Azul (Sólo para adultos)
Azul sabe lo que quiere. Me recibe en el living del departamento con un conjunto de encaje y portaligas púrpura. Un látigo de tres puntas destacaba en su mano derecha. Llevaba el cabello atado en un rodete, y tacos de diez centímetros completaban su vestuario. Su tanga era tan pequeña que podría caber en un shot de tequila. Apenas tres cordones se unían en una argolla plateada bajo su espalda, dejando a la vista un exquisito culo de mediano tamaño carente de imperfecciones. En su cóxis un águila me señalaba aquel lugar donde más tarde yo iba a entrar. Sus pechos eran pequeños pero firmes. Sus pezones más grandes que una moneda, rosados, se destacaban contra la blancura de su piel, y se evidenciaban bajo la transparencia de la lycra. Su rostro, apenas maquillado, llevaba marcada la inocencia de una niña y la osadía de una ramera. Su vientre chato, perfecto, sus piernas trabajadas, todo en ella era una invitación al placer.
Luego de que la puerta se cerrara a mis espaldas ella tomó con la mano izquierda las tres puntas del látigo y con él me rodeó el cuello para luego atraerme hacia su boca. Mordió la mía con dulzura, con fiereza, con ansias. Luego sus manos desabrocharon mi camisa y comenzaron a acariciar mi pecho. Sus dedos se mezclaban con mi vello, recorrían mis pectorales, se corrían hacia mi espalda. Quitaron mi camisa por completo y buscaron la hebilla de mi cinturón. En medio minuto mis pantalones estaban en el suelo y ella buscaba mis nalgas por debajo de mi bóxer. Con fuerza me tomó de ellas sin dejar de morderme la boca. Mi miembro ya estaba plenamente erecto y se clavaba en su bajo vientre. Ella lo sintió. Sus manos retiraron mi bóxer y fueron a buscarlo. Allí estaba, grande y deseoso. Azul se agachó delante de mí y empezó a jugar con sus manos. Lo tomaba, lo amasaba, lo acariciaba. Con sus dedos rodeaba mi glande con cariño y llevaba mi prepucio hacia adelante y atrás. Entonces acercó su boca dejó caer sobre él una gota de saliva. La lubricación le dio más ímpetu, y ahora parecía un monolito de roca sólida. Azul comenzó a besarme los testículos sin dejar de masturbarme. Luego se los metió de a uno en la boca para jugar con ellos y su lengua. Después su boca empezó a subir y bajar por el tronco de mi pija, besándolo, degustándolo, extasiándose. En ese momento la engulló en toda su dimensión. Su lengua se deleitaba en mi glande, sus labios subían y bajaban. Estaba completamente excitada.
Entonces la puse de pie y la llevé contra la mesa del comedor. Le hice apoyar las manos sobre ella y luego le dije que subiera una pierna. Me arrodillé y con delicadeza corrí el fino hilo de su tanga que a esta altura estaba completamente empapado. Delante de mí estaba su vulva, lampiña, anhelante. Mis dedos quisieron jugar con su clítoris y se los permití. Primero de a uno, en círculos, luego de a varios, mientras unos daban suaves golpes otros acariciaban sus labios. Dos de ellos se hundieron en la húmeda profundidad de su vagina. Fue cuando mi lengua se puso a jugar con su cálido botón del amor. Su primer orgasmo llego en este momento. Pero no era eso lo que ella ansiaba. Entonces de un golpe arranque su braguita y me puse de pie. Con su pierna aún sobre la mesa hundí mi miembro en su interior. Sus jugos me estaban esperando, y su boca dejaba salir pequeños gritos que me revelaban su placer. Mis manos acariciaban sus pechos, sus pezones tenían la dureza de los rubíes. Entonces llegó su segundo orgasmo. Pero eso no era todo para mí. Mis dedos buscaron la humedad de sus jugos y con delicadeza untaron el pequeño orificio de su ano. Mi miembro salió de su deliciosa cueva en busca de un refugio prometedor. Mi glande se apoyó en su culo, y con cuidado ella empujó hacia atrás para dejarlo entrar. Primero fue sentir como había entrado mi cabeza. Luego bombear, con sutileza al principio pero cada vez con mayor pasión. Sus gritos acallaban cualquier otro sonido, y así ella llegó a su tercer orgasmo, mientras mi semen llenaba su más profunda cavidad.
Luego me preguntó mi nombre y nos pusimos a fumar.
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Todos estaremos aca de VOYEURISTAS Jajaja… Su historia provoca, asi que por lo pronto ire a despejar la mente.