El Héroe – Capítulo VII
7
Uruk
Antes del anochecer del día siguiente Effeo, Odil y Oscar llegaron a las puertas de Uruk luego de atravesar el Éufrates en balsa. Effeo estaba conmocionado ante la proximidad del fin de su viaje. Ya cuando las murallas de la ciudad comenzaron a avistarse el hijo de Gilgamesh sintió que el corazón se le oprimía en el interior de su pecho. Realmente pensaba que jamás iba a llegar al final de su peregrinaje, por algún motivo creyó que moriría en el desierto. Una vez más pensó en Harziful. No había tenido más noticias de él luego del primer ataque de la caravana negra, y temía que su amigo hubiese sufrido la suerte de la que él había escapado. Algo adentro suyo, sin embargo, le hacía confiar en la salud de su criado, y en que pronto volverían a verse, aunque ignoraba en qué contexto. Así fue que ingresaron en la ciudadela.
Uruk era la ciudad más grande de la región, y una de las más importantes, quizás más que la misma Babilim. El movimiento humano de la ciudad era intenso, aún cerca del crepúsculo, y toda la gente parecía andar demasiado ocupada como para prestarle atención a los recién llegados. De manera que la única persona a la que Effeo consideró que podía preguntarle sobre cómo llegar a palacio era un ebrio que estaba bebiendo de un odre de vino, apoyado del lado interno de la muralla de la ciudad.
-¡Oye, ebrio! –ordenó Effeo- ¡Levántate y escúchame!
-Para, calmate, pibe –le dijo Oscar-. Así no vas a ganar nada. Dejame a mí. –Oscar se apeó del caballo de Odil, junto a quien viajaba, y se agachó junto al ebrio- ¿Estás bien, papá? ¿Qué hacés acá tirado?
-Estoy esperando un mensaje de mi dios –contestó el ebrio.
-Ah, entiendo, te pegó el pedo místico. ¿Cómo te llamás, hermanito?
-Mi nombre es Noé, hijo de Lamec.
-Ahh bueno. Parió la abuela. Escuchame, Noé, ¿tenés idea de cómo llegar a palacio? Necesitamos ver al rey.
-Tienen que seguir por esta calle cuatrocientas yardas y entonces encontrarán la avenida que los deja directamente en palacio.
-Ok. Muchas gracias che. Y para que veas que somos agradecidos, te voy a dar ese mensaje de tu dios que estás esperando.
-¿No me engañas?
-Más vale que no, papi. Prestame mucha atención: ahora te me vas a casita, dormís un rato así se te pasa la curda, y cuando te levantás te ponés a construir un arca de madera resinosa, calafateada por dentro y por fuera, de 300 codos de eslora, cincuenta codos de manga y treinta codos de puntal. Después vas a juntar una pareja de cada animal que conozcas y los metés adentro, y después te metés vos mismo, y también tu familia. ¿Ta clarito?
-Está clarito.
-Joya. Ahora hacé lo que te dije y no te mames tanto que le das mala imagen a tus hijos y se te cagan de risa en la jeta. Cuidate, gurí. Nos vemos. Muchachos –ahora Oscar se dirigía a sus compañeros-, ya escucharon a Noé. Cuatrocientas yardas y derecho por la avenida.
Oscar volvió a montar junto a Odil. Entonces el viejo le preguntó:
-¿Y que fue todo eso que le dijiste al final?
-Una de dos: O bien le brindé continuidad a la historia, o bien me mandé una joda de proporciones bíblicas. Por las dudas vayan abriendo el paraguas.
Odil y Effeo no entendieron una palabra de todo esto. A medida que avanzaban era común que vieran parejas o tríos fornicando en la calle e imágenes de Ishtar. Effeo explicó que la ciudad entera era una ofrenda a la diosa de la fecundidad, y que el sexo era una actividad sagrada. Odil lo tomaba como una característica más de esa sociedad, pero Oscar se veía abochornado.
Para cuando la noche se cerraba sobre ellos, los viajeros llegaban a palacio.
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YO VIAJERA
ALMA EXPLORADORA
LLEGO DE NUEVO A TU CASA. CAIN.
TE INVITO A PASAR
POR MI ALMA
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BESOS
DI