El Héroe – Capítulo XV
15
El Jardín de Edén
Para la mañana del tercer día Effeo y sus compañeros llegaron hasta las murallas de Edén. Con cautela fueron rodeándola a medida que abrían pequeños ojales para ver si del otro lado se encontraba el jardín. Luego de tres horas vieron un prado sembrado de arbustos floridos y dos árboles en el centro. Habían llegado.
Effeo les dijo a los otros dos que se ocultaran tras un arbusto mientras él tomaba los frutos. Odil le dio un último consejo.
-Recuerda que Adam puede estar enterado de nuestra partida de Uruk. Pase lo que pase, no digas tu verdadero nombre
Effeo asintió y se dirigió hacia los árboles. Tomó unos cuantos del primero y los guardó en su morral. Cuando estaba por tomar los del segundo se vio sorprendido por una voz de mujer que lo inquiría.
-¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?
Era una mujer de edad mediana, y largos cabellos negros que le llegaban hasta la cintura. En su vestimenta quedaba en evidencia su origen real.
-Por favor, mi señora, no llame a la guardia. Soy… Ofidio. ¿Es usted Eva?
-Sí, lo soy.
-Me envía su hijo, Caín. Él se encuentra gravemente herido, y se cree que no pasará esta noche. Su única esperanza es comer del fruto del Árbol de la Vida. Sabe bien que está prohibido, pero de otro modo morirá. Por favor, permítame llevárselos.
-Los que has tomado pertenecen al Árbol del Conocimiento. Este es el de la Vida. Toma unos cuantos y llévaselos a mi hijo.
-Muchas gracias, mi señora –dijo Effeo mientras lo hacía. Cuando estaba por retirarse, Eva volvió a hacerle una pregunta.
-Dime, Ofidio, ¿crees que al darte esos frutos ya estoy cometiendo una falta?
-Mi señora, son para salvar la vida de su hijo…
-Sí, lo sé, pero no es a eso a lo que me refiero. Te daré los frutos, ¿pero crees tú que estoy cometiendo una falta?
-Me temo que sí, mi señora –contestó Effeo con sinceridad.
-Muy bien, si ya estoy en falta, entonces, comeré por fin del fruto del Árbol del Conocimiento.
Effeo comprendió lo que estaba sucediendo. Pero cuando trató de advertirle que no lo hiciera ya era tarde.
-¡Eva! –se oyó la potente voz de Adam- ¿Qué haces?
Adam venía con su escolta. A un gesto suyo, los guardias sostuvieron a Effeo.
-Adam, este mensajero trae nuevas sobre nuestro hijo Caín. Está malherido y necesita comer del Árbol de la Vida.
-¿Pero qué dices mujer? ¡Bien sabes que está prohibido! ¡Ahora por tu desobediencia te condeno al destierro! ¡Abandona ya mismo el territorio de Edén!
Eva se fue llorando. Adam se quedó observando a Effeo mientras lo rodeaba.
-En cuanto a ti, intruso, ¡te arrastrarás sobre tu pecho por lo que te quede de vida!
Luego desenvainó su espada y con dos rápidos golpes cortó los tendones de los pies de Effeo. El muchacho inmediatamente cayó al suelo. Los guardias lo soltaron. Entonces Odil aprovechó y abrió un ojal por el que agarró a Effeo. Después, a través de otro, los tres salieron del perímetro de Edén.
Effeo gritaba. Oscar supo que se habían alejado bastante, porque las murallas de Edén ya no se veían. Rápidamente Odil colocó sus manos sobre los tobillos ensangrentados. Effeo dejó de gritar. Cuando Odil retiró sus manos, las heridas habían desaparecido. Oscar estaba impresionado. Pero antes de que cualquiera de los tres pudiera decir algo, fueron interrumpidos por una voz inesperada.
-¿Effeo? ¿Qué te sucedió?
Harziful desmontaba de su caballo.
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ufa…es re largo…-.-