20 Agosto 2008 | Por M. J. Howlin | Claves: accion, capitulos, ciencia, cultura, fantasia, ficcion, filosofia, historia, informacion, literatura, magia, medios, novela, poder, prensa | # Enlace permanente |
Mientras tanto, en una azucarera de Montana, al norte de los Estados Unidos, Orson se sentía prisionero. Ya no era esclavo, pero no sería fácil para un negro solo embarcarse en un viaje hacia el sur del continente. Ni siquiera para dos. Mediante un gran esfuerzo logró comunicarse por telepatía con Ocai, y allí fue el buen Odil una vez más a buscarlo. El mundo ya era pequeño, las comunicaciones eran cada vez más rápidas, y acababa de comenzar el siglo XX. Odil estaba en su camarote del cuarto vagón del Great Express cuando escuchó disparos acercarse. Una banda de pistoleros asaltaba el tren, y el quedó en medio del fuego. Para este tipo de situaciones solía dejar a su sucesor junto a Ocai, en caso de que muriera por el camino, pero esta vez tuvo una mejor idea. Mediante un engaño se las ingenió para dejar su Shabot en el líder de la banda, y de esa manera rodearse de un pequeño ejército que le allanara el camino que tenía por delante. Por supuesto, cuando les comunicó sus intenciones a sus compañeros, estos se convencieron de que se había vuelto loco. Aún así Etta y el Kid lo acompañaron en su nueva aventura. De este modo Butch Cassidy se embarcó en el rescate del viejo Orson que clamaba por su ayuda.
El rescate se llevó a cabo sin inconvenientes, pero Orson, viejo y enfermo, murió a los pocos días. Harry Longbaugh, alias Sundance Kid, tomó su lugar, y el trío se puso en camino a Sudamérica. Antes de llegar a Argentina hicieron una escala en Perú, y en el aún no descubierto Machu Picchu recogieron a Orana, que a partir de entonces tomó el cuerpo y la identidad de Etta Place, la amante del Kid. Perseguidos por la Agencia Pinkerton, no tuvieron mucho tiempo para pasar con Ocai y Origo en Buenos Aires. Orsis y Orgal ya habían marchado rumbo a la Patagonia, uno de los últimos lugares vírgenes del planeta, donde sin embargo ya llegaba la civilización occidental, merced al oficioso trabajo realizado por el entonces Ser-Ocai de Abraxas, General Julio Argentino Roca. Odil, que también era Butch, decidió quedarse junto a Orana y Orson, al menos en tanto conservaran esos cuerpos. Esto duró hasta entrada la década del ’30, cuando un Butch Cassidy de sesenta y nueve años murió dormido en su cama de la localidad de Cholila, casi treinta años después de fraguar con la ayuda de un ojal su caída en Bolivia junto a su compañero de toda la vida, Sundance Kid.
Los cuatro fragmentos de la Cosa Sin Nombre quedaron por primera vez en milenios separados por apenas unos cuantos kilómetros, esperando el momento adecuado para reunirse. Pero Abraxas no había dormido durante este tiempo. La masificación de la electricidad como fuente de energía y el descubrimiento de la radiación emitida por la Magia por parte de los esposos Curie habían sido dos hitos importantísimos en la historia de la Hermandad. Por otro lado, la publicación de los estudios de Charles Darwin y Sigmund Freud, sumados a los de Galileo en su momento, habían significado duros golpes a la idea de la supremacía universal humana. La globalización había comenzado, y si bien Abraxas tenía miembros en los gobiernos de los países más importantes del mundo, luego de la crisis de 1930 se hizo evidente que el poder real ya no se encontraba en los despachos de los presidentes, sino en los directorios de las multinacionales. De ellos tomó el control Abraxas, y se interesó de manera particular por los medios de comunicación. La posesión de estos le dio a la Orden poder absoluto sobre los contenidos que llegaban al gran público, y cuando la televisión hizo su aparición triunfal, la influencia de los Hermanos sobre la civilización se hizo completa e ineludible. La invención de los detectores y bloqueadores facilitó su cruzada contra los Uisal, y a mediados de siglo, cuando las bases de la informática quedaron sentadas, Abraxas comprendió lo cerca que se hallaba de lograr su ideal de un mundo regido por la tecnología humana. Su embestida contra los Uisal fue terrible. Cualquiera que resultara sospechoso era tildado de subversivo o comunista y era suprimido. En América Latina y determinados lugares de África y Asia se instauraron regímenes totalitarios dedicados casi con exclusividad a la eliminación de todo elemento peligroso. Países considerados irrecuperables como Haití fueron condenados a la pobreza de todos sus habitantes y presentados ante la sociedad como practicantes de la “magia negra” y “vudú”, como si la magia viniera en colores. El poder de la Orden creció en forma geométrica, y aunque los Hermanos siguieron siendo sesenta y uno, formaron pequeños ejércitos armados con tecnología de punta en cada país donde se asentaron.
El final del siglo XX encontró a los dos grupos posicionados como nunca antes lo habían estado, y listos para enfrentar la batalla más importante de la Historia. Pronto se cumplirían cincuenta mil primaveras desde el día de la división de la Magia y la creación de la Cosa Sin Nombre, y las piezas estaban sobre el tablero. Si Abraxas lograba destruir los fragmentos la victoria sería suya, y la Magia desaparecería de la Tierra y sería reemplazada por la frialdad de la tecnología humana. Desaparecerían entonces las artes, los sentimientos y con el tiempo hasta las emociones. Salvo que antes de eso los Otaru lograran reunir los cuatro fragmentos de la Cosa Sin Nombre.
Creo que ya te dije todo en mi comment anterior….
Muy Bueno mi amigo!!