Punk (Capítulo XIII, primera parte)

El Asalto

Cecilia se despertó con las primeras luces del día, y vio a Sofía de guardia con la mirada perdida entre la arboleda. Sofi tenía el último turno, ella había tenido el primero. A los catorce años acababa de convertirse en Otaru luego de la muerte de Orgal, de la que se enteraron a medianoche. No era la primera vez que un traspaso tenía lugar a tan temprana edad, pero los tiempos habían cambiado, y si bien sus padres la habían preparado para esto, nada es fácil una vez que se abandona el suave terreno de la teoría. Cristina y Armando. Primero fue la certeza de la muerte de su padre que entró como una daga a través de su pecho y sin dejar espacio para duda alguna. En cuanto estuvieron a salvo de Abraxas Sofía tomó las riendas. De inmediato ordenó que Fernando invocara el Shabot de Armando. Esto iba en contra de lo que estaba planeado para cada uno, ya que la idea original era que la hija invocara al padre y el hijo a la madre, pero Sofía dijo que eran momentos extraordinarios y había que adaptarse a las necesidades. Cristina accedió y Cecilia vio cómo su hermano entre lágrimas pronunciaba la fórmula. Luego de absorber la niebla blanca que surgió de la invocación, Fernando quedó callado unos minutos y volvió a estallar en una crisis más desgarradora que la anterior. Una hora después, cuando el llanto había pasado (aunque la pena seguía, maldita urgencia que no dejaba lugar ni para sufrir tranquilo), cenaron un par de latas con rapidez y se pusieron en marcha rumbo a la casa de Orgal. Habían acampado sobre el margen del Río Percey y estaban a dos kilómetros del casco urbano de Trevelin. Cristina, y ahora Fernando, conocían bien el camino hasta la casa de los Flores. Tomás (Orgal) tenía cincuenta y tres años y aún trabajaba su pequeña chacra. Elena tenía cinco años menos que él y era maestra. Nunca habían tenido hijos, por más que lo habían intentado durante años, y aunque sabían que tener un heredero designado era imprescindible, siempre consideraron que Elena tendría tiempo de conseguir un sucesor si moría su esposo. Por eso cuando a medianoche los cinco sintieron la muerte de Tomás, comprendieron que todos los jugadores estaban en la cancha y el banco de suplentes estaba vacío. La casa de los Flores estaba en llamas, apenas cenizas quedaban cuando llegaron. Entonces buscaron un lugar retirado, siempre a orillas del Percey, prendieron una hoguera y armaron las bolsas de dormir. Luego Cecilia invocó el Shabot de Orgal y ahora sí quedaron a un paso de la reunión de los siete. Sólo había que recuperar a Nico y Ariel, caídos en poder del enemigo. Sofía estableció un sistema de guardias cada hora y se ofreció a hacer el primer turno, pero Cecilia objetó que de todos modos no iba a poder dormir, y era preferible que se lo dejara a ella. Durante un buen rato, Cecilia, Fernando y Cristina permanecieron abrazados y en silencio.

Así llegó la mañana del miércoles. El otoño daba paso al invierno, pero éste no se enteraba. Hacía frío, por supuesto, estaban en el Sur, pero no era comparable al que haría si el invierno se presentaba en toda su crudeza. Sofía estaba en la orilla del río tirando cantos rodados al agua. Aún nadie se había levantado. Cecilia se acercó a ella y apoyó la mano sobre su hombro. Aún no se acostumbraba al resplandor amarronado que surgía de su cuerpo. Y había mucho más a lo que no se acostumbraba. Pero tenía que ponerse en acción y lo sabía. Miró a Sofía, a quien las circunstancias pusieron en el lugar de capitán, y entendió que sentía lo mismo. Ella le devolvió la mirada y con una mano le acarició el pelo.

-¿Cómo estás?- preguntó.

-Como puedo -contestó Ceci-. Imaginate, ayer era una chica como cualquiera y ahora soy casi una guerrillera. Y todo lo que tengo en la cabeza, por favor, ¿sabías qué Orgal vino a América en La Pinta?

