Punk (Capítulo V, segunda parte)
Víctor vivía en el segundo piso de un edificio de seis. Disponía de un grupo electrógeno para emergencias, pero era evidente que el apagón no había afectado a Barrio Norte. Sofía le quitó la remera a Ariel e improvisó un torniquete con ella. Pronto comprendió la importancia de no dejar manchas de sangre en el palier, así que con mucho cuidado ayudó a Ariel a llegar al ascensor. Cuando estuvieron todos subieron juntos al departamento.
-¿Cómo hiciste eso? –preguntó Nico.
-Es un truco bastante sencillo, aunque no lo creas –contestó Víctor.
-¿Y por qué no lo hiciste antes, entonces?
-Porque no podía, lógico.
Entraron al piso de Víctor y pusieron a Ariel boca abajo sobre un sillón. Él estaba bastante incómodo, pero no era de eso de lo que se quejaba. Sofía buscó una tijera en un mueble y cortó sus jeans para sacárselos, de modo que quedó vestido sólo con las zapatillas, las medias, el slip y la gorra de los New Yorkers con la visera para atrás. Hubiera resultado gracioso de no ser por el agujero de bala que aún sangraba en el muslo derecho.
-Hay que hacer algo con esto –dijo Sofi-. Todavía tiene la bala adentro.
-Dejame a mí -dijo Víctor. Sofi ya le había sacado la remera ensangrentada de la pierna. Víctor le dio a Ariel un almohadón para que mordiera y luego limpió la herida con agua oxigenada y gasa que Sofía diligente ya había traído del botiquín del baño. Entonces apoyó la palma ahuecada de su mano derecha sobre la herida y fue retirándola con lentitud, como si tirara de un hilo invisible. Una munición de plomo ensangrentado salió del agujero, y cuando volvió a limpiar la zona vieron que la herida se había cerrado. Ariel, que hasta entonces había estado ahogando sus gritos con la cabeza metida dentro del almohadón, se asomó y preguntó:
-¿Qué me hiciste, jefe? Ya no me duele.
Sofía lo estrechó entre sus brazos y lo besó en la boca. Ariel la recibió con gusto y luego se incorporó en el sillón para devolver el abrazo sincero que venía a darle Nico. Una vez finalizadas las expresiones de cariño, Nico se levantó para decir las palabras que pedían a gritos ser pronunciadas.
-Bueno, jefe, me parece que tenés unas cuantas cosas para explicar.
Antes de hablar Víctor les pidió paciencia e hizo dos llamadas por teléfono. Ariel fue a limpiarse la sangre al baño con ayuda de Sofía (aunque podría haber ido solo; ya ni siquiera rengueaba) y Nico le buscó ropa limpia en el placard de la habitación. Cuando volvieron, Víctor agarró cuatro vasos y un pequeño libro de
-Empecemos por algún lado. ¿Quién nos perseguía?
-Soldados de Abraxas –contestó Víctor.
-¿Abraxas? –casi gritaron Nico y Ariel al mismo tiempo, sorprendidos por el nombre que ya conocían pero hace años no escuchaban. Luego preguntó Ariel solo- ¿El mismo Abraxas de Demian?
-Ah, sí, el viejo y buen Hesse, Premio Nóbel de Literatura y toda la bola. La estrategia es bárbara. Como era imposible que el nombre de Abraxas no se filtrara por algún lado se desvía la atención haciendo creer que es algo opuesto a lo que en realidad es. Hacia afuera la pintaron como una divinidad, relacionada con prácticas mágicas, que reunía en sí tanto el bien como el mal. Tal vez esto último sea lo único más o menos correcto. Abraxas no es ni buena ni mala, sólo tiene sus propios intereses. Y nosotros nos ocupamos de que no los cumplan.
-Bueno –dijo Sofía-, eso abre dos cuestiones: qué es Abraxas y quiénes son “nosotros”.
