Punk (Capítulo XIV)

El Descubrimiento

La nieve caía sin pausa sobre el Valle. Siempre había sido así, y eran raros los días en que no nevaba. Debían moverse mucho para conseguir alimento, pero tenían la suerte de habitar una región rica en caza y pesca, donde podían dejar a las mujeres en lugar seguro mientras los hombres buscaban comida. Aunque claro, lo de lugar seguro era siempre más una expresión de deseo que otra cosa. La vida tenía sus reglas, a veces se era depredador y a veces presa.

Otaru descendió por la Cuesta del Alce de la misma manera en que lo había hecho siete noches atrás. Muchos en el Clan lo consideraban loco, pero incluso aquellos admitían que su locura era bastante útil. En la última tormenta había sido él y no otro quien se acercó al Viejo Sauce a riesgo de su vida para llevarle fuego a la comunidad. Un rayo lo había alcanzado y ahora el árbol que durante tantos inviernos había servido como punto de referencia se consumía entre las llamas. No era la primera vez que sucedía. Odera, su mujer, había muerto hacía dos años cuando un relámpago cayó sobre otro sauce, aquel donde se refugiaban ella y sus dos hijos menores, junto con otras mujeres y niños. Otaru comprendió que el incendio no era casual. Algo había desatado el fuego, algo que había decidido la suerte del Sauce, y ese algo estaba allí, al alcance de su propia mano. Con temeridad Otaru corrió hacia los restos y tomó una rama, que calentó y brindó protección a los suyos. Pero para Otaru ese no era el final del incidente. Convencido de la existencia de una fuerza extraordinaria que había establecido el comienzo y el final del Viejo Sauce, Otaru inició su peregrinaje. Cuarenta y tres noches pasó lejos de los suyos, y luego volvió, más delgado, pero sano, ileso y con buen color. Otaru nunca volvió a buscar mujer, pero sus siete hijos vivos eran grandes y fuertes, y decidió que lo acompañaran hacia el sitio del descubrimiento. Dos veces vieron nacer el sol mientras andaban, y dos veces la luna, hasta que la Cuesta del Alce se presentó ante ellos.

Ocai, la primogénita, caminaba al lado de su padre. Había vivido dieciséis inviernos, y aunque varios pretendientes deseaban poseerla, ella aún no se había entregado a ninguno. Tenía un carácter fuerte y aguerrido, y sabía defenderse. Esta vez vio la grieta incluso antes que Otaru. La fuerza que salía de allí era intensa y penetrante como una deliciosa ráfaga de aire caliente, algo que Ocai jamás había sentido. Apenas había lugar para que pasara uno a la vez y de perfil, pero lo que había adentro los estaba llamando, y ellos no se podían negar. Otaru, quien ya conocía el camino, pasó primero. Detrás fue Ocai, y a su turno entraron Origo, Odil, Orson, Orgal, Orsis y Orana. Por dentro era una cueva como cualquier otra, pero no: tenía algo más. Un levísimo resplandor iluminaba el interior de la caverna, y los guiaba por entre pasillos hacía la fuente de todo aquel poder. Ninguno de ellos veía nada, pero lo sentían, sí, lo sentían. Así anduvieron cuatrocientos pasos, hasta que llegaron a una pared en cuya base había un agujero de no más de dos brazos de alto por uno de ancho. Por detrás la oscuridad era absoluta, como si algo en su interior se tragara la luz, pero a la vez parecía ser la fuente del resplandor. Entraron.

Delante de ellos se abría un prado enorme. El agujero por el que pasaron se había convertido a sus espaldas en un monolito de ébano. El negro era absoluto sobre su superficie, ningún brillo lo iluminaba, pero sólo Orana, que lo atravesó último, pareció darse cuenta. Los otros quedaron embelesados con el espectáculo que se abría ante sus ojos. El cielo estaba despejado, y el pasto, verde intenso, crecía libre sobre la llanura. Por todos lados se veían extraños animales conviviendo en paz. Había grandes pájaros pardos de largo cuello y ridículas alitas, mamíferos parecidos a las cebras pero sin rayas y con un cuerno en medio de la frente, y otros inconcebibles, con un caparazón como las tortugas, pero gigantescos y llenos de pelo. El clima era cálido, agradable, las pieles que los cubrían pronto les comenzaron a pesar. A doscientos pasos se alzaba una arboleda, y desde allí se escuchaba el murmullo del agua. Caminaron, esperando encontrarse con un arroyo o un río. Los árboles eran frutales, y Orson se rezagó para tomar una fruta roja del suelo. Al probarla, sintió el sabor más delicioso que jamás había conocido. Pero la noticia del descubrimiento tuvo que esperar. Buscó a los demás y los encontró con la boca abierta. Delante de ellos se extendía el río, o quizás el lago, más grande e impresionante con el que se toparon en toda su vida. Las aguas de color marrón claro nacían en la orilla, por supuesto, pero no había otra orilla a la que cruzar. Hasta donde daba la vista había agua, y nada más. Agua clara, limpia, con olor a peces frescos, a salud y a riqueza. Otaru se adelantó, se inclinó y bebió del agua. En seguida se echó a reír, y alentó a sus hijos para que lo acompañaran. En minutos estaban todos jugando y bañándose en el río, el lago o lo que fuera el lugar donde estaban.