-Sí, sabía -dijo Sofi con una sonrisa-. Pero no es eso lo que te preocupa.

-No, no es eso. Me preocupa lo que viene ahora. Tu plan, la reunión, el papel de cada uno… Además está tan fresco lo que le pasó a los Flores, hay un montón de cosas que tengo que aprender a manejar y no me siento lista.

-Lo sé. –La mirada de Sofía se perdió en la superficie del río- Pero no hay tiempo para que estés lista. Voy a tratar de que te toque la parte más liviana. Ahora contame qué pasó con los Flores, si podés.

-Mucho no hay para contar, en realidad. Ellos nos estaban esperando, sabían que estábamos en camino. Lo de la ruta lo supieron en el momento del ataque. Quisieron escapar, pero antes de que pudieran ya los habían rodeado. Aguantaron dos horas a los tiros hasta que se metieron en la casa. A Elena la fusilaron delante de Tomás. Lo último que él vio fue cómo le sacaban la caja.

-Todo mal –dijo Ignacio mientras se desperezaba-. Ariel tenía razón, ahora somos sólo siete, sin sucesores y encima separados. ¿Creés que haya alguna posibilidad de que los maten?

-Difícil –contestó Sofía-. Rivera no conoce bien el valor de sus vidas, pero tampoco se va a arriesgar a hacer nada que ponga en peligro su misión. Y su misión es obtener nuestros cuatro cubos y destruirlos, o bien entregárselos al Ser-Ocai. Lo peor que puede pasar es que alguno de los dos esté malherido y no resista hasta que lo rescatemos. ¿Sentís algo Ceci?

-Por ahora están los dos inconcientes. Creo que Ariel está más jodido que Nico, pero no puedo estar segura. Puedo ubicarlos bastante bien. Están a unos cinco kilómetros de acá, para el lado de Futaleufú. Son veintiuno sin contarlos a ellos, y están muy armados. Lo curioso es que la magia no se acerca a menos de un kilómetro de su posición, como si tuvieran algún tipo de súper bloqueador.

-Y seguro lo tienen –la interrumpió Nacho-. No nos van a venir a buscar.

-No –dijo Sofía. Cristina se estaba despertando-. A partir de ahora es ajedrez. Ellos saben que necesitamos lo que tienen, y nosotros no nos podemos dar el lujo de esperar. Tenemos que atacar. Despierten a Fernando. ¿Hay algo para el desayuno?

Cecilia revolvió en el bolso de Ignacio y encontró varios paquetes de galletitas más un frasco de café instantáneo. Cristina tomó un jarro de su propia mochila y recogió agua del río que luego hirvió con un gesto de la mano. Todavía estaban a distancia segura. Desayunaron en silencio pero tranquilos, Abraxas no iba a buscarlos, al menos no todavía. Cuando terminaron Cristina fue a buscar un plano de la zona y lo desplegó en el piso delante de todos.

-Estamos acá –dijo Cecilia, y señaló un punto sobre el río-. Si no me equivoco ellos estarían acá –su dedo bajó unos centímetros y se movió hacia la izquierda-. Hay un claro entre la arboleda. Seguro que ahí establecieron campamento. Tendríamos que tomarlos por sorpresa desde distintos ángulos.

-Van a tener sensores de movimiento –dijo Cristina-. En cuanto nos acerquemos a alguna distancia nos van a sentir.

-¿Cómo venimos de armas y municiones? –preguntó Sofía.

-Tres pistolas y dos FAL. Cuatro cargadores llenos por arma.

-Entonces nos podemos arriesgar a un enfrentamiento directo. Nuestra ventaja es que ellos nos van a querer con vida, al menos hasta que tengan los cuatro fragmentos de la Cosa. Por otro lado nosotros no nos podemos dar el lujo de tomar prisioneros. A cualquiera que saquemos del juego tiene que ser de forma definitiva. Y ante todo cuiden sus vidas, que son las últimas que les quedan. ¿Quién se anima a llevar fusil?