-Muy bien. Abraxas es el gran motor de la civilización. Desde tiempos inmemoriales el avance del ser humano estuvo regido por el equilibrio de dos fuerzas opuestas y complementarias:
Nicolás miraba a su jefe de redacción, tal vez la persona a quien más admiraba, con una expresión entre risueña e incrédula. Él y Ari no habían vuelto a tocar el tema de Abraxas desde aquella picada en Los Pirineos, había quedado como un vago recuerdo que pronto se convertiría en anécdota, y a pesar de eso ahora tenía delante de él esa prueba que había reclamado. Era gracioso, de algún modo.
-No me des bola, jefe.
-Te entiendo, no te preocupes. Es difícil creer algo que va en contra de lo que aprendiste durante toda la vida. Disculpen, no les ofrecí nada. ¿Les parece bien un whisky?
Delante de Víctor se volvió a abrir un agujero, y al mismo tiempo apareció otro junto al barcito del centro de la biblioteca. Víctor introdujo en el primero una mano que salió por el segundo y trajo hasta ellos una botella de Caballito Blanco, ante los ojos incrédulos de sus visitas.
-Un truco sencillo –continuó al tiempo que servía un trago en cada vaso-. Es el gran sueño de los físicos, un pliegue en el espacio, y un agujero que sirve de pasaje, como si fuese una pinza en un pantalón y un ojal para sostenerla. Lo de la camioneta me costó más, a mayor tamaño y distancia hace falta más fuerza y concentración, pero les aseguro que es más fácil hacer aparecer el conejo que inventar el doble fondo en la galera. De hecho lo que conocemos como Magia no es más que una comunión total con la naturaleza que nos permite tener la libertad de pasar por encima de muchas leyes de la física. Como cuando subís a un bondi y el chofer es tu amigo y te deja pasar. Así que nosotros somos los encargados de sostener
»Pero eso es simplificar el asunto, y el asunto no es nada simple. A ver, comencemos con la más radical de las afirmaciones, así el resto se hace más fácil. Nada de esto es real. Desde hace cientos de años la información que nos llega está manipulada para que creamos vivir en una realidad que no tiene demasiado que ver con la auténtica. No se puede modificar lo sensible, lo que ves es lo que ves, lo que tocás es lo que tocás y lo que oís es lo que oís, pero más allá de eso es tan solo una cuestión de confianza. O de fe. Durante años tus viejos te dijeron que Papá Noel, los Reyes Magos y el Ratón Pérez eran reales, y vos les creíste, y sólo cuando la mentira se hizo insostenible te confesaron que habían manipulado la información y traicionado tu confianza sólo para “conservarte la ilusión”. Abraxas hace lo mismo pero a escala mundial, y se encarga de que sus mentiras se sostengan. Al principio no era difícil, la gran mayoría de la población era analfabeta y resultaba sencillo aprovecharse de su ingenuidad. Pero con el cambio de sistema económico se hizo más útil tener peones instruidos que esclavos ignorantes, así que Abraxas se encargó, con una paciencia de generaciones, de destruir los libros que resultaban inconvenientes, reescribirlos si no había más alternativa, o escribir nuevos con
Víctor le arrojó el librito que había tomado y Sofía lo atajó y lo miró.
-Es el Código de Hammurabi –contestó.
-El documento jurídico de mayor antigüedad conocida. Lo escribió hace seis mil años Hammurabi de Babilonia, fundador de Abraxas, con el objeto de despegar a los sacerdotes de la función pública y ponerla en manos del Estado. Siempre según la versión oficial, claro. Leéme el segundo artículo.
-“Si un hombre le imputa a otro hombre actos de brujería pero no puede probarlo -leyó Sofi-, el que ha sido acusado de magia tendrá que acudir al divino Río y echarse al divino Río y, si el divino Río se lo lleva, al acusador le será lícito quedarse con su patrimonio. Pero si el divino Río lo declara puro y sigue sano y salvo, quien le acusó de magia será ejecutado. El que se echó al divino Río se quedará con el patrimonio de su acusador”
-O sea que en el más antiguo documento de la más antigua sociedad conocida, podemos ver que
Nico lo pensó un segundo.
