Punk (Capítulo VII, segunda parte)

El tiempo pasó. Los clanes se convirtieron en pueblos, y los pueblos en naciones. Los hermanos de Abraxas, criados en la ambición, se habían convertido en gobernantes de esas naciones, y los Otaru, más espirituales, habían dado origen a los sacerdotes y a los Uisal. El poder real de estos rivalizaba con el poder nominal de los políticos, y se hizo preciso ponerle un alto. Hammurabi de Babilim fue el último descendiente directo del linaje de Abraxas, un linaje que se extendió por más de cuarenta mil años. Durante ese tiempo los hombres, bajo su influencia, habían hecho grandes progresos tecnológicos. Crearon la agricultura y los sistemas de riego, y se volvieron sedentarios. Dominaron la matemática y la astronomía. Descubrieron el metal como material de uso. Aprendieron a construir sus casas de materiales fuertes y resistentes, para que los protegiera tanto del frío como de una gran tormenta. Inventaron la escritura, y la forma de hacer perdurar las palabras. También mejoraron la calidad de sus armas, formaron ejércitos, y comenzaron a hacer la guerra entre ellos. Por cierto, Hammurabi fue constructor del primer imperio. Ambicioso e inteligente, conquistó todos los territorios dominados por el Tigris y el Eufrates. Luego se encontró con la dificultad que planteaba su administración. En los núcleos urbanos como Lagash, Uruk, o la misma Babilim el control de Hammurabi era total, pero entre los campesinos era más fuerte la influencia de los Uisal. Estos, que habían sido entrenados en la Magia pero no en los secretos de la Cosa Sin Nombre, cumplían la función de médicos y consejeros para aquellos que no podían pagarlos. También cumplían la función de jueces, al menos en las disputas entre vecinos. Hammurabi comprendió la amenaza que significaban para su poder, y decidió suprimirlos. Pero era astuto, y sabía que un exterminio masivo sólo provocaría mártires y seguidores. La experiencia de Abraxas seguía presente, a pesar del tiempo transcurrido. De manera que Hammurabi inventó el derecho. En una estela de piedra hizo grabar las 282 leyes que regirían sobre su tierra, seguidas de una serie de loas a su grandeza y maldiciones para quien lo desafíe. Todo esto adornado con una serie de invocaciones religiosas, ya que si bien Hammurabi era ateo, como buen descendiente de Abraxas había comprendido que la religión era el mejor instrumento para sujetar a los pueblos.

El Código, no obstante, representaba tan solo la mitad de la estrategia de Hammurabi. Era una herramienta de dominación, y mermaba por derecho algo del poder que los Uisal poseían de hecho. Pero el fin verdadero era eliminar de una vez a cada Uisal, a cada Otaru, y a la maldita Cosa Sin Nombre, e implantar el reinado del Hombre sobre la Tierra. Para ello fundó la Orden de los Hermanos de Abraxas. Los sesenta y un Hermanos que la formaban operarían en secreto. Ya que durante milenios los Otaru habían prosperado en las sombras, en las sombras los buscarían. Utilizarían todos los medios, se infiltrarían entre ellos, los identificarían y torturarían, y les arrebatarían el paradero de la Cosa Sin Nombre. Luego destruirían la Magia y elevarían el nombre de Hammurabi y de Abraxas hacia la Cima del Mundo. El mismo Hammurabi se proclamó Guía de la Orden, y tomó la denominación de Ser-Ocai. La ironía era perfecta: sin saberlo, Hammurabi asumía para sí el nombre de su enemigo.

Por supuesto que las cosas no resultaron tan fáciles para los Hermanos de Abraxas. El imperio de Hammurabi cayo, y él tiempo volvió a pasar, y las prioridades cambiaron. Luego de la caída de los asirios, el Imperio Persa se hizo fuerte en la región, y Babilonia se convirtió en el foco científico e intelectual de la Tierra. Pero cuando Darío I estuvo listo para conquistar la totalidad del mundo conocido, la derrota de Maratón y la posterior victoria de los griegos contra su avance pusieron fin a las ambiciones del Emperador. Entonces Abraxas se movió de la Mesopotamia al Mediterráneo, y con ellos la vanguardia de la civilización. El propósito de la destrucción de la magia permaneció firme, pero luego de pelear durante siglos entendieron que eso no serviría de nada sin una imposición del hombre por sobre la naturaleza. El progreso de la Humanidad se debía lograr plantándose en bases sólidas, tanto materiales como intelectuales. Y si el pensamiento era potestad exclusiva de los hombres, estos tendrían que pensar el mundo para poder hacerlo.

