jinetes se adelantaron. El que parecía estar al mando iba armado, pero su espada estaba envainada. El otro era una mujer.
Harziful comprendió que no era la misma caravana que los había asaltado.
-Salud, extraño –hablo el hombre-. ¿Qué haces solo en el medio del desierto?
-Mi nombre es Harziful, y vengo de Menfis. He sido asaltado –respondió Harziful-. Una caravana nos atacó a mi amo y a mí algunas leguas atrás.
-¿Pudiste verlos? –preguntó la mujer con curiosidad. Era bastante mayor que el hombre, y evidentemente tenía algún tipo de ascendencia por sobre él.
-Sólo de lejos. Llevaban espadas y vestían túnicas negras. No puedo decirte más que eso.
Los dos jinetes se miraron con preocupación. Luego el hombre volvió a dirigirse a Harziful.
-Mi nombre es Asmodeo, y ella es mi madre, Lilith. Vamos en camino a Lagash. Si lo deseas, puedes unirte a nosotros.
Harziful lo pensó. Era su única posibilidad de mantenerse con vida. Lagash no estaba lejos de Uruk, podría encontrar a Effeo en el camino si es que aún seguía vivo.
-Será un honor para mí acompañarlos.
-Acamparemos aquí, entonces –dijo Lilith. Considérate nuestro invitado, Harziful de Menfis.
Harziful desmontó y ayudó a sus anfitriones a preparar las tiendas. Una nueva etapa en su viaje comenzaba.
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Hola!! tu blog es realmente un gran descubriemiento muy lindo el relato muy descriptivo tanto q casi trasporta la mente a las situaciones expresadas…te dejo un abrazo y un saludo grande