-Todas –contestó.
-Exacto. La magia es común a todas las culturas hasta el Renacimiento. Pero desde el siglo XV empieza a desaparecer. Cualquiera podría pensar que se debe al racionalismo dominante desde aquella época, pero no fue esa la causa.
-Too much. Yo me voy –dijo Sofía y se paró.
-Esperá, Sofi –dijo Ariel tomándola de la mano-. Quedate.
Sofía lo miró un momento sin decir nada. Dentro de ella quería quedarse, quería saber toda la verdad, pero ésta era muy fuerte, y ya no sabía si la podría soportar.
-No. No quiero saber nada más de toda esta mierda. Mientras más escuche más se va al carajo mi mundo. Ya no voy a poder dormir esta noche, y apenas escuché el comienzo. Es mucho para mí.
Había gritado sus primeras palabras, pero las últimas sonaron casi como un ruego. Ariel le contestó en el mismo tono.
-Somos periodistas, Sofi. Curiosos profesionales. Es lo que elegimos ser. Estamos acá porque queremos saber la verdad, ni siquiera para contarla, saberla y punto. Si te vas ahora, ¿qué es lo que te va quitar el sueño? ¿Lo que te enteraste o lo que no llegaste a escuchar?
Sofi se aflojó y de a poco se sentó de nuevo. En su rostro había una expresión de aceptación que no evitaba algo de fastidio, y bastante de miedo.
-Voy a necesitar terapia –dijo enfurruñada.
-No te lo recomiendo, al menos para esto –se permitió intervenir Víctor-. Te van a decir que yo estoy loco y que lo más prudente sería mantenerte bien lejos de mí y buscarte un laburo más tranqui, digamos fotógrafa de modelos, que paga bien. Los psicoanalistas son expertos en eso.
-Seguí, Jefe. –dijo ella-. Ya se me pasó.
-Muy bien. A lo que me refiero es a que desde hace seis siglos que venimos recibiendo información arreglada como para que creamos una versión de los hechos que difiere en gran medida de lo que en realidad pasó. Y lo que pasó es que Abraxas, creadores del poder político como oposición al poder real que tenían los Uisal, los practicantes de
-¿Y lo lograron?- preguntó Sofía ya recuperada.
-En parte sí, pero nunca por completo. Por supuesto que la investigación siempre continúa.
-Ahora, hay algo que no entiendo –interrumpió Ariel-. ¿Cuál es el motivo de que nos hayan querido matar esta noche?
-La intolerancia, claro. Pero a esta intolerancia hay que rastrarla hasta el origen de los tiempos.
-¿Y vos? ¿Sos importante? –la pregunta la hizo Nico.
-Digamos que sí.
Durante un momento quedaron en silencio. Víctor les había dicho lo que tenía para decirles y ahora quedaba ver qué hacían con eso. Ya estaba amaneciendo y el alba se colaba por el amplio ventanal del living. Era lunes, quedaban pocas horas para descansar antes de comenzar la semana laboral, pero estaba claro que nadie iba a dormir esta mañana. Sofía estaba quieta, como en estado de shock. Por un lado hubiese querido no enterarse de lo que le habían contado, pero comprendía que era lo mejor. Un rayo de sol la iluminó desde atrás de un edificio. Ella miró hacia fuera y no pudo ver el mundo de la misma manera que antes. Todo le resultaba artificial, plástico, como un dibujo realizado por unas manos maestras, pero un dibujo. Trató de no creer, de convencerse de que todo era mentira, y no pudo. Ella había visto el apagón, había esquivado los disparos y había atravesado el ojal. No se volvía de eso. Además, los que estaban allí eran su familia, al menos desde que había dejado a la de sangre en Pergamino. Su novio, su amigo, su mentor. No podía desconfiar de ellos. Su alternativa era aceptarlo. Miró las caras de los demás. Ariel se veía fascinado, como si recibiera la confirmación de algo que siempre supo. Nicolás estaba callado, impenetrable. Conocía bien a los dos. Ariel era el bufón. Soñador, idealista, lleno de energía, excelente amante e incansable buscador. Nico era el organizador. Centrado y realista, era capaz de diseñar de manera impecable todas las fases de una investigación y, si bien no tenía la empatía de Ariel para los reportajes, más de una vez había visto con admiración como llevaba al entrevistado hasta un callejón sin salida en que ya no podía negar aquello que se le imputaba. En cuanto a ella, era el corazón del equipo, lo tenía claro. Tres cuartas partes de las ideas salían de su cabeza, eran pulidas por Nico y puestas en práctica por Ariel. Pero ella también los arengaba, los motivaba y animaba a seguir. Ya iba a ser un año que salía con Ariel, pero hasta para eso tuvo que decidirse por uno de los dos. Ellos la necesitaban, y viceversa. De modo que sabía que el próximo en hablar iba a ser Nico, y también sabía lo que iba a decir.