Por primera vez los emisarios de Abraxas decidieron mantener el perfil bajo y si bien su doctrina no logró hacerse eco en el mundo Helénico, ellos sí prestaron atención a lo que allí sucedía. Ideas como las de Sócrates, Platón y Aristóteles eran la semilla ideal para la sociedad que ellos querían fundar. Y en Macedonia, un pequeño país al norte de la poderosa Atenas, Arquelao I les otorgó por fin su puerta de entrada a occidente. Fue Arquelao quien sentó las bases políticas sobre las que años después Filipo II iniciaría la expansión de Macedonia. Ésta culminaría cuando su hijo Alejandro, al que la historia recuerda como Alejandro Magno, conquistó el mundo, o al menos la porción de él que conocía.

Así como la Historia siempre vuelve sobre sí misma, Alejandro, el más grande Ser-Ocai que jamás conoció la Orden, murió a los 33 años en Babilonia, cuna de Abraxas, luego de poner bajo su dominio cada territorio que había pisado. Su fantástico imperio no lo sobrevivió, y de inmediato los Hermanos volvieron la mirada hacia Cártago y Roma. Tras la victoria de ésta última encontraron allí buena acogida, y con su dirección la República dio paso al Imperio. El avance de la ciencia y la tecnología había llegado a un punto impensado, y los sucesivos Ser-Ocai, que a partir de Julio César recayeron en la figura del Emperador, creyeron por algún tiempo que el reinado idílico de Abraxas por fin había llegado, que el hombre había culminado su grandeza, y que por fin eran los dueños del mundo.

Lo real era que, después de dieciocho siglos de existencia, la Orden de los Hermanos de Abraxas había perdido la orientación. Los Otaru acompañaron con paciencia durante siglos el peregrinar de la Orden, muchas veces desde sus mismas entrañas, pero al menos de momento el peligro había pasado. Preocupados por su propia gloria y grandeza, los jerarcas de Abraxas se habían olvidado de la Magia y de la Cosa Sin Nombre. Los cuatro fragmentos de ésta, en tanto, se habían desparramado por todo el mundo, y no sería hasta siglos después que Ocai, Origo y Odil volverían a recibir noticias de ellos. Cuando llegaran, sabrían que Orana vivía el esplendor del Imperio Maya, que Orsis resistía el frío nórdico de la antigua Noruega, que Orgal sobrevivía en la China de la dinastía Han, y que Orson migraba hacia el sur de África junto al resto del pueblo bantú. En todos estos lugares la Magia florecía sin limitaciones, y sólo en el Mediterráneo debía permanecer oculta. Pero de momento, bastaba saber que Abraxas les había perdido el rastro. Por supuesto que los continuadores de los verdaderos y originales hermanos de Abraxas que salieron a perseguirlos hacía cuatrocientos ochenta siglos aún debían andar cerca de ellos, pero en eso no los podían ayudar.

La situación comenzó a cambiar cuando desde el Mar Muerto un Uisal de nombre Yeshua atrajo la atención del Imperio con su llamamiento a la revuelta popular y su afición por realizar en público pequeños pero llamativos “milagros” como curaciones instantáneas o multiplicación de alimentos. Desde Roma, el César (el Ser-Ocai) ordenó la ejecución inmediata del alborotador, la cual fue cumplida en Jerusalén durante la Pascua Judía, pero para entonces ya era tarde. Jesús había dejado discípulos y seguidores, y estos habían empezado a llamarlo “Cristo”, el Mesías tanto tiempo esperado. Abraxas despertó de su letargo, y las persecuciones y matanzas de cristianos se hicieron algo común a lo ancho del Imperio. Mientras tanto, el cristianismo crecía. Los Hermanos ya no sabían como controlar la plaga, y durante casi trescientos años intentaron en vano detener el maremoto con diques de papel.

