Punk (Capítulo IV, segunda parte)
Media hora más tarde Gastón se despedía de su mentor y subía a su BMW rumbo a casa. La noche había sido larga e intensa, y un justo descanso era más que merecido. Al salir hacia Libertador le pareció que otro auto lo seguía. Esta impresión duró unos minutos, pero luego se encontró solo en la avenida y supuso que debía ser la excitación por todo lo sucedido la que le hacía ver cosas. Entró a la estación de servicio de Libertador y 9 de Julio y se paró detrás de un Clío azul que estaba cargando nafta. El conductor había bajado del auto y el aprovechó para hacer lo mismo. El de adelante era un joven de unos treinta años, vestía de manera informal y con aspecto de no haber dormido. Llevaba una prolija barba y lentes de poco aumento, pero a pesar de eso su rostro resultaba familiar. Gastón hizo el ejercicio mental de afeitarlo, quitarle los anteojos y rejuvenecerlo unos, digamos, veinte años.
-¿Nico? -preguntó- ¿Nicolás Rey?
Nico lo miró primero como extrañado. Luego comenzó a sonreír y al final se acercó a Gastón con los brazos abiertos.
-¡Hermanito! –dijo y lo abrazó- ¡Cuántos años, Gastón!
-Y, estábamos en la primaria. Serán unos dieciocho más o menos.
-Ché, esto hay que festejarlo. ¿Entramos a tomar algo? Yo te invito.
Gastón miró la hora. Eran las cinco, un buen momento para irse a la cama después del día que había tenido. Además era domingo. Sin embargo Nico había sido el mejor amigo de su infancia, y encontrarlo esta noche no podía ser casual. Nunca nada es casual. Estaba ahí para coronar el mejor día de su vida, y era preciso honrar esa situación. Estacionaron los autos y entraron.
El bar de la estación de servicio estaba casi vacío, salvo por una pareja que charlaba distendida en una de las mesas. Nico y Gastón entraron y se sirvieron café de la máquina que estaba junto a la caja. Luego Gastón se sentó en una mesa de espaldas a la pareja, y Nico frente a él.
-Contame qué fue de tu vida –dijo-. ¿Te casaste? ¿Tuviste chicos? ¿Y qué hacés en la calle a esta hora? ¿Estás laburando o volvés de joda?
-¡No! –Contestó Gastón riéndose- ¡No, nada de eso, por favor! Ni esposa ni críos, soltero y picoteando lo que aparezca en el menú, gracias. En cuanto a si estoy laburando, no, aunque si lo mirás de cierta forma sí. Tuve una cena de negocios que derivó en cóctel y se estiró un largo, largo rato.
-¡Así que hombre de negocios! ¿Y en que negocio andás?
-¿De veras querés saber?
-Dale, dejá de hacerte el misterioso.
-Bueno: me acaban de nombrar vicepresidente de GlobalMedia, ¿Te suena?
-¿El multimedios?
-El mismo.
-Ah, pero entonces te fue bien. –Nico lo miró y dibujó una sonrisa maliciosa- O sea que soy tu competencia.
Gastón lo miró sorprendido. No se esperaba algo así, y aunque aún le tenía cariño a Nicolás, había aprendido a desconfiar de la gente. Más cuando escuchaba la palabra “competencia”
-Soy periodista –aclaró Nico al ver su cara-. Escribo en “
-Don Sergio, el dueño del multimedios, era jefe de mi viejo. Cuando él murió (¿te acordás?) Don Sergio me adoptó. Pero no creas que fue fácil. El viejo es más exigente que la mierda, no te das una idea. Por aquella época tenía nada más una radio AM y el diario, las comunicaciones explotaron en los noventa, y fue entonces cuando crecimos. ¿Te casaste?
-Sí, con mi laburo. Vengo de hacer una nota en Olivos, y dentro de cuatro horas tengo que ir a la redacción de nuevo. No es una vida que cualquier esposa sea capaz de aguantar.
-No, pero una compañera de trabajo sí. ¿De eso nada, tampoco?
-No, nada. El laburo es como tu familia. Y uno trata de mantener eso de que donde se come no se caga.
-Bueno, veo que te tomás muy en serio tus convicciones. La verdad estoy muy contento de verte, y me alegra que estés bien. Si algún día tenés ganas de dar el salto a la tele voy a estar más que dispuesto a darte una manito. Después de todo para eso están los amigos, aunque no se vean en veinte años.
-Muchas gracias, hermanito, pero por ahora paso. Lo mío es el papel impreso. Además ya te dije, soy tu competencia.
-Perdón, lo olvidaba. Imagino que como competencia resultarás implacable.
-No te das una idea. Jamás tuviste una tan feroz. Pero por ahora en lo único que puedo competir es en una carrera hasta la cama. Me muero de sueño. ¿Qué te parece si arreglamos para cenar en la semana?
Gastón lo pensó un momento.
-En las próximas dos semanas va a ser difícil. La que viene tengo que irme por negocios a
-¿A
-Lago Puelo, ¿conocés?
-No, pero me dijeron que es hermoso. Es uno de los pocos microclimas del mundo, la vas a pasar bien.
-Hay que ver. No sé si voy a tener mucho tiempo para la joda.
-¿Por qué? ¿Vas con algún jefe?
-¿Qué te pasa? El jefe soy yo. Bueno, ya se hizo tarde. Quedamos así. Dame tu celu, yo te doy el mío, y a la vuelta nos encontramos.
Cuando Gastón partió en su BMW, Nico lo saludó con dos bocinazos y puso su Clío en marcha. Ariel y Sofía habían salido cuando ellos comenzaban a pararse, y ya le habían sacado una cuadra de ventaja. Por un instante Nico sintió remordimiento, era natural, pero pronto se lo sacó de la cabeza. Entonces tomó el handy del bolsillo, apretó el botón y dijo:
-Víctor, hice contacto.
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Estoy comenzando a leer tus textos me parece muy bueno tu estilo muy ágil y moderno, luego que siga leyendo te ampliaré mi parecer pero desde ya me resulta muy fácil y agradable para leer.Saludos