El Héroe – Capítulo XVIII
18
Despedidas y Encuentros
Los preparativos para el ataque a Edén duraron casi una semana. Las tropas estaban acantonadas en la Tierra de Nod. Muchos de los lugareños se les habían unido, y Caín les daba informes sobre el movimiento interno de la ciudad. Eva se había quedado en la casa de su hijo mayor junto a su nuera, pero día por medio pasaba a visitarlo y llevar provisiones. Effeo procuraba mantenerse fuera de su vista en esas ocasiones. Al cuarto día Odil le daba la despedida a Oscar. Éste revisaba que todo estuviese bien con el caballo que Gilgamesh le había concedido en Uruk.
-¿Qué haces? –preguntó Effeo que llegaba de la tienda de Lilith- ¿Le miras los dientes a un caballo que te regalaron?
Oscar lo miró con extrañeza.
-¿Eso es un dicho común o se te acaba de ocurrir?
-¡Ja ja ja! ¡Veo que no has perdido tu humor!
Oscar lo dejó ahí, no valía la pena explicarlo. Effeo traía una alforja con suficientes provisiones para llegar hasta Uruk. Se la entregó y luego continuó hablando.
-Quiero que sepas que entiendo que no nos acompañes. Ha sido un placer y un honor compartir el camino hasta aquí contigo. Lamento que todavía no puedas volver a tu hogar. Pero te daré la mitad de los frutos para que los entregues a mi padre. Así sabrás que estás seguro en su reino.
-No te quedes demasiado tiempo en Uruk, de todos modos –intervino Odil-. Allí estarás a salvo, pero en cuanto puedas continúa viaje a Babilim y busca a un joven de nombre Omín. Le dirás que vas de mi parte, aunque es posible que no haga falta y te reconozca él mismo. Entonces le pedirás que te lleve con Ocai y Origo para ver si ellos te pueden regresar a tu mundo.
Oscar los miró con emoción. Luego les habló.
-Muchachos, gracias. No tengo idea de cómo vine a parar acá, pero haberme encontrado con ustedes fue lo mejor que me pasó en toda mi vida. Aunque me parece que me morí hace rato, así que a lo mejor debería decir en toda mi muerte. Como sea, me alegro de haberlos encontrado, y espero que no sea la última vez que nos vemos.
Oscar partió rumbo al oeste, sin mirar hacia atrás. Pronto se acercó a las murallas de Edén, y pudo darse cuenta de cómo las habían reforzado para la inminente batalla. Asmodeo y Lilith ya no contaban con el factor sorpresa. Siguió cabalgando con rumbo a Lagash, pero antes de que Edén se perdiera de vista se encontró con una sorpresa. Junto a una casa de adobe se encontraba un arca de madera resinosa, calafateada por dentro y por fuera. Inmediatamente supo de qué se trataba y se acercó para comprobarlo.
-Eh, Noé, hermanito, ¿estás por ahí? –preguntó Oscar asomándose al Arca. Desde el interior contestó Noé.
-¡Tú! ¡Alabado sea Dios, eres tú!
-Si, soy yo, papá. Mierda que laburaste rápido, eh.
-Sí, cuando me diste el mensaje estaba perdido en mis vicios. Entonces, tal como me dijiste, volví a mi hogar a toda prisa y puse a mis hijos a trabajar conmigo en la construcción del Arca. La hicimos rápidamente pero con mucho cuidado. No se filtrará agua por sus hendijas ni aunque llueva cuarenta días con sus noches. Y ya estoy en pleno proceso de juntar a los animales.
Oscar lo miró bien a Noé. No era hombre de creer en señales divinas, pero si acaso estas existían, se encontraba sin ninguna duda ante una de ellas.
-Y decime, máquina, ¿no te quedará un lugarcito para mí arriba del Arca?
- 14 Comentarios
- 5 votos
- Reportar este Posteo


Gabi espero que estés ahí porque me adelanté cuatro horas para vos.