Punk (Capítulo XII)
La Emboscada
A la velocidad que llevaban el viaje desde Lago Puelo a Trevelin les tomaría unas dos horas. Ya había pasado poco más de una y pronto llegarían a Esquel, desde donde tendrían que desviarse y seguir hasta Trevelin. En
-… entonces Butch y yo nos metimos en una pequeña choza en San Vicente y provocamos al ejército boliviano para que abriera fuego. Apenas empezamos a sentir los disparos nos escapamos y vimos el resto de la escena desde un lugar seguro. ¡Tendrían que haber visto la cara del sargento que estaba a cargo cuando le dijeron que no había ningún cadáver! En forma oficial nos declararon muertos, así que pudimos volver a Cholila y vivir el resto de nuestras vidas en paz. No sé qué te habrá parecido a vos, Ari, pero a mí me causó mucha gracia ver a Robert Redford y Paul Newman haciendo de nosotros, y ni hablar de esos soldados bolivianos que parecían escapados de México.
-Yo recuerdo el entusiasmo de Esteban cuando la vio –dijo Ariel-. Te juro que se meaba de la risa.
-Todavía no podés hablar de tus antecesores en primera persona, ¿No? –preguntó Cristina.
-Me cuesta, considerá que apenas llevo un día con todo esto encima. Lo que me asusta, y se lo dije a Nico, es que nos vamos quedando sin recambio. Fijate: nosotros tres somos Otaru desde ayer; Nacho desde hoy. No hubo tiempo de designar sucesores. Si por una de esas vamos cayendo, nos quedarían sólo Fer y Ceci, y después comenzaríamos a perder la línea. Y para lo que tenemos que hacer es preciso que estemos todos; si falta alguno ellos ganaron. No lo podemos permitir.
-Ya vienen –dijo Sofi, y señaló al frente del camino-. Allá.
Unos faros se acercaban a ellos a un kilómetro de distancia. Sofía fue clara: Abraxas venía a bordo. Lo que tuvieran que hacer había que hacerlo ahora. Era tiempo de practicar el plan de escape. Aún no llegaban a Esquel, pero ya estaban bastante cerca de Trevelin como para abrir un pequeño ojal por el que pasar de a uno hasta la orilla del Río Percey. La encargada fue Cristina, que conocía la dificultad de sostener un ojal desde un origen móvil a un destino fijo. Primero lo atravesaron los chicos, seguidos de Sofía, cada uno con un bolso encima. Nico y Ariel repartieron armas a medida que cruzaban. Para cuando
Cuando volvió en sí estaba acostado en un catre o algo parecido, en el interior de una casa rodante. Una silueta negra estaba sentada junto a él. A su espalda entraba la primera claridad de la mañana, ocultando a Nico su rostro. Calculó que serían no menos de las ocho. Si era así había perdido al menos toda una noche. Se preguntó qué habría sido de los demás, si habían logrado escapar, si habían encontrado a Orgal. Se acordó de Armando con el cráneo ensangrentado contra el techo de la pick up: el viaje había terminado para él. Ariel seguía con vida y no muy lejos: eso lo podía sentir. Salvo Armando, los demás también estaban con vida. En los últimos dos días había sentido crecer de manera geométrica su percepción sobre quienes lo acompañaban. Antes tenía un poco, supo de la muerte de Víctor en el momento en que ocurrió, pero no se podía comparar con lo que alcanzaba a sentir ahora. Hasta él llegaba el eco de la inquietud de los suyos, la angustia por la muerte de Armando y la suerte de ellos, la incertidumbre por el camino a seguir, la determinación que crecía en Sofi. Y la impotencia de Ariel, vivo pero en problemas cerca de allí. Como él. Estaba esposado a la pared y no podía usar Magia. Era prisionero de Abraxas (no hacía falta ser Uisal para darse cuenta), y estaban a punto de interrogarlo. Por eso no se sorprendió cuando escuchó la voz de la silueta.