Nunca todos al mismo tiempo, nunca por más de un ciclo de la luna, y sin revelar a nadie del clan qué hacían o a dónde iban, durante siete inviernos los ocho Otaru volvieron una y otra vez a la grieta, al pasaje, al prado y al río. Volvían porque querían conocer los secretos de la Magia que allí vivía, y que con constancia y disciplina podían llegar a dominar. Volvían porque la comida solía faltar al clan, y en el prado y el río conseguían bastante como para alimentar a sus familias por varias semanas. Pero ante todo volvían por placer, porque les gustaba estar allí, quitarse las pieles, bañarse en el río, correr por la llanura. Y les gustaba trabajar. Cuando decidieron intentar el aprendizaje de la Magia temieron no saber por donde empezar. Sin embargo, tan fuerte era su presencia en el campo, que el aprendizaje se fue dando solo, con mucha dedicación pero casi sin esfuerzo. No tardaron en alcanzar algunos logros rudimentarios. Al poco tiempo ya eran capaces de hacer un pliegue en el espacio, y un ojal para atravesarlo. Días, lunas, inviernos después, controlaban la telekinesis, se comunicaban con los animales y por fin, luego de tantos intentos fallidos, consiguieron dominar el fuego.

Entonces decidieron dar a conocer a la tribu el resultado de su trabajo.


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28inviernos
2 Septiembre 2008, 17:33, Reportar este Comentario 28inviernos dijo

Que Sorpresita linda!!! otro capitulo!!!

Muy bueno!!, vamos y venimos…. esta bueno el viajecito!!!

Besos!

M. J. Howlin
2 Septiembre 2008, 17:49, Reportar este Comentario mjhowlin dijo

Ahhh esta es una pausita para medir la temperatura!

m-p-
3 Septiembre 2008, 10:02, Reportar este Comentario m-p- dijo

Caín!!!!!!!!! Esto no se hace!!!!! Buenísimo el capítulo de hoy, con un poco de explicación sobre el descubrimiento de la magia, pero… Y la trampa?? y la Cosa Sin Nombre?? Y la adjudicación de un éxito ajeno por parte del Ser Ocai????? Quiero la continuación de ésa parte de la historiaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!! jajajaja
Besotes!!!
Pau

byb
3 Septiembre 2008, 10:49, Reportar este Comentario byb dijo

Cain: Me encanto!!!!,prados,. rios, llanuras,,, viaje con ellos. Escribis de una manera que me transporto y me siento como si estuviera ahi con ellos acompañandolos.
Gracias como siempre por compartirlo!!!
Besos

Atenea
3 Septiembre 2008, 13:42, Reportar este Comentario dulce-atenea dijo

la verdad era necesaria una pausa…
venía a mil la hisotoria..
además como hacen los grandes escritores.. dejar para el medio la forma en que comienza todo. los inicios de la historia principal….
bajamos decibeles… me gusta asi…….
pero un poquito nada más…. sólo para saber cómo fue, cómo empezó….

besos :)

marta, la paragua
3 Septiembre 2008, 13:47, Reportar este Comentario marta, la paragua dijo

ups…lindo,lindo…pero nos dejaste colgadooooooosssssss!!!!!!!no podés hacernos estoooooo…estoy de acuerdo con m-p-…que sigaaa
besitos

sabrivar
3 Septiembre 2008, 14:27, Reportar este Comentario sabrivar dijo

Me faltaba esta parte, está bueno el descanso de tanta lucha, un pedacito de historia viene al dedillo. Aparte porque así como te comenté que quería que gane la magia, después me replanteé que no sé si era bueno. Por eso me gustó esta parte del descubrimiento. Sigo atenta. Cariños.

M
3 Septiembre 2008, 17:59, Reportar este Comentario mochuelo dijo

Andaba desmotivada. Lo he dicho.
He vuelto a motivarme.

Al margen, ¿leiste algo de Liliana Bodoc.?
Si si, me entenderás.
Si no, deberías.

Beso

Lils
3 Septiembre 2008, 20:24, Reportar este Comentario Lils dijo

Viene bien a esta altura un flashback. :-)

Anónimo
4 Septiembre 2008, 09:36, Reportar este Comentario Anónimo dijo

metiroso…no hiciste post jajajajajaja

M. J. Howlin
4 Septiembre 2008, 12:39, Reportar este Comentario mjhowlin dijo

Pau: En un ratiro seguimos con eso.
ByB: Y el mar de agua dulce, o el río sin otra orilla, no te olvides…
Dulce: A mí también me hacía falta un respiro…
Marta: No se desespere, mi amiga…
Sabri: VOS te ganaste mi corazón. Sabés por qué te lo digo.
Mochu, te quiero. Así nomás. Como Welenkin a Wilkilen, como Dulkancellin a Shampalwe, como Kupuka a los Husihuilkes. Y que Misaianes se curta.
Lils, venía bien, es cierto.
Anónimo, me tomé un ratito más, pero ya está en mi otro blog.

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