El Héroe – Capítulo IX
9
Gilgamesh
-Oscar, necesito que me prestes tu “campera”.
Oscar continuaba vestido con la indumentaria que había traído del futuro. Durante el día no usaba la campera parka de color púrpura, pero sí le resultaba útil durante la noche, cuando debían dormir a la intemperie a bajas temperaturas. Pero aún en un lugar atípico como Uruk, la vestimenta de Oscar resultaba particularmente fuera de lugar. Oscar no tuvo reparos en facilitársela a Effeo, pero no pudo evitar preguntarle:
-¿Para qué la precisás, gurí?
-Supongo que en tu época el púrpura debe ser un color más entre muchos –fue la respuesta-, pero aquí es casi imposible lograrlo. Hacen falta tinturas elaboradas con plantas traídas desde muy lejos, y obtenerlas es caro y difícil. Por eso el púrpura es un color que usan exclusivamente los reyes. Es posible que Gilgamesh no quiera recibir a Effeo, el campesino. Pero no se va a negar a recibir a Effeo, el rey.
La lógica de Effeo era indiscutible, de manera que Effeo se puso la campera y se anunció ante los guardias de palacio. Los guardias luego de pedir autorización al interior del palacio le permitieron pasar, pero sólo a él y sin armas. Odil le dijo que vaya tranquilo, que él lo protegería. Entonces Effeo entró a conocer a su padre.
-Salud, extranjero, bienvenido a mi reino. ¿En qué puedo servirte? –dijo el Rey de Uruk. Lo recibió en el salón del trono, rodeado de su comitiva. No menos de 30 guardias lo protegían. Cuatro músicos tocaban suavemente y salvo en el pasillo central había por todos lados hombres y mujeres copulando. Algunos tenían ropa y otros estaban desnudos. En general los hombres copulaban con las mujeres, pero no en todos los casos era así. El trono era de oro macizo, y estaba elevado un metro y medio por sobre el suelo. A él se ascendía a través de una escalera de siete escalones. Gilgamesh vestía una túnica blanca y una faja púrpura. Effeo se acercó a diez pasos de él y le hizo una reverencia. Luego se puso de pie y habló.
Salúd, Majestad. Soy Effeo, hijo de Habnna. ¿Te dice algo mi nombre?
-¿Habnna? Creo haber escuchado ese nombre. Es un nombre acadio, pero tú eres egipcio. Cuéntame quién eres, Effeo de Menfis.
-Mi madre nació y vivió en Uruk, mi señor, hasta que debió abandonar la ciudad luego de que el padre de su hijo por nacer no quiso reconocer su obligación con ella. Tú eres ese hombre.
-Déjenme a solas con este hombre –ordenó Gilgamesh. Los hombres y mujeres comenzaron a abandonar la sala-. Guardias, retírense ustedes también.
-¿No tienes miedo de que te quiera asesinar?
-Mis hombres ya te han quitado las armas, y en cuanto a tus manos, yo también tengo dos. Pero no vienes en busca de venganza, lo veo en tus ojos. Quieres saber la verdad. Y la verdad te diré.
»Recuerdo a tu madre. Era una prostituta de palacio, una de las mejores que he tenido. Verás, Uruk no es como todos los países de la región. Ishtar regula nuestras vidas. Verdaderamente, no soy capaz de decirte cuántos hijos tengo. Fornico todos los días, y he fornicado con cada mujer de la ciudad, he desvirgado a casi todas las doncellas y he tomado a cada mujer en su noche de bodas. Habnna en su momento hizo diferencia, por eso quedó en mi memoria. Pero luego de quedar preñada ella me manifestó que no quería volver a ser prostituta y que deseaba ser mi esposa. Ella había estado en Edén, y supuse que allí había aprendido algunas de sus estúpidas costumbres. No podía tolerar esa afrenta a Ishtar y me vi obligado a desterrarla. Pero yo mismo viajé tiempo después a Edén. Fui luego de la muerte de mi amigo Enkidu, porque según dicen el Árbol de la Vida y el Árbol del Conocimiento están en los jardines de Edén, y es su fruto lo que fui a buscar. La vida se me consume, lentamente, pero sé que moriré. Y no quiero hacerlo. Yo fui recibido por Adam, rey de Edén, pero se negó a dejarme siquiera ver los árboles. Decía que comer de sus frutos estaba prohibido por su dios, un dios al que ni siquiera quería nombrar. Traté por todos los medios de obtenerlos, pero fue inútil. No es posible sin ayuda desde adentro, y yo no la tenía. ¿Quieres tu lugar junto a mí en el trono de Uruk, Effeo? ¡Consígueme pues el fruto del Árbol de la Vida! ¡Seamos inmortales y gobernemos juntos por siempre! ¡Gánate tu herencia, Effeo!
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“Una manzana al día del médico te libraría”
))
Oscar no va a parar de reír !