-Dormiste bastante, te hacía falta. Ayer tuviste un día largo. Tu amigo el que manejaba murió, de veras lo lamento, me hubiese gustado que no muriese nadie, pero no quedó otra. En realidad, el que abrió el fuego fue el librero, y los muchachos estaban calientes. Si yo no me metía a vos y a tu amigo los fusilaban ahí nomás.
-No jodas, Gastón, me necesitas vivo. ¿No cerrás un poco la ventana que me empieza a molestar el sol?
Gastón se paró y fue hacia la pared, cerró la persiana americana y desde una caja de llaves prendió la luz del interior del motorhome. Nico tenía que acostumbrar los ojos a la luz artificial, pero ya podía ver las facciones de su viejo amigo. Gastón salió por un momento de su campo visual y volvió un minuto después con un termo de acero y dos jarros de loza. Llenó uno de café humeante y se lo ofreció a Nico.
-Tomá. Yo voy a tomar una taza también, así no pensás que te quiero envenenar.
-No hay problema –contestó Nico mientras agarraba-. Lo peor que podés hacer es matarme, y no le tengo miedo a eso.
-No –dijo Gastón, y su mirada se clavó en los ojos de Nico, con una expresión seria y profunda-. Lo peor que puedo hacer es darte cascarilla.
Nico sonrió. Ese era Gastón, no había dudas. La vida (¿
-Esto es como en El Padrino –dijo-. Nada personal, sólo negocios. Lo del otro día en
-¿Y vos sabés qué es lo que está en juego?
-Tengo alguna idea, pero ante todo lo que me interesa es el poder. Soy pragmático y materialista, ya lo sé, y mis ideales, si alguna vez los tuve, quedaron por el camino. Pero desde chico quise estar en la cocina del poder, y jamás estuve tan cerca como ahora.
-¿Qué te prometió el Ser-Ocai? ¿Su lugar?
Gastón se sorprendió ante la franqueza de la pregunta de Nico. Pronto se rehizo y respondió.
-Sí. Don Sergio ya está viejo y cansado. Pero quiere retirarse con gloria, y Abraxas nunca estuvo tan cerca. Estamos a punto de cumplir el designio por el que
Esta vez el sorprendido fue Nico. Gastón se levantó y fue hacia el mismo lugar de donde había traído el café. Volvió con un pliego de tela del que sacó un cubo de ébano similar al que Juan le había dado a Ignacio.
-Cuando rastreamos ocho magos en la camioneta creímos que ya estaban todos, y por eso atacamos. Fue un error. Los datos que teníamos decían que
-¿De dónde la sacaste? –preguntó Nico con expresión sombría.
-De la casa de un matrimonio de Trevelin. Ellos tampoco cooperaron, y los muchachos perdieron la paciencia. La verdad es que ya se perdieron más vidas de las que quisiera, no soy un asesino y no me gusta esto, pero aunque el fin no justifique los medios no tengo más alternativa que cumplir con la tarea que me encomendaron. En un par de días conseguí mejores resultados que Abraxas en toda su historia.
-No te agrandes, que en todo caso el mérito no es sólo tuyo. Y por cierto, ¿qué te hace pensar que Don Sergio va a cumplir con su palabra?
-Don Sergio es como mi padre y me quiere como a su hijo. No puedo desconfiar de él.
-A ver, permitime que desvíe un poco la conversación. Si bien Abraxas no trafica armas ni drogas, sabemos que controla y coordina esas actividades a nivel mundial. Abraxas está en lo más alto de la cúpula, maneja todos los negocios, tanto legales como ilegales, al menos en Occidente. Entonces, si bien no les gusta la palabra “mafia”, y la reservan para los escalones intermedios, lo cierto es que se comportan como tal, y usan los mismos métodos que las mafias. Extorsión, asesinato, manipulación de la información, etc. Esto lo podés negar, pero sabés tan bien como yo que es cierto. Ahora bien, si Abraxas es el escalón superior de
-No sé. Eduardo se borró después de lo de mis viejos. Don Sergio dice que les debía plata.
