Punk (Capítulo XVII)


El Despertar

Y la Magia despertó.

Al principio Gastón no entendió lo que veía. Todo parecía muy confuso. Entonces recordó aquel cuento de Borges que leyó cuando estaba en el secundario. Y comprendió qué era eso delante de él.

Estaba viendo el Aleph.

Los reflectores se habían apagado luego de la invocación de Nicolás, y el huevo de luz era lo único que iluminaba la escena. A través de él Gastón podía ver lo que pasaba en cada lugar en el mundo. No había electricidad en ninguna parte. Tanto las grandes ciudades como las zonas rurales de occidente estaban a oscuras. En Oriente, donde ya era de día, se podía ver con más claridad lo que pasaba, pero tampoco había energía eléctrica. Por todas partes comenzaron a abrirse algo que Gastón sólo podía definir como agujeros en la realidad. De ellos salieron, primero con cautela, luego con mayor fluidez, aquello que conocía como “seres maravillosos”. Con la boca abierta vio un unicornio surgir de la boca del subte A en Plaza de Mayo. Su piel era blanca y sedosa, y su cuerno emitía una potente luz que alumbraba la noche porteña mejor que lo hubieran hecho los faroles incandescentes. El espectáculo era un desafío a la cordura. Una familia de duendes cruzó un portal en Lima. Los hombres apenas llegaban a medir ochenta centímetros, mientras que las mujeres y los niños eran aún más pequeños. Todos llevaban largas barbas. En Madrid el museo del Prado se vio invadido por una bandada de pequeñas hadas. Su tamaño no era mayor al de una Barbie, tenían alas de libélula y una expresión perversa en sus rostros. En Frankfurt un grupo de hinchas que festejaban el empate entre Holanda y Argentina consideraron que se habían pasado de marihuana cuando una esfinge salió de la nada enfrente de ellos. Y en la Plaza Roja de Moscú una colonia de faunos atravesó un ojal hacia este lado, para estupor de los soldados. Cruzaban en grupos y con cautela, como un pueblo que hace largo tiempo fue desterrado y al volver a su país encuentra que ya no es el mismo.

Como no era lo mismo para los habitantes actuales de este mundo. En zonas rurales los campesinos quizá estaban mejor preparados para recibir a la magia, pero las ciudades eran caos. El corte masivo de luz paralizó todas las actividades habituales de la población. En las zonas más ricas la gente había quedado presa en cárceles de lujo cuando sus palacios de máxima seguridad con cerradura electrónica se convirtieron en jaulas herméticas de donde no podían salir. Lo mismo pasaba con los pisos más altos de los rascacielos. No funcionaban las computadoras, teléfonos, celulares ni autos, y mucho menos la radio o la televisión. La sociedad del siglo XXI descubrió la fragilidad de su bienestar. La anarquía reinaba: sin comunicación, los gobiernos no podían hacer nada por contener a las masas presas de la histeria, y las hasta entonces fuerzas del orden, justicia y seguridad, ahora eran un montón de individuos corriendo por las calles tratando de llegar a algún lado, viendo hasta dónde se extendía esta locura. Porque si tener la ciudad a oscuras ya era mucho, cruzarse con una manada de grifos en Cabildo y Juramento era demasiado.

Entonces Gastón reparó en una figura extraña sobre una imagen conocida. Las Torres Petronas de Kuala Lumpur. Él estuvo en la inauguración del ’98. Viajó a Malasia con Don Sergio, quien había tenido bastante que ver en su génesis. Ocho años después, una imagen amenazante se posó en la unión de los dos gigantes, a ciento cincuenta metros de altura, multiplicando el terror de quienes estaban adentro. Era de día, pero Gastón sólo se permitía ver una silueta negra semejante a un enorme murciélago, hasta que una lengua de fuego derrumbó su última defensa de sentido común. Era un dragón. De inmediato aparecieron otros, a lo largo de todo el mundo, siempre en lugares altos pero concurridos. La Torre Eiffel, el Empire State, la Torre Sears, pero más que nada las montañas. En las montañas los dragones se sentían a gusto y volaban en manadas, festejando el regreso a su viejo hogar. Por un momento Gastón volvió a la realidad y recordó que apenas unos kilómetros lo separaban de la Cordillera de Los Andes. Esto no duró mucho, ya que apenas unos minutos después, y a través del Aleph, vio caminar por la Quinta Avenida, en pleno centro de Manhattan, una figura luminosa que después de ver El Señor de los Anillos sólo podía identificar como un Balrog.

