20 Agosto 2008 | Por M. J. Howlin | Claves: accion, capitulos, ciencia, cultura, fantasia, ficcion, filosofia, historia, informacion, literatura, magia, medios, novela, poder, prensa | # Enlace permanente |
La agresividad de la iniciativa de Constantino acusó inmediato recibo entre los Otaru y los Uisal. Y si bien el Imperio retrocedía, los bárbaros conquistadores adoptaban de a poco la nueva religión, garantizando la expansión de Abraxas por toda Europa. Entonces los Hermanos abandonaron la cúpula del Imperio para hacerse con la cúpula del Vaticano. Así en el norte, el fragmento de la Cosa Sin Nombre custodiado por Orsis volvía a estar en peligro, y se hizo necesario ponerlo a salvo. Alrededor del siglo VII y por encargo de Origo y Ocai, Odil partió a Escandinavia para reunirse con Orsis. Lo encontró luego de veinte años de peregrinar, y al unir sus poderes lograron establecer una precaria y fugaz comunicación telepática con los demás Otaru diseminados por el mundo. Entonces determinaron que el lugar más seguro para los cuatro fragmentos de la Cosa Sin Nombre sería allí hasta donde había llegado Orana: el Imperio Maya, lejos de toda influencia de Abraxas. El plan que trazó Origo era de ejecución larga y compleja, pero el tiempo estaba de su lado. Mientras Odil incitaba a los pueblos nórdicos a la expansión por sobre el renacido Imperio Romano de Occidente, Orsis haría lo mismo pero en dirección al norte, hacia las frías tierras de Groenlandia, y de allí hacia el Nuevo Mundo, donde se movería al sur hasta dar con Orana. Luego Odil volvería junto a Ocai para más tarde partir a China en la carne de un comerciante veneciano llamado Marco Polo. Se encontraría con Orgal y lo llevaría con su fragmento de vuelta a Europa. Después se ocultaría durante casi dos siglos, hasta que llegara su turno de zarpar rumbo a tierras mayas en una carabela llamada La Pinta, acompañando a otro explorador de nombre Cristóbal Colón. El turno de Orson llegaría cuando un barco de esclavos lo transportara encadenado a las costas de Nueva York, ya entrado el siglo XVII. Más de mil años duró la nueva migración de la Cosa Sin Nombre.
Pero mientras Odil recorría el mundo para reunir los fragmentos, Ocai y Origo distraían los sentidos de Abraxas, muchas veces derramando su propia sangre en el camino. Primero hicieron correr el rumor de que la Cosa Sin Nombre se hallaba en Jerusalén al cuidado del Islam. Fue el tiempo de las Cruzadas. Luego fomentaron las manifestaciones de la Magia en público para que Abraxas pusiera su atención en el enemigo interno y descuidara el remoto. Como respuesta nació la Santa Inquisición, infatigable perseguidora de Otaru y Uisal, y de todo aquel que se pusiera en el camino de la Orden. Durante varios siglos Ocai y Origo se acostumbraron a las muertes violentas precedidas de torturas inhumanas, y comprendieron que hasta a eso es posible acostumbrarse. Pese a todo, una vez superado el problema de los moros en España, Abraxas volvió a expandirse.
La noticia del descubrimiento de América y la posibilidad cada vez más cierta de que la Cosa Sin Nombre estuviera allí, sumada a las ideas del Renacimiento que nacían en Europa y a la tranquilidad de haber unificado el viejo continente bajo la sombra de la Iglesia, hicieron que Abraxas decidiera expandirse una vez más, esta vez hacia el otro lado del océano. Para ello fue designado Hernán Cortés como Ser-Ocai, mientras que otros altos dirigentes de la Orden permanecían en Europa cuidando los intereses políticos de los Hermanos. El joven y ambicioso Cortés sorprendió conquistando en poco tiempo el Imperio Azteca, pero nada más que eso obtuvo. Los dos fragmentos de la Cosa Sin Nombre que estaban allí por separado desde hacía siglos comenzaron a viajar al sur en cuanto Orgal con el tercer fragmento les llevó la noticia del arribo español. Sólo quedaba esperar a Orson, y a los otros tres Otaru. Origo comprendió que el mundo se volvía chico, y que la única alternativa para detener el avance de Abraxas sería reunir los cuatro fragmentos y despertar el poder de la Cosa Sin Nombre en toda su magnitud.
Francisco Pizarro reemplazó a Cortés como Ser-Ocai, y mientras Origo y Ocai, ya instalados en América, facilitaban la huida de Orgal y Orsis hacia el Río de la Plata, Orana debió esconderse en Machu Picchu, donde permaneció hasta comienzos del siglo XX. Europa ya comenzaba a sentir el impacto del Nuevo Mundo en su economía, y el Capitalismo se abría paso entre las viejas monarquías.
Mientras Pizarro terminaba con la resistencia del Imperio Inca y establecía el Virreinato del Perú, los Hermanos que permanecían en el Viejo Continente abandonaban la Iglesia para acomodarse a los nuevos tiempos y establecerse entre la burguesía. La Revolución Industrial dio el empuje que la Orden necesitaba para retomar sus ideales de la supremacía humana por sobre la naturaleza, y tanto los avances científicos como las nuevas escuelas de pensamiento cambiaban a toda marcha la fisonomía del mundo. Un cambio político a gran escala se hacía necesario, y tanto la Revolución norteamericana como la francesa resultaron pasos necesarios para conquistar este objetivo.
A principios del siglo XIX Rafael de Sobremonte, Virrey del Río de la Plata y Ser-Ocai de Abraxas, convino entregar a la corona británica los territorios de Buenos Aires y su zona de influencia. Para su sorpresa los lugareños resistieron el ataque con fiereza y los invasores fueron rechazados. Sobremonte fue destituido por primera vez en la historia como Ser-Ocai y volvió a España para ser juzgado. La dignidad de Ser-Ocai recayó entonces sobre Juan José Paso, quien actuó durante años como funcionario de segunda línea pero desde allí fomentó la independencia política, más no comercial, de los pueblos de América del Sur. Abraxas ya había decidido que el Cono Sur se encargaría de la provisión de materias primas para el avance de la economía mundial, mientras que la industrialización de las mismas quedaría a cargo de Europa y América del Norte.
El control que ejercía Abraxas sobre la información circulante ya no alcanzaba. Se hacía necesario educar a las masas para consolidar este control. La política de educación masiva partió desde uno de los más grandes Ser-Ocai de la Orden, Domingo Faustino Sarmiento, y permitió en todo el mundo moldear ciudadanos preparados en la medida justa para lo que se los quería utilizar: una educación para obreros, otra para comerciantes y otra para gobernantes. El éxito fue tal que apenas una generación más tarde hasta los encargados de escribir y difundir las versiones oficiales de la Historia estaban convencidos de que lo que enseñaban era la verdad.
(Continúa…)
Me encanta como te vas entrelazando con la historia de la humanidad…. Mucho talento hay aca!! de verdad
Beso grande!!