-Vos nos estabas preparando. El apagón te pudo agarrar de sorpresa, pero vos ya pensabas decirnos todo esto. Somos parte del plan. ¿De qué jugamos?
-Necesito ayuda –contestó Víctor. Su voz seguía tan firme como antes.- Es hora de pensar el recambio, y yo los elegí a ustedes. No es lo usual, en general cada uno inicia a su sucesor, pero estamos ante el milenio y las reglas cambian. Ustedes funcionan muy bien como equipo y no quiero que dejen de hacerlo.
-¿Y para qué nos querés -preguntó Sofía-? ¿Qué sos y en qué querés que te sucedamos?
-Eso es más complicado. Hay algunas cosas que recién les voy a poder contar cuando llegue el momento. Pero pueden, y deben, saber nuestros objetivos. Abraxas aspira al perfeccionamiento del hombre por medio exclusivo del propio hombre, y a costa de cualquier cosa que se ponga en el medio. Esto implica la destrucción absoluta de
-Es una joda –respondió Ariel. Víctor había tomado un anotador y una birome que estaban en la mesa ratona y había dibujado algo parecido a una “a” cursiva pero con una cola que se extendía y formaba una curva por alrededor de la misma letra- ¿A esta altura quién no sabe lo que es una arroba?
-Desde los comienzos de la civilización, la arroba es la señal de Abraxas. El círculo interior es el hombre, la curva es su mano, que todo lo abarca y a la vez lo protege. Durante miles de años se mantuvo en secreto, como todo lo relacionado con
-Y nosotros tenemos que evitarlo –redondeó Nico.
-Sí. Pronto no sé cuándo pero dentro de unos pocos años, va a haber una batalla. Es inevitable y los preciso de mi lado. Yo me voy a encargar de darles la preparación y el entrenamiento que necesitan, además de iniciarlos en el manejo de la magia. Será riesgoso y complicado. Pero no puedo obligarlos. Sólo me queda pedirles, por favor, que se me unan.
Los tres se miraron. Nico sabía ya la respuesta, y podía leerla en los rostros de los demás. Ariel estaba extasiado ante la llegada de aquello que había esperado siempre. Sofía aún no caía del todo, pero su lugar era con ellos, y no les iba a fallar. Él estaba resignado ante esa evidencia que una vez pidió y ya no esperaba. Cruzó una última mirada con Ariel y dijo:
-Podés contar con nosotros. Pero tengo una pregunta más. ¿Qué son los siete?
Víctor, imperturbable hasta ese momento, dio un salto de sorpresa.
-¿Qué sabés de los Siete?
-En realidad, nada –contestó Ariel en su lugar-. Pero desde siempre tuve el presentimiento de que me esperaba algo grande, y que eso tenía que ver con “los siete”. ¿Vamos a ser parte de los siete, Víctor?
Víctor lo miró con satisfacción. Los miró a todos.
-Sí. Ustedes van a ser parte de los Siete.
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Cain…Me gusto…hay que ser parte de los siete …entonces…Saludos Demian