-¿Qué es esto? –reaccionó por fin-. ¿Qué hiciste, Nico? ¡Es el fin del mundo!

Hasta entonces los siete Otaru habían estado en trance, inmóviles y con los ojos abiertos fijos en el huevo de luz. Entonces Nico lanzó un grito desgarrador y de su cuerpo comenzó a desprenderse una figura de ectoplasma: una joven mujer negra de cabello largo, con la sabiduría dibujada en su rostro. Estaba desnuda, pero no era una belleza a los ojos del siglo XXI. Sus pechos estaban caídos, le faltaban dientes y exhibía por todas partes las huellas y cicatrices de una vida corta pero dura. Una vez que el fantasma terminó de salir, Nico dio un paso atrás, aturdido, y se desplomó en el suelo. Otras dos mujeres y cuatro hombres salieron del cuerpo de los demás. La joven que salió de Nico se volvió hacia Gastón.

-No es el fin del mundo –respondió Ocai-. Es una corrección, y las correcciones duelen. Hace mucho tiempo cometimos un error, y lo estamos reparando. Pero los errores son como las mentiras: si no las resolvés a tiempo crecen hasta que se escapan de tus manos. Cuando vimos a Abraxas matar a nuestro padre creímos que lo mejor sería alejar la Magia de su alcance. Por eso la Magia no se puede usar para el ataque: nosotros inhibimos esa posibilidad. Así como alejamos de este plano toda la Alta Magia y dejamos apenas los trucos más baratos para prestidigitadores.

-Pero subestimamos el potencial de Abraxas –intervino Origo, un joven musculoso con una gran cicatriz en su pecho-. Al quitar la Magia del medio, permitimos que él comenzara en su carrera por la tecnología. Al principio no nos dimos cuenta, y sólo quisimos separarnos y huir. Cuando comprendimos que todo se había salido de cauce era tarde. Habían pasado cuatrocientos ochenta siglos, y estábamos disgregados por el mundo.

-En aquellos tiempos los hombres éramos seres de la naturaleza –continuó Ocai-. Habíamos aprendido a manejar algunas cosas, teníamos un mínimo conocimiento de las posibilidades de la tecnología y de los misterios de la Magia, pero no éramos muy distintos a los gorilas, los mamuts o los delfines. Cazábamos unas especies para vivir, y otras nos cazaban a nosotros. Estábamos en armonía con el ecosistema.

-Éramos niños –intervino Odil, un muchacho fuerte y robusto, más pequeño que Origo pero con firme decisión en su rostro-. Niños egoístas que descubrieron un juguete maravilloso, y cuando lo vieron en peligro se lo llevaron para que nadie más lo usara. Nos equivocamos. La Magia moldeó al mundo con sabiduría durante millones de años, y no necesitaba de nuestra intervención para defenderse. Lo que logramos fue allanarle el camino a Abraxas para que él construyera su civilización. La única que planteó nuestro error fue Orana, y no le hicimos caso. Cuando los primeros imperios basados en el sometimiento de los débiles comenzaron a forjarse ya estábamos demasiado separados.