Fue Constantino el Grande quien en el siglo IV encontró la solución al dilema, y con ello dio origen al mundo moderno. Su táctica fue dejar de perseguir a los cristianos e incorporarlos al Imperio. Fue más allá aún: incorporó el Imperio al cristianismo y convocó al Concilio de Nicea, el cual declaró la divinidad de Jesús y sentó las bases sobre las que se desarrollaría la naciente religión. De esta manera, cristianos y paganos quedaron sometidos a la autoridad del César, todos uniformados bajo el nuevo credo católico. Los ciudadanos del Imperio le debieron ofrecer lealtad y tributo a la nueva iglesia de manera progresiva e inexorable. Y para lograrlo se puso en práctica el gran recurso de Abraxas en la Nueva Era. Constantino comprendió que la información era el gran recurso de la élite, vedado para las clases populares. Entonces, si liberaba hacia las masas determinada información, no en todos los casos cierta, pero que resultara funcional a sus propósitos, podría lograr un control sobre el público que ni siquiera la fuerza militar sería capaz de darle. Al utilizarla como herramienta de sometimiento voluntario basado en el orden divino, Constantino perfeccionó el concepto de religión. De manera que por un lado, y en su carácter de Ser-Ocai, ordenó a treinta de los Hermanos escribir las bases de un dogma en la que el sacrificio y la humillación ante los poderosos fuesen bien vistos a los ojos de Dios, mientras que el goce y el bienestar resultaran pecados mortales pasibles de condenación eterna, como también lo seria la duda (o falta de fe), la cual llevaría a cuestionar el dogma y poner en peligro las nuevas estructuras de dominación. Del mismo modo decretó Constantino la divinidad de Cristo, y las torturas a las que fue expuesto como muestra del sufrimiento por Él padecido para expiar los pecados de la Humanidad, y como ejemplo a seguir por los fieles: si Él sufrió tanto para redimir nuestras almas, ¿Qué derecho tendríamos nosotros a no hacerlo?.

La tarea de los treinta Hermanos restantes fue por cierto más penosa y delicada, y tardó cientos de años en ser llevada a cabo. A ellos les correspondió la revisión, corrección y/o destrucción llegado el caso de cada libro existente en cada biblioteca del mundo. De esta manera, la Historia escrita por los historiadores sería reemplazada por una Historia Oficial, aprobada por la Orden de los Hermanos de Abraxas, en la que la existencia de la Magia quedaba limitada a los mitos y leyendas, y eliminada para siempre de la Realidad.

La victoria de Constantino fue completa. Si bien durante su gestión no hubo ningún progreso en la búsqueda de la Cosa Sin Nombre, nunca antes un Ser-Ocai había obtenido los resultados que él llevó a cabo en su reinado. Como testamento, Constantino dejó un Manual para Gobernantes lleno de enseñanzas que en el siglo XVI fue filtrado y, con modificaciones correspondientes a la actualidad de ese momento, publicado por Niccolo Macchiavelli bajo el título de “El Príncipe”.

(Continúa…)


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28inviernos

Te cuento que ya se lo recomende a mi papa y estoy juntando todos los capitulos para que se lo lea de corrido….

Muy muy muy muy bueno… estoy enganchadisima!

Besis

M. J. Howlin
19 Agosto 2008, 16:01, Reportar este Comentario mjhowlin dijo

Bueno, muchas gracias 28! Tu viejo no será agente literario no?

28inviernos

nones… :D

Este tipo de historias le encantan!!! Las de Dan Brown le enloquecen, se esta leyendo todos los de Wilbur Smith y hasta leyo junto con mi hermano y conmigo todos los de Harry Potter…

bibi
19 Agosto 2008, 16:20, Reportar este Comentario bibi dijo

Y para ser primeriza es largo !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! y está bueno caínnnnnnnnnnnnn.. Te leo te leo viste???????????????””””
besos miles
Bi

M
19 Agosto 2008, 16:23, Reportar este Comentario mochuelo dijo

Listo el pollo.
Y no digo pelada la gallina porque usté es un terrible malpensado.

:-) ))

M. J. Howlin
19 Agosto 2008, 16:44, Reportar este Comentario mjhowlin dijo

Bibi: Pero no empieces por acá, che! Andate al otro blog, que tengo cosas mas cortitas y copadas!
Mochu: usté me conoce, que le va a hacer…

blueflowers

Hola Cain!!! Menos mal que Ud ya tomo sus precauciones!!! porque esta historia esta muy muy buenaaaaa…..no sea cosa que se la choreen !!!
bESOTES nene!!!

20 Agosto 2008, 09:30, Reportar este Comentario almamenta dijo

Cain… no me lo imaginaba cuidandome digo. por el uso de la palabra descuido. le cuento. tengo 10 marcas en Mustafa del granizo del toor pero bueno. despues le cuento como me fue. gracias por pasar

M. J. Howlin
20 Agosto 2008, 11:27, Reportar este Comentario mjhowlin dijo

Gaby: Tomadas están, si no no lo publico ni a gancho.
Alma: Gracias por pasarte. No es que te cuide exactamente a vos, pero si, en todo caso, cuidar de tu simpatía. Espero que los bollitos no sean graves. Beso!

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