-Claro. Muy conveniente. Y supongo que tu viejo jamás tuvo conocimiento de la existencia de Abraxas, ¿verdad?
-Verdad. –Gastón comenzaba a perturbarse- ¿A dónde querés llegar?
-A que Don Sergio te mintió a vos como le miente cada día al mundo entero. Al accidente lo provocaron, tu familia fue fusilada y vos sos un trofeo de guerra.
-¿De qué hablás hijo de puta?
-Lo que oís, Gastón. Tuve que investigar mucho a Don Sergio para enterarme que era el Ser-Ocai, y en el medio apareció tu historia. Podés estar orgulloso. Gonzalo Rivera fue uno de los miembros más jóvenes, talentosos e implacables de Abraxas. Siempre mantuvo el perfil bajo. Vivía en la casa de sus padres, nunca ostentaba su inmensa fortuna y jamás hablaba con nadie de sus actividades en el poder, pero tenía una ambición imparable que sin dudas vos heredaste. Bah, imparable es una forma de decir. La paró Sergio Brandán cuando vio que el pendejo le afanaba las posibilidades de ser el siguiente Ser-Ocai. Primero liquidó de un plumazo a Rivera y toda su familia, y después se encargó de envenenar de a poco al Ser-Ocai y ganarse su confianza para tomar su lugar. Hay que reconocer que su plan fue milimétrico, y el detalle del veneno, con toda la tradición que tiene, es digno de destacar. La cuestión es que creciste víctima de las mismas prácticas que luego aprendiste a usar. Muy rico el café, ¿es de por acá?
Gastón miraba a Nico y era furia lo que había en sus ojos. Furia con su viejo amigo por lo que le decía, pero también consigo mismo por no haberlo pensado antes. De hecho, siempre había tomado la versión de Don Sergio como dogma, jamás se planteó siquiera el cuestionar sus palabras. Ahora Nico le había metido la puta idea en la cabeza, y en un momento como éste era lo peor que le podía pasar. Fingiría que no le pesaban las palabras de Nico, claro, pero los dos sabrían que no era cierto. Ahora sólo podía seguir adelante con esta nueva carga.
-Es
-Sé más de lo que imaginas y menos de lo que quisiera. Los grabados se hicieron mucho después que las cajas. La que tenés en las manos fue grabada en China alrededor del
-Ves, eso es lo que me gusta de vos, siempre fuiste un libro abierto. Mirá, no quiero parecer cínico. No puedo evitarlo, soy bastante cínico de hecho, pero prefiero tener el recuerdo del amigo que guardé durante veinte años y no la imagen del adversario que tengo desde hace dos días. No estoy acá para interrogarte, no tiene sentido. Sé que no me vas a decir nada y tampoco tengo los huevos para torturarte, la verdad es esa. Yo voy a salir de acá mucho más herido que vos ahora. Pero no te puedo soltar. No entiendo muy bien cómo funciona la magia de ustedes, pero hasta dónde sé, para activar
-Bastante. Pero no los subestimes como me subestimaste a mí. Tienen muchas más batallas encima que cualquiera que conozcas. Cuidá bien a tus hombres, mejor.
-Los cuido bien, no te preocupes. Tengo unos cuantos chiches acá para esperarlos. Detectores de movimiento, sensores de temperatura, un bloqueador central del que dependen todos los demás y que permite evitar cualquier tipo de actividad mágica hasta en un kilómetro a la redonda, un despelote de tecnología, mirá. Y veinte hombres armados hasta las pelotas vigilando la zona. Y O’Malley a cargo de todo eso. Sabés, al principio no me caía bien O’Malley, pero el tipo me cerró la boca. Es un verdadero profesional. Morgan, el Jefe de Seguridad de GlobalMedia, que estaba a cargo cuando llegamos, lo primero que hizo en cuanto me descuidé fue perderlos a ustedes en la ruta. Ahí nomás O’Malley tomó las riendas, me recordó que tenía tu número de celular y organizó todo para que pudiéramos agarrarlos y conseguir el fragmento de
-Te agradezco mucho, pero no creo que los vayamos a necesitar.