Gastón se quedó mudo por un momento. Trataba de situarse en contexto. Mientras miraba el fin de la civilización a través de un huevo de luz, siete figuras fantasmales contaban una versión que implicaría la revisión total de la historia conocida. Mientras tanto los cuerpos que los habían albergado permanecían en el suelo. No estaban inconscientes: estaban llorando. Luego de cincuenta mil años de acumular emociones habían terminado con su tarea, y ahora se descargaban llorando como chicos. Todos, incluso O’Malley, estaban tirados en el suelo, la mayoría en posición fetal, dejando escapar a moco tendido un llanto guardado por milenios.

-¿Pero qué es lo malo de la civilización? –preguntó Gastón- Nosotros también estamos en armonía.

-Sabés que no es así, Gastón –respondió Ocai-. Durante mucho tiempo el sometimiento de los humanos se limitó a los de su propia especie, salvo tal vez por las que usaban como ganado, pero en los últimos tiempos, a partir de la era industrial, los hombres comenzaron a afectar el planeta. Contaminación de ríos y mares, capa de ozono, efecto invernadero, extinción de animales y vegetales, no hace falta que siga enumerando. El hombre desbalanceó el equilibrio, se convirtió en una plaga peligrosa. Ahora tendrá que volver a la naturaleza o desaparecer.

-La clave está en la electricidad –dijo Odil-. Cuando empezaron a usar la electricidad como fuente de energía, comprendimos que era una forma menor y algo corrupta de magia. Lo confirmamos al comprobar que tenían que cortar la luz para que funcionen los detectores. Ahora, al liberar la Magia, absorbió toda forma de electricidad. Y no funcionan baterías, generadores ni grupos electrógenos. La civilización se volvió demasiado dependiente de los electrónicos, hasta un punto en que sin electricidad no se puede hacer nada. Los pocos artesanos que existen no alcanzan para reemplazar todo lo que los operadores, técnicos, ingenieros y científicos no saben hacer sin una miserable pila AA. Ahora los que quieran seguir viviendo van a tener que aprender a hacerlo de la manera difícil, como era antes. Creo que un pequeño porcentaje lo logrará. Y serán los que ya estén acostumbrados a la supervivencia, no los que viven en el lujo. ¿Vos dónde estás, Gastón?

-¿A qué te referís? –preguntó Gastón con desconfianza.

-Fuiste testigo privilegiado de un hecho único –contestó Ocai-. Hoy sos Abraxas, y nunca pensamos que un representante del enemigo iba a estar presente cuando esto sucediera.

-Tuviste la amistad de Nico y te ganaste el respeto de Axel –dijo Odil-. Es por eso que hoy ves esto con vida y en libertad. La pregunta es, ¿qué vas a hacer ahora? Todo lo que representaba tu standard de vida desapareció. De hecho, estás perdido en el medio de un bosque. ¿Qué vas a hacer?

-Nuestra tarea al fin terminó –dijo Origo-. Ahora vas a quedar solo con tus amigos y tus enemigos. Decidí vos quiénes son unos y quiénes los otros.

Luego de esto las figuras comenzaron a volverse más transparentes y el viento de invierno en aquel bosque de la Patagonia se los llevó como se hubiera llevado un buen puñado de cenizas. El huevo de luz se redujo hasta desaparecer y al final Gastón quedó a oscuras junto a los siete guerreros que ahora lloraban en el suelo. Enganchado en la presilla del cinturón de O’Malley colgaba un llavero. Gastón lo tomó y se dirigió al margen del claro donde estaban esposados sus hombres. Uno a uno los liberó y tiró las esposas.

-¿Qué pasó, jefe? ¿Ganamos?

En otra situación Gastón Rivera hubiese disfrutado cagar bien a pedos a esa manga de inútiles. Esta vez no.

-No, Beltrán, no ganamos. Cinco kilómetros para allá está Trevelin. Vayan con cuidado y no vuelvan más. El mundo ya no es el mismo.