Ignacio y Fernando levantaron la mano y se hicieron cada uno con un FAL. Hacía largo tiempo que ninguno de ellos entraba en batalla, y Orson jamás había usado armas de fuego más que como práctica, pero todos habían mantenido algún mínimo tipo de entrenamiento, con la certeza de que llegaría alguna vez el momento que estaban por vivir. Levantaron el campamento y se pusieron en marcha. Aunque era de día Sofi prendió una luz para detectar la acción de los bloqueadores. Ignacio se ocupó de la navegación terrestre, con la innecesaria ayuda de una brújula que Juan había dejado en su mochila. Una hora después, luego de andar cuatro kilómetros de bosque patagónico, la luz se apagaba en la mano de Sofía.

-Acá nos separamos –dijo Sofi-. Espero que no, pero puede ser la última vez que veamos a alguno de ustedes. Si eso pasa, todo lo que hicimos durante más de mil años se habrá perdido. La idea es que no nos vean. Ellos son más, pero nosotros podemos escondernos mejor. Compórtense como si estuvieran de cacería. Ellos son la presa, pero se creen el cazador. Usen todos los recursos que tengan, y procuren no hacer ruido. No creo que haya factor sorpresa, pero cuanto menos sepan sobre nosotros mejor. Recuerden: no tiene sentido tomar prisioneros. Omán Torúa.

Ignacio sintió un escalofrío al oír estas palabras. La última vez, Orsis las había escuchado de boca de Ocai. No Nico, Víctor ni ninguno de ellos, sino de Ocai en persona. Fue en África, hacía mucho más tiempo del que podía contar, cuando se separaron por primera vez rumbo a esta aventura que hoy estaba por terminar. “Adiós y buena suerte” sería la traducción más aproximada. Igual que aquella vez, los cinco presentes hicieron una ronda unidos por los antebrazos, se arrodillaron sobre el suelo del bosque y repitieron: “Omán Torúa”.

Lo primero que pensó Nacho cuando quedó sólo fue cuánto de él estaría al mando de sus acciones, y cuánto lo estaría Orsis. No era la primera vez que lo pensaba, claro, pero sus movimientos casi automáticos hacían que le costara reconocer a Ignacio De Robertis en el origen de ellos. En teoría, los auténticos Otaru estaban muertos desde hacía decenas de miles de años, y los actuales eran sólo portadores de su Shabot, el conjunto de las memorias, habilidades y conocimientos de cada uno de ellos y sus sucesores. Le constaba, sin embargo, que buena parte de la personalidad venía en el paquete. Seguía siendo Ignacio, no cabían dudas, pero la mayoría de sus decisiones actuales no eran las que hubiese tomado apenas 24 horas atrás, sino las que venían por parte de Orsis, quien ahora tenía el auténtico control de sus movimientos. Por supuesto, eso respondía tan sólo a la necesidad del momento. Orsis estuvo dormido durante la mayor parte de las vidas de Julia y de Juan, pero en este momento su presencia era imprescindible. Y como un titiritero de ultratumba manejaba el cuerpo de Nacho, que al internarse en el bosque adquirió la fiereza de un tigre y la frialdad de una máquina. Le dejó la brújula a Cecilia, no porque creyera que la necesitaba más, sino porque se sentía más cómodo guiándose con el sol que se colaba entre las ramas de los árboles. Sus pasos eran en extremo silenciosos, habilidad que no debía a la magia sino a su largo peregrinar a través de los siglos. No pasaron quince minutos cuando sintió la presencia de la primera patrulla que se acercaba a su encuentro. Los hombres eran sigilosos, un oído bien entrenado no hubiese podido escucharlos, pero los de Nacho eran mucho más que oídos bien entrenados. Se escondió tras un alerce y esperó. Rumbo a su posición se acercaban dos soldados vestidos con uniforme de combate negro y chaleco de kevlar, armados con M16, y separados por tres metros uno del otro. Cuando el primero pasó a su lado, él lo tomó por atrás y quebró su cuello en dos rápidos movimientos. El segundo no vio ni escuchó nada, pero empezó a buscar a su compañero. Ignacio dio la vuelta por su espalda y lo mató con la misma facilidad que al otro, justo cuando handy en mano estaba por informar de la ausencia. Luego se tomó un minuto para mirar los cuerpos sin vida tirados en el suelos del bosque, y desvistió al que más se le parecía en contextura física para ponerse su uniforme. El asesino era Orsis, por supuesto, no él. Reanudó la marcha y se preguntó por los dos hombres que acababan de morir bajo su mano. El lugar común: ¿serían padres? ¿Serían hijos? La respuesta llegó a través de siglos de luchas: Eran soldados. No importaban los motivos que hubiesen tenido para llegar a esa situación, arriesgar la vida era su trabajo, y en su cumplimiento la habían perdido. Ya no estaban en la comodidad occidental, presente en el pueblo de Trevelin a escasos cinco kilómetros de aquel lugar. Eran las leyes de la evolución las que los gobernaban ahora: el capaz sobrevive y el que no se adapta desaparece. Si esos hombres no querían matarlo era porque los intereses de quien les daba las órdenes incluían mantenerlo vivo. De ser atrapado lo ejecutarían en uno o dos días, cuando ya no les sirviera para nada. Todo este razonamiento asqueaba a Ignacio, pero la experiencia de Orsis, tan repulsiva en este momento, sabía que era cierto, y que el orden burgués de la sociedad en que se había criado era apenas una mentira inventada para contener a las masas. En ese momento un llanto interrumpió sus cavilaciones.