Gastón lo miró con intriga.
-¿Por qué?
-Si vos ganás lo más probable es que nos maten, de modo que no tendríamos oportunidad de usarlos. Y si ganamos nosotros, bueno, no creo que los vayamos a necesitar.
La respuesta de Nico no conformó a Gastón, pero estaba claro que no le iba a sacar mucho más, así que decidió cambiar de tema.
-Hablando de Sofía, me sentí un poco decepcionado cuando me enteré de tu relación con esta chica. No está bien soplarle la novia a un amigo, quiero decir.
-Yo no le soplé la novia a ningún amigo. Sofía y yo somos como hermanos, y ella y Ariel están juntos y se quieren, y yo no tengo nada que ver entre ellos. Por otro lado, ahora comprendo bien que la exclusividad en el amor es parte del concepto de propiedad, un invento social creado para garantizar el uso exclusivo de un bien por parte de aquel que lo reclama. No, Sofía, Ariel y yo somos libres, y los tres lo entendemos así. Si tu idea es hacerme reaccionar, mejor andá buscando otra cosa.
-No te enojes, no es eso lo que busco, y tampoco es que me importe demasiado. Era para decir algo nomás. Aunque para que no pase nada hiciste demasiado escándalo cuando te mencioné el tema. Lo que sí te voy a contar es que tu amigo está bastante jodido. Vos la sacaste barata, no te hiciste nada en el choque, y apenas si saliste con un par de golpes. Ariel, en cambio, perdió bastante sangre, y todavía no se despertó. Lo estamos cuidando bastante bien, pero todavía no hay garantías de nada, y te imaginás que llevarlo al hospital es una alternativa que no está en mis manos. Además, el hospital está en Esquel y la diversión está acá.
-Quiero verlo. Le hacés algo y te mato.
-Ves, eso me duele. Me duele porque me tratás como si fuera un asesino a sangre fría, y me duele más porque yo fui tu mejor amigo en una época y jamás me defendiste de esa manera. No digo que las circunstancias sean las mismas, pero uno tiene su corazón, che.
-No jodás, Gastón, por favor. Dejame ver a Ariel.
-No puedo, en serio. Está bien cuidado y fuera de peligro, pero no puedo dejar que se vean…
-Entendeme, yo puedo curarlo.
-Sí, pero para eso tendría que apagar el bloqueador, y no me puedo permitir ese riesgo. No, lo lamento en el alma, pero te vas a tener que conformar con mi palabra. Ahora descansá. Si querés te puedo traer una revista, tengo
Gastón se fue dejando a Nico esposado, con la palabra en la boca y sin nada para leer. Nico volvió a acostarse, mantenía algunas capacidades de percepción, pero no podía hacer nada que lo sacara de donde estaba. Sólo quedaba esperar la oportunidad de actuar. Algo de lo que dijo Gastón era cierto: Sofía debía estar organizando el rescate. Era el primer día del invierno. Lo que fuera a pasar se resolvería esa noche
- 16 Comentarios
- Sin votos
- Reportar este Posteo


Caín!!!!!!!!!! Supongo que Nico y Ariel van a poder salir del lío en que están metidos… Supongo que Sofía se estará devanando los sesos para poder salvarlos… Supongo que podrán recuperar la cajita… Supongo que Gastón va a quebrarse y terminará ayudando al que parece haber sido el único amigo que tuvo en su vida… “Supongo también que supongo demasido” (ahí fue mi primer cita de un texto tuyooo!!!!! jaja)
Buenisimo el capítulo de hoy!!!!!! Besotes y buen findeee!!!
Pau