19 Agosto 2008 | Por M. J. Howlin | Claves: accion, capitulos, ciencia, cultura, fantasia, ficcion, filosofia, historia, informacion, literatura, magia, medios, novela, poder, prensa | # Enlace permanente |
La Verdad
En el comienzo fue la Magia. La idea del Vacío da vértigo, pero antes de que echara a rodar el tiempo, antes de que creciera el espacio, reinaba la Nada. La Magia nació como una chispa, una insignificante chispa de luz en la interminable Nada. Y se hizo grande. Y comenzó a crear. Y cuando no hay nada, hay que crear todo.
De manera que creó sus propias reglas. Las hizo tan rígidas y severas que sólo ella podía romperlas. Mucho más tarde las llamaron Física y las revistieron de lógica, pero jamás advirtieron el capricho inicial de semejante perfección. Luego de crear sus reglas, la Magia creó mundos. Sujetó estos mundos a sus reglas, única manera de conservar el orden, pero les dio el permiso de transgredirlas con su venia cuando se hiciera necesario. En estos mundos la Magia concibió el Milagro Supremo: la Vida. Depositó en pequeñas, insignificantes unidades de materia, un fragmento minúsculo de su Chispa Inicial. Y las echó a andar. Y las vio crecer. Y reproducirse, y cambiar. Y muy pronto tuvo mundos llenos de vida, de frondosas vegetaciones y variados animales, y de cosas que no eran ni lo uno ni lo otro. Especies aparecieron y desaparecieron, todas bajo el cuidado y la protección de la Magia, que las escogía con cuidado para su evolución o su extinción. Más tarde la llamaron Naturaleza, y a alguien se le ocurrió separarla de lo divino y negar que sean la misma cosa.
Mientras tanto, en todos los mundos en que la magia lo permitió, la vida se abrió camino, transitando senderos que ni la misma Magia hubiese podido prever. Una tarde de primavera en un lugar que algún día sería llamado África, un pequeño animal tomó una piedra y la usó para matar a otro más pequeño. Casi por casualidad, el hombre había creado la Tecnología, que daría paso a la Cultura. Primero mató reptiles y roedores, luego perfeccionó la práctica y aprendió a fabricar rudimentarias armas con filo que le servían no solo para defenderse de animales más grandes sino incluso para atacarlos. La Naturaleza (la Magia) no había dotado al hombre de poderosas garras, largos dientes o gran agilidad. Sin embargo, la Magia (la Naturaleza) había permitido que se desarrollara en él la más útil y poderosa herramienta: la capacidad de pensar.
Contra todo pronóstico aquel pequeño primate prosperó y evolucionó. Sus manos se hicieron más hábiles, aprendió a cazar y a emboscar a sus presas. Luego llegó el momento de enfrentar el desafío más grande. Las temperaturas bajaron, cada vez había menos comida, y niños y ancianos morían de frío. Los hombres quitaron la piel a sus presas y confeccionaron ropa, pero pronto esto no fue suficiente. La solución llegó de manera trágica durante una tormenta. Mientras los cazadores buscaban alimento sus familias se habían refugiado bajo un añoso árbol Un relámpago cayó sobre ellos y mató a cuatro mujeres y seis niños. El dolor por la pérdida fue mitigado por el descubrimiento del fuego. Al amparo de aquel viejo sauce el clan entero obtuvo calor y defensa, y resultó claro que del dominio del fuego podría depender su supervivencia. Dos cazadores, cada uno por su lado, creyeron posible lograr la hazaña, y pusieron todo su esfuerzo en ello. Sus nombres eran Abraxas y Otaru.
Siete años tardaron en conseguirlo, y una noche de invierno, cuando parecía que el clan estaba condenado, ambos lo hicieron. Pero sus métodos fueron bien distintos. De dos piedras Abraxas hizo nacer la chispa que prendió la hoguera. Otaru creó la hoguera con sus manos. A partir de entonces, el clan quedó dividido. Abraxas y sus hermanos sostenían que si ellos solos habían logrado dominar a la naturaleza, no necesitaban más que de ellos para sobrevivir. Otaru sostenía que había encontrado una riquísima fuente de poder que les permitiría no sólo sobrevivir sino dejar de preocuparse por la escasez de recursos y tal vez, aunque no entendía bien lo que esto significaba, gozar de la vida. La enemistad entre ambos líderes era cada vez más manifiesta. Otaru descubría más y mejores secretos de la Magia, y transmitía este conocimiento a sus siete hijos. Abraxas lograba mayor influencia en el clan, y pronto encontró en Otaru a un rival peligroso que debía ser eliminado.