Un rugido estremecedor llegó desde la montaña. La descomunal silueta de un dragón pasó por delante de la luna. Para evitar malentendidos, una lengua de fuego salió de su boca. Beltrán miró a Gastón con cara de no comprender. Gastón le respondió con cara de póker. El instinto de supervivencia fue más fuerte y Beltrán y los demás soldados huyeron en medio de la espesura.

Gastón volvió al círculo en el centro del claro. El llanto amainaba. Vio a Cecilia tendida en el piso, tomando sus rodillas con los brazos, y la quiso ayudar a levantarse. Sintió la fuerte mano de Ignacio que apretaba su bíceps. La cubrió con la suya, con intención tranquilizadora, y trató de que él también se pusiera de pie. Luego los acompañó al motorhome donde estaban las camas, y en silencio los ayudó a acostarse. Sería una noche muy larga. Volvió e hizo lo mismo con Cristina y Fernando. Para el tercer viaje lo esperaba Nicolás. Gastón se sentó a su lado y sacó una petaca del bolsillo de la parka. Tomó un trago y se la ofreció a Nico. Él empinó y suspiró.

-¡Rata inmunda, me diste querosene!

-Es Johny Walker. No le podés decir querosene al Johny Walker.

-Si por lo menos fuera un Caballito Blanco…

-No te puedo creer. Estamos solos en el medio de la nada y te me ponés exigente.

-Yo soy exigente, flaco, esté donde esté.

Nico se había puesto la parka a las apuradas cuando lo sacaron del motorhome, y todavía la tenía abierta. Buscó en el bolsillo interior y sacó un paquete de Camel. Dentro del paquete había un pequeño encendedor. Lo accionó y no pasó nada.

-Puta madre –dijo-. Es de chispa eléctrica. Lo único que falta es que me quede sin fumar.

Gastón sacó el suyo y le convidó fuego.

-Es un Zippo original. Mientras tenga bencina, tenemos fuego.

Nico lo miró y no aceptó. Llevó las manos al cigarrillo como para protegerlo del viento y entre sus dedos surgió una llama.

-Quedate tranquilo que fuego no va a faltar. ¿Un pucho?

Gastón tomó un Camel y lo prendió con su Zippo.


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gabi-
6 Septiembre 2008, 13:31, Reportar este Comentario gabi- dijo

Realmente, a esar de no haber leído todos los capítulos, tengo que decirte que me encantó esta saga, por decirlo así. Este capítulo lo volví a leer de corrido, sin parar…estaba como atrapada mientras leía e imaginaba lo que ocurría, principalmente desde que ellos le explican que , desde que el otro, abraxas, mató y desaprovechó el poder, tuvieron que extraer toda la magia, toda la tecnología…Y me gustó mucho imaginar el mundo sin ella, me dio una sensación rara que me decía: mirá si pasara de verdad! que terrible! pero qué claro sería el cielo, se unirían los cielos del campo y la ciudad, como decía en le capítulo…jeje
Y por último, me gusto imaginar esa escena en la que están ellos alrededor del fuego y hablan y dicen que tienen por delante una nueva vida, con nicolás dirigiendo, pero que de lo único que ahora se tienen que preocupar es de vivirla, y de nada más.
Me gustó mucho!!!!
Bravo Caín, un beso!

Anónimo
6 Septiembre 2008, 15:16, Reportar este Comentario Anónimo dijo

Así como amé el génesis amo este apocalipsis.
Pero repito esto merece una segunda y tal vez tercera lectura.
Me identifico con tantas de las cosas que suceden en esta historia que me resulta difícil ser objetiva y hacer una crítica literaria…
Me voy a leer las palabras finales.
Beso!!!!

M. J. Howlin
6 Septiembre 2008, 21:33, Reportar este Comentario mjhowlin dijo

Gabi: el fogón del final es el reposo del guerrero, el mío inclusive. Gracias por leerme!
Lils: Viste? Con esta cara de gil destruí el mundo jajajajaja! Te mando un beso!!

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