(Continúa…)


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Atenea
1 Septiembre 2008, 16:33, Reportar este Comentario dulce-atenea dijo

ufff me voy volando a la otra parte……

:)

M. J. Howlin
1 Septiembre 2008, 16:36, Reportar este Comentario mjhowlin dijo

Vaya, vaya!

28inviernos
2 Septiembre 2008, 09:50, Reportar este Comentario 28inviernos dijo

Recien ahora lo pude leer Cain!! aprovechando que esta todo re tranqui aca en la office!!

Sigo leyendo!!!!

; )

P.D. le paso un amargo!!

M. J. Howlin
2 Septiembre 2008, 10:10, Reportar este Comentario mjhowlin dijo

Muchas gracias 28! Lo necesitaba!

28inviernos
2 Septiembre 2008, 10:14, Reportar este Comentario 28inviernos dijo

toy terminando con la segunda parte….. : )

Che… que no es microfono!!! pasame el mate!! juajua

M. J. Howlin
2 Septiembre 2008, 10:18, Reportar este Comentario mjhowlin dijo

Ahi va. Cambiale un poquito la yerba.

marta, la paragua
2 Septiembre 2008, 13:52, Reportar este Comentario marta, la paragua dijo

Dos cosas…

Hubiera jurado que el sensible, el que recordaría la época de amistad,el que demostraría más debilidad , hasta llegar a los celos!!!sería Nico y no Gastón…se me desviaron un poco los personajes…pero fué bueno, tal ves sea el punto débil

Por otro lado , me encanta que hayas puesto a mujeres como guerreras, inteligentes, heroínas, por lo menos en parte importante de la novela…
Sigue buenisimo,ágil y espectante… y no adelantaste nada como prometiste…eh????
besitos

M. J. Howlin
2 Septiembre 2008, 14:26, Reportar este Comentario mjhowlin dijo

Marta: Yo creo que ambos personajes son en extremo pasionales, pero la diferencia, que fue lo que vi al momento de componerlos, es que mientras que Nico tiene una vida afectiva intensa en el presente, siendo para él las personas más importantes Ariel, Sofía y Victor. En cambio, Gastón, si bien tiene poder y dinero, sufre de un déficit afectivo importante, y es en ese sentido en el que está más expuesto a la nostalgia por los tiempos pasados. Y en cuanto a las mujeres, bueno, sabemos que no son bichos fáciles de llevar jajajajaj!
Besos, Marta!

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