El asesinato se cometió a la mañana y en público. Abraxas y sus hermanos se presentaron con el rostro pintado con sangre de tigre, y armados con cuchillos de largas hojas. Los Otaru no esperaban el ataque. Abraxas cortó la garganta del padre delante del clan en pleno, y se proclamó Señor. Con la misma sangre dibujó un círculo en la pared de roca, y dijo que eso era él. Luego dibujó una línea curva que salía del círculo y lo rodeaba, y dijo que ese era su brazo que poseía todo lo que abarcaba, y luego exigió tributo. En ese momento nacieron el Homicidio, la Política y la Propiedad. Abraxas decidió que era suficiente lo hecho por él y los suyos hacia la comunidad, y aprovechándose de su fuerza ordenó que todas las familias les entregaran una parte de lo que cazaban y recogían. Los hijos de Otaru quedaron horrorizados, y para salvar sus vidas, y la Magia que empezaban a dominar, tomaron una medida drástica.
Esa misma noche se reunieron en secreto en el bosque e hicieron converger todo el poder de los siete. Comprendieron que la Magia era demasiado como para reducirlo a una sola palabra, y de ese modo la Cosa sin Nombre obtuvo la denominación que la acompañaría por cincuenta milenios. Cuando al fin tuvieron aquello que concentraba la Magia del mundo de los hombres, la dividieron en cuatro fragmentos. Orson, Orgal, Orsis y Orana eran los hijos más jóvenes de Otaru, y en ellos cayó la responsabilidad de su cuidado, y de llevarlos a lugar seguro. Ocai, Origo y Odil se encargarían de vigilar a Abraxas y desviar su atención. Todos quedaron rodeados por un aura de un color distintivo, que sólo podían ver entre ellos y que serviría para identificarse cuando sus rostros ya no fueran familiares. Porque para evitar que un eventual asesinato dejara trunco el legado de los Siete, dispusieron que toda la experiencia, conocimientos y memorias de cada uno fuesen transferidos después de sus muertes a sucesores designados con anterioridad. Cuando todo estuvo listo, los Cuidadores partieron con sus familias en cuatro direcciones diferentes. Ocai, el Guía; Origo, el Planificador; y Odil, el Ejecutor, soportaron durante semanas el desprecio por la cobardía de sus hermanos, quienes huyeron a la primera oportunidad. Era necesario: tenían que ganar ventaja y alejarse todo lo que pudieran mientras no fuesen perseguidos. Esta situación no duró mucho tiempo: antes de que pasaran dos meses Abraxas mató a los hijos de Otaru que quedaban en el clan y mandó a sus hermanos a perseguir a los otros. En esta persecución se expandió la Humanidad.
Los de Orson llevaban bastante ventaja, y al menos en un principio conocían bien el terreno. Sus pasos los llevaron hacia el sur de África. Orgal dirigió a los suyos hacia el este, y ellos luego se inclinaron al sur, hacia Japón y Australia. Orsis y su gente poblaron Europa central y del norte. El clan de Orana también partió al norte, pero luego se desvió hacia el este. Fue el camino más largo: atravesó todo el continente asiático y luego cruzó por el estrecho de Behring para llegar a lo que algún día sería América. Sus descendientes llegaron hasta la Tierra del Fuego. Estos movimientos duraron generaciones, y a su paso establecían pequeños asentamientos que se convirtieron en el germen de la civilización humana. Los hermanos de Abraxas dieron caza en pocos años a sus perseguidos, pero sin obtener jamás un solo fragmento de la Cosa Sin Nombre, cuyo secreto era guardado con celo absoluto por los Otaru y sus sucesores. Pronto sucumbieron ellos también al impulso migratorio que el mismo Abraxas con su crimen había generado, y prestaron sus fuerzas al maravilloso fenómeno de la expansión del hombre.
(continúa…)
El Genesis….. Me encanto…..
No tengo muchas mas palabras….. Quiero Mass!!! jajajaj
Esto es un vicio Cain…..
Besos